En la teoría Weberiana la lógica de la dominación burocrática pretende erigirse como sinónimo de eficacia, orden y efectividad. Sin embargo, como lo señala el propio diccionario de la RAE, el término burocracia trae consigo dos acepciones negativas, a saber “Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos” y la “Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”.

Estas dos acepciones me hicieron recordar al extraordinario humorista cubano, Virulo, quién magistralmente en la canción “El Peloteo” (1987), se burla cruelmente de la tecnoburocracia, y del enjambre de oficinas, recaudos y pasos por los que atraviesa un pobre hombre, quien luego de tener por fin todos los papeles requeridos (con sus respectivas copias y originales), le dicen que sin cuño (sello) no tienen validez alguna. Con optimismo y paciencia ese hombre bregó, con sus papeles bajo el brazo, hasta que al final del viacrucis le dijeron que el sello no hacía falta. El coro de esa canción dice repetidamente, en voz altanera y altisonante:

El Director está en reunión,

El subdirector, no está en la empresa.

La secretaria anda perdida,

Y a mí me duele mucho la cabeza.

El secretario, merendando,

La oficinista, se ha ausentado,

Tuvo problemas personales,

¿No ve que estamos todos ocupados?

El burocratismo se ha convertido, en las sociedades modernas, en una trama perversa, en una historia de terror, con tal fuerza e impacto que logra enajenar, obstaculizar, desvirtuar o evitar cualquier tarea u objetivo, por más buena intención que se tenga, por más voluntad que se ponga, por más urgente o planificada que sea la tarea. Hasta la más sencilla idea, puede convertirse en un infierno y terminar teniendo más pasos y escalones que una escalera sin fin.

A cada nueva tarea o misión surge la inmediata, prioritaria e insaciable necesidad de contratar ingentes cantidades de recursos humanos (sin aprovechar los existentes o la tecnología) y de crear infinitos e interminables manuales que solicitan y exigen cientos de recaudos, planillas, copias, duplicados y certificaciones. En algunos casos, se llega al descaro de detallar el color preferido de las carpetas, el estilo de los ganchos y hasta la forma de colocar las grapas. Todo con gran detalle y creatividad (digno de un Premio Nobel al mejor ingenio burocrático). Se crean pasos interminables. Un laberinto sin fin, que consume y arroja a los ciudadanos de oficina en oficina y de taquilla en taquilla, las cuales, en la mayoría de los casos, están concentradas en las grandes ciudades, obligando al continuo desplazamiento de la gente.

La burocratización de las tareas, la pedidera de papeles y requisitos, termina convirtiéndose en la profesión preferida de los burócratas, los cuales ocasionan un creciente malestar entre la administración, los servidores públicos y los usuarios.

La creación de infinidad de normas y requisitos va dificultando la gobernabilidad y la capacidad de procesar y transmitir las instrucciones adecuadamente en toda la línea de mando, lo que va generando el incremento de la discrecionalidad y la interpretación creativa en cada instancia (parcela o conuco) de la línea de mando. Cuando aumenta la demanda (volumetría), el burócrata colapsa bajo el volumen de la gran cantidad de trámites y procesos acumulados. A esto se le suman todas las indecisiones, errores o la falta de proactividad para buscar soluciones oportunas. En resumen, el colapso total.

Así dentro de la administración siempre se encuentra el burócrata que gasta su tiempo en inventar nuevos o infinitos pasos que muchas veces nadie entiende o que son imposibles de cumplir. “Electrones libres” creando prolijamente recaudos a discreción.

La creación de “nuevos deberes formales”, de papeleo burocrático, evita y dificulta (faltaba más), que los actores responsables puedan poner toda su energía y capacidades en lograr cumplir con los objetivos o la misión planteada, hacerlo de manera adecuada, eficientemente y en el momento oportuno.

Es bueno ratificar, que todos estamos en la obligación de cumplir al pie de la letra con las normas legales, fiscales y contraloras: cumpliendo las normas administrativas, utilizando correctamente los recursos públicos y cumpliendo los procesos contralores. Debemos combatir la perniciosa tendencia a la duplicidad de solicitudes y a la creación de docenas de formatos inútiles, fútiles e intrascendentes, muchos de los cuales se piden y nadie sabe quién los creó o para qué, si están vigentes u obsoletos; y luego se pudren amarillentos, arrumados en algún archivo muerto. Nadie piensa en el usuario, en sus necesidades y en las posibilidades reales que tiene de enfrentar al intimidante aparato burocrático.

El Che razona en “Contra el burocratismo” (1963), sobre las razones de la persistencia y enquistamiento de la lógica burocrática en la administración. De su análisis, podemos encontrar un camino que oriente y guie las acciones que requerimos para avanzar en la tarea de combatir la burocracia. En primer lugar, señala “la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal”. Una segunda causa recae en “la falta de organización. Al pretender destruir el “guerrillerismo” sin tener la suficiente experiencia administrativa, se producen disloques, cuellos de botellas, que frenan innecesariamente el flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones u órdenes emanadas de los aparatos centrales. A veces éstas, o aquellas, toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, disparatadas, que contribuyen más a la distorsión. La falta de organización tiene como característica fundamental la falla en los métodos para encarar una situación dada.” Y en tercer lugar, “la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión”.

Estas palabras del Che retumban en nuestros oídos y en la autocrítica que hacen los ciudadanos a la hora de identificar y señalar los obstáculos que impiden avanzar y profundizar los logros de la Revolución. Prácticas heredadas del Estado Burgués, se convierten en un muro de contención que obstaculiza, dificulta, cercena o impide el avance de iniciativas, la solución a los problemas o el desarrollo de las potencialidades de las comunidades.

Esto se ve y se palpa sobre el terreno. A la lógica burocrática hay que diseccionarla para entenderla, contenerla y desmontarla. Hay que redificar nuevas vías y fórmulas para facilitar la vida cotidiana de la gente. Es necesario inocular “vacunas” desburocratizadoras: mejorando la formación y capacitación integral, desarrollando una única línea de mando, con eficientes mecanismos de comunicación e integración. Utilización prioritaria de la tecnología, de las redes informáticas, que son herramientas para facilitar la solución de los problemas de la gente.

Para combatir la mentalidad burocrática a veces no vale la pena desatar nudos, hay que cortarlos.

Como señaló Mao Tsetung (1953), “Si reforzamos nuestro trabajo de dirección y mejoramos nuestros métodos de dirección, se reducirá gradualmente la incidencia del burocratismo”.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

Fuente: psuv.org.ve

Como en una carrera alucinada, los dos adversarios encaran el tramo final dispuestos a un esfuerzo sobrehumano con tal de llegar primeros y llevarse merecidamente el trofeo, que en este caso es la presidencia del mayor país y de la mayor economía de América latina, y una de las ocho mayores del mundo.

Una disputa que pone frente al electorado de 143 millones de personas dos opciones: seguir con el proyecto implantado en Brasil a lo largo de los últimos doce años o volver al modelo aplicado entre 1995 y 2002, que consiste esencialmente en buscar la estabilidad económica y el ajuste fiscal a cualquier precio, con la consecuente y drástica disminución del papel del Estado, priorizando el sector y los intereses privados y trazando un nuevo destino para programas sociales.

Ha sido una campaña durísima, con fuerte intercambio de denuncias y acusaciones, y que dejó al margen un aspecto de importancia capital: ¿cuál será la política externa brasileña? También en este tópico lo que existen son dos propuestas que se confrontan de manera clarísima.

Del lado de Aécio Neves, el formulador de su proyecto para esa política es un veterano diplomático, Rubens Barbosa, quien ocupó durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso las importantes embajadas de Londres (1994-1999) y Washington (1999-2004, que se extendió durante el primer año de Lula da Silva). Retirado del servicio activo, Barbosa se hizo jefe del consejo de comercio exterior de la poderosa Fiesp, la patronal Federación de la Industria del Estado de San Pablo. Es un crítico especialmente ácido de todo lo que se hizo en las relaciones externas brasileñas en los últimos doce años.

Del lado del PT de Lula y Dilma, la figura de destaque no es propiamente un diplomático, sino el sociólogo Marco Aurélio García, que ocupa, desde la llegada del PT al poder, el puesto de asesor de la Presidencia para Asuntos Internacionales. En los dos mandatos de Lula, su influencia fue mayor que con Dilma. Pero aun así, es figura fundamental en la formulación de la política externa del país.

Para Barbosa, urge cambiar todo, empezando por las relaciones con los vecinos. En lugar de dedicarse a fortalecer la integración de Sudamérica y del eje Sur-Sur diseñadas en tiempos de Lula, el país pasará a privilegiar las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. En relación con China, las relaciones serían “enfáticas”, pero no de “manera ideológica”, sin que se aclare el significado de la frase.

Bolivia perderá el acceso al crédito, “a menos que adopte programas confiables de combate a las drogas”, Cuba no tendrá ninguna financiación para obras de estructura y el Mercosur pasará a ser tratado “como lo que es: algo anacrónico que no sirve a los intereses brasileños”.

Rubens Barbosa es claro y didáctico: “Primero, hay que eliminar la influencia ideológica en la política externa y comercial”. No aclara cómo el abandono de la actual línea y el retorno a las relaciones estrechas con Washington y la Unión Europea estaría libre de componentes ideológicos. Defiende, además, un duro corte en el número de representaciones diplomáticas brasileñas en el exterior, con el foco en los países “económicamente insignificantes”.

Para el Mercosur, una nueva función: en lugar de integración, buscar la liberalización comercial unilateral, eliminando la cláusula que obliga a los países del bloque a adoptar decisiones y acciones conjuntas. Otra prioridad del programa de Aécio Neves, aclara Rubens Barbosa, es eliminar la “carga ideológica” de organismos regionales creados a lo largo de los últimos doce años, como la Unasur (Unión de las Naciones Suramericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Según Barbosa, en referencia a esos bloques, “el PT quiso hacer una unión política contra los Estados Unidos”. Así, ya no se mencionará la expresión “Sur-Sur” para designar la prioridad de relacionarse con países pobres, en desarrollo o los considerados emergentes. Prioridad será superar el actual estado de las relaciones con Washington, muy alicaídas luego del escándalo de espionaje que alcanzó inclusive al celular y al correo electrónico particulares de Dilma Rousseff.

Para Marco Aurélio García, creer que el Mercosur es un obstáculo para que Brasil cierre acuerdos comerciales es “un equívoco”. Menciona un ejemplo: “El acuerdo Mercosur-Unión Europea no ocurrió porque los europeos no llegan a una propuesta final”. Y resume, de forma contundente, las propuestas de los adversarios: “Son ideas que reducirían América latina a polvo. Intentan resucitar el cadáver debidamente sepultado del ALCA, Area de Libre Comercio de las Américas. Solamente quieren tener relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, sin medir las graves consecuencias que eso tendría sobre nuestra industria”.

Defiende actitudes independientes y de respeto en las relaciones de Brasil con Estados Unidos, que podrán mejorar a partir de negociaciones diplomáticas. Pero, insiste: es fundamental que se establezca un diálogo respetuoso, sin imposiciones de ninguna parte.

Dependiendo de quien salga victorioso de las urnas el domingo 26, Brasil podrá mantenerse en la línea actual o experimentar un cambio radical y volver a los tiempos de antes.

¿Cuál será la política externa de Brasil a partir de 2015?

Fuente: SurySur

Evo Morales ha enfrentado en su primera gestión de gobierno (2005 – 2009), el enorme desafío de arrancar a Bolivia de los esquemas neoliberales. En importante medida ha logrado este propósito con la nacionalización de los hidrocarburos (01-05-06), a partir de la cual se ha reorganizado parte de la economía en función de un capitalismo de Estado que, acompañado de los altos precios de las materias primas, ha traído una bonanza económica que ha fortalecido al país.

En su segunda gestión (2009 – 2014), ha terminado de derrotar los intentos separatistas de la Nación Camba y las corrientes disgregadoras de un indigenismo radical, que consiguió que la Constitución reconociera la existencia de 36 naciones indígenas, dotadas de territorios ancestrales, justicias comunitarias y dominio exclusivo sobre recursos naturales renovables y derecho a veto sobre los no renovables. Todos estos enunciados han quedado en el papel.

Al iniciar su tercera gestión (2015 – 2020), tiene el reto de consolidar la viabilidad de Bolivia, permanentemente amenazada desde los albores de su existencia, debido a su invertebrada geografía, diversidad étnica, pluriculturalismo multilingüe y asechanzas continuas de oligarquías vecinas que actuaban y actúan como correas de transmisión de transnacionales.

Sus promesas abarcan hasta el 2025, año en que Bolivia cumplirá 200 años de existencia. El Presidente considera que en los próximos 16 años, Bolivia debería ser un país sin extrema pobreza, en el que prime el interés colectivo sobre el individual y capaz de resolver los problemas de educación, salud y deporte.

Postula también la soberanía científica y tecnológica, la soberanía comunitaria y financiera, sobre nuestros recursos naturales con nacionalización, industrialización y comercialización, la soberanía alimentaria, ambiental y marítima, que permita a Bolivia recuperar su mar cautivo.

Como puede advertirse, el Presidente no ha ofrecido ni el socialismo, al margen del socialismo latinoamericano, que es el único posible, ni un retorno al tahuantinsuyo, como exigen las ONG y los “pachamámicos”. Ha planteado un proyecto de país posible que ha dejado sin propuestas a los otros candidatos presidenciales, ampliamente derrotados en los comicios del 12 de octubre pasado.

Las metas señalas tienen, sin embargo, enormes obstáculos que obligarán a Evo a demostrar que es capaz de consolidar la unidad nacional y conducir acertadamente la economía no sólo en épocas de bonanza, sino de enormes dificultades que se avizoran en el horizonte inmediato, sobre todo por la disminución de precios de las materias primas.

El año 2019, entrará en vigencia un nuevo contrato (posiblemente por otros 20 años) de venta de gas al Brasil. Evo deberá discutir los nuevos precios ya sea con Dillma Rousseff o Aecio Neves. Ninguno de los dos tiene una disposición favorable hacia Bolivia, como acontecía con Lula.

Nuestra situación es más grave aún ni se considera que EEUU y Europa Occidental han iniciado una dura ofensiva contra los BRICKS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) por haber puesto las bases de un nuevo sistema financiero, que limite la hegemonía absoluta de la Banca Mundial y sus paraísos fiscales. Ahora bien, en la medida en que Brasil sufra la ofensiva imperial, tratará de capear el temporal con imposiciones más drásticas sobre sus débiles vecinos.

Los organismos regionales de integración (MERCOSUR, UNASUR, CELAC y ALBA) no han podido pasar de efusivos discursos bolivarianos al control conjunto y coordinado de recursos estratégicos, como la minería, el petróleo, la Banca y la agricultura, en los que las transnacionales tienen dominio casi absoluto. A manera de ejemplo, la legislatura de Chubut acaba de entregar a la British Petróleum la explotación por 40 años de Cerro Dragón, el yacimiento más productivo de gas y petróleo de la Argentina.

De esta manera, en tanto los proyectos de integración liberadores se hallan estancados, los planes de dominación de EEUU, a través de la Alianza del Pacífico (Perú, Chile, Colombia, EEUU y México), han logrado importante avance con la des nacionalización del petróleo mexicano.

En consecuencia, Bolivia, para acercarse a su ambiciosa agenda patriótica del 2025, debe fortalecer su unidad interna, manejar con mayor responsabilidad su endeudamiento externo y usar de manera más responsable sus recursos económicos, lo que no siempre ha ocurrido en los años precedentes.

Fuente: Rebelión

Esta semana cumplimos una importante jornada de trabajo en la ciudad de Caracas, con el Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Chávez. Con la presencia de las y los camaradas ministros del Poder Popular para la Planificación y Vicepresidente para la Planificación y el Conocimiento, Ricardo Menéndez; el Ministro del Poder Popular para las Comunas y Vicepresidente para el Desarrollo del Socialismo Territorial, Elías Jaua; el Ministro del Poder Popular para la Cultura, Reinaldo Iturriza; la Ministra de la Región de Desarrollo Integral Insular, Yadira Córdova; el Ministro del poder popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología Manuel Fernández; miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana Gral. en Jefe Vladimir Padrino López, Comandante Estratégico Operacional; y Gral. NerioGalbán, Director de la Cátedra Hugo Chávez de la Universidad Militar Bolivariana; parlamentarios, diputadas y diputados; destacados y destacadas intelectuales, artistas, periodistas y comunicadores, entre otras importantes personalidades de todos los poderes del Estado y del sector de la cultura y de la comunicación, inauguramos el seminario “Chávez, Legado en acción”, para continuar con la titánica labor que nos asignó la Revolución en este momento histórico de difundir y sistematizar el pensamiento de nuestro Comandante Eterno.

Esta actividad es parte de las tareas que asumimos para mantener más vivo que nunca el legado político del Comandante Chávez, que continúa al frente de esta Revolución ya no en el plano físico sino en el ideológico y en el espiritual.

Dos recientes acontecimientos ocurridos en América Latina, dan cuenta de la vigencia y la actualidad de esas ideas plasmadas por nuestro Gigante Eterno en muchos documentos, dichas en público en innumerables alocuciones, pero compiladas de manera magistral en el Plan de la Patria: el nuevo triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia y la elección de la República Bolivariana de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El triunfo de nuestro hermano Evo en Bolivia, es la victoria de la dignidad, de la unidad y de la soberanía de nuestros países en plenos procesos de liberación nacional. El pueblo boliviano en democracia, le ha dado una lección al capitalismo y al imperialismo que continúa en su empeño de continuar considerándonos su “patio trasero”.

Las fuerzas progresistas y patrióticas, las que construyen el socialismo indoamericano, la experiencia boliviana, reeligieron a su líder indígena para reafirmar que continuaremos por el camino que Chávez trazó en este continente: el de la solidaridad y la cooperación en franco rechazo al libre comercio y al neoliberalismo.

La victoria de Evo, es la victoria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA); es la victoria de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur); es la victoria de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La Bolivia de Evo nos permitirá seguir transitando hacia una mayor unidad e integración con una vocación bolivariana, martiana; y, para felicidad de nuestros pueblos, sin la tutela de EE.UU.

Por ello, en su primer discurso tras su reelección, el camarada presidente Evo Morales dedicó su triunfo a Fidel Castro y a Hugo Chávez y a todos los gobiernos antiimperialistas y anticapitalistas que han surgido en nuestro continente.

Hay que decirlo con mucha humildad pero también con mucha certeza, sin Chávez esta realidad favorable para la soberanía de nuestros países hubiese sido imposible. Y es que el Comandante Eterno, indicó que debíamos unirnos en un solo bloque de naciones libres y soberanas para garantizar la construcción de un mundo multicéntrico y pluripolar como única manera de salvar al género humano de la amenaza bélica imperialista.

Chávez nos condujo hacia la integración de la Patria Grande, la unidad de todas y todos, mujeres y hombres de buena voluntad, que comparten firmemente la idea de que un mundo mejor no solo es posible, sino que es imprescindible para salvar a la Humanidad de la depredación del modelo económico capitalista y de las guerras, que el imperialismo impone en el mundo para intentar sobrevivir.

Esa convicción de la necesidad de un mundo mejor y posible, y además ya en construcción, es parte del legado que el Comandante Chávez nos entregó para continuar la batalla. Su pensamiento acerca de la solidaridad, la unidad y la complementariedad entre países y pueblos, no sólo se ha quedado en palabras, es la realidad que vivimos en América Latina y el Caribe, para referirnos solo a Nuestra América.

La integración de nuestros pueblos como la concibió nuestro Gigante, tiene como propósito la transformación de nuestras sociedades hacia modelos de justicia social y participación protagónica de la población, para la eliminación de las desigualdades sociales. Y el triunfo de Evo, también hijo de Chávez en el plano político, es una prueba de la impronta que dejó su pensamiento y acción en todo el mundo.

Por otra parte, la presencia de la Patria digna y soberana de Bolívar y Chávez en el Consejo de Seguridad de la ONU, con el contundente apoyo de 181 países, es el segundo hecho que nos coloca de manifiesto, la universalidad de las ideas de Hugo Chávez. Ese es el Cuarto Objetivo del Plan de la Patria 2013-2019, de puño y letra del gigante, hoy convertido en ley de la República y en el mapa estratégico para la construcción de nuestro Socialismo Bolivariano: “contribuir al desarrollo de un mundo multicéntrico y pluripolar que permita alcanzar la paz planetaria”.

Ese asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU para la Venezuela Bolivariana y Chavista, es una demostración de confianza internacional en nuestra Democracia Socialista. La Venezuela de Chávez es garantía de paz, de respeto al derecho internacional y a la soberanía de los pueblos; y la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo, así lo reconoció con su voto. Obviamente, con el rechazo casi solitario del gobierno imperialista de EE.UU.

Es entonces cuando debemos sentirnos orgullosos y orgullosas de poder contar para siempre con el legado político, histórico, del pensamiento y el ejemplo de este barinés universal que es y seguirá siendo Hugo Chávez. En el Instituto de Altos Estudios, que me corresponde presidir, estamos conscientes de la titánica tarea que se nos ha asignado, para lograr con el apoyo de todos y todas sistematizar ese legado; y encarnarlo definitivamente y para la eternidad, en la mente y el corazón de nuestros pueblos.

De allí la importancia de nuestra misión y de continuar en permanente actividad en este instituto que es parte del patrimonio de todo el pueblo venezolano, pero en especial del pueblo barinés. Y debemos asumirla como una tarea primordial en esta coyuntura que vivimos.

Los enemigos de la Revolución Bolivariana, tanto los internos como los externos, buscan generar divisiones dentro de las fuerzas revolucionarias; buscan confundir a los más débiles, a los que aún no tienen conciencia del deber social, y en no pocas ocasiones tratan de manipular palabras, frases, dichas por el Comandante Chávez. Es nuestro sagrado deber para con la historia, velar porque no se distorsione la verdadera esencia del pensamiento de Chávez. Por este motivo continuamos en permanente actividad y llamamos a todo el pueblo patriota a incorporarse en esta labor de mantener a Chávez vivo en nuestras ideas políticas y en nuestras acciones, para seguir así consolidando la Patria que Chávez nos dejó. ¡¡Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque !!

¡¡Chávez vive!!
¡¡Viva el camarada Evo Morales!!
¡¡Viva la patria grande!!
¡¡Hasta la victoria siempre!!

Barinas, 19 de Octubre de 2014

Fuente: Aporrea

Obedeciendo a un orden directa de Adolf Hitler, el 18 de Agosto de 1944 Ernst Thälmann moría fusilado por las SS en el campo de concentración de Buchenwald. Su cuerpo fue inmediatamente cremado para que no quedara vestigio alguno de su paso por este mundo. Thälmann había llegado a este tétrico lugar luego de transcurrir los anteriores once años de su vida en la prisión de Bautzen, donde fuera enviado cuando la Gestapo lo detuvo –al igual que a miles de sus camaradas- poco después del ascenso de Hitler al poder, en 1933.
La izquierda y el balotaje en Brasil

En esa prisión fue sometido a un régimen de confinamiento solitario cumpliendo la pena que le fuera impuesta por el imperdonable delito de haber sido fundador y máximo dirigente del Partido Comunista Alemán. Thälmann era además uno de los líderes de la Tercera Internacional, que en su VIº congreso -celebrado en Moscú en 1928- había aprobado una línea política ultraizquierdista de “clase contra clase”. Esta se traducía en la absoluta prohibición de establecer acuerdos con los partidos socialdemócratas o reformistas, fulminados con el mote de “socialfascistas” y caracterizados sin más como el ala izquierda de la burguesía.

Ni siquiera el mortal peligro que representaban el irresistible ascenso del nazismo en Alemania y la estabilización del régimen fascista en Italia lograron torcer esta directiva. León Trotsky se opuso a la misma y no tardó en condenarla. Y desde la cárcel Antonio Gramsci le confesaba a un recluso socialista, Sandro Pertini, que esa consigna que debilitaba la resistencia al fascismo “era una estupidez”. Tanto el revolucionario ruso como el fundador del PCI eran conscientes de que el sectarismo de esa táctica expresaba un temerario desprecio por el riesgo que presentaba la coyuntura y que su implementación terminaría por abrir la puerta a los horrores del nazismo, clausurando por mucho tiempo las perspectivas de la revolución socialista en Europa. La Tercera Internacional abandonó esa postura en su VIIº y último congreso, en 1935, para adoptar la tesis de los frentes populares o frentes únicos antifascistas. Pero ya era demasiado tarde y el fascismo se había enseñoreado de buena parte de Europa.

El supuesto que subyacía a la tesis del “socialfascismo” era que todos los partidos, a excepción de los comunistas, constituían una masa reaccionaria y que no había distinciones significativas entre ellos. Llama la atención el profundo desconocimiento que esta doctrina evidenciaba en relación a lo que Marx y Engels habían escrito en el Manifiesto Comunista. En su capítulo II dicen, por ejemplo, que “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros. Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.”

Y Lenin, a su vez, durante el curso de la Revolución Rusa reiteradamente subrayó la necesidad de que los bolcheviques elaborasen una política de alianzas con otras fuerzas políticas que preservando la autonomía e identidad política de los comunistas pudiese, en dadas ocasiones, llevar a la práctica acciones e iniciativas concretas que hicieran avanzar el proceso revolucionario. Había, tanto en los fundadores del materialismo histórico como en el líder ruso una clara idea de que podía haber partidos obreros, o representantes de otras clases o grupos sociales (la pequeña burguesía es el ejemplo más corriente) con los cuales podían forjarse alianzas transitorias y puntuales y que nada podría ser más perjudicial para los intereses de los trabajadores que desestimar esa posibilidad y, de ese modo, abrir la puerta a la victoria de las expresiones más recalcitrantes y violentas de la burguesía. Volveremos sobre este tema más adelante.

Lo anterior viene a cuento porque en los últimos días muchos compañeros y amigos del Brasil me hicieron llegar mensajes o artículos en donde anunciaban su intención de abstenerse en el ballotage del 26 de Octubre, o de votar en blanco o nulo, con el argumento de que tanto Aécio como Dilma eran lo mismo, y que para la causa popular daba igual la victoria de uno u otro. El pueblo brasileño, decían, sufrirá los rigores de un gobierno que, en cualquier caso, estará al servicio del gran capital y en contra de los intereses populares. El motivo de estas líneas es demostrar el grave error en que se incurriría si se obrara de esa manera. Al igual que la desastrosa política del “socialfascismo”, que pavimentó el camino de Hitler al poder, la tesis de que Aécio y Dilma “son lo mismo” va a tener, en caso de que triunfe el primero, funestas consecuencias para las clases populares del Brasil y de toda América Latina, más allá de la obviedad de que Aécio no es Hitler y que el PSDB no es el Partido Nacional Socialista Alemán.

El análisis marxista enseña que, en primer lugar, resolver los desafíos de la coyuntura exige como tantas veces lo dijera Lenin, un “análisis concreto de la situación concreta” y no tan sólo una manipulación abstracta de categorías teóricas. Decir que Aécio y Dilma son políticos burgueses es una caracterización tan grosera como sostener que el capitalismo brasileño es igual al que existe en Finlandia o Noruega -los dos países más igualitarios del planeta y con mayores índices de desarrollo humano según diversos informes producidos por las Naciones Unidas. A partir de una interpretación tan genérica como esa será imposible extraer una lúcida “guía para la acción” que oriente la política de las fuerzas populares. Ningún análisis serio del capitalismo, al menos desde el marxismo, puede limitar su examen al plano de las determinaciones esenciales que lo caracterizan como un modo de producción específico.

Mucho menos cuando se trata de analizar una coyuntura política en donde los fundamentos estructurales se combinan con factores y condicionamientos de carácter histórico, cultural, idiosincráticos y, por supuesto, políticos e internacionales. Al hacer caso omiso del papel que juegan estos factores concretos se cae en lo que Gramsci criticó como “doctrinarismo pedante”, prevaleciente en el infantilismo izquierdista que proliferó en Europa en los años veinte y treinta del siglo pasado. Por esta misma razón decir que Hitler y León Blum eran dos políticos burgueses no hizo posible avanzar siquiera un milímetro en la comprensión de la dinámica política desencadenada por la crisis general del capitalismo en Europa, para ni hablar de la capacidad para enfrentar eficazmente la amenaza fascista.

En un caso había un déspota sanguinario, fervientemente anticomunista, que sumiría a su país y a toda Europa en un baño de sangre; en el otro, a un primer ministro socialista de Francia, líder del Frente Popular, que acogía a los alemanes e italianos que huían del fascismo y que se opuso, infructuosamente para desgracia de la humanidad, a los planes de Hitler. Era evidente que ambos no eran lo mismo, a pesar de su condición de políticos burgueses. Pero el sectarismo ultraizquierdista pasó por alto estas supuestas nimiedades y, con su miopía política, facilitó la consolidación de los regímenes fascistas en Europa.

Segundo, cualquiera mínimamente informado sabe muy bien que por sus convicciones ideológicas, por su inserción en un partido como el PSDB y por su trayectoria política Aécio representa la versión dura del neoliberalismo: imperio irrestricto de los mercados, desmantelamiento del nefasto “intervencionismo estatal”, reducción de la inversión social, “permisividad” medioambiental y apelación a la fuerza represiva del estado para mantener el orden y contener a los revoltosos. Fue por eso que nada menos que el Club Militar -un antro de golpistas reaccionarios, nostálgicos de la brutal dictadura de 1964- decidió brindarle su apoyo dado que según sus integrantes el ex gobernador de Minas Gerais posee “las credenciales necesarias para interrumpir el proyecto de poder del PT, que marcha hacia la sovietización del país”.

Más allá del desvarío que manifiestan los proponentes de este disparate sería un gesto de imprudencia que la izquierda no tomara nota del creciente proceso de fascistización de amplios sectores de las capas medias y el clima macartista que satura diversos ambientes sociales y que, en consecuencia, desestimara la trascendencia de lo que significa el explícito apoyo a Aécio de parte de los militares golpistas, el sector más reaccionario (y muy poderoso) de la sociedad brasileña. Que tras la vergonzosa capitulación de Marina, Aécio haya prometido asumir como propia la “agenda social y ecológica” de aquella es apenas una maniobra propagandística que sólo espíritus incurablemente ingenuos pueden creer.

Tercero, la indiferencia de un sector de la izquierda brasileña ante el resultado del ballotage re-edita el suicida optimismo con que Thälmann enfrentó, ya desde la cárcel, la estabilización del régimen nazi: “después de Hitler” –decía a sus compañeros de infortunio, tratando de consolarlos- “venimos nosotros”. Se equivocó, trágicamente. ¿Alguien puede pensar que después de Aécio florecerá la revolución en Brasil? Lo más seguro es que se inicie un ciclo de larga duración en donde las alternativas de izquierda, inclusive de un progresismo “light” como el del PT, desaparezcan del horizonte histórico por largos años, como ocurriera después del golpe de 1964.

Es ilusorio pensar que bajo Aécio las clases y capas populares dispondrán de condiciones mínimas como para reorganizarse después de la debacle experimentada por las suicidas políticas del PT; que nuevos movimientos sociales podrán aparecer y actuar con un cierto grado de libertad en una escena pública cada vez más controlada y acotada por los aparatos represivos del estado y las tendencias fascistizantes arriba anotadas; o que nuevas fuerzas partidarias podrán irrumpir para disputar, desde la calle o desde las urnas, la supremacía de la derecha.

Cuarto, va de suyo que la opción que enfrentará el pueblo brasileño el próximo 26 de Octubre no es entre reacción y revolución. Es entre la restauración conservadora que representa Neves y la continuidad de un neodesarrollismo surcado por profundas contradicciones pero proyectado al Planalto por lo que en su momento fue el más importante partido de masas de izquierda de América Latina. Pese a su deplorable capitulación ante las clases dominantes del Brasil, su incapacidad para comprender la gravedad de la amenaza imperialista que se cierne sobre su país -¡el más rodeado de bases militares norteamericanas de toda América Latina!- y el abandono de su programa original, el PT conserva todavía la fidelidad de un segmento mayoritario de los condenados de la tierra en Brasil y un cierto compromiso, pocas veces honrado pero aun así presente, con las aspiraciones emancipatorias de las clases populares que en 1980 le dieron nacimiento.

Por eso, ante la ralentización de la reforma agraria en Brasil Dilma al menos siente que tiene que salir y explicar al MST las razones de comportamiento y prometer la adopción de algunas medidas para modificar esa situación. Aécio, en cambio, no tiene nada que ver con el MST ni con los campesinos brasileños, y ante sus reclamos responderá con la policía militarizada.

Quinto, lo anterior no implica exaltación alguna del PT, que en su triste involución pasó de ser una organización política moderadamente progresista a un típico “partido del orden” al cual el adjetivo de “reformista” le queda grande. Tampoco se desprende de nuestro razonamiento la necesidad o conveniencia de que las fuerzas de izquierda establezcan una alianza con el PT o sellen acuerdos

programáticos con él de cara al futuro. Pero en la actual coyuntura, definida por el hecho institucional de las elecciones presidenciales y no por la inminencia de una insurrección popular revolucionaria, el voto por Dilma es el único instrumento disponible en el Brasil para evitar un mal mayor, mucho mayor. Los compañeros que abogan por la neutralidad o la indiferencia deberían, para ser honestos, señalar cuál es la otra fuerza política que podría impedir la victoria de Aécio, y cuál es la estrategia política a utilizar para tal efecto, sea electoral (que no la hay) o extra-institucional o insurreccional, que nadie logra atisbar en el horizonte. Si no hay otra arma la izquierda no puede refugiarse en una pretendida neutralidad.

Y si se logra derrotar la reacción conservadora liderada por el PSDB (como muchos en América Latina y el Caribe fervientemente esperamos) habrá que aprovechar los cuatro años restantes para reorganizar el campo popular desorganizado, desmoralizado y desmovilizado por las políticas del PT. Y someter al segundo gobierno de Dilma a una crítica implacable, empujándola “desde abajo”, desde los movimientos sociales y las nuevas fuerzas partidarias, a adoptar las políticas necesarias para un ataque a fondo contra la pobreza y la desigualdad, contra la prepotencia de los oligopolios y los chantajes de las clases dominantes aliadas al imperialismo.

En el plano internacional el triunfo de los tucanos tendría gravísimas consecuencias porque entronizaría en el Planalto a una fuerza política sometida por completo a los dictados de la Casa Blanca; sabotearía los procesos de integración supranacional en marcha como el Mercosur, la UNASUR y la CELAC; serviría como cabecera de playa para atacar a la Revolución Bolivariana y los gobiernos de izquierda y progresistas de la región; para aislar a la Revolución Cubana y para ofrecer el apoyo material y personal de Brasil para las infinitas guerras del imperio. No es que el imperio sea omnisciente, pero se equivoca muy poco a la hora de identificar a quienes no se pliegan incondicionalmente ante sus mandatos. Por algo ha lanzado, junto con sus aliados locales, una tremenda campaña internacional para que su candidato, Aécio, triunfe el próximo domingo. Nadie en la izquierda puede ignorar que, si tal cosa llegara a ocurrir, una larga noche se cerniría sobre América Latina y el Caribe, abriendo un paréntesis ominoso que quien sabe cuánto tiempo tardaríamos en cerrar. Sin extremar las analogías históricas convendría meditar sobre la suerte corrida por Thälmann y sus camaradas comunistas gracias a la adopción de una tesis que sostenía la esencial igualdad de todos los partidos políticos burgueses. 

Fuente: TeleSur

Frases

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº56