Sorprende a propios y extraños la enorme habilidad de López Obrador en el manejo de la relación de México con Estados Unidos. Un nexo que podría resumirse en la fórmula “no sumisión, no enfrentamiento”. Una exitosa fórmula que privilegia el interés nacional y que consigue eludir el choque frontal con Washington.

La construcción del muro fronterizo ha sido el primer asunto tratado y resuelto exitosamente por el presidente mexicano, quien reconoce que es un tema de la política interna de EU en la que México no debe ni puede tener participación. Un espinoso asunto que deberá ser resuelto exclusivamente por los estadounidenses.

Un segundo punto de conflicto es la migración mexicana, centroamericana, caribeña y de otras latitudes hacia EU que transita por territorio de México. López Obrador ha propuesto resolver o mitigar el problema atendiendo a las causas económicas del fenómeno migratorio sin represión, sin muros y con pleno respeto a los derechos humanos de los migrantes y pleno apego a las leyes nacionales en la materia.

Abordado el problema de este modo no queda espacio para el enfrentamiento con Washington. Si EU acepta o no admite esa migración es un asunto de la exclusiva competencia estadounidense, en el que México no puede ni debe intervenir.

Y por lo que toca a los amagos de cierre de la frontera, ahora mismo menos estridentes, la fórmula mexicana para enfrentar el problema ha sido la misma: no pretender interferir en los asuntos internos del vecino. Y por lo que se está viendo, ni habrá cierre de frontera ni hay ni habrá enfrentamiento.

Una cosa semejante está aconteciendo con los anunciados aumentos por cuenta de EU a los aranceles al aluminio y al acero mexicanos. México reconoce que Washington está en su derecho de proceder como lo estime pertinente, en tanto México se reserva al derecho de actuar como lo juzgue necesario. ¿Cómo puede entonces haber pleito?

Como es del dominio público Estados Unidos pretendió presionar a López Obrador para que México se sumara a la agresión contra Venezuela. Pero la respuesta fue idéntica: la política exterior mexicana se sustenta en los mismos principios aplicados en los casos del muro, la migración internacional y los aranceles extranjeros: la no intervención en los asuntos internos de otras naciones. 

Indudablemente López Obrador posee extraordinarias habilidades personales y políticas: serenidad, valentía, buen humor, firmeza, tolerancia, humanismo. Pero, también sin duda, la mayor entre todas sus virtudes es el apego a los principios y a la legalidad.

 

          

Fuente: La Jornada

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