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Porque somos nicaragüenses, pensamos y sentimos como nicaragüenses

Estamos luchando con esperanza por la salud, por la vida, por el trabajo, trabajando con la fuerza que nos da Dios, con la energía, el optimismo y la alegría que siempre nos da Dios. Porque la alegría es un don de Dios, y en medio de las dificultades, de los desafíos y de los retos conservar esa disposición de ánimo, alegre, es propia de los cristianos que confiamos en Dios.

Sabemos que lo que vivimos en el mundo entero pasará, y pedimos a Dios que podamos trabajar en un mundo mejor y por un mundo mejor todos los días. Que de todo esto, estos desafíos, estos sufrimientos, estos dolores, estas dificultades, estos retos que hemos vivido en el mundo entero, resulte un mundo menos egoísta, un ser humano menos egoísta, menos codicioso, más aterrizado, más aquí, en la Tierra, porque siempre aprendimos, así en la tierra como en el cielo; es decir, vivir nuestra fe y sobre todo vivir el amor, la esperanza, en el amor al prójimo.

Que esta inesperada desgracia que ha sufrido el mundo y de la que aparentemente vamos saliendo, paso a paso, rayitos de luz, rayitos de esperanza, que nos deje un mundo mejor para seguirlo trabajando, y seres humanos y familia humana y fraternidad humana, mejores todos, con virtudes que sepamos cultivar. Y bueno, aprender siempre, aprender todos los días, a ser mejores, a reconocer los límites que tenemos o que hemos tenido, a reconocer los problemas de cada uno, en nuestra interioridad, en nuestra espiritualidad, para aprender a superar y buscar cómo ser mejores.

Dejar atrás, decimos nosotros, cualquier forma de egoísmo, de indiferencia, porque estamos llamados a ser familia humana. Solos, ha dicho el santo padre, el papa francisco, no podemos. Debemos unir esfuerzos, unir voluntades, unir compromisos, unir fuerza, para ir adelante. ¡Solos no podemos!

Que en el mundo mejor que esperamos habitar vayamos minimizando, si cabe decirlo, esos rasgos no deseados de nuestra humanidad y potenciemos las virtudes, lo bueno que tenemos. Aprendamos de lo bueno y vayamos alejando sobre todo la indiferencia, porque la indiferencia nos lleva a pensar con arrogancia, a pensar que somos superiores, y esa superioridad es inexistente. Porque el ser humano, por muy acaudalado que sea, el ser humano también padece enfermedades. Claro, las personas pudientes se atienden de mejor manera, y las personas excluidas por el egoísmo, no siempre encuentran las formas de atenderse.

Cuidar la Madre Tierra

Nosotros le damos gracias a Dios porque hemos sabido, a lo largo de los años, construir un modelo solidario donde no excluimos a nadie y buscamos cómo trabajar por el bien común, por la salud, por la vida, para conservar salud, tener vida, y hacer nuestros mejores esfuerzos todos los días, para aprender, para cuidarnos, para querernos, para trabajar, para prosperar.

Un mundo mejor que cuide la casa común, porque la destruimos y sabemos el costo que pagamos por no cuidar nuestra casa común. Tantas cosas que han sucedido, que se achacan precisamente a cómo hemos sido no solo indolentes sino egoístas, no reconociendo el valor de la naturaleza y la Madre Tierra que nos respalda todos los días, porque respiramos, porque vivimos, porque sabemos que dependemos y es lo que no queremos reconocer nunca: ¡la interdependencia! Dependemos del "verde que te quiero verde", del verde naturaleza, de las aguas, de los mares, del aire que debe ser limpio... Dependemos, y la destruimos.

¡Cuántas desgracias! El incremento de tanto desastre que llaman "natural", pero que no es natural, todo eso tenemos que trabajarlo mejor en un mundo mejor. La relación entre ser humano, seres vivos y naturaleza, potenciarla y hacerla buena, porque nos debemos respeto, respeto a la Madre Tierra, respeto a la naturaleza, respeto a los derechos de la madre tierra, como decía aquella proclama hermosísima que se llevó a naciones unidas, escrita por el teólogo y ecólogo, Leonardo Boff, a la que se sumó Nicaragua entre los primeros países, si no el primero.

Cuánto tenemos que trabajarnos cada uno de nosotros para intentar ser mejores! Humildad en vez de arrogancia, conciencia de nuestra condición humana, con virtudes y defectos, en vez de superioridad. Nunca excluir, siempre incluir. No ser indiferente, no ser egoísta, siempre defender el derecho de todos a vivir con dignidad.

Así como peregrinamos todos los días para promover vida, salud y fuerza para proteger nuestra salud, para practicar las medidas, para visitar a las familias y volver hablar de las medidas, para detectar febriles, así como en nuestro modelo solidario, cristiano, de familia y comunidad peregrinamos, caminamos, con amor a Cristo Jesús y amor al prójimo, porque amar a Cristo es amar al prójimo, así también debemos saber proteger la vida frente a todas las amenazas del clima, que nosotros los seres humanos hemos agravado precisamente porque no respetamos el derecho de la madre tierra, la madre naturaleza y no reconocemos la interdependencia. Porque si no hubiese naturaleza no podríamos vivir, no habría vida: esa es la realidad.

Nunca hemos detenido el trabajo

Hasta el 21 de mayo, más de 4 millones 670 mil 500 visitas realizadas en 4 ciclos que llevamos, promoviendo cariño, cuido, salud, vida, fortaleza, en todas las comarcas y comunidades, calle por calle, casa por casa, barrio a barrio, con amor, con solidaridad profunda, como cristianos, demostrada en todos los tiempos.

Nunca hemos detenido el trabajo, ni aun cuando aquí se dio la pandemia de odio; allí seguimos; aun cuando nos trancaron, allí seguimos. Aun en esas circunstancias terribles, generadas por personas sin amor... Y esos seres particularmente llenos de odio, que llenaron de dolor nuestro país, ahí nos vieron que en medio de aquella terrible calamidad creada por el egoísmo y por la falta de conexión –por eso hablamos de extraterrestres, la falta de conexión– de amor a tu país, a tu pueblo, a tu idiosincrasia, a tu cultura, esa falta de conexión es la que genera esas actitudes de odio, de violencia, que nunca volverán. Eso lo podemos afirmar, ¡en el nombre de Jesús!

Cuando uno era chiquito, uno aprendió de los tíos, de los abuelos, a decir: "¿y es que no tienen madre?"; "¿y es que no tienen familia?". Como esas personas que atacaron a las madres y a las familias, ¿no tienen ninguna comprensión de lo que es el amor de madre? Bueno, muchas de ellas no quieren ser madres. La verdad es que sin esa conexión espiritual profunda con tu cultura, con los sentimientos de las personas, de las familias, sin esa conexión crecen los frutos del mal, sobre todo crece el egoísmo y el crimen que produce tanto dolor.

Pero bueno, aun en esas circunstancias ahí andábamos, ahí andaban las brigadas de salud... ¿Y cuántos centros de salud destruyeron? ¿Y cuántos centros de trabajo, de tecnologías, de educación, destruyeron? Ah, pero este pueblo nuestro ¡qué fuerte que es! Decimos, "que fuerte venís, pero más fuerte es mi Dios". Así decimos, así aprendimos desde chiquitos. "¡Que fuerte venís..!".

¡Ah, creen que son fuertes! En aquel momento creían ser fuertes, pero más fuerte, decíamos, es mi Dios, y el Espíritu Santo nos libra de vos. Lo decíamos, lo repetíamos, incansablemente, porque el Espíritu Santo y más en estos días de Pentecostés, la conciencia de vivir en conexión espiritual profunda y reconocer los dones del Espíritu Santo y reconocer la necesidad que tenemos todos los seres humanos de vivir con amor, con esa sagrada llama del amor creciendo en nuestros corazones, porque el amor es más fuerte que el odio.

Jamás olvidaremos la pandemia del odio

No vamos nunca a olvidar esa pandemia de odio que nadie esperaba también, como esta pandemia nadie esperaba, pero, ni pudieron, ni podrán, y vamos a vencer en esta lucha de paz y bien, de trabajo y paz, porque somos genuinamente solidarios, por cristianos, por nuestra fe y nuestras prácticas de vida; por nuestros principios y valores, y porque sabemos conectar, porque somos parte de este pueblo, no tenemos la cabeza en otros países, no somos parte de ninguna otra cultura... Somos nicaragüenses, ¡por gracia de Dios! Por eso conectamos y por eso, como buenos cristianos, sabemos que más fuerte es nuestro Dios, y que el Espíritu Santo nos libra, si somos capaces de recibir los dones con humildad y trabajar con humildad, priorizando la vida y el derecho a la vida. El amor que es más fuerte que el odio.

Pandemias, pandemias, pandemias... Esto que está viviendo el mundo es muy fuerte, muy fuerte, y lo que pedimos, clamando al Señor, es que tanta desgracia, tanto dolor, tanto sufrimiento, nos haga a todos mejores.

Y como decíamos, se ven ya rayitos de esperanza, rayitos de luz. Uno está viendo en la televisión que el mundo entero se dispone a lo que llaman "abrir", porque en muchos lugares habían tomado decisiones soberanas de cerrar. Aquí en Nicaragua decidimos –soberanamente también– mantener el país funcionando para llevar la comida, que cada persona pudiese trabajar y llevar ese pan digno a las mesas de las familias, y seguir avanzando en todas las propuestas, todos los programas, todos los proyectos, en la medida de nuestras humanas posibilidades.

Pero sobre todo, seguir aplicando el principio cristiano de amor al prójimo: amar al prójimo, como a Dios y como a nosotros mismos, y desde ese principio cristiano aplicarnos a caminar. Porque a lo largo de nuestra historia nos hemos hecho fuertes, muy fuertes, gracias a Dios... Fuertes y amorosos, fuertes y tiernos, fuertes y llenos de espíritu cristiano y de familia.

Nos vemos como una gran familia. Somos nicaragüenses, pensamos como nicaragüenses, sentimos como nicaragüenses. No vivimos con lenguajes o con expresiones que muestran desconexión y que evidentemente son parte de otra cultura, esa cultura que yo llamo extraterrestre, que ni pertenece ni conecta con las familias nicaragüenses. Porque este es un pueblo humilde, laborioso, y un pueblo de paz. ¡De paz y bien!

 

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Fuente: Radio La Primerisima

Frases

 

“Tenemos que unirnos porque el mundo lo acelera todo y sino aceleramos nuestra unidad, ese mundo se viene contra nosotros”

Hugo Chávez
 
 

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº122

 

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Cuadernos para la Emancipación

 

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