La suerte está echada. Ya no hay encuestas que sirvan para dibujar resultados incomprobables. Lo cierto es que un fascista ha llegado a la Presidencia de Brasil por el voto de millones. El hecho es grave por donde se lo mire y no solo para los locales sino que indudablemente esta votación repercutirá de manera aún impredecible en el resto del continente.

Las amigas y los amigos de Brasil –dirigentes políticos y sindicales, investigadores, periodistas– están francamente conmocionados. Como es natural, oscilan. Unos buscan ya mismo una explicación al triunfo de Jair Bolsonaro. Otros más bien se ocupan de templar el ánimo para soportar la derrota y los ataques. 

Aproveché mi viaje de regreso a Buenos Aires para charlar con varios empleados en el Aeropuerto de Río de Janeiro. La conversación me dejó desolado, ahondando la sensación que cosechara en las calles de Río durante toda la semana. Hablé con varios empleados de limpieza, ayudantes de las aerolíneas, changarines y vendedores en negocios y bares. Todas, sin excepción, gentes de un origen social muy humilde y preguntándome por qué me marchaba en las vísperas del “Gran Día”. Fingiendo ser un distraído  turista que ignoraba los asuntos políticos del país pregunté qué tenía de especial este próximo domingo. Respuesta: “mañana Brasil elige si será gobernado por un gigante o por un ladrón”. Varios me aclararon: el gigante es Bolsonaro, y Haddad es el ladrón. Y va a ganar el gigante, aseguraron todos. ¿Y qué va hacer el gigante?, le pregunté a otra. “Va a hacer la revolución que Brasil necesita”, me respondió sin titubear. “¿La revolución?”, pregunté fingiendo sorpresa e incredulidad. “Si”, me dijo. “Una revolución para acabar con bandidos y ladrones. El gigante se encargará de limpiar este país”. En un discurso calcado de lo que a diario se escucha en la Argentina mis interlocutores decían que los petistas “se habían robado todo”, que Lula merecía estar en la cárcel, que su hijos se habían convertido en multimillonarios. “Bolsonaro”, me dijo uno de los más enfervorizados, “es un patriota que ama a Brasil y con la limpieza de bandidos que va a hacer este país será grande y respetado otra vez.” La siniestra mano de Steve Bannon -el ultrareaccionario asesor de campaña de Donald Trump y cuyo equipo hace meses está instalado en Brasil- apareció de manera inconfundible. Al fin y al cabo, el slogan del “gigante” es una copia al portugués del empleado en la campaña de Trump: “Hagamos que América sea grande otra vez” , decía el estadounidense. Ahora es Brasil quien, de la mano de Bolsonaro, debe resurgir de las cenizas a las cuales lo redujo el PT.

El liberalismo capitalista ha tenido y tiene diferentes formas y métodos de dominación y representación. Aun cuando apunta a un mismo y contínuo fin, que es el beneficio económico de las grandes corporaciones, sus mecanismos de control social han sido variados. Desde la democracia representativa a las dictaduras militares y a la fuerza imperial. Entre ellos, hay matices líquidos que generalmente han sido útiles para enmascarar sistemas políticos autoritarios bajo el cuerpo institucional y formal de una democracia. Hoy, en el siglo XXI, que millones de ciudadanos voten en forma regular por los representantes de una elite, que es una extensión del poder económico, no garantiza que los electores puedan expresar su real voluntad.  Esta es la escena sobre la que hemos descansado nuestros cuerpos y también deseos, durante los últimos siglos.

El resultado de la primera vuelta electoral en Brasil se debe a un trabajo de despolitización que viene haciendo la derecha desde que Lula ganó por segunda vez la presidencia en 2007.

Frases

“No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, buscar atrás, buscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto”.

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº85

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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