Se cierra el telón y apostando a la política, a la inteligencia y a la estrategia, Maduro logró neutralizar al prospecto del golpe de color en Venezuela, sin mayores costos políticos salvo los aburridos comunicados del Departamento de Estado y del Grupo de Lima. También consumidos por su propio agotamiento buscan hacer valer sus derechos sobre su inversión (perdida).

Calcula la fuerza de tus adversarios, haz que pierdan su ánimo y dirección,

de manera que aunque el ejército enemigo esté intacto

sea inservible: esto es ganar sin violencia

El Arte de la Guerra de Sun Tzu

I

De guarimbas, violencia y sabotajes económicos conocíamos muy bien, el golpe de 2002 y las muertes que dejaron detrás y las protestas violentas de 2007 quedaron como momentos donde la pugna política dejó de estar en la palabra y en la inteligencia para pasar a los puños y a los golpes. Justamente porque a Hugo Chávez nunca le pudieron ganar en el arte de la política, buscaron llevarlo al terreno de la violencia, donde tampoco pudieron.

Lo más doloroso fue que usando su inteligencia y condiciones a favor -que él mismo generó- continuamente los derrotaba en su propio campo: en el Estado de Derecho, las elecciones y la democracia, conceptos aprendidos en prestigiosas universidades pero destrozados por quien, sin tanto título detrás, supo darle su propio significado, textura de clase y orientación a largo plazo.

Encontrábamos a un Chávez usando estos conceptos políticamente correctos para cuestionar la cultura capitalista en un país carcomido desde sus raíces por el petróleo.

La "democracia participativa y protagónica", inventada por él y sembrada en la Constitución, era otra de esas armas simbólicas de Chávez que era difíciles de disuadir: nadie en el mundo está en contra de la democracia, por lo que generaba una profunda molestia que ese concepto de factura burguesa ahora era el escudo de los pobres para participar por primera vez y masivamente en política.

Detrás del Chávez que todos recordamos ardiendo en discursos épicos en Apure o la Plaza Bolívar de Caracas, hay otro mucho más tranquilo y reflexivo, que supo ganar usando las debilidades de su adversario y sus flancos débiles, administrando los costos políticos de cada paso.

II

En 2013 fallece Chávez y los eternos derrotados piensan que con él se iba la inteligencia del chavismo. Que Maduro y Diosdado no habían aprendido nada, ni por cuenta propia ni por compañía de Chávez, por lo que era cuestión de meses para sacarlos del poder. Era el momento de aplicar en Venezuela eso que estaba por ponerse de moda en África, Europa (específicamente Ucrania) y Medio Oriente (revoluciones de colores). Ya EEUU venía adiestrando desde 2007 a un club de jóvenes en tácticas de golpes de color, desarraigados hasta la médula y odiadores de su tierra, condición cultural sine qua non, para ser los embajadores de ese proyecto geopolítico de caos y violencia con el fin de reordenar en áreas estratégicas donde Rusia y China pisaban con fuerza.

Freddy Guevara fue la cabeza de playa que ensamblaron en Venezuela, adaptada a imagen y semejanza de la juventud de clase media: reducto cultural que hace fiesta ante la sangre del chavismo. Lo que históricamente llaman fascismo.

Año 2013. Henrique Capriles llama a la violencia luego de perder las elecciones, creyendo que su falta de inteligencia política era tan equiparable a la de Maduro, que con violencia echaría dos pasos para atrás. A eso sobrevino la guarimba de 2014 (una combinación de Maidán ucraniano con guerra sucia dosificada al estilo centroamericano), y ahí a Freddy Guevara lo imponen como la cabeza de recambio del plan de las potencias occidentales luego de que Leopoldo López se entregara a las autoridades.

Era el momento para poner a prueba una de sus mejores inversiones. Su principal prospecto tiempo después asumiría su ansiado turno al bate.

En 2014 entienden que a Maduro no lo lograrán vencer con política, inteligencia e influencia; se hizo pertinente tratar de derrocarlo por la vía física. Tampoco pudieron.

III

Intentan usar el Referendo Revocatorio como una excusa para completar lo que en 2014 había quedado incompleto. Pero tampoco lo logran. ¿Ya cuántas victorias políticas de Nicolás Maduro cuenta usted hasta aquí? Súmele la del diálogo terminando el 2016 por favor, junto al acto de contrición que tuvo que hacer el antichavismo en pleno por culpa de Maduro. 

Pero en 2017 los cambios son drásticos en comparación con 2014, los avances geopolíticos de Maduro y el orden interno obligaban a EEUU a acelerar el conflicto: por primera vez veíamos gente quemada por grupos de encapuchados por "parecer chavistas"; una destrucción de bienes públicos y privados en varias ciudades del país; olas de saqueo programados; hospitales y gandolas con alimentos atacados; cortes de vías que impusieron un verdadero estado de sitio y terror a cientos miles de personas.

Freddy Guevara a la cabeza del plan, inflamado de felicidad por ver cómo lo que había aprendido gustaba sobremanera a su jefe Almagro, amenazó a los poderes públicos del país, en la calle alentó a los mismos grupos que quemaron personas por razones políticas, se desplegó internacionalmente para pedir sanciones. Era su momento y por sobre la escalera de decenas de muertos alcanzaba mayor fama y repercusión internacional.

La política por más de 120 días fue sepultada, poco importaba el discurso y la inteligencia, la palabra y la estrategia. Las victorias de su lado se contabilizaban en muertos y en daños materiales, en imágenes de personas ardiendo en llamas.

La arrogancia llevó a Freddy Guevara a creer que estaba casi en Miraflores, a medida que en realidad se alejaba más y más. Su sobreautoestima y narcisismo fueron la vara con el que la base opositora más radical medía su ánimo y confianza en que todo terminaría bien para ellos.

IV

Dentro de esa estrategia antipolítica todo era provocación: en la medida en que mantuvieran las movilizaciones, cada lacrimógena y choque físico era ganancia. Esa fórmula altamente rentable fue revertida por Maduro con inteligencia política: un plan basado en que la gente sufra para tener éxito, geográficamente cimentado en urbanizaciones de una clase media que se incomoda rápido, está condenado al fracaso.

Comprendiendo eso (los rasgos culturales del conflicto), era cuestión de tiempo para que todo cayera por su propio peso. Ahora las lacrimógenas y la represión iban de la mano de una clase media arrecha y harta de que le cobraran peaje, no la dejaran salir de su casa y que calles fueran transformadas en un vertedero de basuras. Esa emoción de "ahora sí tumbamos a Maduro", dura poco cuando comienza a perderse el romanticismo entre escombros y trancazos.

A lo Sun Tzu, Maduro les hizo perder el ánimo y la confianza en sus dirigentes. Ganó sin violencia.

Sin aplicar mayor fuerza y con suma inteligencia (sólo la necesaria cuando en la frontera o en otros estados ya el choque era a plomo), trasladó a las capitales simbólicas de la guarimba el sufrir de su propia agenda, toda vez que en puntos candentes reforzaba el orden público.

En cuestión de días, el animado, valiente y heroico Freddy Guevara era repudiado por todos: por el chavismo por alentar crímenes en su contra, por la oposición por no cumplir con su palabra y ponerla a pasar trabajo para un proyecto que no terminó en nada. La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) primero y después las regionales fueron los puntos clímax de ese rechazo nacional.

Maduro sin tocarle ni un pelo, siendo paciente, midiendo los costos políticos de cada acción y configurando un escenario de salida política al conflicto en el corto plazo, lo transformó en el enemigo consensuado de todas las fuerzas políticas a nivel nacional.

V

Entonces viene la ANC, que tiene el capital político de ganar ante una estrategia pre-bélica, y decide levantarle la inmunidad parlamentaria para pedir un juicio ordinario por delitos comprobados que explicó el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

A Freddy Guevara no se le persiguió, ni se le pusieron los ganchos, ni mucho menos. Solo hay un procedimiento para que rinda cuentas ante la justicia venezolana por su actuación durante las guarimbas, pudiendo ejercer su derecho a la defensa.

Pero tal parece que la valentía mostrada en un Periscope, hace aguas cuando se trata de un tribunal. Una oportunidad perdida para mostrarle a sus ordinarios de lado y lado, de que todo lo que amenazó durante estos meses, efectivamente era algo real.

Sería falso decir que con esta medida Freddy Guevara queda neutralizado. Ya Maduro lo había cocinado en su propia salsa meses antes, y detrás de él toda una agenda geopolítica soportada por Almagro, el Grupo de Lima y poderosas potencias extranjeras. Huyó a la residencia del embajador de Chile en el Country Club, haciendo ver que lo estaban persiguiendo.

Se cierra el telón y apostando a la política, a la inteligencia y a la estrategia, Maduro logró neutralizar al prospecto del golpe de color en Venezuela, sin mayores costos políticos salvo los aburridos comunicados del Departamento de Estado y del Grupo de Lima. También consumidos por su propio agotamiento buscan hacer valer sus derechos sobre su inversión (perdida).

Y para mayores molestias: Maduro terminará su mandato sin ser ese dictador que pintan los medios occidentales, aquel que resuelve sus diferencias políticas con fuerza bruta.

Maduro aprendió rápido y bajo el fuego de la guerra las claves para descolocar a su adversario. Aún en condiciones más jodidas que cuando Chávez.

 

           

Fuente: Misión Verdad

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46