Lo sucedido en Nicaragua tiene que servir de lección para la izquierda progresista. Aquí no cabe lo de “bueno, puede ser que…” o el “por otro lado es verdad que…”. ¡No! Sé qué piensa el fascista y a ese no le doy consejos, pero al progresista le exijo que no caiga en las redes del buenismo y la corrección política, del consenso tramposo, de las medias tintas o del pseudoanálisis baboso: para que no pase el fascismo, no podemos tener fisuras intelectuales. Hoy más que nunca tenemos que ser Sandinistas. ¡Yo lo soy!