Los procesos de restauración conservadora en América latina empezaron con el golpe en Honduras, en 2009, que destituyó a Manuel Zelaya porque se aprestaba a proponer una reforma constitucional que le permitiera candidatearse de nuevo a la presidencia del país. El mandatario actual, Juan Orlando Hernández, se postuló a la reelección sin cambiar la Constitución, que le impide hacerlo. Va a ser reelecto, aun con graves acusaciones de fraude, porque lo que interesa a las oligarquías dominantes es la continuidad del proyecto neoliberal, que vende parte importante del territorio hondureño como zonas de desarrollo económico a grandes corporaciones internacionales.