1 El tiempo transcurre raudo y los dirigentes de la oposición -y aquellos gobiernos y sectores políticos que los apoyan desde el exterior con abundantes recursos económicos para estimular la violencia en el país-, pierden la esperanza de derrocar a Maduro y de que no se realice la elección de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. La ofensiva subversiva en la calle se debilita, y se puede decir que fracasó. Lo que resta de esta experiencia es el componente violencia, cada día más agresivo, reforzado con la invocación del 350 de la Constitución, pero que al mismo tiempo aísla al movimiento y determina que pierda apoyo en importantes sectores sociales. Esta situación se refleja en las encuestas y la reconocen analistas independientes e, incluso, del campo opositor.

Como es natural cuando se agudizan las disputas por el poder político –no otra cosa es el conflicto actual en Venezuela- suele dejarse de lado aquello que está en la razón última del asunto.

Ellos creen que todo se resuelve con dinero, que pueden comprar el Sol, la Luna, la dignidad y la democracia.

Todavía hay entre propios y extraños quienes se preguntan: ¿para qué ir a una Constituyente? La repuesta estratégica es para que el pueblo recupere plenamente el poder. Tras la victoria de nuestro comandante Chávez el 6 de diciembre de 1998, nosotros, como pueblo, comenzamos a recuperar el Poder Nacional, que las élites dominantes nos habían arrebatado y lo ejercían al servicio de centros de poderes extranjeros. El espacio privilegiado de ese proceso fue la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 y su resultado, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Ya se cumplieron diez años desde que Rafael Correa, recién elegido presidente de Ecuador, anunciaba que el país empezaba a salir de la larga noche del neoliberalismo y que el continente ya no estaba en una época de cambio, sino en un cambio de época. La nueva época sería la de superación del modelo neoliberal, a que se entregaron varios gobiernos de la región.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38