El liderazgo de Evo Morales y la fuerza de los movimientos sociales se han encargado de desmontar al menos ocho mitos de la historia boliviana con los que se reproducía la colonialidad del poder y se ha dado paso no solo a un cambio de época sino a una nueva narrativa emancipadora

Evo Morales es un líder político fuera de serie. La fuerza de su liderazgo, fundada en el protagonismo de los movimientos sociales, se está encargando de romper con varios mitos de la historia de Bolivia, pues nunca, como ahora, se había conocido con tanta certeza y anticipación el nombre del seguro ganador de las elecciones nacionales.

Salvo un acontecimiento de gran magnitud que cambie el rumbo del proceso político abierto políticamente en abril de 2000 y electoralmente en diciembre de 2005 –lo cual es bastante improbable-, el próximo 12 de octubre el líder indígena se alzará con una doble victoria que no registra antecedentes en la abigarrada y convulsa historia boliviana: será el primer presidente que cumple tres mandatos continuos -uno con el viejo estado (en realidad se acortó en un año para adelantar las elecciones y dos (de cinco años cada uno) con el Estado Plurinacional) y en 2020 será el que más años ha ejercido la condición de presidente democrático (14 años).

La primera, que echa por tierra la matriz de opinión imperial y de sus aliados locales que tratan de presentar la idea de un gobierno no democrático, es posible por el carácter originario que tuvo la Asamblea Constituyente, cuya aprobación de la Constitución Política del Estado con un 62% dio paso al inicio de una nueva época, caracterizada por una ampliación de la democracia. El pueblo vota, elije, participa y decide. Hay un tránsito de la democracia formal a la democracia sustantiva, del reconocimiento formal de los derechos a la materialización sustancial de los derechos.

La segunda, producto del proceso político más profundo de la historia Bolivia, muestra un líder fuera de serie que ha superado al líder de la revolución del 52, Víctor Paz Estenssoro, quien acumuló 12 años al frente del país de manera discontinua (1952-56, 1960-64 y 1985-89). Pero no solo lo supera en cantidad de años al frente del Estado a partir de la fuente democrática, sino en la naturaleza del proyecto que impulsa. Esta no es una revolución para instalar en el poder a una protoburguesía, como ocurrió en 1952, sino para constituir un bloque en el poder bajo liderazgo indígena campesino, obrero y popular.

De esta manera, éste ícono de la lucha de los pueblos indígenas y originarios de todo el mundo y que condensa los sueños y las esperanzas de una patria emancipada, está desmontando ocho mitos que acompañaron la teoría y la práctica política en Bolivia.

El primer mito que Evo Morales se ha encargado de desmontar es que la diversidad clasista y nacional-cultural boliviana impide que cualquier candidato obtenga más del 50% mas uno en la primera vuelta. El líder político, después de una exitosa entrada en las elecciones de 2002 –cuando se ubicó en segundo lugar con un 20,9%-, salió victorioso con un 54% en diciembre de 2005 y cuatro años después conquistó el 64% de respaldo, además del 67% que alcanzó en el referéndum revocatorio del 10 de agosto de 2008.

En las elecciones del 12 de octubre, tal como muestra el último estudio de intención de voto publicado el viernes 3, Morales recibe un respaldo de 59 por ciento. Cuando se toman en cuenta los blancos y nulos, y la votación de sectores del área rural donde no llegaron los sondeos, entonces no es aventurado señalar que la #OlaAzul esté en posibilidades de rebasar el promedio del 64%.

De acuerdo a las encuestas que miden la intención de voto desde hace varios meses, el candidato del proceso de cambio se ubica en un 60% promedio, con las posibilidades reales de llegar a un 70%, frente a su inmediato seguidor que el sondeo más optimista le da un máximo de 19%. La ventaja de Morales podría aumentar en los próximos días debido a que una parte de los indecisos, estimados en 10%, vaya a su favor y/o el ultraconservador Tuto Quiroga le quite más puntos al empresario Samuel Doria Medina.

El segundo mito que echa abajo es que el Estado es mal administrador. Morales está demostrando que el Estado en manos de una dirección revolucionaria es un instrumento –además de las otras funciones que cumple- que conducido con honestidad –sin que eso impida la presencia de algunos vivillos- es capaz de administrar eficientemente los bienes comunes para la búsqueda del bien común.

El Estado, de esta manera, no queda subsumido a las fuerzas ciegas de la economía de mercado, que en realidad es un mito pues lo que hace es subsumirse a empresas transnacionales en un modelo neoliberal, sino que con la titularidad de un nuevo bloque en el poder (indígena campesino obrero y popular) queda en función de los intereses de la patria y de la inmensa mayoría de la población.

El tercer mito que el jefe del Estado Plurinacional se encargó de echar abajo es que “la gestión desgasta”. De acuerdo a todos los sondeos de opinión que se han hecho en este su último mandato, Morales se ha mantenido con el promedio de 60% de respaldo a su gestión. Los niveles de aprobación que registran las encuestas de agosto y septiembre superan el 70%. Solo en algunos meses de 2011, cuando se produjo el intento de nivelación del precio de los carburantes y la intervención policial a la marcha indígena, la popularidad descendió a un promedio del 50%. La gente valora las obras que hace, la intensidad del trabajo que despliega y la honestidad que demuestra.

El cuarto mito que desmorona es pensar que Bolivia requiere de los consejos del BM y el FMI para tener un buen modelo económico. Todo lo contrario, al distanciarse de esas recomendaciones Morales ha logrado el comportamiento más exitoso de la historia económica boliviana: el PIB casi se ha quintuplicado (de 6 mil a 32 mil millones de dólares), las exportaciones estancadas en 1.000 millones de dólares al año durante dos décadas de neoliberalismo se han multiplicado por 10, el ritmo de su crecimiento ha ubicado a Bolivia en la segunda economía de la región en 2013 y que anticipa ratificarse este año. Con estos resultados, producto de la política de nacionalizaciones y la aplicación de un modelo que genera excedentes y los redistribuye con distintos mecanismos a la población (provocando un énfasis en la demanda interna), la mayor parte de la población se inclina por mantener la estabilidad política, económica y social.

El quinto mito que se desmonta es que Bolivia necesita de los Estados Unidos y los países del capitalismo central. Lo que hace Evo Morales, después de haber nacionalizado el gobierno y los recursos naturales para beneficio de todos los bolivianos, particularmente para los más necesitados, es confirmar aquel dicho del desaparecido líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz: “no somos dependientes por ser pobres, sino pobres por ser dependientes”. La puesta en marcha de una política exterior soberana y diversificada ha colocado a Bolivia en la vitrina mundial varias veces.

En sexto lugar, se ha roto el mito de que “los indios no saben gobernar”. Con ello se ha abierto un proceso de descolonización de las estructuras políticas, materiales y simbólicas que le otorgaban a la “blanquitud” una superioridad sobre la “indianitud”.

El actual proceso de expansión hegemónica hay que entenderlo desde ese punto de partida. Apertura para la incorporación de todos y cohesión del bloque indígena campesino obrero y popular para que mantenga, no sin disputa por otra parte, la dirección de la revolución.

En séptimo lugar, a manera de condensar todo lo anterior, es demostrar que un gobierno de izquierda puede ser eficiente. Atrás queda el prejuicio sobre la participación y el liderazgo estatal. Evo Morales está demostrando que se puede redistribuir la riqueza y hacer obras de envergadura sin poner en riesgo la estabilidad económica del país.

Es más, lo que hace el gobierno con bastante inteligencia es lograr un equilibrio entre la eficiencia económica y la eficiencia social, una combinación de dos variables que demuestran que la política es la economía concentrada como diría Lenin. Economía y política no están separadas como defienden los pensadores liberales.

En octavo lugar, quizá de alcance estratégico, es demostrar que un proyecto anti capitalista –el socialismo comunitario para el Vivir Bien- es lo que Bolivia necesita para continuar por el rumbo de la soberanía política y la independencia económica. La experiencia de los últimos nueve años demuestra que el proyecto socialista y comunitario no le quito inmuebles a nadie ni se metió a regir la vida de nadie. Es decir, se destruyó el mito de que el socialismo es malo.

Ahora bien, nada de esto habría sido posible sin la irrupción de los movimientos sociales, particularmente indígena campesino, cuyas primeras victorias empezaron a conquistarse, una tras otra, desde abril de 2000 con la “guerra del agua”, cuyo efecto nacional ni siquiera fue previsto por sus actores. Por eso, la revolución boliviana de ahora, la más profunda de toda la historia, hay que situarla desde principios del siglo XXI.

La protesta, de esta manera, se convirtió en el espacio de construcción del sujeto histórico y de su agenda (programa). La activación de las democracias participativa, directa y comunitaria no solo debilitaron aún más al raquítico estado aparente y su “democracia de pactos”, sino que inauguraron una revolución con perspectiva anti colonial, anti capitalista y anti imperialista.

Entre 2000 y 2014, la revolución ha pasado por distintos momentos –dos gloriosos y uno de construcción de las bases materiales- y ahora ingresa a su momento de expansión hegemónica. Pero, el común denominador de todos esos momentos, antes y durante el gobierno, es el liderazgo del bloque indígena campesino, obrero y popular.

Por tanto, las elecciones del 12 de octubre y la inevitable derrota de la derecha sintetizarán el paso de la revolución boliviana a su momento de expansión hegemónica, fundada en la articulación entre un liderazgo fuerte y vigorosamente constructor con un protagonismo de los movimientos sociales. El proyecto poscapitalista, condensado en el Socialismo comunitario para el Vivir Bien o, como dijera el canciller David Choquehuanca en el Foro de Sao Paulo, el Socialismo por la Vida se abre paso.

Fuente: PIA Noticias

Se complica el escenario en Brasil, por varias razones que pasamos a exponer sucintamente.

Uno, porque Dilma tuvo la peor votación en la primera vuelta electoral desde que el PT triunfara en las presidenciales del 2002. En la primera vuelta de ese año Lula obtuvo 45.4 % de los votos, y 48.6 % en 2006. En el 2010 Dilma recogió -favorecida por el alto nivel de aprobación de Lula- el 46.8 % del voto popular. El domingo pasado, en cambio, apenas si recogió el 41.5 %. El salto para llegar a la mayoría absoluta será ahora más largo, y habrá que ver de donde podrán venir los votos que le hacen falta. Es probable que una parte de quienes votaron por Marina encuentren intolerable canalizar sus preferencias hacia Aécio Neves, pero en este terreno por ahora sólo hay conjeturas. Entre Dilma, Aécio y Marina suman el 96 % de los sufragios, de modo que no existen grandes contingentes de electores que se puedan redistribuir entre los dos finalistas más allá de los votantes de Marina o de una posible disminución del abstencionismo electoral, que llegó al 19.4 %. Es posible que una intensa campaña del PT y un renovado protagonismo de Lula puedan hacer que esa proporción descienda algunos puntos, pero no hay certeza alguna de que ello vaya a ocurrir. 

Dos, se complica también porque su contendiente ya no es una voluble y fugaz estrella mediática sino un representante orgánico del establishment conservador brasileño. Miembro del PSDB, el partido del ex presidente Fernando H. Cardoso, Aécio fue un ardoroso crítico de los gobiernos petistas, a quienes acusa de haber ahuyentado la inversión extranjera y creado un clima poco favorable para los negocios, imputaciones éstas que carecen de asidero en la realidad. Furibundo antichavista, más aún que Marina, Neves es de los que creen que Brasil poco o nada tiene que hacer en América Latina. Su destino es asociarse a los proyectos imperiales de Estados Unidos y sus cómplices europeos. Como tantos en la derecha latinoamericana no percibe lo que las mentes más agudas del imperio han alertado hace rato: que Estados Unidos comenzó una lenta pero progresiva e irreversible declinación y que su agonía estará signada por violentos estertores e innumerables guerras. En esa curva descendente no habrá amigos permanentes, como aspira Aécio que Brasil sea de Estados Unidos, sino intereses permanentes. Y para Washington los amigos de ayer: Saddam Hussein, Osama bin Laden o los sunitas fanáticos que ayudara a crear junto a las retrógradas teocracias del Golfo, Israel y algunos compinches europeos pueden convertirse de la noche a la mañana –como hoy ocurre con el Estado Islámico- en los infames enemigos de la libertad y la democracia. Aécio no lo sabe, pero Brasil no será la excepción en esta materia. Por algo es el país sudamericano más cercado por bases militares estadounidenses. Sólo una mente muy ofuscada es incapaz de extraer las ominosas conclusiones de lo que eso significa para el futuro de la “amistad” con Estados Unidos.    

Tres, para prevalecer Dilma deberá reconquistar una parte de la base social del PT que, desilusionada con su gobierno, manifestó su desencanto votando a Marina. Para ello deberá demostrar que su segundo turno va a ser distinto al primero, al menos en algunas materias sensibles en lo económico y social. Si su propuesta se asemeja a la de su rival estará perdida, porque los pueblos invariablemente prefieren el original a la copia. Tendrá que diferenciarse por izquierda profundizando las reformas que pongan fin a la intolerable desigualdad económica y social del Brasil, a los estragos del agronegocio, a la depredación medioambiental, a su vergonzosa regresividad tributaria y a las escandalosas ganancias embolsadas por el capital financiero y los oligopolios durante los gobiernos petistas. En estos temas su record durante su primer mandato ha sido en el mejor de los casos mediocre. ¿Podrá convencer al electorado que si es re-electa las cosas serán diferentes?
    
Cuarto y último, será preciso para ello desandar el camino que, desde el 2003, desmovilizó al PT, convirtiendo al otrora vibrante partido socialista de los ochentas y los noventas en un espectro que vegeta en los recintos parlamentarios y los despachos de la burocracia estatal. Como resultado, tras de sí Dilma tiene el enorme prestigio de Lula pero no a un partido. Alguien podrá replicar que tampoco lo tiene Aécio, y es verdad. Pero este tiene con que  reemplazar esa falencia: los oligopolios mediáticos que cumplen con la función de un partido, de ese “príncipe moderno” del que hablaba Gramsci.  Crean un estado de opinión, suscitan temores o entusiasmos favorables a los intereses dominantes,  fijan la agenda de la vida pública, convocan a la acción, favorecen la organización de los descontentos y fomentan la pasividad de quienes piensan que el PT ya les dio lo que merecían. Esos medios están totalmente jugados a favor de Aécio, por lo que la debilidad organizativa del PSDB le tiene sin cuidado. Para colmo, el PT perdió la calle y la pasión de un pueblo porque desde su llegada al gobierno cayó en la vieja trampa de la ideología burguesa: hacer que los nuevos grupos recién llegados al poder, deslumbrados por sus luces y sus tentaciones, se olviden que la política es una práctica que se nutre de la dialéctica entre líderes y pueblo. Al obrar de esta manera aquella fue enviada al desván de las cosas inservibles, o de los anacronismos históricos, y reemplazada por la gestión administrativa y tecnocrática de la cosa pública, con sus sesgo inherentemente conservador y refractario a cualquier cambio. Fatal error cometido en la anterior campaña presidencial cuando se presentó a la actual presidenta bajo el eslogan “una gerenta para Brasil,”  olvidando que una nación no es una empresa y que si estas tienen gerentes lo que aquella necesita son líderes. Ahora a Dilma sólo la podrá salvar la política y no sus presuntas aptitudes gerenciales.

Conclusión: la mayoría electoral que Lula construyó con extraordinaria mezcla de paciencia y habilidad no logró transformarse en hegemonía política: esto es, en una dirección intelectual y moral que garantizase la irreversibilidad de los importantes avances registrados en algunas áreas de la vida social pero que, a juicio de la ciudadanía, fueron insuficientes. Cambios que mejoraron la condición del pueblo brasileño pero que no fueron no hechos con el protagonismo del pueblo sino por un poder filantrópico que desde arriba desmovilizaba, despolitizaba e inducía a la pasividad a cambio de la inédita generosidad oficial. La actividad política era un ruido que alteraba la calma que requerían los tecnócratas y los mercados para seguir enriqueciendo a los ricos. El PT en el poder no supo contrarrestar esa estrategia, y ahora necesita repolitizar  y concientizar, en tres semanas, a un sector importante del pueblo brasileño. Ojalá que lo consiga, ya que la victoria de Aécio sería un desastre para las clases y capas populares del Brasil y para América Latina, porque liquidaría los avances duramente  conquistados en el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC, y Estados Unidos contaría, al fin, con el Caballo de Troya perfecto para destruir desde adentro el sueño de la Patria Grande latinoamericana.

Fuente: TeleSur

El brutal asesinato de nuestros compañeros Robert y María, abrieron paso a unos días peligrosos, donde además del dolor por la muerte de dos jóvenes patriotas, el pueblo acusa el golpe de que le mataron a uno de los suyos, a uno de los que lo hace soñar con el futuro, entonces se agitan la ira y el sentimiento de venganza hacia los otros.

Especialmente a Robert, lo matan por joven, por inteligente, por ser portador de futuro, porque saben que causa dolor y que ese dolor se convierte en rabia que nos lleve a confrontarnos.

Asesinatos como los de Robert y María, son los detonantes de la llamada “Guerra de perros” ejecutada hoy tristemente en buena parte del norte de África y el Medio Oriente por parte de la OTAN. Es por ello que la palabra valiente y responsable del Presidente Nicolás Maduro, en la siembra de nuestros compañeros el pasado viernes, tiene que ser bien valorada por nosotros en el chavismo, y ojala por alguien de la oposición.

Dijo el Presidente Nicolás que por encima de los dolores debemos seguir luchando como siempre lo hemos hecho los revolucionarios, a nuestros mártires los honramos con lealtad y lucha; debe haber justicia constitucional con los responsables materiales e intelectuales, pero la mayor justicia seguirá siendo una revolución triunfante y nuestra victoria será la paz. Yo comparto plenamente esa posición. Es la conducta de un bolivariano y chavista.

Nuestro Libertador Simón Bolívar, llegando a Venezuela, en diciembre de 1826, para intentar evitar su separación de Colombia, la grande, le escribe al General Salom: “Aunque me cueste la vida, voy a impedir la guerra civil”. El Comandante Chávez fue en este tema, como en todos, un fiel seguidor de la doctrina bolivariana. Lo demostró, a riesgo de su propia vida, el 4 de febrero de 1992, el 11 de abril de 2002, en el referéndum del 2007 y en muchas otras ocasiones.

Pero la victoria de la paz no depende sólo del Presidente y de nosotros en el Chavismo, debería ser una corresponsabilidad con la oposición, pero ahí está la dificultad. En la derecha venezolana no se observa honestidad para este propósito.

Tomemos por caso la posición de Capriles respecto a la línea violenta expresada en la llamada “Salida”. En entrevista, realizada por Elizabeth Fuentes y Juan Carlos Zapata, el pasado 24 de Julio, éste reveló, refiriéndose al fracaso de La Salida, “La crisis económica y social era la que nos iba a permitir empujar la crisis política; pero se hizo al revés”. De seguido afirma: “Plantearon una crisis política sin que la crisis económica y social hubiese hecho lo que tenía que hacer”.

Es claro, él no está en desacuerdo con provocar la crisis política, sino que hay que esperar que la guerra económica haga su trabajo de generar una explosión social. No hay voluntad democrática y de dialogo en esas afirmaciones, como tampoco la tuvo el 14 de abril de 2013, cuando mandó a sus seguidores a “descargar la arrechera”. Pareciera que no es Capriles un interlocutor sincero para un dialogo a favor de la paz y la estabilidad de la Patria.

Otro mensaje negativo, a favor del propósito del dialogo y la paz, es la reciente designación del Sr. Torrealba como Secretario de la MUD, el perfil de “desclasado”, es decir de un sujeto político que proviniendo de la clase trabajadora, reniega en la práctica de su origen de clases, o se presta para servir a intereses contrarios a la misma; lo convierte, como su historial lo confirma, en un sujeto fascistoide, que desconoce a la fuerza popular que es el chavismo, de manera virulenta.

Ambos ejemplos, son malas señales desde el lado opositor. ¿Pero qué hacemos? ¿Pisamos el peine de la violencia fascista? No, el camino es el señalado por el Presidente Maduro, pero no es una tarea exclusiva de él, es de todos.

La violencia fascista en su afán de provocar la guerra civil, se escuda tras el manto de la delincuencia común, es así como en los últimos meses hemos visto como son asesinados artistas, deportistas, dirigentes comunales, oficiales destacados de nuestra Fuerza Armada Bolivariana, estudiantes queridos, sacerdotes, jóvenes en general con el fin de generar conmoción y desesperanza.

Al respecto es necesaria una profunda autocritica, en todos esos casos los cuerpos de seguridad y los órganos de justicia tienen respuesta fácil y rápida: fue el hampa común. Y los medios de la derecha amplifican esas versiones que desde los cuerpos policiales se filtran, antes de ser oficiales. El pueblo que sabe, clama en el desierto denunciando a las bandas criminales y sus propósitos políticos, que operan con control territorial en sus barrios y caseríos. No dejemos solos al pueblo y al Presidente. Quienes tienen responsabilidad en esta materia, tienen que asumir este tema de las bandas criminales, como un asunto de seguridad nacional y de la vida de la República, y no de simple delincuencia común.

La dirigencia política y social de la Revolución, en todos su niveles, también tenemos que hacer un esfuerzo superior en ejercer el liderazgo positivo en las comunidades, no pueden ser las mafias, de todo tipo, la que tomen el liderazgo de nuestra pueblo. Es nuestra responsabilidad.

De igual manera, no podemos renunciar a seguir hablándole a los que se oponen a la Revolución Bolivariana, allí hay decena de miles de hombres y mujeres que no comparten el camino del fascismo, que no se burlan de la muerte de Robert y María, que les duele y les preocupa como a nosotros, sobre todo por el futuro de sus hijos e hijas. El artículo de Luis Vicente León del día de ayer, humanamente honesto, es una expresión de ese sentimiento. Con ellos y ellas construyamos una sociedad donde quepamos todos, con nuestras diferencias, con justicia, igualdad y dignidad.

Pero a la corriente fascista, debemos decirle con claridad, no confundan nuestra responsabilidad con debilidad, los vamos a enfrentar y a derrotar, por el derecho a vivir en paz que tenemos todos los venezolanos y venezolanas, no importa como pensemos políticamente.

Tomando la letra de mi querido profesor Earle Herrera digo, el próximo miércoles va ser duro. En la reunión de la Vicepresidencia de la región capital de nuestro PSUV, las sillas de Eliecer Otaiza y de Robert Serra estarán vacías. No nos vamos a acostumbrar a enterrar a nuestro Camaradas, no nos acostumbramos en los 80’, ni en los 90’, cuando cayeron por decenas nuestros mártires, no lo vamos hacer ahora. ¿Y qué vamos hacer? ¡LUCHAR HASTA VENCER!

A los 40 años de la caída del líder revolucionario chileno Miguel Henríquez, en combate contra la dictadura fascista de Pinochet, decimos como ayer, “por nuestros mártires, ni un minuto de silencio, toda una vida de combate”. Hoy decimos, por ellos y ellas, toda una vida de lealtad y victorias.

1) Cada día es más evidente la existencia de una doble y sórdida conjura contra Venezuela. La conexión que hoy se da entre factores internos, oposición política, agentes financieros, mediáticos, y poderes transnacionales, nunca existió con igual capacidad operativa y claridad en el objetivo. La coordinación ha alcanzado un alto grado de eficiencia. Lo que se planifica y ordena desde el exterior repercute de inmediato al interior del país. De igual modo, lo que se gesta a lo interno, lo que asumen las fuerzas que se mueven dentro del entramado institucional, rebota afuera al instante.

Esta combinación tiene efectos letales que afectan a diario a la ciudadanía. De pronto, por ejemplo, un economista de reconocido prestigio divulga sin base alguna la especie de que Venezuela entrará en default, y la versión de inmediato dispara el riesgo país y la caída de los bonos, con la consiguiente alarma de la colectividad. La noticia muere al poco tiempo debido a otras igualmente impactantes, pero el daño quedó hecho y sus efectos no se extinguen. Igual pasa con la aparición de ciertas virosis que algunos medios, combinados con el exterior, tienen la osadía de divulgar como posibles pandemias.

2) En el plano estrictamente político, la conjura adquiere rasgos insospechados. El ataque escoge como blanco el funcionamiento de las instituciones. La finalidad es obvia: proyectar nacional e internacionalmente la imagen de que en el país no rigen las leyes. Que el gobierno vulnera los derechos ciudadanos. Que la administración de justicia colapsó. Todo lo cual se orienta a presentar al Estado venezolano como un Estado forajido. En el cual nadie está seguro. Donde cunde el atropello e impera la ley de la selva. En cuyo ámbito desaparece totalmente la noción de seguridad jurídica y personal.

3) Un dato que ilustra lo que quiero señalar. De pronto  -con apariencia de normalidad- el presidente Obama, quien se supone que tiene que atender muchos problemas; que está contra la pared con lo que sucede en el Medio Oriente con los yihadistas, con la caída de su popularidad y la derrota que se vislumbra en las parlamentarias de noviembre, mete en su discurso el tema Leopoldo López y sostiene que a este se le violan sus derechos. Estoy convencido que el Presidente de EEUU no tiene la menor idea de por qué está detenido el dirigente político y del proceso que el Estado adelanta. Y si la tiene, debe haberse inspirado en informaciones interesadas de la oposición. oea insulza2

Todo lo cual es grave. Pero lo es más si a lo dicho por Obama se suma lo de Insulza, secretario general de la OEA -a punto de dejar el cargo- quien, irresponsablemente, se involucra en los asuntos internos del país al afirmar “que la oposición no puede dialogar si hay dirigentes presos”. Cuando es todo lo contrario: porque, si los hubiera, se impondría dialogar como ya ocurrió en Venezuela durante la IV República.

¿Pero acaso personajes como Insulza y Obama no se dan cuenta de los peligrosos efectos de ese tipo de declaración? ¿Por qué lo hacen? Esas declaraciones, lejos de bajar tensiones y contribuir a la apertura de caminos para el entendimiento entre los venezolanos, le echan más combustible a la polarización y sirven de estímulo a la radicalización de las posiciones. La conclusión es más que obvia: se trata de declaraciones encaminadas a desestabilizar, a acuñar la imagen de que en Venezuela no hay división de poderes, no hay justicia, no hay, en fin, Estado de derecho. ¿Qué queda entonces por hacer? Caotizar el país, elevar el nivel de la conjura orquestada entre los factores internos y externos que la dirigen.

4) Por tanto, la amenaza cobra cuerpo. A un gobierno que actúa democráticamente, respetando la legalidad; producto de la voluntad popular expresada en elecciones libres, se le quiere privar del derecho que asiste a todo gobierno, de defenderse de aquellos que pretenden derrocarlo. Que conspiran abiertamente.Que hacen llamados a las Fuerzas Armadas para que se rebelen. Que utilizan prácticas terroristas como las guarimbas.

A ese gobierno se lo cuestionsan-juan9a por hacerlo. ¿Qué se busca con ello? Sin duda que desacreditarlo, debilitarlo, ponerlo a nivel de una dictadura para juzgarlo y despojarlo de su capacidad para enfrentar a los terroristas y aventureros. Precisamente lo que está sucediendo. Lo que se deduce de la actitud de Obama, de Insulza, de diarios como el Washington Post y The New York Times, de cadenas de TV como CNN, y de lo que ocurre dentro del país con diarios, dirigentes políticos y empresariosé

La respuesta del Gobierno fundada en la ley y, por tanto, contundente, tiene que producirse. De lo contrario, corre el riesgo de ser derrocado. Para que lo sustituya la caótica oposición que hoy existe. Los personajes siniestros que cuando estuvieron en el poder conculcaron hasta la saciedad los derechos humanos y extremaron la corrupción. Una vez más hay que decirlo: la opción es el diálogo. Y los que no quieran aceptarlo es porque apuestan a la aventura. Es decir, están en la acera de enfrente. Y punto.

Fuente: Question Digital

Por cuarta vez consecutiva, el Partido de los Trabajadores (PT) tiene que concurrir a una segunda vuelta para ganar las elecciones presidenciales en Brasil. Fue así con Lula en 2002 y 2006, con Dilma en 2010 y vuelve a ocurrir ahora.

En todas las veces el candidato del PT llegó como líder, pero no logró obtener la mayoría absoluta en primera vuelta. Y en las cuatro veces los candidatos del PT se enfrentan a representantes del PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso, repitiendo la contraposición entre los logros de esos dos mandatos en los años 1990 y los ya tres mandatos del PT, desde 2003.

En esta misma campaña, en sus primeros meses, esa contraposición había ocupado el escenario electoral, con Dilma obteniendo clara ventaja sobre Aécio Neves, a punto de que se proyectaba su victoria en primera vuelta, cuando ocurrió el sospechoso accidente aéreo del 13 de agosto, que cambió la forma del enfrentamiento electoral. Marina Silva pasó a ocupar el polo opositor en la campaña, con una plataforma no menos neoliberal, hasta que su desgaste hizo que la derecha volviera a elegir a Neves como su candidato.

Lula dijo, antes de que saliera el resultado de la primera vuelta, que él prefiere una segunda vuelta, porque el enfrentamiento entre dos propuestas queda más claro, se fortalece la democracia, además de que el elegido lo hace con más apoyo. Siempre fue así desde 2002 y el PT siempre se fortaleció en la segunda vuelta.

Esta vez las condiciones parecen más complejas. En contra de Marina, además del clima emotivo del lanzamiento de su candidatura frente a una tragedia aérea, mientras se fortalecía su propuesta de una “nueva política” que superara la dicotomía PT-PSDB, la polarización disminuía las contradicciones, aun con un equipo y propuestas netamente neoliberales de parte de la ex líder ecologista. En la recta final, Marina se debilitó, una parte de sus votos volvió a Aécio Neves, invirtiéndose la situación entre ellos. La derecha claramente volvió a apostar por Neves.

El resultado de la primera vuelta sorprende por la recuperación del candidato del PSDB, que en las mismas encuestas se mantenía a una distancia más grande de Dilma. Su ofensiva final tuvo resultados, porque no sólo él creció, también Dilma disminuyó sus votos, mientras Marina mantuvo un caudal menor de sufragios, en tercer lugar,

La segunda vuelta, en tres semanas más, se presenta bastante más disputada de lo que se preveía. Difícil, pero menos que la que se había presentado cuando Marina parecía una candidata incontenible, con 10 puntos de ventaja sobre Dilma en la segunda vuelta, según las encuestas.

La diferencia en primera vuelta de Dilma sobre Aécio quedó alrededor del 8 por ciento, algo en torno de los 8 millones de votos, mientras que Marina, aun debilitándose, mantiene un 21 por ciento. Es cierto que los términos del enfrentamiento del PT con el PSDB son favorables a Dilma, con la comparación del gobierno de Cardoso con los gobiernos de Lula y Dilma. También suma en contra de Neves la sorprendente derrota que tuvo su candidato en su provincia, Minas Gerais, donde él fue gobernador, perdiendo ante un candidato del PT en primera vuelta.

La derecha cuenta con su candidato preferido, que puede valerse del monopolio de los medios de comunicación absolutamente a su favor. Cuenta además con la reelección, en primera vuelta, del gobernador de su partido en San Pablo, provincia de mayor peso electoral, donde el candidato del PT llegó en tercer lugar por primera vez para el PT en San Pablo, la provincia más grande del país y su núcleo más conservador, junto con la provincia de Paraná.

La búsqueda de los votos de Marina va a ser importante. Por una parte están los sectores muy cercanos al PSDB, expresados en la misma propuesta económica neoliberal. Por otro, sectores próximos al PT y, especialmente Marina, que puede preferir mantener su tesis de la “tercera vía” no apoyando a nadie, para preservarse para la candidatura en 2018.

Los brasileños se pronunciarán de aquí a tres semanas entre su pasado –el retorno a un gobierno muy cercano al de Cardoso– o su futuro –la continuidad y profundización de los gobiernos de Lula y Dilma—. La disputa está abierta.

Fuente: Sur y Sur

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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