Ya se conocen los resultados de primera vuelta electoral en Colombia y, por primera vez, la izquierda posee una opción de acceder al gobierno.

Sin embargo, hay que señalar tres hechos que pueden destruir esta posibilidad histórica si no son manejados con la más alta confianza en el voto popular y la conciencia de que un cambio es urgente.

En primer lugar, luego de darse las cifras donde Colombia Humana y la Coalición Colombia (CC) con Gustavo Petro obtenían una suma superior a la derecha liderada por Iván Duque, el líder del movimiento alternativo CC, Sergio Fajardo, en vez de llamar a la unidad de todas las fuerzas anticorrupción y por la justicia social, insistió en votar en blanco y la importancia de éste para no apoyar ningún modelo, lo que debilitó significativamente la corriente democrática.

Muchos analistas habían advertido a la Alianza Verde y al Polo Democrático, integrantes de dicha coalición, que este candidato había sido impulsado por Alvaro Uribe (ideólogo de la corriente derechista), y que le exigiría una contraprestación cual era dividir el impulso democrático. Este hecho, independientemente de las razones expuestas para informar de su posición en blanco, no tiene sustento alguno cuando en Colombia la lucha es entre un proyecto por la paz y otro que hará trizas los esfuerzos en este sentido, amén de privatizar la nación.

En segundo lugar, la derecha posee una unidad indestructible, pues todos aquellos que criticaron absolutamente a Alvaro Uribe se unieron olvidando todas sus diferencias y teniendo claro que mantener el poder por siglos es su necesidad. Así, la ultraderecha vinculada a Andrés Pastrana, César Gaviria, Vargas Lleras, entre otros, se fusionaron para avalar la candidatura de Iván Duque como su representante.

Cabe destacar que este modelo de sociedad neoliberal tiene en Colombia casi todo el poder legislativo a su servicio (de cada 100 representantes, 85 son suyos); los alcaldes suman más del 90% y son los que mueven las votaciones a nivel nacional; el total del dinero preciso para transportar votantes, dar alimentación, entregar propaganda, pagar funcionarios voluntarios, etc., es de disposición completa dado que son financiados por la Oligarquía. En síntesis, billones de pesos para el proceso “dinámico”.

En tercer lugar, el voto de opinión es movilizado a través de los recursos de cada elector lo que hace muy difícil su desplazamiento en el campo, lugares alejados, incluso en la misma ciudad, donde el sueldo o los ingresos no alcanzan para un desplazamiento de este tipo.

Se agrega que en Colombia no existe libertad de información.

Todos los medios televisivos, radiales y escritos, son propiedad de seis familias, es decir, están plenamente a su servicio y desarrollando una política férrea en favor de su representante. La propaganda del terror a la población ha sido constante acusando a Gustavo Petro de ser guerrillero, de que traerá a Venezuela a Colombia(¡!!), a que quitará los subsidios a los pobres, ancianos, familias en acción, con el fin de hacer de la mentira un miedo inconsciente. Algunos sectores informativos pequeños intentan hacer de la comunicación veraz un campo de conocimiento, pese a los obstáculos e incluso el cierre de emisoras comunitarias.

¿Cuál es la alternativa ahora?

Cuando por primera vez la izquierda tiene un candidato vivo (ya que siempre han sido asesinados), existe una gran confianza en que los esfuerzos por concretar una votación significativa logren superar el golpe bajo dado por Sergio Fajardo y senadores como Jorge Robledo, a la esperanza donde el país sea la primera opción posible.

En este sentido, las Redes hacen un papel destacado ya que es el mecanismo más empleado al saber que el sistema televisivo está directamente decidido a influir contra el cambio y los principios anticorrupción: prácticamente toda la información que se entrega hace énfasis en que las cifras no permitirán ganar el gobierno a un candidato de izquierda, estableciendo una estrategia de desesperanza y depresión debido a la decisión de Fajardo.

Los dos modelos son diferentes. El de Iván Duque privilegia la minería ante el desarrollo del campo, la educación privada y el desarrollo de estímulos a lo público, la fuerza de la legalidad armada ante el proceso de paz y una estructura judicial donde se concentren los tres poderes. Dicha postura es la representación de la Oligarquía colombiana y es un derecho establecido en la Constitución o Carta Magna.

Un sector muy amplio lo cree como un camino seguro al desarrollo y también es el voto de opinión el que ha engrosado dicha cuenta electoral.

El lema ahora, El País Primero, conjuga la esencia de la Constitución de 1991 y ha sido expuesto por Gustavo Petro. En ella se plantea la educación pública gratuita, la salud popular, el empleo seguro y constante, la profesionalización de las fuerzas militares, la defensa del campesino y la tierra como fuente de nutrición, el fortalecimiento de la producción nacional para superar la dependencia y, sobre todo, ratificar los Acuerdos de Paz para vivir en seguridad verdadera, sin armas, como mecanismo de reconciliación.

El 17 de junio decidirá el pueblo colombiano, presionado por los Medios y el Poder, o basado en una consciencia crítica patriótica, el sendero para su presente. La definición está casi completada...aunque pueden existir variantes.

 

        

Fuente: HispanTv

Frases

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Hugo Rafael Chávez Frías

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