El presidente Nicolás Maduro anunció esta semana el inicio de un proceso de revolución en la policía, encomendando la tarea a la nueva ministra Carmen Meléndez. Esta política se toma con el espíritu de golpear en contraofensiva, característico del comandante Hugo Chávez en tantas ocasiones.

En el mes de octubre, la Revolución recibió el duro golpe del asesinato Robert y María . A raíz de ello, el Presidente propuso de la creación de un Sistema Popular de Protección de la Paz, para garantizar la participación del pueblo en la seguridad de la Patria y la defensa de la Revolución. Inmediatamente después, vinieron los sucesos de Quinta Crespo, a partir de los cuales la Fiscalía investiga la actuación del Cicpc.

La historia reciente de Nuestramérica nos enseña que el imperialismo está concibiendo las policías latinoamericanas como instrumentos de planes desestabilizadores.

En 2002, la Policía Metropolitana tuvo un papel significativo como instrumento del golpe en Venezuela. En 2008, la masacre de Pando, en Bolivia, fue realizada por cuerpos policiales, poniendo en peligro al gobierno de Evo Morales. En 2009, el golpe de Estado a Rafael Correa fue dado por la policía. Y en Paraguay, la masacre de Curuguaty fue la excusa para el juicio político que terminó de manera ilegítima con el gobierno de Fernando Lugo.

Luego de la época de las dictaduras militares, las sociedades latinoamericanas repudian el uso de los ejércitos como fuerzas de represión, y en general en las instituciones castrenses ha impuesto una doctrina, cuando no patriótica, por lo menos respetuosa de los derechos humanos. Este hecho obliga a las oligarquías y el imperialismo a buscar en los cuerpos policiales, a los uniformados que estén dispuestos a usar las armas contra el pueblo.

Además, existe una política injerencista a través de acuerdos de cooperación en seguridad hemisférica, promovidos por Estados Unidos. De tal manera, las policías latinoamericanas se encuentran expuestas cada vez más a un adoctrinamiento reaccionario, antipopular y proimperialista.

La depuración permanente y la formación de los organismos policiales es fundamental para garantizar el orden interno, la defensa del pueblo y el avance de la Revolución Bolivariana.

Fuente: Correo del Orinoco

A Dilma le queda abandonar la resistencia a la ofensiva de la derecha para avanzar en la construcción del poder popular que impida estos sustos.

En los procesos electorales que se vienen dando en Sudamérica, se juega bastante más que el cambio o la continuidad del proyecto político de un gobierno, se juega la definición del mapa geopolítico regional, y es parte de un proceso en el que debe incluirse la contundente victoria de Evo Morales en Bolivia, la segunda vuelta electoral en Uruguay dentro de un mes, y las elecciones presidenciales en Argentina el año próximo.

Días atrás, el Partido de los Trabajadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay no solo derrotaron el intento de restauración neoliberal, sino también al terror y la manipulación mediáticas del poder empresarial-comunicacional. Hoy, ambos partidos se quejan de la manipulación mediática (incluyendo su colateral, las encuestadoras), pero hete aquí que en 12 años de gobierno el PT no logró aprobar una Ley de Medios que rompiera el monopolio y fue precisamente Tabaré Vázquez quien pidió al Congreso uruguayo que pospusiera su aprobación hasta después de las elecciones… Es más, Dilma acaba de prometer que no lo hará.

Y siguen presentes las presiones de las desgastadas ideas e inciativas retrógradas para avanzar en acuerdos rápidos de liberalización económica con países desarrollados, sin contemplar la necesidad prioritaria de revertir asimetrías y promover la diversificación productiva para ampliar la inclusión laboral y evitar ahondar la condicionalidad a mercados mundiales inestables que provoca la dependencia en el mercado mundial a la oferta de productos primarios a las que condenan los tratados de libre comercio. Pareciera que alguno quieren exhumar el cadáver del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), sepultado por los presidentes americanos (con Chávez, Lula, Kirchner como motores) en Mar del Plata en 2005.

Quizá más importante que resaltar un triunfo de la izquierda, debiéramos hablar de una derrota de la derecha nacional y global. Poco antes, la aplastante victoria de Evo Morales, hablaba del triunfo del modelo de estado plurinacional, que desterró la Bolivia, racista, colonial y colonizada, clasista, invisibilizadora de las grandes mayorías, hoy convertidas en sujetos (y no meros objetos) de política, de la construcción de una nueva democracia ya no declamativa sino participativa.

En América latina estamos construyendo nuevas democracias, nuevas sociedades. Y no hay un modelo a imitar, sino a crear, de acuerdo a la historia, idiosincrasia, realidad de cada país. Más allá de las presiones para la restauración neoliberal (en nombre de la modernidad y el pragmatismo, muletillas que se pronuncian traición), sino de la socialdemocracia europea (en especial francesa), para abandonar “la locura” del camino al socialismo, más allá de la presión por una mayor injerencia de la diplomacia vaticana entre los movimientos populares.

Quizá sea cierto que las políticas de Lula y Dilma en Brasil y sobre todo las de Tabaré Vázquez en Uruguay hayan sido de las más tímidas de los proyectos transformadores en Latinoamérica, y algunas políticas neoliberales de sus gobiernos progresistas han desilusionado a muchos de sus antiguos simpatizantes y desmoralizado y desmovilizado a otros.

En realidad no hay ya una fuerte izquierda en el PT ni el FA, partidos que pagaron el precio de la burocratización, la demovilización popular y la cooptación de los dirigentes sociales para la gestión gubernamental. En Brasil, los movimientos sociales, que llevaron a Lula y a Dilma al poder, perdieron la calle ante la ofensiva social de una derecha fortalecida principalmente por el apoyo del gran capital extranjero y los medios comerciales de comunicación endógenos y extranjeros. Pero hay algo más grave y es el vacío de ideas y propuestas desde la izquierda para salir de la crisis capitalista.

El triunfo de Dilma se debe a varios factores: a) logró recordar a las clases menos pudientes que los gobiernos del PT lograron importantes transformaciones: sacó a 40 millones de personas de la pobreza, redujo el desempleo a mínimos históricos, benefició a la clases medias y logró significativos avances contra el hambre en el país, aún uno de los de mayor desigualdad del mundo. b) el liderazgo incuestionable de Lula y su compromiso con Dilma y, especialmente, c) la gran movilización de la militancia joven del PT y de los otros partidos de izquierda (incluido el Psol), de los movimientos sociales, culturales y populares, los medios (¿es esa hoy la izquerda brasileña?.

El aumento tremendo de la bancada de diputados de la derecha más retrógrada (¿giro conservador?) y la movilización de una clase media histérica e histerizada continuamente por los medios comerciales de comunicación, jaquean el segundo mandato de Dilma. A en su primer discurso tras las elecciones, prometió diálogo… como si alguna vez la derecha hubiera siquiera dejado opinar.

El triunfo del FA se debe a la movilización casa por casa hecha por sectores juveniles y de los movimientos sociales, ninguneados casi siempre en sus partidos, para impedir el retorno de la derecha “pituca”. Esa movilización inorgánica logró también impedir –en otra gesta popular- que se bajara la edad de inimputabilidad judicial de los menores. Y la derrota, dentro del FA, fue para el sector másneoliberal del zar de la política económica, Danilo Astori.

A Dilma le queda ahora no solo medir bien cuál es la situación y abandonar la resistencia a la ofensiva de la derecha para avanzar en la construcción no solo de una alternativa, sino del poder popular que impida estos sustos. Estaríamos más tranquilos si el PT, en su cuarta administración consecutiva, logra no solo avanzar en las transformaciones que aún le debe a su pueblo, si no construyendo un verdadero poder popular, con el apoyo de los movimientos sociales, los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes, que hicieron posible este triunfo.

Estas experiencias quedan para ser analizadas en Argentina, de cara a las elecciones del año próximo. ¿No le parece?

Fuente: CALPU

1 "Lo que son las cosas…", solían decir nuestros abuelos para comparar los sucesos acaecidos en el pasado y su relación con los del presente. Mejores o peores a los actuales -según ese método empírico-. Era una manera sencilla de evaluar situaciones concretas. Apelo a esta reminiscencia con motivo de la situación que ha vivido el país últimamente por la acción de organismos de seguridad del Estado y de algunos cuerpos policiales, y su relación con el tema de los derechos humanos. Lo cual ha suscitado una polémica que no vacilo en calificar de sospechosa. ¿Por qué lo digo -y escribo?- Sencillo. Porque se pensaba que en torno a algo tan delicado había, prácticamente, consenso. Ya que la mayoría de los venezolanos ha madurado en su evaluación positiva debido, en gran medida, a la preeminencia que se le dio al tema en la Constitución vigente y a la prédica que se ha hecho en torno a su valor absoluto. Pero hay actitudes equívocas. Personas e instituciones que se envuelven en esa bandera con hipocresía, ya que sus verdaderos designios son otros, por ejemplo, la subestimación y, previsiblemente, la violación de los mismos tan pronto las circunstancias lo permitan.

2 Imaginaba que acciones violatorias de los derechos humanos: asesinatos, torturas, masacres, extorsión, secuestros, debidamente probadas y con denuncias consignadas oportunamente ante el Ministerio Público, cometidas por funcionarios del Cicpc y otros organismos policiales, no generarían la defensa de los autores con argumentos muy peligrosos, como el de que las víctimas eran delincuentes. En ese contexto ocurrió la "masacre de Quinta Crespo", consumada por un comando del Cicpc. Prácticamente fue la gota de arbitrariedad y de reto al Estado de derecho que rebosó el vaso de la tolerancia ante los delitos cometidos por la autoridad.

3 El dilema que provocó semejante situación fue muy claro: o se guardaba silencio ante lo que venía pasando; o se reaccionaba a través de la denuncia debidamente fundamentada. O, si se quiere, lo digo de esta otra manera: o se aceptaba que en un país donde no hay pena de muerte -menos aún de facto-, y se tipifican otros delitos contra el ser humano, priva la impunidad como ocurrió durante la IV República; o se le da un parao a tiempo a lo que pasa. Lo primero era reeditar las aberrantes prácticas del Estado terrorista en que se convirtió la democracia puntofijista, o adoptar una firme política de repudio para impedir, precisamente, que lo que ocurría se convirtiera en rutina.

4 Por suerte el presidente Maduro tiene suficiente sensibilidad para reaccionar frente al fenómeno y la voluntad necesaria para actuar con rapidez y firmeza. Es decir, que posee lo que le faltó a los dirigentes de los gobiernos de AD y de Copei. Por eso procedió como el país ha visto, adoptando medidas contundentes. Sin embargo, esta posición del Jefe del Estado es cuestionada con argumentos que no vale la pena considerar, ya que son típicos de personajes que si ejercieran el poder estarían apañando tales perversiones policiales. Pero hay que desenmascarar a quienes acusan a Maduro -por la actitud que adoptó- de "ceder a la presión de los colectivos". Es decir, que los que están detrás de esta manipulación de la verdad, buscan golpear la imagen presidencial presentando su gesto de firmeza como un signo de debilidad y exaltando, de paso, a los colectivos populares que han estado en la mira de la ultraderecha y de la campaña mediática mercenaria. Mi reflexión final acerca del tema, es que resulta deplorable que los dirigentes puntofijistas no hubiesen actuado, cuando gobernaron el país, como lo acaba de hacer Maduro. Cuántos asesinatos, cuántos torturados, cuántos desaparecidos, cuántas masacres, se hubieran evitado; cuántos compatriotas estarían vivos y cuánto oprobio se le habría evitado a la República y a la democracia.

Laberinto

Cualquier reorganizacion de los organismos de seguridad del Estado debe hacerse a fondo de verdad. Los maquillajes no sirven. Si se deja el huevo de la serpiente el esfuerzo se perderá. La capacidad que tienen para reciclarse dentro de esos cuerpos las prácticas atentatorias contra los derechos humanos -una anticultura profundamente arraigada-, no se extirpan sólo con cambios de directivas. La acción tiene que inscribirse en un plan general del Estado, del gobierno, para garantizar el objetivo requerido. La experiencia en nuestro país, tanto en la Cuarta como en la Quinta, es de signo gatopardiano: cambiar para que todo siga igual. Este es el desafío para el gobierno…

En Brasil la derecha repitió el formato que ya ensayó en Venezuela. Una participación electoral que, al mismo tiempo, alienta la desestabilización, con lo cual se llega a procesos comiciales con evidentes desventajas para los gobiernos progresistas sometidos a severas descalificaciones. A esto se suma una fórmula unitaria de la derecha y feroces ataques de los medios de comunicación en manos de poderosos grupos económicos. Este entramado, medios, partidos de derecha, grupos económicos y monitoreo de Washington, operó en Brasil con abundantes recursos y consiguió confundir a sectores populares…

Lo que impidió que los planes para ganar la presidencia y revertir los avances sociales y políticos de la última década -por la derecha nacional e internacional, el gran capital y del poder mediático-, fue el coraje de Dilma Rousseff y la decisiva participación de Lula. Ambos lograron motivar al pueblo que asumió en la calle la defensa del proceso transformador y neutralizó el intento regresionista. La aplicación del formato se seguirá repitiendo en la región y, en lo inmediato, en la segunda vuelta electoral en Uruguay para impedir la victoria de Tabaré Vásquez…

Pero hay un dato que fluye de los procesos electorales de Brasil y Uruguay: la reacción de los candidatos derrotados. De inmediato reconocieron a los vencedores, sin reticencia, sin denuncias de fraude, sin llamados a desconocer los resultados, sin ofensas al árbitro, al organismo electoral. Y es que se puede ser de derecha y al mismo tiempo ser decente. Se puede competir con todos los hierros, con pasión, con fervor, y ser respetuoso de las reglas de juego. Cuando en verdad se es demócrata, se actúa de esa manera. Toda una lección para la oposición venezolana, que solo reconoce resultados electorales cuando estos la favorecen y, si no, recurre a la violencia…

Mientras el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, se mete en los asuntos internos de Venezuela, 51 alcaldes y líderes de su partido, el derechista PP, son arrestados por actos de corrupción, malversación y coimas por contratos de obras de la administración pública. Pero la cosa no termina allí: se anuncian nuevos procesos e investigaciones sobre la cúpula gubernamental…

Desafío para Dante Rivas, funcionario exitoso al frente de otras dependencias públicas. Ahora tendrá que acabar con las alcabalas y toda la trama corrupta que convierte en infierno el contacto de los ciudadanos con las dependencias oficiales. Debe actuar para acabar con las perversiones del Saren. Contra la maraña de vicios que generó la inefable reforma del sistema de Registros y Notarías…

En el acto de transmisión de Min-Defensa, Maduro demostró carácter; Padrino definió lo que es la nueva Fanb, y Carmen Meléndez confirmó que es capaz de salir airosa en cualquier cargo de responsabilidad. Un disuasivo para quienes siguen creyendo en la fragilidad de las instituciones y que pueden meterse, impunemente, en aventuras.

Fuente: Aporrea

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió una carta a su par de Estados Unidos, Barack Obama, en la que le pidió que aclare si Nancy Soderberg, presidenta del Public Interest Declassication Board (PIDB), “organismo bajo responsabilidad directa del Gobierno de los Estados Unidos”, es la misma que integra el grupo lobbista de los fondos buitre, American Task Force Argentina.

Carta de Cristina Fernández de Kirchner a Obama

Fuente: Telam

 

Aunque las elecciones en Brasil no cierran el año electoral en América Latina y el Caribe, toda vez que falta la segunda vuelta que se llevará a cabo el próximo 30 de noviembre en Uruguay y las parlamentarias que definirán el nuevo primer ministro de Dominica el 14 de diciembre, el peso específico del gigante amazónico en el escenario político latinoamericano pareciera permitir hacer un análisis crítico de la situación actual, las perspectivas y los retos para los pueblos de la región y sus organizaciones en los próximos años.

Si observamos los resultados de los eventos comiciales que eligieron o mantuvieron presidentes/as en la región, podremos concluir que en la mayoría de los países, la izquierda ha mantenido y ampliando su espacio. Además de Bolivia y Brasil, El Salvador también optó por una organización con marcada historia revolucionaria y con una trayectoria bastante lejana de los dictados imperiales. En Panamá y Costa Rica fueron derrotados sendos gobiernos neoliberales que se encontraban entre los más cercanos aliados de Estados Unidos. En Antigua y Barbuda la oposición se hizo del gobierno en las elecciones parlamentarias de junio sin que ello vislumbre cambios trascendentes en su política tanto interna como exterior. Colombia, fue el único país que mantuvo un gobierno de derecha y neoliberal, pero la importancia de la reelección del Presidente Santos, viene dada por la derrota del sector de ultra derecha terrorista que encabeza Álvaro Uribe. Al menos, eso permitirá la continuidad de los diálogos de paz a la que aspira la mayoría del pueblo colombiano y el conjunto de la opinión pública de América Latina y el mundo.

Vista las cosas de esa manera, los sectores progresistas pudieran celebrar un año exitoso en el enfrentamiento electoral con las fuerzas más retrógradas del espectro político regional. En esa medida, también podría decirse que en el año que fenece, Estados Unidos no pudo avanzar en el logro de victorias que lo oxigenen del retroceso iniciado en diciembre de 1998 cuando el Comandante Hugo Chávez obtuvo una resonante victoria en las elecciones presidenciales de Venezuela. Así mismo, estos eventos, desarrollados en todas las latitudes de la región han significado una contundente derrota de los medios de comunicación, en particular de las grandes cadenas de televisión que se han transformado en verdaderos actores políticos al servicio de los intereses de la oligarquía antinacional de nuestros países. Tal vez sea posible decir que en Brasil, superaron todo registro anterior en materia de tergiversación de la realidad, construcción de falsas verdades e imposición de temas en la agenda, sin contar con la ofensa a la dignidad de la presidente Rousseff y otros candidatos del PT. En Brasil, sin embargo no pudieron lograr lo que Televisa en México al imponer la candidatura de Enrique Peña Nieto y su venta como mercancía electoral que fue comprada aparentemente por la mayoría de los mexicanos.

Desde esta perspectiva, le correspondería a las fuerzas populares celebrar y prepararse para la próxima contienda electoral. Sin el menor ánimo de subestimar la trascendencia de estas victorias, que sin lugar a dudas son expresión de un estadio nuevo en el devenir de las luchas sociales y políticas de una región proveniente de décadas de horrendas dictaduras criminales que establecieron gobiernos neoliberales a ultranza, ¿no valdría la pena apartarnos un poco de lo estrictamente coyuntural y hacernos algunas preguntas que parecieran generar dudas e incluso angustias en los momentos pre electorales?

Una primera impresión, introduce la inquietud acerca de si la izquierda no sigue haciendo política igual que hace 15 años cuando la orfandad de Cuba hacía presagiar lo peor, hasta que la victoria de Chávez comenzó a trazar un camino alterno al que se había dibujado a través del Consenso de Washington. Hoy, la reclamación y exigencia de los pueblos va mucho más allá del simple restablecimiento de la democracia como vía de instaurar un modelo de redistribución más equitativo del ingreso a fin de darle visibilidad a los excluidos y marginados de los últimos 5 siglos. Aunque es muy temprano para sacar cuentas alegres, lo cierto es que en América Latina y el Caribe la pobreza ha disminuido, la polarización social se ha reducido y la democracia se ha establecido en todas las altitudes y longitudes. Los gobiernos progresistas de la región han implementado políticas sociales que han disminuido el impacto de la crisis que afecta al mundo desde 2008.

Sin embargo, no hay que olvidar que en la democracia representativa y las elecciones como parte de ella, son un mero instrumento contable que no refleja la profundidad de la política ni la toma de conciencia que permite transmutar esa cantidad en calidad transformadora. Eso es lo que podría explicar porque los 40 millones de brasileños sacados de la pobreza por las medidas tomadas por los gobierno del PT no se convierten en votos electorales. Es lo que permite entender también porque en Bolivia el MAS y el Presidente Evo Morales ganan las elecciones sin sobresaltos estableciendo, aquí si- una clara relación entre acción gubernamental y obtención de votos.

En Bolivia, se manifiestan de prístina manera, expresiones que dan cuenta no sólo de una metamorfosis política de la sociedad. Más que eso, los resultados electorales son expresión de una profunda mutación civilizatoria que recoge no sólo las enseñanzas de la práctica de la política y la filosofía occidental, sino que por sobre todo enuncia toda la sabiduría ancestral de los pueblos originarios. Así, los bolivianos han entendido que el MAS es sólo un instrumento para "jugar" en la política de la democracia representativa. Su verdadera fuerza radica en la organización y fortaleza ideológica del movimiento social, -del cual Evo jamás se ha desprendido- que ha ganado protagonismo real en la toma de decisiones como lo atestigua la paridad en materia de género y el alto número de parlamentarios indígenas en la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional, por citar solo algunos ejemplos.

El quehacer de la política gira en torno a construir la propuesta estratégica y hacerla inamovible ante los vaivenes de la cotidianidad y diseñar la táctica necesaria para lograr esos objetivos trazados para el largo plazo. La firmeza estratégica y la flexibilidad táctica son la medida de una acertada ejecución de la política. En el tema que estamos tratando, esto refiere a la capacidad para entender el momento y delinear medidas apropiadas a ello. Significa darle el valor real que tiene el proceso electoral, sin olvidar que los verdaderos cambios van a emerger de la elevación del nivel político y conciencia de los pueblos y de que esto se exprese en términos organizativos y participativos. Por supuesto, se está hablando de hacer política con altura ética. Todo lo contrario de lo que ha ocurrido en Perú, donde los últimos 4 presidentes han hecho campaña electoral enarbolando un programa y han gobernado, ejecutando otro.

En el caso de Brasil, como en el de otros países de la región, pareciera emerger un sector que lejos de asumir posiciones de derecha y pro imperialistas, acentúan críticas no en contra de lo que se ha hecho, sino de denuncia de lo que no se ha ejecutado, o lo que se ha dejado de hacer, sobre todo en términos de eficiencia y ética administrativa. Este es el basamento sobre el cual se podría explicar el resultado electoral y la angustia en la espera del resultado, es lo que llevaría a entender que la baja en la votación de la izquierda, (en este caso del PT) obedece a inexplicables alianzas sin las cuales –por otro lado- sería imposible lograr la victoria electoral.

Bolivia y Brasil permiten mirar la cara y el sello de gobiernos que han escogido tácticas diferentes. Mientras Evo y el MAS optan por una persistencia y profundización de la democracia popular participativa, además de alianzas económicas hegemonizadas por el Estado y del cual los sectores más humildes de la población se han sentido beneficiados, en Brasil, la merma electoral, dice relación con el abandono del PT de su histórica relación privilegiada con las clases populares. Habla, por un lado, de la institucionalización de la política al estilo PRI de México sin entender que la inclusión social por sí misma, no basta para avanzar en el camino de la transformación y el cambio. El PT deberá "refrescar" su quehacer político a fin de que sus fallas no generen el caldo de cultivo en el que la derecha bajo el paraguas invaluable de los medios de comunicación sigan restando espacio al movimiento popular.

Fuente: AVN

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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