Evo Morales ha enfrentado en su primera gestión de gobierno (2005 – 2009), el enorme desafío de arrancar a Bolivia de los esquemas neoliberales. En importante medida ha logrado este propósito con la nacionalización de los hidrocarburos (01-05-06), a partir de la cual se ha reorganizado parte de la economía en función de un capitalismo de Estado que, acompañado de los altos precios de las materias primas, ha traído una bonanza económica que ha fortalecido al país.

En su segunda gestión (2009 – 2014), ha terminado de derrotar los intentos separatistas de la Nación Camba y las corrientes disgregadoras de un indigenismo radical, que consiguió que la Constitución reconociera la existencia de 36 naciones indígenas, dotadas de territorios ancestrales, justicias comunitarias y dominio exclusivo sobre recursos naturales renovables y derecho a veto sobre los no renovables. Todos estos enunciados han quedado en el papel.

Al iniciar su tercera gestión (2015 – 2020), tiene el reto de consolidar la viabilidad de Bolivia, permanentemente amenazada desde los albores de su existencia, debido a su invertebrada geografía, diversidad étnica, pluriculturalismo multilingüe y asechanzas continuas de oligarquías vecinas que actuaban y actúan como correas de transmisión de transnacionales.

Sus promesas abarcan hasta el 2025, año en que Bolivia cumplirá 200 años de existencia. El Presidente considera que en los próximos 16 años, Bolivia debería ser un país sin extrema pobreza, en el que prime el interés colectivo sobre el individual y capaz de resolver los problemas de educación, salud y deporte.

Postula también la soberanía científica y tecnológica, la soberanía comunitaria y financiera, sobre nuestros recursos naturales con nacionalización, industrialización y comercialización, la soberanía alimentaria, ambiental y marítima, que permita a Bolivia recuperar su mar cautivo.

Como puede advertirse, el Presidente no ha ofrecido ni el socialismo, al margen del socialismo latinoamericano, que es el único posible, ni un retorno al tahuantinsuyo, como exigen las ONG y los “pachamámicos”. Ha planteado un proyecto de país posible que ha dejado sin propuestas a los otros candidatos presidenciales, ampliamente derrotados en los comicios del 12 de octubre pasado.

Las metas señalas tienen, sin embargo, enormes obstáculos que obligarán a Evo a demostrar que es capaz de consolidar la unidad nacional y conducir acertadamente la economía no sólo en épocas de bonanza, sino de enormes dificultades que se avizoran en el horizonte inmediato, sobre todo por la disminución de precios de las materias primas.

El año 2019, entrará en vigencia un nuevo contrato (posiblemente por otros 20 años) de venta de gas al Brasil. Evo deberá discutir los nuevos precios ya sea con Dillma Rousseff o Aecio Neves. Ninguno de los dos tiene una disposición favorable hacia Bolivia, como acontecía con Lula.

Nuestra situación es más grave aún ni se considera que EEUU y Europa Occidental han iniciado una dura ofensiva contra los BRICKS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica) por haber puesto las bases de un nuevo sistema financiero, que limite la hegemonía absoluta de la Banca Mundial y sus paraísos fiscales. Ahora bien, en la medida en que Brasil sufra la ofensiva imperial, tratará de capear el temporal con imposiciones más drásticas sobre sus débiles vecinos.

Los organismos regionales de integración (MERCOSUR, UNASUR, CELAC y ALBA) no han podido pasar de efusivos discursos bolivarianos al control conjunto y coordinado de recursos estratégicos, como la minería, el petróleo, la Banca y la agricultura, en los que las transnacionales tienen dominio casi absoluto. A manera de ejemplo, la legislatura de Chubut acaba de entregar a la British Petróleum la explotación por 40 años de Cerro Dragón, el yacimiento más productivo de gas y petróleo de la Argentina.

De esta manera, en tanto los proyectos de integración liberadores se hallan estancados, los planes de dominación de EEUU, a través de la Alianza del Pacífico (Perú, Chile, Colombia, EEUU y México), han logrado importante avance con la des nacionalización del petróleo mexicano.

En consecuencia, Bolivia, para acercarse a su ambiciosa agenda patriótica del 2025, debe fortalecer su unidad interna, manejar con mayor responsabilidad su endeudamiento externo y usar de manera más responsable sus recursos económicos, lo que no siempre ha ocurrido en los años precedentes.

Fuente: Rebelión

Esta semana cumplimos una importante jornada de trabajo en la ciudad de Caracas, con el Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Chávez. Con la presencia de las y los camaradas ministros del Poder Popular para la Planificación y Vicepresidente para la Planificación y el Conocimiento, Ricardo Menéndez; el Ministro del Poder Popular para las Comunas y Vicepresidente para el Desarrollo del Socialismo Territorial, Elías Jaua; el Ministro del Poder Popular para la Cultura, Reinaldo Iturriza; la Ministra de la Región de Desarrollo Integral Insular, Yadira Córdova; el Ministro del poder popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología Manuel Fernández; miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana Gral. en Jefe Vladimir Padrino López, Comandante Estratégico Operacional; y Gral. NerioGalbán, Director de la Cátedra Hugo Chávez de la Universidad Militar Bolivariana; parlamentarios, diputadas y diputados; destacados y destacadas intelectuales, artistas, periodistas y comunicadores, entre otras importantes personalidades de todos los poderes del Estado y del sector de la cultura y de la comunicación, inauguramos el seminario “Chávez, Legado en acción”, para continuar con la titánica labor que nos asignó la Revolución en este momento histórico de difundir y sistematizar el pensamiento de nuestro Comandante Eterno.

Esta actividad es parte de las tareas que asumimos para mantener más vivo que nunca el legado político del Comandante Chávez, que continúa al frente de esta Revolución ya no en el plano físico sino en el ideológico y en el espiritual.

Dos recientes acontecimientos ocurridos en América Latina, dan cuenta de la vigencia y la actualidad de esas ideas plasmadas por nuestro Gigante Eterno en muchos documentos, dichas en público en innumerables alocuciones, pero compiladas de manera magistral en el Plan de la Patria: el nuevo triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia y la elección de la República Bolivariana de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El triunfo de nuestro hermano Evo en Bolivia, es la victoria de la dignidad, de la unidad y de la soberanía de nuestros países en plenos procesos de liberación nacional. El pueblo boliviano en democracia, le ha dado una lección al capitalismo y al imperialismo que continúa en su empeño de continuar considerándonos su “patio trasero”.

Las fuerzas progresistas y patrióticas, las que construyen el socialismo indoamericano, la experiencia boliviana, reeligieron a su líder indígena para reafirmar que continuaremos por el camino que Chávez trazó en este continente: el de la solidaridad y la cooperación en franco rechazo al libre comercio y al neoliberalismo.

La victoria de Evo, es la victoria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA); es la victoria de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur); es la victoria de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). La Bolivia de Evo nos permitirá seguir transitando hacia una mayor unidad e integración con una vocación bolivariana, martiana; y, para felicidad de nuestros pueblos, sin la tutela de EE.UU.

Por ello, en su primer discurso tras su reelección, el camarada presidente Evo Morales dedicó su triunfo a Fidel Castro y a Hugo Chávez y a todos los gobiernos antiimperialistas y anticapitalistas que han surgido en nuestro continente.

Hay que decirlo con mucha humildad pero también con mucha certeza, sin Chávez esta realidad favorable para la soberanía de nuestros países hubiese sido imposible. Y es que el Comandante Eterno, indicó que debíamos unirnos en un solo bloque de naciones libres y soberanas para garantizar la construcción de un mundo multicéntrico y pluripolar como única manera de salvar al género humano de la amenaza bélica imperialista.

Chávez nos condujo hacia la integración de la Patria Grande, la unidad de todas y todos, mujeres y hombres de buena voluntad, que comparten firmemente la idea de que un mundo mejor no solo es posible, sino que es imprescindible para salvar a la Humanidad de la depredación del modelo económico capitalista y de las guerras, que el imperialismo impone en el mundo para intentar sobrevivir.

Esa convicción de la necesidad de un mundo mejor y posible, y además ya en construcción, es parte del legado que el Comandante Chávez nos entregó para continuar la batalla. Su pensamiento acerca de la solidaridad, la unidad y la complementariedad entre países y pueblos, no sólo se ha quedado en palabras, es la realidad que vivimos en América Latina y el Caribe, para referirnos solo a Nuestra América.

La integración de nuestros pueblos como la concibió nuestro Gigante, tiene como propósito la transformación de nuestras sociedades hacia modelos de justicia social y participación protagónica de la población, para la eliminación de las desigualdades sociales. Y el triunfo de Evo, también hijo de Chávez en el plano político, es una prueba de la impronta que dejó su pensamiento y acción en todo el mundo.

Por otra parte, la presencia de la Patria digna y soberana de Bolívar y Chávez en el Consejo de Seguridad de la ONU, con el contundente apoyo de 181 países, es el segundo hecho que nos coloca de manifiesto, la universalidad de las ideas de Hugo Chávez. Ese es el Cuarto Objetivo del Plan de la Patria 2013-2019, de puño y letra del gigante, hoy convertido en ley de la República y en el mapa estratégico para la construcción de nuestro Socialismo Bolivariano: “contribuir al desarrollo de un mundo multicéntrico y pluripolar que permita alcanzar la paz planetaria”.

Ese asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU para la Venezuela Bolivariana y Chavista, es una demostración de confianza internacional en nuestra Democracia Socialista. La Venezuela de Chávez es garantía de paz, de respeto al derecho internacional y a la soberanía de los pueblos; y la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo, así lo reconoció con su voto. Obviamente, con el rechazo casi solitario del gobierno imperialista de EE.UU.

Es entonces cuando debemos sentirnos orgullosos y orgullosas de poder contar para siempre con el legado político, histórico, del pensamiento y el ejemplo de este barinés universal que es y seguirá siendo Hugo Chávez. En el Instituto de Altos Estudios, que me corresponde presidir, estamos conscientes de la titánica tarea que se nos ha asignado, para lograr con el apoyo de todos y todas sistematizar ese legado; y encarnarlo definitivamente y para la eternidad, en la mente y el corazón de nuestros pueblos.

De allí la importancia de nuestra misión y de continuar en permanente actividad en este instituto que es parte del patrimonio de todo el pueblo venezolano, pero en especial del pueblo barinés. Y debemos asumirla como una tarea primordial en esta coyuntura que vivimos.

Los enemigos de la Revolución Bolivariana, tanto los internos como los externos, buscan generar divisiones dentro de las fuerzas revolucionarias; buscan confundir a los más débiles, a los que aún no tienen conciencia del deber social, y en no pocas ocasiones tratan de manipular palabras, frases, dichas por el Comandante Chávez. Es nuestro sagrado deber para con la historia, velar porque no se distorsione la verdadera esencia del pensamiento de Chávez. Por este motivo continuamos en permanente actividad y llamamos a todo el pueblo patriota a incorporarse en esta labor de mantener a Chávez vivo en nuestras ideas políticas y en nuestras acciones, para seguir así consolidando la Patria que Chávez nos dejó. ¡¡Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque !!

¡¡Chávez vive!!
¡¡Viva el camarada Evo Morales!!
¡¡Viva la patria grande!!
¡¡Hasta la victoria siempre!!

Barinas, 19 de Octubre de 2014

Fuente: Aporrea

Obedeciendo a un orden directa de Adolf Hitler, el 18 de Agosto de 1944 Ernst Thälmann moría fusilado por las SS en el campo de concentración de Buchenwald. Su cuerpo fue inmediatamente cremado para que no quedara vestigio alguno de su paso por este mundo. Thälmann había llegado a este tétrico lugar luego de transcurrir los anteriores once años de su vida en la prisión de Bautzen, donde fuera enviado cuando la Gestapo lo detuvo –al igual que a miles de sus camaradas- poco después del ascenso de Hitler al poder, en 1933.
La izquierda y el balotaje en Brasil

En esa prisión fue sometido a un régimen de confinamiento solitario cumpliendo la pena que le fuera impuesta por el imperdonable delito de haber sido fundador y máximo dirigente del Partido Comunista Alemán. Thälmann era además uno de los líderes de la Tercera Internacional, que en su VIº congreso -celebrado en Moscú en 1928- había aprobado una línea política ultraizquierdista de “clase contra clase”. Esta se traducía en la absoluta prohibición de establecer acuerdos con los partidos socialdemócratas o reformistas, fulminados con el mote de “socialfascistas” y caracterizados sin más como el ala izquierda de la burguesía.

Ni siquiera el mortal peligro que representaban el irresistible ascenso del nazismo en Alemania y la estabilización del régimen fascista en Italia lograron torcer esta directiva. León Trotsky se opuso a la misma y no tardó en condenarla. Y desde la cárcel Antonio Gramsci le confesaba a un recluso socialista, Sandro Pertini, que esa consigna que debilitaba la resistencia al fascismo “era una estupidez”. Tanto el revolucionario ruso como el fundador del PCI eran conscientes de que el sectarismo de esa táctica expresaba un temerario desprecio por el riesgo que presentaba la coyuntura y que su implementación terminaría por abrir la puerta a los horrores del nazismo, clausurando por mucho tiempo las perspectivas de la revolución socialista en Europa. La Tercera Internacional abandonó esa postura en su VIIº y último congreso, en 1935, para adoptar la tesis de los frentes populares o frentes únicos antifascistas. Pero ya era demasiado tarde y el fascismo se había enseñoreado de buena parte de Europa.

El supuesto que subyacía a la tesis del “socialfascismo” era que todos los partidos, a excepción de los comunistas, constituían una masa reaccionaria y que no había distinciones significativas entre ellos. Llama la atención el profundo desconocimiento que esta doctrina evidenciaba en relación a lo que Marx y Engels habían escrito en el Manifiesto Comunista. En su capítulo II dicen, por ejemplo, que “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros. Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.”

Y Lenin, a su vez, durante el curso de la Revolución Rusa reiteradamente subrayó la necesidad de que los bolcheviques elaborasen una política de alianzas con otras fuerzas políticas que preservando la autonomía e identidad política de los comunistas pudiese, en dadas ocasiones, llevar a la práctica acciones e iniciativas concretas que hicieran avanzar el proceso revolucionario. Había, tanto en los fundadores del materialismo histórico como en el líder ruso una clara idea de que podía haber partidos obreros, o representantes de otras clases o grupos sociales (la pequeña burguesía es el ejemplo más corriente) con los cuales podían forjarse alianzas transitorias y puntuales y que nada podría ser más perjudicial para los intereses de los trabajadores que desestimar esa posibilidad y, de ese modo, abrir la puerta a la victoria de las expresiones más recalcitrantes y violentas de la burguesía. Volveremos sobre este tema más adelante.

Lo anterior viene a cuento porque en los últimos días muchos compañeros y amigos del Brasil me hicieron llegar mensajes o artículos en donde anunciaban su intención de abstenerse en el ballotage del 26 de Octubre, o de votar en blanco o nulo, con el argumento de que tanto Aécio como Dilma eran lo mismo, y que para la causa popular daba igual la victoria de uno u otro. El pueblo brasileño, decían, sufrirá los rigores de un gobierno que, en cualquier caso, estará al servicio del gran capital y en contra de los intereses populares. El motivo de estas líneas es demostrar el grave error en que se incurriría si se obrara de esa manera. Al igual que la desastrosa política del “socialfascismo”, que pavimentó el camino de Hitler al poder, la tesis de que Aécio y Dilma “son lo mismo” va a tener, en caso de que triunfe el primero, funestas consecuencias para las clases populares del Brasil y de toda América Latina, más allá de la obviedad de que Aécio no es Hitler y que el PSDB no es el Partido Nacional Socialista Alemán.

El análisis marxista enseña que, en primer lugar, resolver los desafíos de la coyuntura exige como tantas veces lo dijera Lenin, un “análisis concreto de la situación concreta” y no tan sólo una manipulación abstracta de categorías teóricas. Decir que Aécio y Dilma son políticos burgueses es una caracterización tan grosera como sostener que el capitalismo brasileño es igual al que existe en Finlandia o Noruega -los dos países más igualitarios del planeta y con mayores índices de desarrollo humano según diversos informes producidos por las Naciones Unidas. A partir de una interpretación tan genérica como esa será imposible extraer una lúcida “guía para la acción” que oriente la política de las fuerzas populares. Ningún análisis serio del capitalismo, al menos desde el marxismo, puede limitar su examen al plano de las determinaciones esenciales que lo caracterizan como un modo de producción específico.

Mucho menos cuando se trata de analizar una coyuntura política en donde los fundamentos estructurales se combinan con factores y condicionamientos de carácter histórico, cultural, idiosincráticos y, por supuesto, políticos e internacionales. Al hacer caso omiso del papel que juegan estos factores concretos se cae en lo que Gramsci criticó como “doctrinarismo pedante”, prevaleciente en el infantilismo izquierdista que proliferó en Europa en los años veinte y treinta del siglo pasado. Por esta misma razón decir que Hitler y León Blum eran dos políticos burgueses no hizo posible avanzar siquiera un milímetro en la comprensión de la dinámica política desencadenada por la crisis general del capitalismo en Europa, para ni hablar de la capacidad para enfrentar eficazmente la amenaza fascista.

En un caso había un déspota sanguinario, fervientemente anticomunista, que sumiría a su país y a toda Europa en un baño de sangre; en el otro, a un primer ministro socialista de Francia, líder del Frente Popular, que acogía a los alemanes e italianos que huían del fascismo y que se opuso, infructuosamente para desgracia de la humanidad, a los planes de Hitler. Era evidente que ambos no eran lo mismo, a pesar de su condición de políticos burgueses. Pero el sectarismo ultraizquierdista pasó por alto estas supuestas nimiedades y, con su miopía política, facilitó la consolidación de los regímenes fascistas en Europa.

Segundo, cualquiera mínimamente informado sabe muy bien que por sus convicciones ideológicas, por su inserción en un partido como el PSDB y por su trayectoria política Aécio representa la versión dura del neoliberalismo: imperio irrestricto de los mercados, desmantelamiento del nefasto “intervencionismo estatal”, reducción de la inversión social, “permisividad” medioambiental y apelación a la fuerza represiva del estado para mantener el orden y contener a los revoltosos. Fue por eso que nada menos que el Club Militar -un antro de golpistas reaccionarios, nostálgicos de la brutal dictadura de 1964- decidió brindarle su apoyo dado que según sus integrantes el ex gobernador de Minas Gerais posee “las credenciales necesarias para interrumpir el proyecto de poder del PT, que marcha hacia la sovietización del país”.

Más allá del desvarío que manifiestan los proponentes de este disparate sería un gesto de imprudencia que la izquierda no tomara nota del creciente proceso de fascistización de amplios sectores de las capas medias y el clima macartista que satura diversos ambientes sociales y que, en consecuencia, desestimara la trascendencia de lo que significa el explícito apoyo a Aécio de parte de los militares golpistas, el sector más reaccionario (y muy poderoso) de la sociedad brasileña. Que tras la vergonzosa capitulación de Marina, Aécio haya prometido asumir como propia la “agenda social y ecológica” de aquella es apenas una maniobra propagandística que sólo espíritus incurablemente ingenuos pueden creer.

Tercero, la indiferencia de un sector de la izquierda brasileña ante el resultado del ballotage re-edita el suicida optimismo con que Thälmann enfrentó, ya desde la cárcel, la estabilización del régimen nazi: “después de Hitler” –decía a sus compañeros de infortunio, tratando de consolarlos- “venimos nosotros”. Se equivocó, trágicamente. ¿Alguien puede pensar que después de Aécio florecerá la revolución en Brasil? Lo más seguro es que se inicie un ciclo de larga duración en donde las alternativas de izquierda, inclusive de un progresismo “light” como el del PT, desaparezcan del horizonte histórico por largos años, como ocurriera después del golpe de 1964.

Es ilusorio pensar que bajo Aécio las clases y capas populares dispondrán de condiciones mínimas como para reorganizarse después de la debacle experimentada por las suicidas políticas del PT; que nuevos movimientos sociales podrán aparecer y actuar con un cierto grado de libertad en una escena pública cada vez más controlada y acotada por los aparatos represivos del estado y las tendencias fascistizantes arriba anotadas; o que nuevas fuerzas partidarias podrán irrumpir para disputar, desde la calle o desde las urnas, la supremacía de la derecha.

Cuarto, va de suyo que la opción que enfrentará el pueblo brasileño el próximo 26 de Octubre no es entre reacción y revolución. Es entre la restauración conservadora que representa Neves y la continuidad de un neodesarrollismo surcado por profundas contradicciones pero proyectado al Planalto por lo que en su momento fue el más importante partido de masas de izquierda de América Latina. Pese a su deplorable capitulación ante las clases dominantes del Brasil, su incapacidad para comprender la gravedad de la amenaza imperialista que se cierne sobre su país -¡el más rodeado de bases militares norteamericanas de toda América Latina!- y el abandono de su programa original, el PT conserva todavía la fidelidad de un segmento mayoritario de los condenados de la tierra en Brasil y un cierto compromiso, pocas veces honrado pero aun así presente, con las aspiraciones emancipatorias de las clases populares que en 1980 le dieron nacimiento.

Por eso, ante la ralentización de la reforma agraria en Brasil Dilma al menos siente que tiene que salir y explicar al MST las razones de comportamiento y prometer la adopción de algunas medidas para modificar esa situación. Aécio, en cambio, no tiene nada que ver con el MST ni con los campesinos brasileños, y ante sus reclamos responderá con la policía militarizada.

Quinto, lo anterior no implica exaltación alguna del PT, que en su triste involución pasó de ser una organización política moderadamente progresista a un típico “partido del orden” al cual el adjetivo de “reformista” le queda grande. Tampoco se desprende de nuestro razonamiento la necesidad o conveniencia de que las fuerzas de izquierda establezcan una alianza con el PT o sellen acuerdos

programáticos con él de cara al futuro. Pero en la actual coyuntura, definida por el hecho institucional de las elecciones presidenciales y no por la inminencia de una insurrección popular revolucionaria, el voto por Dilma es el único instrumento disponible en el Brasil para evitar un mal mayor, mucho mayor. Los compañeros que abogan por la neutralidad o la indiferencia deberían, para ser honestos, señalar cuál es la otra fuerza política que podría impedir la victoria de Aécio, y cuál es la estrategia política a utilizar para tal efecto, sea electoral (que no la hay) o extra-institucional o insurreccional, que nadie logra atisbar en el horizonte. Si no hay otra arma la izquierda no puede refugiarse en una pretendida neutralidad.

Y si se logra derrotar la reacción conservadora liderada por el PSDB (como muchos en América Latina y el Caribe fervientemente esperamos) habrá que aprovechar los cuatro años restantes para reorganizar el campo popular desorganizado, desmoralizado y desmovilizado por las políticas del PT. Y someter al segundo gobierno de Dilma a una crítica implacable, empujándola “desde abajo”, desde los movimientos sociales y las nuevas fuerzas partidarias, a adoptar las políticas necesarias para un ataque a fondo contra la pobreza y la desigualdad, contra la prepotencia de los oligopolios y los chantajes de las clases dominantes aliadas al imperialismo.

En el plano internacional el triunfo de los tucanos tendría gravísimas consecuencias porque entronizaría en el Planalto a una fuerza política sometida por completo a los dictados de la Casa Blanca; sabotearía los procesos de integración supranacional en marcha como el Mercosur, la UNASUR y la CELAC; serviría como cabecera de playa para atacar a la Revolución Bolivariana y los gobiernos de izquierda y progresistas de la región; para aislar a la Revolución Cubana y para ofrecer el apoyo material y personal de Brasil para las infinitas guerras del imperio. No es que el imperio sea omnisciente, pero se equivoca muy poco a la hora de identificar a quienes no se pliegan incondicionalmente ante sus mandatos. Por algo ha lanzado, junto con sus aliados locales, una tremenda campaña internacional para que su candidato, Aécio, triunfe el próximo domingo. Nadie en la izquierda puede ignorar que, si tal cosa llegara a ocurrir, una larga noche se cerniría sobre América Latina y el Caribe, abriendo un paréntesis ominoso que quien sabe cuánto tiempo tardaríamos en cerrar. Sin extremar las analogías históricas convendría meditar sobre la suerte corrida por Thälmann y sus camaradas comunistas gracias a la adopción de una tesis que sostenía la esencial igualdad de todos los partidos políticos burgueses. 

Fuente: TeleSur

En la actualidad, el kirchnerismo es la fuerza y la identidad política más relevante de la política argentina que está intentando reubicarse en el mapa político.

La continuidad de Evo Morales –quien ha triunfado el 12 de octubre-, está garantizada y mayoritariamente legitimada. Todavía queda por ver si Dilma Rousseff y del Frente Amplio, ahora en la figura de Tabaré Vázquez, seguirán el camino del mandatario boliviano. Pero debemos destacar un dato interesante en la región: La percepción general de que los gobiernos progresistas y de izquierdas de América del Sur no tenían rivales políticos de peso, se ha terminado. Salvo en Bolivia –donde Evo Morales tiene una adhesión significativa-, en otros países se han instalado representaciones políticas de  derechas con aspiraciones reales de transformarse en mayorías electorales.

Pese al avance de nuevas y viejas derechas, la victoria electoral de estos espacios progresistas, indican dos cuestiones importantes a considerar: Por una lado, que las dirigencias de derechas no lograrán forzar un cambio de época en América del Sur y, por otro, que las ciudadanas y los ciudadanos de estos países adhieren a proyectos que han apostado por la inclusión social, la reducción de la pobreza, la presencia del Estado en la regulación económica y el intento de acortar la brecha entre ricos y pobres. Parece ser el tiempo de los oficialismos de izquierdas y progresistas que sienten el “aliento” de unas derechas que empiezan a disputar sus bases sociales.

Ahora bien, estos escenarios relativamente previsibles se diferencian del dilema en que se encuentra el oficialismo en Argentina. Su dilema se funda en la imposibilidad del kirchnerismo de establecer e “inventar” un sucesor o sucesora presidencial. Pero, como todos sabemos, nadie se suicida (políticamente) en las vísperas y el kirchnerismo hoy sin candidato propio competitivo intentará condicionar los “armados” electorales en el 2015. Para ello, debe conservar su fuerza y legitimidad hasta el último día de mandato y la clave de esto en principio es reducir cualquier daño que pueda causar la inflación, la fuga de capitales, la presión de las corporaciones para lograr una devaluación y los efectos del litigio con los holdouts (fondos buitres). Entonces, si logra administrar esta coyuntura y mantener la adhesión política hay posibles escenarios de acción para el kirchnerismo. Escenarios, que le permitirían o bien triunfar en la elecciones con un candidato “acordado” o, en el caso de perder, consolidarse como una fuerza hacia el futuro reteniendo entre sus filas una cantidad importante de diputados y alianzas territoriales.

Uno de los cursos de acción posible sin un candidato propio,  es negociar con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, candidato a la presidencia que mayor intención de voto posee hasta la actualidad. Si bien pertenece al espacio político de la presidenta (Frente para la Victoria), el “kirchnerismo duro” –entre los cuales, en encuentran La Campora, el grupo de intelectuales Carta Abierta, Nuevo Encuentro- se opone a su proyecto político moderado ya que entienden que “pactará” con algunas de las corporaciones políticas y económicas que ha limitado el proyecto de Cristina Fernández de Kirchner. La posibilidad de negociar con este candidato radica en la posibilidad de condicionarlo en el armado de las listas (es decir, imponerle candidato a vicepresidente y diagramar las listas de dipuados) para co-gobernar en el futuro. Esta estrategia, podríamos denominarla negociar para co-gobernar.

El otro curso de acción posible, es no negociar con Daniel Scioli e instalar un candidato propio que si bien no triunfe en las elecciones cristalice un apoyo que hoy oscila entre el 20 y 30% del electorado, lo que convertiría al kirchnerismo en la fuerza opositora más relevante del país. La cual, tendría espacios en la cámara de diputados, más los espacios que ha logrado en la burocracia estatal, que no serán pocos. Es decir, puede “plantarse” como una fuerza que podría imaginarse retornar al poder dentro de cuatros años.  Entonces, si bien esta estrategia dificultaría la llegada de Scioli al poder presidencial –ya que el oficialismo iría con otro candidato-, se abriría la posibilidad que una centroderecha atravesada por frágiles pactos arribe a la conducción del Estado.

De alguna manera, esta última estrategia que podría perder electoralmente podría ser el inicio de la consolidación y ampliación de una fuerza política de carácter nacional que sustituya al Partido Peronista, utilizando alianzas territoriales, los espacios legislativos obtenidos y las funciones en la burocracia estatal. Podríamos denominar a esta estrategia, perder con lo propio para persistir e inaugurar una fuerza política con fronteras ideológicas “claras” y no depender de nadie. Es decir, el kirchnerismo “mostraría” lo que tiene como caudal propio y retomaría esa ambición de la cultura argentina de trascender el partido peronista (hoy más una maquina electoral y de control social en los territorios que una fuerza partidaria) y crear un movimiento alternativo.

Por cierto, tanto la estrategia de negociar para co-gobernar, como la de ir a una elección para “mostrar” lo propio y establecerse como una fuerza que concentre entre un 20 o 30% del electorado y cierta fuerza legislativa y burocrática, suponen dos estrategias diversas de acumulación políticas con sus ventajas y dificultades. Éstas no pueden pensarse como una que se construye  “desde arriba” y otra “desde abajo”, ya que ambas suponen un vínculo con la institucionalidad estatal. Las ventajas o desventajas radican en la posibilidad de obtener o no recursos estatales para consolidar el trabajo militante y social.

En la actualidad, el kirchnerismo es la fuerza y la identidad política más relevante de la política argentina que está intentando reubicarse en el mapa político, ya sea para co-gobernar o para afrontar una situación de derrota con recursos políticos a futuro. Posee capacidad de movilización y de establecer una gobernabilidad estable.

Si bien, nuevas y viejas derechas articuladas en el espacio de Mauricio Macri (PRO) y en el Frente Renovador de Sergio Massa pueden obtener el voto de vastos sectores de la población e inclusive legitimarse como una “derecha con sensibilidad social” no poseen ninguna fuerza movilizada, ni el atisbo de establecerse como una identidad sustantiva. Ni siquiera Daniel Scioli, el gobernador de la provincia que concentra el 38% del padrón electoral nacional e importantes recursos, ha logrado recrear una fuerza y una identidad. La ausencia de estas dimensiones, torna a estas derechas con sensibilidad social  en agentes muy débiles frente a lobbys nacionales y transnacionales.  Paradojalmente, el límite a éstas lo sigue estableciendo –con variaciones- el kirchnerismo, el cual inclusive “protege” a las derechas políticas de ser empujadas a una restauración neoconservadora y, por ende, limita sus efectos devastadores sobre la población.

Fuente: TeleSur

El país líder de América Latina, de Mercosur y de los acuerdos diplomáticos latinoamericanos se ve hoy en una encrucijada. Existe un consenso desde el medio hacia abajo de la pirámide social brasileña. Nuestro votante medio admite de hecho un retroceso en términos de políticas públicas, no tolerando un discurso que implica la reducción del papel del Estado en la economía y en el logro de los avances en las condiciones materiales de la vida. Marina Silva, exministra del PT para el Medio Ambiente (en el primer gobierno y hasta la mitad del segundo gobierno de Lula) no pudo explicar cómo propone una "nueva política" y tuvo la participación de economistas neoliberales en su equipo formulador del programa de gobierno. El postulado por el PSDB, el senador Aécio Neves y su partido han tenido –y tienen– para explicar (y hacer creer) que en ningún caso irán a desmantelar el aparato de las políticas sociales del lulismo.

Por otro lado, el electorado brasileño eligió un Congreso en el que casi la mitad de sus miembros estará compuesto por millonarios (248 diputados elegidos tienen esta condición de clase); casi el 80% de los parlamentarios se compone de blancos (descendientes de europeos o socialmente blancos, como los de origen árabe o judío) y según el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), tendrá el perfil más conservador desde el período post-golpe de Estado de 1964 Esto implica el crecimiento de la representación directa de los propietarios de tierras (como el más votado diputado federal de Rio Grande do Sul, Luis Carlos Heinze del PP) o básicamente neopentecostales como el célebre Pastor Marco Feliciano, diputado del PSC de São Paulo), militares (como el ex capitán del Ejército Brasileño y partidario de la dictadura, o el congresista más votado en el estado de Río de Janeiro, Jair Bolsonaro, del PP) y otros defensores de causas retrógradas.

Ante la paradoja del progreso en las propuestas de las condiciones materiales de vida y el retroceso en términos de comportamiento y universo ideológico, observamos que la centro–izquierda al desplazarse hacia el centro y hacer alianzas oligárquicas, empujó al tejido social desorganizado a las manos de la derecha. Los 44 millones de personas que ascendieron en la escala social, pasando a convertirse en la llamada clase C –la clase obrera urbana y metropolitana– se balancean en medio de la agitación del post-fordismo, trabajando, estudiando, y rodando sus deudas con su tarjeta de crédito, y han contraído compromisos financieros para sostener el consumo, la vivienda y el estudio (todos programas subvencionados por los bancos estatales). Esta masa humana brasileña del siglo XXI no tiene ideas de cambio ni un gran avance ideológico en su horizonte. Recuperar estos votos es el drama de Dilma y del partido del gobierno.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil trajo algunos problemas de continuidad para el gobierno de coalición. Dilma Rousseff (PT) tuvo 4 millones de votos menos que en 2010 y necesita con urgencia atraer a algunas franjas del electorado, es decir, los votantes más a la izquierda que en gran medida estuvieron ausentes o anularon su voto en las elecciones; la porción del electorado todavía progresista de Marina Silva y los votantes de la clase C, beneficiados por el lulismo social y sus políticas económicas, pero que están lejos de ser ideológicamente de izquierda.

Con los resultados de la primera vuelta la candidata del lulismo se enfrentó a una significativa falta de votantes. Dilma recibió 43.267.668 millones de votos; la suma de cero, en blanco o abstenciones dio 38.797.280 millones; ya el representante de la alianza PSDB–DEM, Aécio Neves ganó 34.897.211 millones; Finalmente, Marina Silva, encabezando la coalición del injerto PSB afiliado al PPS, tuvo 22,176.619. Es importante destacar que Aécio ganó en São Paulo y Paraná, pero perdió en su estado natal Minas Gerais. Dilma ganó ajustada en Rio de Janeiro y Rio Grande do Sul, tuvo una buena victoria en Bahía y perdió por poco en Pernambuco. De los colegios electorales importantes, el problema se encuentra en São Paulo (el más grande del país y el 40% del PIB nacional) y, en consecuencia, la posibilidad de transferencia de los votos de Marina y el PSB (no necesariamente los mismos votos) a Aécio.

El crecimiento del nieto del ex presidente Tancredo Neves tuvo una correlación directa con el voto útil a la derecha (más a la derecha), cuando el ex gobernador de Minas fue visto como una posible oportunidad contra Marina, y una vez que la ex senadora por el estado de Acre no pudo mantener su discurso de "apolítica" bajo el manto de “La nueva política”. Incluso con divisiones internas significativas, el Ejecutivo Nacional del PSB decidió apoyar la candidatura Tucana (tucano es un pájaro y también el apodo de los miembros del Partido de la Social Democracia Brasileña –que de hecho es un partido neoliberal– el partido social demócrata brasileño –muy semejante al PSOE del Estado Español– es el PT); lo mismo se dio con el proto-partido político de Marina, la Red de Sostenibilidad (REDE). La REDE decidió rechazar la candidatura de Dilma y recomendar a sus votantes a votar nulo, en blanco o a Aécio. Es preciso separar, como se dijo anteriormente, los votos del PSB (como en Pernambuco) de los votos de Marina (como en São Paulo y Río de Janeiro). Los votos para la Red son menos relevantes que la confianza en su líderesa, ya derrotada dos veces. La tendencia es que Marina apoye, pero con discreción y sin la plena participación en la campaña al senador Aécio Neves. Como he dicho en otros textos, la "El lulismo sólo pierde por sí mismo o por su disidencia." Con Marina apoyando explícitamente el PSDB, algo que no hizo en 2010 cuando se declaró neutral, se trata de alguien salida de la militancia y la trayectoria de la vida consagrada por el lulismo y ahora puede transferir votos reales a la oposición de inmediato.

Refiriéndose a la cuestión fundamental

Si la nueva clase C está desorganizada, entonces, ¿quién va a reaccionar a la posibilidad real de pérdida de derechos y al desmonte de las políticas sociales en el caso que el neoliberalismo se transforme en victoria? Hay fatiga en la acumulación y expansión del capital y entonces hay también una desconfianza concreta de la comunidad empresarial brasileña hacia un gobierno que le sirvió tan bien.

Brasil tiene un modelo económico que se dirige hacia el agotamiento. No está por caer a tierra la práctica de las políticas sociales, pero si el crecimiento basado en el gigantismo chino. Este se basa en la venta de productos básicos a China y la India y en el juego de ganar-ganar, donde el Estado subvenciona la mejora de las condiciones materiales de vida y así retroalimenta al capital de siempre. La maldita SELIC en nivel "bajo" (tasa básica de intereses definida por el Consejo de Politica Monetária, órgano clave del Banco Central de Brasil, esta tasa hoy está en 11 puntos al año), y correlacionada con el 42,3% del presupuesto utilizado para el desplazamiento de la deuda pública, es también parte del juego. Es un ritmo menor que en los ocho años de Fernando Henrique Cardoso (FHC) –significativamente más corto– pero todavía absurdamente alto para las urgencias del pueblo brasileño.

Ahora, con alianzas con el goteo de gobernanza escurriéndosele entre los dedos, la desesperación llama a la puerta del Directorio Nacional del PT, a su comité ejecutivo y de coordinación de la campaña de reelección de Dilma. En este lado del mostrador, el tema clave es la capacidad o no del movimiento popular para reaccionar de manera soberana, para asegurar los pocos derechos concedidos por estas políticas de tímido keynesianismo tardío. El PT optó por gobernar desde la derecha, con la derecha oligárquica y desorganizando al pueblo brasileño. Esto implicó una relación promiscua de los sindicatos y movimientos con el aparato estatal.

Tal derrota ideológica fue escuchada por este analista de la propia boca de petistas históricos: "aceptamos parte del juego de la sociedad democrático–burguesa en la reorganización partidaria propuesta en 1979–1980 y llevada a cabo por el general Golbery do Couto e Silva. Teníamos como objetivo entrar en el aparato del Estado para transformarl de arriba a abajo, y a través de éste a las relaciones sociales. Ganamos el Poder Ejecutivo en las urnas en 2002 y no transformamos ni la naturaleza del Estado brasileño (patrimonial), ni las relaciones sociales. Nos transformamos nosotros, siendo hoy más parecidos a los antiguos adversarios políticos y enemigos de clase”.

Considerando que el otrora reformismo radical en sus propuestas de los años '80 hoy no es más que una "caricatura grotesca de sí mismo," para lo cual al partido desorganizó y cooptó al movimiento popular que lo tuvo como referencia política, que incluso tiene una sólida central sindical de izquierda.

Cabe la pregunta. Si el neoliberalismo vuelve, ¿qué hacer? Y ahora, ¿quién va a reaccionar?

Bruno Lima Rocha es profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales

www.estrategiaeanalise.com.br / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Fuente: Rebelión

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