En los próximos días las calles de Bilbao, en el País Vasco, van a ser transitadas impunemente por un asesino venezolano, que para más datos además de estar prófugo de la Justicia, parece contar con una visa especial del Imperio para desplazarse con total libertad desde Colombia, donde se había refugiado huyendo de su país.

Se trata ni más ni menos que de Julio Borges, ex diputado de la oposición y ex presidente de la Asamblea Nacional venezolana. Pero sobre todo, un ultra derechista y activo desestabilizador contra el legítimo gobierno bolivariano. No solo eso, sino que en sus antecedentes recientes pesa el hecho de ser el máximo responsable intelectual –así lo determinó el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela- del reciente intento de magnicidio contra el Presidente Nicolás Maduro. La decisión judicial, seguida de un pedido de captura afirma que a Borges se lo acusa de “Instigación pública continuada; traición a la patria; y homicidio intencional calificado en grado de frustración” en contra del mandatario. En otras palabras: el hombre que ordenó atentar con drones cargados de explosivos y que pretendían impactar y asesinar contra Maduro, todo su Gabinete y el alto mando militar.

Se trata también del mismo personaje que integró en estos últimos años y cuando más se multiplicaban las acciones terroristas opositoras, un tándem con el diputado Freddy Guevara y con Leopoldo López. Todos ellos incitaron a armar las guarimbas (protestas callejeras violentas) que costarían cientos de víctimas.

Con su socio Guevara, Borges recorrió el mundo falseando lo que ocurre en Venezuela y se postraron a los pies de los dos últimos gobernantes del Imperio exigiendo una intervención armada “humanitaria” para “acabar con la dictadura”, En Estados Unidos, hace poco tiempo se juntaron con el asesor de seguridad nacional de Donald Trump, el general H.R. McMaster y en Europa con el ex presidente Mariano Rajoy; el presidente Emmanuel Macron y la canciller alemana, Angela Merkel. Asimismo se han reunido con representantes del Grupo de Lima, además de compartir cenas conspirativas con el máximo exponente de las campañas desestabilizadoras contra Venezuela, el secretario de la OEA, Luis Almagro.

Ahora bien, lo cierto es que no causa mucha sorpresa que Borges se apreste a participar en dos actos en Bilbao (el 21 y 23), si se tiene en cuenta que su anfitrión es la Fundación Sabino Arana. Esta institución es un enclave del pro-yanqui Partido Nacionalista Vasco (PNV), agrupación política que piropea diariamente a los gobernantes españoles y hace buenos dividendos con ellos,que son quienes reprimieron a sangre y fuego, asesinaron y encarcelaron (hasta el presente) a miles de luchadores independentistas vascos. Históricamente el PNV ha oficiado de tapón y freno a cualquier planteo soberanista en Euskal Herria.

Titular de la susodicha Fundación que invitó a Borges, es nada menos que Juan María Atucha, que mientras ofició de Consejero de Interior del Gobierno Vasco, en el período 1991-1998 persiguió implacablemente a la izquierda abertzale. Atucha logró que a través de acciones brutales de sus subordinados de la “policía autónoma” (conocida no por casualidad como los “cipayos”), muchos jóvenes terminaran pasando por la tortura, siendo luego condenados por otro que baila, el juez Baltsar Garzón, a numerosos años de prisión.

Otros anfitriones de Borges son la Diputación Foral de Bizkaia y el propio Gobierno Vasco. O sea PNV por todos los costados, volviendo a demostrar que ese partido vive aliándose con los sectores más reaccionarios de la política latinoamericana. Recientemente, su máximo representante, el lendakari Iñigo Urkullu se abrazó e hizo buenos negocios con Mauricio Macri en Argentina, además de ser amigos del gobernante derechista Sebastián Piñera, de Chile.

En su práctica de toda la vida, al PNV le sale el anticomunismo por los poros. Por eso no ha dejado de estar jamás mal con Cuba y mucho peor con Venezuela, contando para ello con un figurón del partido como es Iñaki Anasagasti, quien se ha convertido en portaestandarte del anti-chavismo.

Con semejantes propiciadores de sus “conferencias” (también lo agasajará el Partido Demócrata Europeo), Borges se siente más que protegido y alardeará de que viene huyendo de una “feroz dictadura”, ofreciéndose él mismo como una alternativa. Lo que no podrá tergiversar, por más que lo intente, es que los partidos de oposición venezolanos no han logrado sobreponerse de las repetidas derrotas sufridas a manos del Chavismo, y a partir de allí optan por soñar con marines desembarcando en La Guaira o con los paramilitares colombianos cruzando la frontera desde ese país.

Está equivocado el asesino Borges si cree que sentándose a la mesa del partido oficialista logrará convencer a los vascos y vascas que su perfil es el de un perseguido. Su visita es no grata para quienes en esta tierra de lucha fueron, son y seguirán siendo solidarios con la Revolución Bolivariana. Los que vivan a Chávez y a Maduro, como días atrás pudo verse a través de las imágenes del partido de fútbol entre la Selección Vasca y la “Vinotinto” venezolana. Eran miles que agitaban la bandera  tricolor de las 8 estrellas y otras que provocan indigestión al PNV, ya que recuerdan que en Euskal Herria hay más de 300 presas y presos políticos. Y no precisamente por las razones que los Borges u otros como él, más temprano que tarde terminarán pagando por los crímenes que cometieron contra el pueblo venezolano.

 

          

Fuente: Resumen Latinoamericano

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Correos del Sur Nº85

 

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