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Venezuela quiere rescatar su Asamblea Nacional

El 6 de diciembre se vota en Venezuela para su Asamblea Legislativa. La misma, desde 2015, quedó prisionera de la derecha y políticos como Guaidó, operadores de Washington.

Veinte millones de venezolanos están convocados a votar el 6 de diciembre para elegir a los 277 miembros de su Asamblea Legislativa Nacional. Hay mucho interés por parte de 107 partidos y agrupaciones políticas, que inscribieron a 14.400 candidatxs.

La presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Indira Alfonzo, dijo hace varios días que tiene todo listo, tras revisar por novena vez que todos los mecanismos electorales funcionaran perfectamente. Ese sistema fue alabado como uno de los mejores del mundo hace años por el expresidente estadounidense Jimmy Carter, al visitar Caracas como veedor de una de las tantas elecciones.

Este comicio será el número 26 de la serie inaugurada desde que Hugo Chávez venció por primera vez en 1999 y en enero de 2000 comenzó a gobernar desde el Palacio de Miraflores. En 25 elecciones el chavismo sólo perdió dos veces. Una por menos de dos puntos para modificar la Constitución y otra en 2015 -Chávez había fallecido dos años antes -, frente a la derecha unida, al renovarse la Asamblea Legislativa.

En ambas, en forma rápida, el Partido Socialista Unificado de Venezuela y sus aliados del Polo Patriótico reconocieron su derrota. Tras esa última ocasión, diciembre de 2015, la derecha venezolana fue tomando decisiones ilegales en contra del Poder Ejecutivo, al punto que en 2016 el Poder Judicial fulminó a la Asamblea por desacato y dictaminó que sus resoluciones no eran válidas.

En parte esas carencias legislativas fueron superadas por el gobierno bolivariano mediante la convocatoria en 2017 a elecciones y la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente, que hoy tiene como titular a Diosdado Cabello, el otro hombre fuerte del gobierno después del presidente Nicolás Maduro.

Ese enfrentamiento político no será superado por la jornada electoral del 6D y no por culpa del gobierno. Es que la derecha hizo de todo en estos años y ahora volverá a atentar contra la democracia. En 2014 hizo las guarimbas que costaron muchas vidas de violencia callejera, en 2015 ganó la Asamblea Legislativa y la apartó de sus funciones, en 2016 se plegó al plan intervencionista de Estados Unidos en la etapa final de Barack Obama continuado al año siguiente y hasta hoy por Donald Trump, que además de bloqueo, sanciones, robo de recursos como petróleo y oro venezolanos incluyó desembarcos y agresiones armadas desde bases en Colombia.

Además de todo eso, y lejos de arrepentirse, el grueso de esa derecha ha decidido boicotear las elecciones del 6D, en sintonía con el Departamento de Estado y la Unión Europea. Mienten con que esos comicios son fraudulentos, pero el Consejo Nacional Electoral realizó una veintena auditorías a las máquinas de votación con participación de los técnicos de todos los partidos más dos simulacros de los comicios con el aval del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela).

Agregan que Maduro es un dictador. Si lo fuera, esos opositores tendrían la ocasión de librarse de él mediante una victoria amplia, si se hubieran unido. La única verdad, no admitida, es que el 6D será para ellos una derrota.

Derecha dividida.

Hay dos razones de esa más que probable derrota opositora.

Una, de fondo, es que el grueso – no la totalidad – del pueblo bolivariano sabe que esos detractores del gobierno comen de la mano de Obama, Trump y ahora seguramente de Joe Biden.

La otra razón, que también incide, es -que a diferencia de 2015 – esta vez no conservaron la unidad reaccionaria de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), algo que tampoco pudieron hacer en 2018 en las presidenciales que ganó Maduro. La derecha va dividida. Los cuatro partidos más importantes de ese tronco se aferraron al boicot (Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo), pero otras agrupaciones menores e incluso algunos líderes de aquellos partidos decidieron participar y se anotaron como candidatos.

La derecha es tan fascista que -sin pruebas – acusó a esos opositores participantes de ser meros instrumentos pagados con dinero bolivariano. No conciben que otros críticos de Maduro puedan pensar diferente a ellos y participen de la contienda. Los fulminan de ser una invención oficial y mercenarios.

Las dificultades.

Las dificultades políticas vienen amainando para Maduro, quien ha demostrado poseer fuerte apoyo popular y, factor no menor, de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivarianas. Esto impidió que en Caracas se repitiera la triste historia de los golpes amañados por el Cartel de Lima y la Casa Blanca en otros países de la región.

En cambio las dificultades económicas derivadas en amplísima medida de las sanciones estadounidenses y en menor parte por errores propios de su gobierno, no han disminuido. Siguen faltando alimentos y productos esenciales con una inflación al tope de todo el mundo, con precios en dólares que arrastran al pobre bolívar, desabastecimiento, contrabando y una mínima producción petrolera donde Pdvsa era el as de espadas. Maduro ha denunciado que «de 100 dólares o euros obtenidos por el país por venta de petróleo en 2014 hoy se obtiene menos de uno».

Buena parte de la población entiende que la culpa de eso no es del gobierno sino de las sanciones gringas. Pero no se puede negar que dentro del oficialismo hay corruptelas, burocracia, líneas privatizadoras, falta de autocrítica y otros errores que aportaron lo suyo a las malas performances. Esto puede explicar, en parte, la aparición de un sector de izquierda que en esta elección va por separado del Polo Patriótico. El PC de Venezuela y aliados conformaron la Alianza Popular Revolucionaria porque no están conformes con la línea de Maduro-Cabello. La APR no podría significar un gran éxodo de votos, pero no deja de ser una señal de advertencia al gobierno para que corrija rumbos políticos y encuentre soluciones económicas.

Maduro llega con dos buenas cartas a la cita. Ha manejado bien la pandemia, pues su país tiene 104.000 contagiados (Argentina, trece veces más) y 901 fallecidos (Argentina 40 veces más). Se nota que desde Chávez hasta hoy le llevaron el apunte al tema salud.
El otro punto favorable es que a Miraflores no han podido rendirlo pese al jaque mate que cantó el imperio. Como en «Gambito de Dama», Maduro burló ese cerco y logró el apoyo político, económico, diplomático y militar de Cuba, Rusia, China, Irán y otros países. Biden y Antony Blinken tendrán que cambiar algo porque la campaña de bloqueo y robo del oro, las agresiones desde Colombia, el Cartel de Lima y el «presidente encargado» han fracasado. El señor Bigotes sigue firme en Miraflores y podría ganar la Asamblea Nacional para el período 2021-2026 como el regalo de Navidad para Venezuela.

 

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Fuente: La Arena

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