Después de la victoria rotunda reciente de Evo Morales en Bolivia, reelegido por el 61% de los votos, llega el triunfo de Dilma Rousseff en Brasil por el 51,63%. La Presidenta brasileña vence por más 3 millones de votos al representante del viejo modelo neoliberal, Aecio Neves.

Lo intentan pero no. Lo pretenden los medios conservadores; lo ensayan los poderes económicos; lo ansía la vieja derecha pero con un nuevo relato; lo ambicionan desde el Norte para seguir teledirigiendo al Sur. Pero no. No saben cómo ganar las elecciones fundamentalmente porque comenten un grandísimo error: creen que hablan a otro pueblo, a un pueblo irreal que no habita cotidianamente en esos países en los que se han producido transformaciones sociales y económicas en tiempo record. Buscan nuevas fórmulas que abusan de una imagen fresca, de un candidato más joven, con discurso pos político, aparentemente desideologizado. Y siempre sin querer confrontar, como si la política fuera posible sin ello. El bando opositor al cambio de época posneoliberal en América latina es consciente que ha de jugar en otra cancha. El desplazamiento en la centralidad del nuevo eje político es tan hegemónico que la propia derecha rebusca reinventarse para disputar cada cita electoral. Los nuevos liderazgos regionales han decidido lavar su narrativa dejando de insistir en eso de la inversión extranjera, la seguridad jurídica, los tratados de libre comercio, los programas de austeridad. No se atreven en público ni siquiera a cuestionar el rol del Estado en algunas áreas económicas ni a interpelar las políticas públicas redistributivas llevadas a cabo en muchos países. Desde hace unos años optan por otra vía: no cuestionar el pasado pero sí discutir el futuro prometiendo que “con ellos todo puede ser mejor”; y prefieren realmente sintetizar toda su crítica en la inseguridad ciudadana, en la falta de libertad de prensa, en eso del populismo (aunque muy bien no sepan qué quieren decir con ello). Sin embargo, dejan que sean los grandes grupos mediáticos los responsables y portavoces del “todo está mal” aunque corriendo el riesgo de que éstos no sintonicen con el nuevo sentido común de época. Ese juego de roles, a veces, parece proporcionar resultados contradictorios. De hecho, no llega a ser efectivo debido a que la prensa opositora todavía cree que sigue viviendo en el pasado neoliberal. Este desfase evidencia las contradicciones del bloque conservador; los líderes de la derecha partidaria opositora demuestran ser mucho más hábiles y flexibles para cambiar su discurso que la propia derecha mediática.

Hasta el momento, los conservadores siguen perdiendo a pesar de los intentos de Capriles en Venezuela, de Rodas en Ecuador (ganó la alcaldía pero perdió apabulladoramente en la última cita presidencial), de Doria Medina en Bolivia, de Marina Silva o Aecio Neves en Brasil, y Lacalle en Uruguay (en primera vuelta). Muchos de estos nuevos perfiles darían para cualquier película de Hollywood pero continúan sin ganar elecciones. Las últimas victorias para derrocar a un gobierno progresista sólo las consiguieron con golpes anti democráticos, tanto en Honduras como en Paraguay. Aún lo siguen procurando con golpes de eso que llaman mercado; en Venezuela, con un dólar ilegal que amenaza constantemente, y con prácticas usureras del rentismo importador que someten al pueblo a una inflación inducida; en Argentina con fondos que buitrean, y con devaluaciones forzosas por prácticas especulativas cambiarias o sojeras. Lo van a seguir buscando por todo tipo de vías parademocráticas, pero también están condenados a buscar la fórmula para ganar en las urnas.

Después de la victoria rotunda reciente de Evo Morales en Bolivia, reelegido por el 61% de los votos, llega el triunfo de Dilma Rousseff en Brasil por el 51,63%. La Presidenta brasileña vence por más 3 millones de votos al representante del viejo modelo neoliberal, Aecio Neves. Ni la genuina performance de Marina Silva en primera vuelta, ni todo el poderoso establishment que defendió a Neves en la segunda, han podido con el proceso de cambio en Brasil, iniciado con la victoria de Lula allá por el 2002. Son 14 años, y es la cuarta victoria consecutiva del Partido de los Trabajadores, sin que la oposición pueda arrebatársela. Ya no sirve la explicación maniquea de que “todo se debe a la bonanza económica mundial” o al “viento de cola”; son tiempos de recesión económica mundial y el apoyo popular al proceso sigue siendo mayoritario. En Brasil, no es que todo sea color de rosa pero las luces predominan sobre alguna sombra; se ha reducido mucho la pobreza en estos años, y también la desigualdad, y se han mejorado las condiciones económicas y sociales de vida de la mayoría social. Esto no se consigue por arte de magia, sino que ha habido una voluntad política de cambiar el modelo económico democratizándolo y reinsertándolo más soberanamente en el mundo.

A este escenario hay que sumarle Uruguay porque -según datos oficiales- el progresista Frente Amplio también es la fuerza más votada en primera vuelta (46,48%), siendo el máximo favorito para ganar en segunda vuelta contra la propuesta neoliberal liderada por Lacalle Pou el próximo 30 de Noviembre. En ese país, ni el hijo de un Presidente en dictadura, Bordaberry (del Partido Colorado), ni el hijo de un Presidente de los noventas neoliberales, Lacalle Pou (del Partido Nacional), pudieron contra la propuesta de continuidad del cambio que venía liderando Pepe Mujica. Así la Alianza del Pacífico, como nueva forma de integración neoliberal en América latina alentada por Estados Unidos y Unión Europea, tendrá que seguir esperando a tener nuevos allegados.

Por ahora, el bloque de países progresistas sigue sin perder elecciones presidenciales. El chavismo con Nicolás Maduro en Venezuela, Cristina Kirchner en Argentina (a la espera de lo que pueda pasar el año próximo), Rafael Correa en Ecuador, Sánchez Cerén en El Salvador, Daniel Ortega en Nicaragua, y recientemente, Evo Morales en Bolivia. La última revalidación la obtiene Dilma Rousseff en Brasil, y previsiblemente Tabaré Vázquez en Uruguay. En definitiva, sí se puede afirmar que lo que hay en América latina son intentos de restauración conservadora, pero no restauración conservadora.

Alfredo Serrano Mancilla

Director Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

Doctor en Economía

@alfreserramanci

Fuente: TeleSur

Bajo el sugerente título "Neves, una esperanza para Brasil y la región", el diario La Nación publicó este jueves una editorial donde, como se diría en el truco, muestra todos los naipes respecto de las elecciones de este domingo, desnudando su interés ya conocido –pero jamás tan explícito– por un triunfo del candidato del PSDB.

¿Cómo empieza argumentando La Nación su apoyo al candidato 'tucano'? Dice que "sentaría las bases para un modelo sustentado en la iniciativa privada antes que en el populismo", con un intento de retórica peyorativa a las transformaciones operadas en el país, que deberían ser revertidas –siempre, claro– desde el ámbito privado y no estatal.

El siguiente punto de crítica es cantado: tiene que ver con la legislación mediática en el vecino país, tras la promesa de Lula de avanzar en una progresiva ley de comunicación. Afirma La Nación que "muchos analistas bien informados sospechan que, si consigue la reelección, uno de los planes de Rousseff será promover regulaciones restrictivas de la libertad de prensa".

La realidad de Brasil en este punto es elocuente: seis familias controlan 500 medios. Marinho –Grupo Globo–; Civita –Grupo Abril–; Frias –Grupo Folha–; Sirotsky –Grupo RBS–; Mesquita –Grupo Estado– y Bandeira de Melo –Grupo Associados– dominan la mayor parte de las estructuras mediáticas en el país vecino, merced a que aún no hay una ley que pueda permitir una ampliación y pluralidad de voces, como sí ha sucedido en otros países de la región. ¿Puede haber una posición de dominio en el mercado mediático más "restrictiva" que la actual? No parece, por ello Lula intenta desde hacía tiempo impulsar una nueva legislación, moderna, que promueva una "desmonopolización",a la que tanto temen los medios aliados a La Nación en aquel país.

Por último, el diario alude a la política de relaciones internacionales –y de vinculación con América Latina– que podría tener un hipotético gobierno de Neves. Este es uno de los puntos cruciales de la campaña en el vecino país, y efectivamente ha sido eje de análisis en toda la región. Dice La Nación, citando a Neves, que Brasil es "uno de los países más cerrados del mundo" al comercio internacional. ¿Se puede, con tanta liviandad, afirmar aquello y no emitir una sola palabra sobre la aparición de los BRICS como importante bloque comercial en un mundo crecientemente multipolar?

La teoría de La Nación es que un triunfo de Neves podría "recomponer el vínculo con los Estados Unidos y avanzar hacia la integración con la Unión Europea". Bajo ese pretexto, el diario propone, palabras más, palabras menos, "flexibilizar" el Mercosur, para que sus países miembros puedan establecer Tratados de Libre Comercio con EE UU y/o la UE, sin la necesidad de lograr la venia del resto de los países. Eso significaría, tal como lo ha dicho la propia Rousseuff en campaña, "un tiro en el pie" del Mercosur.

Lo que esconde este argumento de La Nación es el pedido de un cambio de orientación a la política de integración latinoamericana que se dio la región en los últimos diez años. La Nación, al sugerirle a Brasil que le dé la espalda a América Latina, privilegiando en su relación comercial a Estados Unidos y la Unión Europea, también le está aconsejando a Neves que, en caso de ganar, también le dé la espalda a nuestro país. Y, por ende, a las instancias que la región pudo construir autónomamente: Unasur, CELAC, ALBA y Mercosur.

Como se ve, la elección del domingo será crucial tanto para Brasil como para la región en su conjunto. Se definen dos orientaciones de gestión bien definidas: una que ha sabido privilegiar a las grandes mayorías, que ha sido solidaria con la región y sus gobiernos autónomos; y otra que ya gobernó Brasil para sólo un tercio de su población, bajo Fernando Henrique Cardoso y el propio PSDB. Como se ve, por la desenfundada editorial del jueves, La Nación ya puso sus fichas en la segunda opción.


Fuente: Tiempo Argentino

Remedando al inolvidable cineasta Glau­ber Rocha, faltan pocos días para saber si el dragón de la maldad con siete cabezas (banqueros, latifundistas, empresarios, tecnócratas, poder mediático, narcos, sectas religiosas) revertirá el proceso de cambios y justicia social más profundo y prolongado que ha vivido Brasil, desde los tiempos de Getulio Vargas y Joao Goulart (1951-64).

¿Se inclinarán los brasileños en favor de sus explotadores, representados hoy por el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves? ¿Darán las espaldas a los avances logrados en 12 años de gestión presidencial por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula Da Silva y Dilma Rousseff (6/10/02)?

Cuando el sociólogo y olvidadizo teórico de la dependencia Fernando Henrique Cardoso (PSDB) ganó la presidencia en 1995, la tasa de pobreza extrema era de 15 por ciento. Ocho años después, al concluir su doble mandato, el indicador estaba exactamente en el mismo lugar. Pero con Lula y Dilma bajó a 5.29 por ciento, y la pobreza relativa de 36.4 a 18.6 por ciento, según la Cepal.

Los estudios poblacionales de Brasil demuestran, sin excepción, los avances de la última década. Cambios que movilizaron a millones de familias pobres con subsidios, aumentos sostenidos del salario mínimo, caída del desempleo, disminución de la desigualdad, construcción de viviendas populares, acceso a la salud y a los tres niveles de educación, con baja inflación, relativa estabilidad y mayor politización.

Para el ex franciscano y referente de la teología de la liberación Leonardo Boff, los tres gobiernos del PT fueron una suerte de revolución democrática y pacífica, simbolizada por la llegada al gobierno de “…otro sujeto histórico y distinto del que gobernó Brasil durante siglos: los movimientos sociales” ( Página 12, Buenos Aires, 5/10/14).

“A pesar de ser capitalista –dijo Boff–, ese proyecto encontró la forma de aplicar políticas públicas con crecimiento e inclusión social… Mientras en la zona euro la crisis neoliberal dejaba 102 millones en la calle y los salarios a la baja, aquí, en Brasil, los salarios aumentaron 70 por ciento más que la inflación desde 2005”. Fenómeno que la revista The Economist, con hipócrita flema British, prefiere silenciar.

Hace pocos días, frente a la despiadada y mentirosa campaña de desinformación mundial, Lula manifestó: “como si no bastara la prensa brasileña (para apoyar a Neves), vi la revista The Economist pidiendo votos para el adversario de ella (Rousseff). Es la revista más importante del sistema financiero internacional, de los bancos, de los ladrones”.

De su lado, el investigador Vinicio Lima, de la Universidad de Brasilia, comentó: Considero que los grandes medios, o medios grandes, son pautados por un superditor. Digo superditor porque tienen la misma perspectiva editorial. Hay días en que las tapas de los diarios traen el mismo título, escrito con las mismas palabras. ¿Por qué lo hacen? Porque en realidad son el principal partido opositor al gobierno de Dilma Rousseff.

Lima subraya que los medios “…desinforman en conjunto sobre escándalos que afectan al gobierno y omiten las informaciones sobre las políticas oficiales exitosas. Anunciaron que el Mundial iba a ser un fracaso, y la realidad demostró lo contrario… Ahora acontece lo mismo con los números de la economía, anticipando que el año será una catástrofe, pero la verdad es que tenemos casi pleno empleo y el salario sube”.

Con otro estilo, el director de Le Monde Diplomatique en español, José Natanson, reconoce el acceso de millones a bienes durables que hasta hace poco resultaban prohibitivos, así como la “…mejora de la calidad de vida puertas adentro de sus casas, garantizando un piso mínimo de ingresos”. Subraya, de paso, los peros fuera del hogar: transporte público calamitoso, servicios de educación y de salud sobrepasados, y una crisis de seguridad (21.8 homicidios por cada 100 mil habitantes) que cuatriplica la de Argentina o Chile, y se dispara a niveles de guerra civil si se considera a los brasileños jóvenes, pobres y negros.

Lo cierto es que una encuesta reciente hecha por una consultora estadunidense revela que en los últimos dos años las instituciones de prensa de Brasil (donde seis familias controlan unos 500 medios) perdieron 10 por ciento de credibilidad.

No es poco, en fin, lo que se juega en el país que ocupa el quinto y octavo lugares en extensión territorial y peso de su economía en el mundo. Y en proyección subregional, el resultado de los comicios presidenciales compromete, desde ya, los esfuerzos mancomunados que al empezar el siglo rencauzaron Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales, en pos de una América Latina unida, independiente y soberana.

Sin embargo, nada está escrito. Y, como dijo Fidel, nada es irreversible. Por consiguiente, la premisa de que en elecciones libres y democráticas las derechas son por definición derrotadas frente a los candidatos de gobiernos populares o revolucionarios queda en suspenso. Hasta que en las últimas horas del domingo entrante, a boca de urna, los resultados canten la verdad.

Fuente: El Joropo

En la teoría Weberiana la lógica de la dominación burocrática pretende erigirse como sinónimo de eficacia, orden y efectividad. Sin embargo, como lo señala el propio diccionario de la RAE, el término burocracia trae consigo dos acepciones negativas, a saber “Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos” y la “Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”.

Estas dos acepciones me hicieron recordar al extraordinario humorista cubano, Virulo, quién magistralmente en la canción “El Peloteo” (1987), se burla cruelmente de la tecnoburocracia, y del enjambre de oficinas, recaudos y pasos por los que atraviesa un pobre hombre, quien luego de tener por fin todos los papeles requeridos (con sus respectivas copias y originales), le dicen que sin cuño (sello) no tienen validez alguna. Con optimismo y paciencia ese hombre bregó, con sus papeles bajo el brazo, hasta que al final del viacrucis le dijeron que el sello no hacía falta. El coro de esa canción dice repetidamente, en voz altanera y altisonante:

El Director está en reunión,

El subdirector, no está en la empresa.

La secretaria anda perdida,

Y a mí me duele mucho la cabeza.

El secretario, merendando,

La oficinista, se ha ausentado,

Tuvo problemas personales,

¿No ve que estamos todos ocupados?

El burocratismo se ha convertido, en las sociedades modernas, en una trama perversa, en una historia de terror, con tal fuerza e impacto que logra enajenar, obstaculizar, desvirtuar o evitar cualquier tarea u objetivo, por más buena intención que se tenga, por más voluntad que se ponga, por más urgente o planificada que sea la tarea. Hasta la más sencilla idea, puede convertirse en un infierno y terminar teniendo más pasos y escalones que una escalera sin fin.

A cada nueva tarea o misión surge la inmediata, prioritaria e insaciable necesidad de contratar ingentes cantidades de recursos humanos (sin aprovechar los existentes o la tecnología) y de crear infinitos e interminables manuales que solicitan y exigen cientos de recaudos, planillas, copias, duplicados y certificaciones. En algunos casos, se llega al descaro de detallar el color preferido de las carpetas, el estilo de los ganchos y hasta la forma de colocar las grapas. Todo con gran detalle y creatividad (digno de un Premio Nobel al mejor ingenio burocrático). Se crean pasos interminables. Un laberinto sin fin, que consume y arroja a los ciudadanos de oficina en oficina y de taquilla en taquilla, las cuales, en la mayoría de los casos, están concentradas en las grandes ciudades, obligando al continuo desplazamiento de la gente.

La burocratización de las tareas, la pedidera de papeles y requisitos, termina convirtiéndose en la profesión preferida de los burócratas, los cuales ocasionan un creciente malestar entre la administración, los servidores públicos y los usuarios.

La creación de infinidad de normas y requisitos va dificultando la gobernabilidad y la capacidad de procesar y transmitir las instrucciones adecuadamente en toda la línea de mando, lo que va generando el incremento de la discrecionalidad y la interpretación creativa en cada instancia (parcela o conuco) de la línea de mando. Cuando aumenta la demanda (volumetría), el burócrata colapsa bajo el volumen de la gran cantidad de trámites y procesos acumulados. A esto se le suman todas las indecisiones, errores o la falta de proactividad para buscar soluciones oportunas. En resumen, el colapso total.

Así dentro de la administración siempre se encuentra el burócrata que gasta su tiempo en inventar nuevos o infinitos pasos que muchas veces nadie entiende o que son imposibles de cumplir. “Electrones libres” creando prolijamente recaudos a discreción.

La creación de “nuevos deberes formales”, de papeleo burocrático, evita y dificulta (faltaba más), que los actores responsables puedan poner toda su energía y capacidades en lograr cumplir con los objetivos o la misión planteada, hacerlo de manera adecuada, eficientemente y en el momento oportuno.

Es bueno ratificar, que todos estamos en la obligación de cumplir al pie de la letra con las normas legales, fiscales y contraloras: cumpliendo las normas administrativas, utilizando correctamente los recursos públicos y cumpliendo los procesos contralores. Debemos combatir la perniciosa tendencia a la duplicidad de solicitudes y a la creación de docenas de formatos inútiles, fútiles e intrascendentes, muchos de los cuales se piden y nadie sabe quién los creó o para qué, si están vigentes u obsoletos; y luego se pudren amarillentos, arrumados en algún archivo muerto. Nadie piensa en el usuario, en sus necesidades y en las posibilidades reales que tiene de enfrentar al intimidante aparato burocrático.

El Che razona en “Contra el burocratismo” (1963), sobre las razones de la persistencia y enquistamiento de la lógica burocrática en la administración. De su análisis, podemos encontrar un camino que oriente y guie las acciones que requerimos para avanzar en la tarea de combatir la burocracia. En primer lugar, señala “la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal”. Una segunda causa recae en “la falta de organización. Al pretender destruir el “guerrillerismo” sin tener la suficiente experiencia administrativa, se producen disloques, cuellos de botellas, que frenan innecesariamente el flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones u órdenes emanadas de los aparatos centrales. A veces éstas, o aquellas, toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, disparatadas, que contribuyen más a la distorsión. La falta de organización tiene como característica fundamental la falla en los métodos para encarar una situación dada.” Y en tercer lugar, “la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión”.

Estas palabras del Che retumban en nuestros oídos y en la autocrítica que hacen los ciudadanos a la hora de identificar y señalar los obstáculos que impiden avanzar y profundizar los logros de la Revolución. Prácticas heredadas del Estado Burgués, se convierten en un muro de contención que obstaculiza, dificulta, cercena o impide el avance de iniciativas, la solución a los problemas o el desarrollo de las potencialidades de las comunidades.

Esto se ve y se palpa sobre el terreno. A la lógica burocrática hay que diseccionarla para entenderla, contenerla y desmontarla. Hay que redificar nuevas vías y fórmulas para facilitar la vida cotidiana de la gente. Es necesario inocular “vacunas” desburocratizadoras: mejorando la formación y capacitación integral, desarrollando una única línea de mando, con eficientes mecanismos de comunicación e integración. Utilización prioritaria de la tecnología, de las redes informáticas, que son herramientas para facilitar la solución de los problemas de la gente.

Para combatir la mentalidad burocrática a veces no vale la pena desatar nudos, hay que cortarlos.

Como señaló Mao Tsetung (1953), “Si reforzamos nuestro trabajo de dirección y mejoramos nuestros métodos de dirección, se reducirá gradualmente la incidencia del burocratismo”.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

Fuente: psuv.org.ve

Como en una carrera alucinada, los dos adversarios encaran el tramo final dispuestos a un esfuerzo sobrehumano con tal de llegar primeros y llevarse merecidamente el trofeo, que en este caso es la presidencia del mayor país y de la mayor economía de América latina, y una de las ocho mayores del mundo.

Una disputa que pone frente al electorado de 143 millones de personas dos opciones: seguir con el proyecto implantado en Brasil a lo largo de los últimos doce años o volver al modelo aplicado entre 1995 y 2002, que consiste esencialmente en buscar la estabilidad económica y el ajuste fiscal a cualquier precio, con la consecuente y drástica disminución del papel del Estado, priorizando el sector y los intereses privados y trazando un nuevo destino para programas sociales.

Ha sido una campaña durísima, con fuerte intercambio de denuncias y acusaciones, y que dejó al margen un aspecto de importancia capital: ¿cuál será la política externa brasileña? También en este tópico lo que existen son dos propuestas que se confrontan de manera clarísima.

Del lado de Aécio Neves, el formulador de su proyecto para esa política es un veterano diplomático, Rubens Barbosa, quien ocupó durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso las importantes embajadas de Londres (1994-1999) y Washington (1999-2004, que se extendió durante el primer año de Lula da Silva). Retirado del servicio activo, Barbosa se hizo jefe del consejo de comercio exterior de la poderosa Fiesp, la patronal Federación de la Industria del Estado de San Pablo. Es un crítico especialmente ácido de todo lo que se hizo en las relaciones externas brasileñas en los últimos doce años.

Del lado del PT de Lula y Dilma, la figura de destaque no es propiamente un diplomático, sino el sociólogo Marco Aurélio García, que ocupa, desde la llegada del PT al poder, el puesto de asesor de la Presidencia para Asuntos Internacionales. En los dos mandatos de Lula, su influencia fue mayor que con Dilma. Pero aun así, es figura fundamental en la formulación de la política externa del país.

Para Barbosa, urge cambiar todo, empezando por las relaciones con los vecinos. En lugar de dedicarse a fortalecer la integración de Sudamérica y del eje Sur-Sur diseñadas en tiempos de Lula, el país pasará a privilegiar las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. En relación con China, las relaciones serían “enfáticas”, pero no de “manera ideológica”, sin que se aclare el significado de la frase.

Bolivia perderá el acceso al crédito, “a menos que adopte programas confiables de combate a las drogas”, Cuba no tendrá ninguna financiación para obras de estructura y el Mercosur pasará a ser tratado “como lo que es: algo anacrónico que no sirve a los intereses brasileños”.

Rubens Barbosa es claro y didáctico: “Primero, hay que eliminar la influencia ideológica en la política externa y comercial”. No aclara cómo el abandono de la actual línea y el retorno a las relaciones estrechas con Washington y la Unión Europea estaría libre de componentes ideológicos. Defiende, además, un duro corte en el número de representaciones diplomáticas brasileñas en el exterior, con el foco en los países “económicamente insignificantes”.

Para el Mercosur, una nueva función: en lugar de integración, buscar la liberalización comercial unilateral, eliminando la cláusula que obliga a los países del bloque a adoptar decisiones y acciones conjuntas. Otra prioridad del programa de Aécio Neves, aclara Rubens Barbosa, es eliminar la “carga ideológica” de organismos regionales creados a lo largo de los últimos doce años, como la Unasur (Unión de las Naciones Suramericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Según Barbosa, en referencia a esos bloques, “el PT quiso hacer una unión política contra los Estados Unidos”. Así, ya no se mencionará la expresión “Sur-Sur” para designar la prioridad de relacionarse con países pobres, en desarrollo o los considerados emergentes. Prioridad será superar el actual estado de las relaciones con Washington, muy alicaídas luego del escándalo de espionaje que alcanzó inclusive al celular y al correo electrónico particulares de Dilma Rousseff.

Para Marco Aurélio García, creer que el Mercosur es un obstáculo para que Brasil cierre acuerdos comerciales es “un equívoco”. Menciona un ejemplo: “El acuerdo Mercosur-Unión Europea no ocurrió porque los europeos no llegan a una propuesta final”. Y resume, de forma contundente, las propuestas de los adversarios: “Son ideas que reducirían América latina a polvo. Intentan resucitar el cadáver debidamente sepultado del ALCA, Area de Libre Comercio de las Américas. Solamente quieren tener relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, sin medir las graves consecuencias que eso tendría sobre nuestra industria”.

Defiende actitudes independientes y de respeto en las relaciones de Brasil con Estados Unidos, que podrán mejorar a partir de negociaciones diplomáticas. Pero, insiste: es fundamental que se establezca un diálogo respetuoso, sin imposiciones de ninguna parte.

Dependiendo de quien salga victorioso de las urnas el domingo 26, Brasil podrá mantenerse en la línea actual o experimentar un cambio radical y volver a los tiempos de antes.

¿Cuál será la política externa de Brasil a partir de 2015?

Fuente: SurySur

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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