El imperialismo financiero intenta desestabilizar la situación interna antes del recambio presidencial para imponer sus condiciones gansteriles.

Los neoconservadores estadounidenses desarrollan un plan para extorsionar a Argentina. Sus aliados internos se pelean por ver quién es más servil al imperio, en alianza con la burguesía agroexportadora y el capitalismo financiero.

El plan consiste en atacar la moneda, bloquear el financiamiento externo del país y desgastar la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a través de dirigentes contratados o serviles a los intereses de los fondos buitre, según destacó la mandataria.  

El objetivo: imponer sus condiciones para una eventual renegociación extorsiva que les reconozca el monto de dinero que exigen y que el país se vuelva a endeudar en condiciones desfavorables con la banca mundial, tomando como base el desenganche del eje de integración de los bloques alternativos y el reingreso al esquema regalón de los recursos naturales expresado en la Alianza del Pacífico-Estados Unidos.  

Breve historia de un primer intento de golpe financiero

A principios del año, una parte del establishment financiero y la burguesía asociada a los ingresos exteriores aprovecharon la tensión cambiaria para producir una corrida financiera que devaluara rápidamente el peso (la moneda argentina), pero el Gobierno, a través de una intervención en el mercado cambiario (de facto tiene un control de cambio para cuidar las finanzas nacionales pero con mayor apertura que el venezolano), pudo contenerla y quebrar ese intento.

Sin embargo, este fue el primer paso de una escalada en la confrontación para desgastar al kirchnerismo, evitar que continúe siendo un proyecto viable de poder más allá de las elecciones presidenciales y tratar de que desaparezca como fuerza política de la escena nacional.

Argentina acuerda un intercambio con China por 11 mil millones de dólares para fortalecer el peso, mientras que se acerca a Rusia para sustituir a la Unión Europea y los aliados de Estados Unidos en su suministro de alimentos

En ese contexto, se dan los siguientes hechos:

    -Reimpulso de la ofensiva mediática y psicológica para instalar la idea de derrumbe económico y movilizar el sentimiento facho antipobre de los sectores medios-altos (mayormente urbanos), que con la devaluación mundial del dólar (ver transferencia de crisis del centro a las periferias) y el control de cambio han perdido poder de consumo simbólico y real (muy lejos a los estallidos sociales anteriores). Para esto, Clarín, el grupo mediático más importante, utiliza, por ejemplo, al Nelsón Boccaranda argentino, Jorge Lanata, quien realiza un programa televisivo a imagen y semejanza del Buenas Noches del extinto Globoterror. 

    -En concordancia con lo anterior, la lucha entre la clase trabajadora y el capital nacional y externo comienza a agudizarse a través de la disputa por la renta, que se expresa en la inflación condicionada por los sectores concentrados internos (que como clase dominante tienen larga historia en imponerle la salida a los gobiernos y han provocado golpes de mercado, como el aplicado al presidente Ricardo Alfonsín en 1989) y el intento del kirchnerismo de imponer un control de precios en la primera parte del año para cuidar el poder adquisitivo, lo cual hace el centro del modelo económico neokeynesiano del gobierno, basado en el motor ascenso social-consumo del mercado interno.

    -A partir de ahí es que se presentan los candidatos políticos para darle una supuesta salida a la "crisis económica galopante" creada en el imaginario a través de los formadores de opinión mediáticos, que incluso toman de la mano a miembros de los gobiernos que llevaron a Argentina al desastre, como el exministro de Economía, Domingo Cavallo, famoso por el uno a uno de los 90 (un peso, un dólar), quien reimpulsó el esquema de acumulación basado en la especulación financiera y la venta del patrimonio nacional (YPF y diversas empresas estatales) y estatizó la deuda de los privados en los ochenta cuando era presidente del Banco Central argentino.   

    -De estos candidatos opositores emergen dos de imagen fuerte y se intenta generar un atajaperros unitario antikirchnerista después de las elecciones primarias y un eventual balotaje: uno es Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires y miembro de uno de los grupos económicos que más se benefició con la dictadura militar y el capitalismo del desastre de los 90 para internacionalizarse; el otro es Sergio Massa, exjefe de Gabinete del kirchnerismo y alcalde de Tigre, ubicada en la provincia de Buenos Aires (el distrito con mayor electorado de Argentina).   

    -Ante la eventual capacidad de Massa de partirle el aparato de poder territorial al kirchnerismo (léase peronismo) y mezclar la fórmula de cambio y continuidad (aplicada discursivamente en Venezuela y Brasil), el Departamento de Estado lo recibe el 24 de marzo, aniversario del golpe de Estado argentino, y el títere se apura a apoyar entre líneas la presión de los fondos buitre con una postura ambigua, que se verá más adelante, y a respaldar a la burguesía argentina y extranjera, que busca la eliminación del kirchnerismo como proyecto de poder.

Sin nicmerevaniarla, acá está la disputa de fondo sobre el bis patria sí, colonia no, le guste a quien no le guste.

Las segundas partes, a veces, no son las mejores

En paralelo a esta situación interna se da la ofensiva neoconservadora contra la fracción imperialista que pretende un régimen global con centro en Estados Unidos y, sobre todo, los países que defienden su soberanía y plantean una regulación en el sistema financiero internacional y un marco legal para el pago de las deudas externas de los países periféricos, como hace Argentina en cada instancia global.

A partir de esto, los fondos buitre, bajo representación del especulador mayor, Paul Singer, comienzan a pagar páginas en diarios para respaldar su praneo económico y continúan con la ofensiva legal para que se les pague su extorsión financiera (acá especificada), lo que permitiría que más del 90% de los acreedores reclamen las mismas condiciones de pago (esto significa un re-endeudamiento para pagar exorbitantes sumas).

Se da una defensa natural de clase por evitar que una distribución de ingreso de carácter capitalista se esfume, como condición para que la clase dominante argentina y extranjera vuelva a endeudar al país para continuar internacionalizándose

En este marco, ocurren los siguientes hechos políticos:

     -Después del respaldo de la Corte Suprema de Estados Unidos (los mismos neocons que le dieron el triunfo "dudoso" a Bush) al praneo de los fondos buitre, el juez de Nueva York, Thomas Griesa, congela el pago que Argentina realiza a sus acreedores en el Banco de Nueva York. El Citibank hace lo mismo con otros bonos por miedo a ser sancionado por el poder judicial estadounidense, hasta que termina por ser autorizado por Griesa ante el lobby de la fracción financiera global que posiciona el caso argentino como el modelo a seguir en materia de renegociación de la deuda externa de los países periféricos (no por nada el Financial Times ha publicado duras criticas al juez, por ejemplo).   

    -Buenos Aires reclama que esto viola hasta la propia legislación estadounidense, afirma que tiene voluntad de pago y amenaza con tomar represalias contra los bancos. En cambio, los mass media, los voceros del desastre y los fondos buitre agitan la bandera del default (lo que significaría que Argentina es un país insolvente para asumir cualquier tipo de compromiso financiero y lo saca de cualquier tipo de acceso viable a crédito externo).     

   -El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner despliega una estrategia basada en mostrarse proclive a negociar con los fondos buitre bajo condiciones normales, mientras impulsa una Ley de Pagos Soberanos que establece que si la banca internacional (principalmente el Banco de Nueva York) no cumple con pagar a sus acreedores externos, el país los sustituirá con una cuenta en el Banco Central de Argentina.   

   -En el medio, avisa que el fallo de Griesa para pagarle a los fondos buitre es "inviable" y que es una extorsión al país para que regale los recursos energéticos hallados en Vaca Muerta, uno de los yacimientos mundiales más importantes en gas de esquisto, según la Agencia de Energía de Estados Unidos y el marketing energético mundial (este es un tema largo y denso, pero China, por ejemplo, desestimó que tuviese los recursos que esta agencia decía que tenía, lo que le hubiese permitido ser autosuficiente en energía, como ahora le dicen a Argentina).     

   -En el frente político, el Congreso argentino sanciona la Ley de Pagos Soberanos con la predecible negativa del bloque de Massa, Macri y otras fuerzas políticas de derecha e izquierda simbólica (el trotskismo internacionalista siempre dando la nota). En este contexto, el kirchnerismo también sanciona un paquete de leyes cuyo nudo fuerte es el control de los precios de toda la economía y centralmente de los insumos (acero, aluminio, entre otros) que impactan en el resto de las actividades económicas. Obviamente, los representantes de Massa y Macri amenazan con derogar el paquete si llegan al Gobierno, acorde con lo que pregona el famoso grupo de los Seis, conformado por la Cámara Argentina de la Construcción, la Unión Industrial Argentina, la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino, la Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio y la Sociedad Rural Argentina.

Lo que se dice un nuevo caso que de vaina no termina en una quema de la ley para homenajear a aquellos golpistas del 2002 venezolano.

Rearmar para desarmar en medio de un nuevo intento de golpe financiero

Alrededor de estos hechos políticos sigue sobrevolando la ofensiva financiera y económica, que se traduce en una nueva escalada del dólar paralelo (denominado "blue" en esos lares), mientras la banca internacional y el establishment global se pelean por definir si en Argentina hay o no hay default, lo que, incluso, deriva en el apoyo de uno de los padres de la especulación, George Soros, quien, acorde con su ganar-ganar constante, compra una parte del paquete accionario de YPF por su apuesta al yacimiento de Vaca Muerta, todo un sinónimo de lo que puede haber detrás de la presunta burbuja del gas de esquisto (conocido en el marketing como fracking).

Incluso, en esta ofensiva integral de carácter desestabilizador, Argentina acuerda un intercambio de monedas con China por 11 mil millones de dólares para fortalecer el peso, mientras que se acerca a Rusia para sustituir a la Unión Europea y los aliados de Estados Unidos en su suministro de alimentos a través de un comercio en monedas propias, lo que fortalece a mediano y largo plazo la posición alternativa de desdolarizar la economía mundial.

En este panorama:

     -Los fondos buitre contratan como asesora a la secretaria de Estado de Bush padre, Madeleine Albright; American Airlines anuncia que restringe la venta de pasajes aéreos por noventa días debido a la falta de "acceso a divisas" (igual que en Venezuela); el encargado de Negocios de Estados Unidos en Argentina declara que el país está en default y la Presidenta alerta que hay una jugada global para extorsionar a Argentina.   

     -Mientras esto sucede, el kichnerismo entra en un debate por definir un candidato propio que le permita saltearse la figura de Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires y supuesto "sucesor" natural del peronismo y "portador" del legado del kirchnerismo. Scioli es duramente resistido por la base social del Gobierno debido a sus posiciones "conservadoras" (siempre está fino recordar que en 2012 dijo que si fuese venezolano, hubiese votado por Capriles), pero hasta el momento es el único que podría ganar en una eventual segunda vuelta en la que el voto antikirchnerista se iría hasta con un muñequito del Capitán América, expresado en la actualidad, por ejemplo, con el vendepatria "tenemos que honrar nuestros compromisos externos" para defender a los buitres y posicionarse en contra del kirchnerismo en modo escuálido escuchando Unión Radio.   

     -Ante esto, los sectores internos del kichnerismo lanzan sus propias candidaturas y el brazo político de Cristina Fernández de Kirchner, La Campora, presenta en público al hijo del matrimonio, Máximo Kirchner, como dirigente político, e incluso desafía a los sectores de poder con una reelección de la Presidenta, algo considerado como remoto pero que parece ser un globo de ensayo para probar el famoso y gaseoso "humor social".  

Así se da una contradicción de carne en el pueblo argentino entre patria o colonia, y también se da una defensa natural de clase por evitar que una distribución de ingreso de carácter capitalista se esfume, como condición para que la clase dominante argentina y extranjera vuelva a endeudar al país para continuar internacionalizándose y después el resto pague sus platos rotos por haber hipotecado los recursos naturales en el casino financiero.

Pero esto no es un hecho aislado, sino que forma parte de un despliegue global neocon en el que los corazones psicológicos ya son parte de una guerra de baja intensidad por remasterizar el Orden Mundial y llenar de luces el descolorido abismo imperial.

Después de todo, ahí nunca fuimos bienvenidos, lo dijo el Che, lo vivimos nosotros.

Fuente: Difunde la verdad

Un fuerte discurso de la Presidente de la Argentina en la Asamblea de la ONU en Nueva York denunciando el terrorismo económico y la responsabilidad de la Justicia de EEUU en la impunidad de fondos especulativos constituye el dato relevante por estos días[1].

Aun cuando remitía a la situación de la Argentina y la sentencia del Juez Griesa condenando al país a cancelar el 100% de la deuda más intereses y multas a fondos de inversión estadounidenses denominados “fondos buitres”, el mensaje puede hacerse extensivo al conjunto de las operaciones “normales” de un sistema financiero mundial sustentado en la valorización especulativa y el delito asociado a la compra venta de armas, la trata de personas o drogas, solo por mencionar los hechos más difundidos de la valorización capitalista contemporánea.

Antecedentes

No tiene que sorprender la caracterización realizada cuando la reestructuración regresiva del capitalismo argentino tiene antecedente en la dictadura genocida y terrorista del 1976, inspirada en las similares de Chile y Uruguay de 1973. Sin la violencia terrorista del Estado capitalista no hubiera existido la condición de posibilidad de las privatizaciones realizadas y consolidadas en tiempos constitucionales en la Argentina.

La institucionalidad regresiva del orden neoliberal mundial tiene origen en la violencia estatal de la articulación de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales de la democracia realmente existente asociada al orden capitalista. Por eso no debe sorprender la política de agresión imperialista contra cualquier país cuyas acciones parezcan limitar el interés de las potencias hegemónicas, en nuestros territorios, en oriente o donde sea.

El terrorismo de Estado favoreció el surgimiento de las políticas neoliberales, hegemónicas luego de cuatro décadas de violación a los derechos humanos en todo el mundo.

Liberalización o liberación

La crisis mundial convoca a discutir el orden capitalista y de hecho, la sociedad mundial está sometida a la presión por la liberalización o la liberación.

Ese programa por la liberalización está sustentado por los capitales hegemónicos, las corporaciones transnacionales, con la legitimidad de la Justicia de los países dominantes y aquella asociada a los organismos internacionales como el CIADI, el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones dependiente del Banco Mundial.

Por su parte, la liberación es un proceso en curso, especialmente en los territorios, “nuestro-americanos”, con historia muy rica en luchas sociales, políticas y culturales. En estos años del nuevo Siglo se asociaron a la discusión por una nueva arquitectura financiera, que podría materializarse en la coyuntura, más allá de las fuertes denuncias internacionales y las solidaridades múltiples que recibe la Argentina, con medidas unilaterales como la suspensión de pagos de la deuda, y no solo la referida a los fondos buitres.

Medidas concretas

El nuevo orden mundial contra el terrorismo económico requiere de variadas batallas, entre ellas la modificación de la institucionalidad gestada bajo el terrorismo de Estado, lo que supone denunciar los tratados bilaterales de inversión y el conjunto de la institucionalidad favorable a la liberalización, entre ellas la pertenencia de la Argentina al CIADI.

Junto a ello, se requiere la profundización de la institucionalidad alternativa sugerida en la integración no subordinada que alienta el programa de la soberanía alimentaria contra la dominación de las transnacionales de la alimentación y la biogenética; la soberanía sobre los bienes comunes contra las transnacionales mineras y de hidrocarburos; la soberanía financiera para administrar fondos soberanos y evitar su acumulación en los centros financieros del capitalismo global para el armamentismo y el delito en general.

Es una batalla que Argentina no puede llevar adelante en soledad y que las solidaridades receptadas en estos tiempos indican que existe espacio político, diplomático y social en la región y el mundo para renovar un proyecto de liberación contra la liberalización sostenida desde los sujetos de la dominación, los capitales transaccionales, los principales Estados del capitalismo mundial y los organismos internacionales.

El mundo capitalista en crisis demanda de iniciativas políticas de reorganización de las relaciones socio-económicas globales que pueden emerger del renovado conflicto que suscita el endeudamiento público y especialmente el conflicto de la Argentina con los especuladores y la Justicia y el orden prevalente en EEUU.

Buenos Aires, 26 de septiembre de 2014

[1] Son terroristas los que desestabilizan la economía de un país”, aseguró la Presidenta ante la asamblea de las Naciones Unidas. Presidencia de la Nación Argentina. Miércoles, 24 de Septiembre de 2014. En: http://www.presidencia.gob.ar/informacion/actividad-oficial/27958-son-terroristas-los-que-desestabilizan-la-economia-de-un-pais-aseguro-la-presidenta-ante-la-asamblea-de-las-naciones-unidas-


Julio C. Gambina. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP

En América Latina el neoliberalismo comenzó antes y ha enfrentado mayores resistencias. Es una práctica reaccionaria, un pensamiento conservador y un modelo de acumulación basado en agresiones a los trabajadores, en un marco de mayor internacionalización del capital.

Hubo una etapa inicial del ajuste y otra fase posterior de privatizaciones durante las dictaduras y las transiciones posteriores. La aplicación del esquema neoclásico acentuó los desequilibrios financieros, cambiarios y productivos tradicionales y repitió los socorros estatales a los capitalistas a costa del erario público.

A diferencia de otras regiones el neoliberalismo latinoamericano quedó afectado por el impacto de las sublevaciones populares. Mantiene el programa derechista, pero redujo su triunfalismo, atenuó sus ambiciones y acepta cierta intervención estatal. Puede ser visto como etapa del capitalismo, estrategia de libre-comercio, política económica o gobierno derechista. Para definir si se encuentra a la ofensiva o en repliegue hay que distinguir esas cuatro acepciones.

El librecambismo postula una imaginaria inserción natural en el mercado mundial y reproduce el subdesarrollo que genera la exportación primaria. Las brechas internacionales de productividad desmienten las fantasías de convergencia entre economías avanzadas y periféricas.

El neoliberalismo hereda viejas teorías de inferioridad de los nativos, atraso cultural hispanoamericano y supremacía de Occidente. Retoma los mitos positivistas de la modernización basados en la copia del capitalismo avanzado. Despotrica contra la injerencia estatal, ocultando los beneficios que obtienen los capitalistas y no explica la continuidad de esa intervención al cabo de tantos gobiernos pro-mercado. Es absurda su presentación de la informalidad laboral como una resurrección de la competencia empresaria.

Como creencia, programa o cosmovisión el neoliberalismo es la principal ideología actual de las clases dominantes. No ha sido internalizada por los oprimidos.

¿Cuáles son las peculiaridades del neoliberalismo en América Latina? ¿Alcanzó mayor penetración que en los países centrales? ¿Registra un declive superior al resto del mundo?

Es sabido que esta modalidad reaccionaria fue introducida en la región con cierta antelación. Las dictaduras del Cono Sur anticiparon en los años 70 la oleada derechista, que posteriormente se afianzó en el grueso del planeta. Pero Latinoamérica ha sido también el epicentro de grandes resistencias populares, que propinaron significativas derrotas a ese aluvión conservador. Una revisión de la trayectoria e ideología del neoliberalismo permite explicar muchas especificidades de la región.

Caracterizaciones generales

Las primeras discusiones internacionales sobre el neoliberalismo destacaron las raíces teóricas de esta corriente en el pensamiento económico neoclásico. También explicaron su aparición por el agotamiento del crecimiento keynesiano de pos-guerra y resaltaron sus objetivos políticos regresivos. El neoliberalismo fue definido en los años 80, como una ofensiva del capital sobre el trabajo para recomponer la tasa de ganancia. (1)

En la década siguiente se constató la hegemonía ideológica mundial alcanzada por esta vertiente. A pesar de los magros resultados económicos logrados durante ese decenio, la derecha se reforzó aprovechando el debilitamiento de los sindicatos y el desasosiego creado por la fractura social. El neoliberalismo expandió su influencia e implementó una drástica reconversión de la economía.

La expectativa en un rápido declive de esta corriente fue disipada por la implosión de la URSS y la crisis del horizonte socialista. Las tendencias conservadoras obtuvieron un impulso adicional con la anexión de Alemania Oriental, el amoldamiento de la Unión Europea a la globalización y la demolición del estado de bienestar. (2)

La crisis económica iniciada en el 2008 abrió grandes interrogantes sobre la continuidad del modelo privatista. Esta convulsión superó las conmociones financieras precedentes e ilustró la magnitud de los desequilibrios creados por el neoliberalismo. Pero la preeminencia de este ciclo se mantuvo. (3)

Su persistencia se ha verificado en todos los acontecimientos de la coyuntura 2008-2014. La etapa que comenzó con el thatcherismo transformó el funcionamiento del capitalismo mediante privatizaciones, aperturas comerciales y flexibilizaciones laborales. Este esquema intensificó la competencia global por aumentos de la productividad desgajados del salario, que amplifican todas las tensiones de la producción, el consumo y las finanzas.

En los últimos años este modelo profundizó los atropellos contra los trabajadores en contextos recesivos que potencian el temor a la miseria. La desigualdad social alcanzó niveles sin precedentes, la pobreza se expandió en las economías centrales y la precarización laboral se masificó en todo el planeta.

El neoliberalismo converge con la internacionalización de la economía. La fragmentación mundial de los procesos de fabricación, el desplazamiento de la industria hacia al Oriente consolidan la primacía de las empresas transnacionales. Las grandes firmas utilizan las normas del libre-comercio y los bajos aranceles para desenvolver intercambios entre sus filiales. Estos movimientos apuntalan, además, la globalización financiera y el vertiginoso flujo de capitales entre los distintos países.

Las transformaciones neoliberales han generando un modelo que opera con parámetros muy distintos al keynesiano de posguerra. Ese esquema desencadena crisis muy específicas, que ya no irrumpen como arrastres de viejos desequilibrios de los años 70. Al cabo de tres décadas de reorganización capitalista se han creado nuevas contradicciones en múltiples esferas.

El neoliberalismo contrajo los ingresos populares, afectó la capacidad de consumo, incrementó la sobreproducción de mercancías y agravó varias modalidades de sobre-acumulación de capital. Acentuó, además, un deterioro del medio ambiente que amenaza desatar inéditos desastres ecológicos.

En el plano geopolítico este curso ha precipitado un rediseño de fronteras que contrasta con el congelado mapa de la guerra fría. Ya transitó por fases diferenciadas de bipolaridad, unipolaridad y multipolaridad en las relaciones que mantienen las grandes potencias. Pero todos los conflictos entre las clases dominantes se procesan en un nuevo marco de negocios globalizados.

El neoliberalismo perdura por el retroceso que impuso a los trabajadores. Se sostiene en el cansancio político que genera la alternancia de conservadores y socialdemócratas en la administración del mismo modelo. Todo indica que la reversión de esta etapa exigirá grandes victorias populares impuestas desde abajo. (4)

En este escenario: ¿cuáles son las peculiaridades de América Latina?

Justificaciones y períodos

A mitad de los años 70 el neoliberalismo latinoamericano anticipó todas las tendencias de los países desarrollados. Ese paradigma se forjó en Chile bajo Pinochet, con el asesoramiento económico ortodoxo de Hayek y Milton Friedman. Allí se experimentó la doctrina que posteriormente aplicaron otras dictaduras de la región.

Estos ensayos no se extinguieron con el fin de los gobiernos militares. El neoliberalismo fue convalidado por los regímenes constitucionales que sucedieron a las tiranías del Cono Sur. Esta continuidad afianzó las transformaciones estructurales introducidas por el modelo derechista.

La prioridad del neoliberalismo en la región fue desterrar la influencia alcanzada por la izquierda y el nacionalismo radical al calor de la revolución cubana. También arremetió contra la heterodoxia keynesiana de varios pensadores de la CEPAL.

Su cruzada contra las reformas sociales, la redistribución del ingreso y la defensa del patrimonio nacional signó todo el período de transición post-dictatorial. Con algunos cambios de formato fueron convalidadas las principales mutaciones regresivas impuestas por los militares.

En el plano económico el neoliberalismo latinoamericano atravesó por dos etapas diferenciadas. En los 80 prevalecieron las "reformas de primera generación” con prioridades de ajuste anti-inflacionario. En el decenio siguiente predominó el "Consenso de Washington” con transformaciones complementarias de apertura comercial, privatizaciones y flexibilización laboral.

En el primer período se introdujeron políticas de shock para recortar el gasto público social y elevar las tasas de interés. Estas medidas fueron justificadas con criterios neoclásicos de equilibrio, que realzaban la primacía del mercado en la asignación de los recursos. (5)

Estos postulados walrasianos fueron esgrimidos para exaltar el reinado de la oferta y la demanda y cuestionar la injerencia estatal. Todos los debates fueron encapsulados en conceptos neoliberales. Abundaron los estudios para mensurar el aporte de cada "factor” (tecnología, recursos naturales, capital humano) al crecimiento. Las evaluaciones de los procesos productivos fueron despojadas de sus fundamentos sociales y la enseñanza de economía quedó reducida a una indagación de relaciones funcionales entre variables inexplicadas. (6)

La ideología neoliberal incentivó esa fascinación con la formalización y el tratamiento de la economía como un sistema mecánico, sujeto a los ajustes aconsejados por los técnicos neoclásicos. Toda la tradición latinoamericana de estudios históricos-sociales quedó sepultada por el aluvión de especialistas llegados desde Washington y Chicago. El análisis de las contradicciones, desequilibrios o límites de la economía latinoamericana fue reemplazado por espejismos tecnocráticos.

En este clima se gestó la segunda fase neoliberal. Se afirmó que el saneamiento del escenario macroeconómico regional ya permitía abrir las compuertas de la eficiencia, desmantelando empresas estatales y eliminando protecciones arancelarias.

A partir de ese momento cobró más relevancia la vertiente austríaca de la teoría neoclásica. Las supersticiones en la mano invisible fueron complementadas con propuestas de darwinismo social competitivo. Se incentivó el remate de las propiedades del estado y la apertura masiva a las importaciones. Con el pretexto de restaurar patrones de riesgo, esfuerzo y productividad se propició la reducción de los ingresos populares y el aumento de la desigualdad.

El establishment transformó estos principios en un libreto de toda la sociedad. El mismo relato fue expuesto por los gobernantes, transmitido en las escuelas, enaltecido en las universidad y popularizado por los medios de comunicación. La organización ultra-liberal Mont Pelerin Society y sus Centros de Estudios de la Libertad (CDEL) introdujeron muchas ideas para esta contrarreforma.

Crisis y fracasos

Al comienzo del nuevo siglo irrumpió la crisis del neoliberalismo latinoamericano. Los desequilibrios generados por ese modelo salieron a flote en toda la región, junto a la creciente primacía del sector exportador en desmedro del desenvolvimiento interno. Aumentó la heterogeneidad estructural de la economía y se concentraron las actividades más rentables en un puñado de empresas. La capacidad del estado para priorizar las decisiones de inversión quedó muy debilitada. (7)

Las dos etapas neoliberales de ajuste y apertura no sólo deterioraron los ingresos populares. También provocaron la desintegración de la vieja industria local gestada durante la sustitución de importaciones. Se acentuó la vulnerabilidad de todas las economías ante la descontrolada afluencia o salida de capitales externos. También se intensificó la dependencia del vaivén internacional de los precios de las materias primas.

Las economías latinoamericanas volvieron a soportar la carencia estructural de divisas. No pudieron respaldar las reservas, ni mantener bajo control el tipo de cambio, la tasa de interés o el nivel de inflación. Cuando estos desequilibrios emergieron, los ministros pro-mercado abandonaron sus doctrinas y recurrieron al mismo endeudamiento que caracterizó a sus antecesores.

Todas las prédicas de ortodoxia fiscal, cuidado monetario y prudencia en la expansión de la deuda pública fueron archivadas. Se optó por el costoso crédito externo para lidiar con las asfixias generadas por el propio modelo. En muy poco tiempo los mitos del rigor neoliberal en el gerenciamiento del estado quedaron desmentidos. Esta política desembocó en la misma asfixia de pagos que ha jaqueado repetidamente a la región. (8)

Varios años de privatizaciones y flexibilidad laboral recrearon las crisis financieras, los quebrantos fiscales, las fugas de capital y los colapsos cambiario-monetarios del pasado. El desplome de la Argentina en el 2001 fue la expresión más dramática de esta repetición de viejas convulsiones.

El neoliberalismo mantuvo un bajo nivel de actividad económica. La ilusión en un repentino despegue por el simple efecto de políticas conservadoras quedó desmentida. El recorte de los salarios y del gasto social no incentivó la inversión. Tampoco las privatizaciones encendieron la mecha del crecimiento.

En todo el período estuvo ausente el esperado derrame de bienestar desde los acaudalados hacia el resto de la población. Sólo resurgieron los breves ciclos de mayor consumo de la clase media. Fue muy visible el acaparamiento de ingresos de los poderosos a costa de los trabajadores.

El balance del neoliberalismo es contundente en los propios términos de ese esquema. Pretendía revertir el bajo crecimiento y mantuvo un reducido nivel de expansión de la economía. Esperaba eliminar las crisis financiero-cambiarias y agravó esos desmoronamientos. Prometía erigir una plataforma duradera de inversión y acentuó la distancia de la región con los países que incrementaron su desarrollo.

Los intentos de remontar estos fallidos con alguna dosis de la misma medicina terminaron precipitando las crisis mayúsculas de principio de siglo XXI. Estas convulsiones confirmaron que las clases dominantes atropellaron las conquistas populares, sin convertir esos éxitos capitalistas en procesos sostenidos de acumulación. (9)

Los propios impulsores del liberalismo extremo quedaron defraudados por un retroceso económico que deterioró la incidencia de América Latina en el mercado mundial. La cohesión política inicial del proyecto derechista se diluyó y el modelo afrontó su desafío más directo a partir de las sublevaciones populares de 1999-2005.

Rebeliones y virajes

El neoliberalismo latinoamericano fue socavado por levantamientos sociales parcialmente exitosos. Este resultado determinó la principal singularidad de este proyecto en la región. Las protestas pusieron un límite a la ofensiva del capital, especialmente luego de cuatro alzamientos victoriosos (Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela) que tumbaron a los artífices del ajuste.

Las rebeliones no alcanzaron la envergadura de las revoluciones del siglo XX, pero modificaron las relaciones de fuerza y forzaron concesiones sociales que contradicen el programa de Thtacher-Hayek. Estas conquistas erosionaron el plan de la reacción y generaron un escenario que diferencia a Sudamérica de otras zonas con predominio neoliberal continuado. (10)

En este nuevo marco la derecha ajustó su estrategia e introdujo una variante más moderada del mismo modelo. Este curso incluye discursos éticos, cierta intervención del estado y alguna sintonía con la síntesis neoclásico-keynesiana de posguerra. (11)

La retórica que adoptó el Banco Mundial es muy representativa de este cambio. Los promotores del ajuste han edulcorado sus recetas y esgrimen una hipócrita preocupación por la pobreza. Reconocen las "fallas de mercado” y promueven alguna regulación del estado parar corregir los excesos de la concurrencia. (12)

Los informes de los organismos internacionales ya no presentan la radicalidad neoclásica de los años 80 o 90. Reconocen las imperfecciones mercantiles y destacan la primacía de la acción estatal en ciertas áreas (medio ambiente, capital humano, infraestructura). Estos mensajes combinan el acervo ortodoxo con la intervención pública y proponen nuevos remedios para las rigideces de los precios y las trabas en la circulación de la información.

Este neoliberalismo más atenuado también remarca la importancia del asistencialismo. Acepta el gasto público para contener la explosión de pobreza, como un precio a pagar durante la transición en curso. Supone que esa erogación será pasajera y se extinguirá cuando el modelo genere más empleo. En los hechos registra el enorme impacto de grandes sublevaciones que atemorizaron a los capitalistas.

El neoliberalismo del siglo XXI ha morigerado su entusiasmo inicial con la globalización. Ya no transmite el espíritu triunfalista de "fin de la historia” que anunciaba Fukuyama, ni se vanagloria por las "victorias de Occidente”. Acepta la existencia de una mayor variedad de caminos al bienestar que la simple imitación de Estados Unidos o Europa.

También destaca la incidencia de los valores imperantes en Oriente que facilitaron los despegues de China y el Sudeste Asiático. Resalta la centralidad cultural de la comunicación global y subraya su novedosa influencia para incentivar el desenvolvimiento de la periferia.

El neoliberalismo actual ha incorporado además varias teorías de crecimiento endógeno, que realzan la necesidad de inversiones públicas para financiar los procesos de innovación. La tecnología ya no es vista como un bien público, neutral y exógeno, que puede ser absorbida por cualquier concurrente atento a la señales del mercado.

Pero ninguno de estos agregados, sutilezas o complementos ha modificado las conclusiones regresivas del neoliberalismo. Estos corolarios se mantienen tan invariables, como las convocatorias a garantizar los negocios de los poderosos. La prioridad de políticas "amigables” hacia el capital mediante aperturas comerciales, privatizaciones y flexibilidad laboral no ha cambiado. El mismo recetario persiste con un nuevo envase de presentación.

Variedad de sentidos

Al comienzo del siglo XXI el neoliberalismo perdió la homogeneidad que caracterizó a su debut. El término adoptó múltiples connotaciones y la definición previa de ofensiva del capital sobre el trabajo quedó referida a cuatro problemas específicos.

En primer lugar existe una interpretación de este fenómeno como nueva etapa del capitalismo. Esta acepción alude al período transcurrido desde los años los 80 hasta la actualidad a escala global. La peculiaridad de América Latina en esta fase ha sido su inserción internacional como proveedora de materias primas.

El neoliberalismo aporta la justificación de este modelo exportador con primacía agro-minera, pilares extractivistas, fabricación maquiladora y servicios transnacionalizados. Todos los gobiernos de la región comparten este patrón de reproducción primario-exportador.

Un segundo sentido del neoliberalismo reúne a los países que han optado por estrategias de libre-comercio. México lidera este pelotón desde la suscripción del NAFTA con Estados Unidos y Canadá hace 20 años. Su economía ha quedado moldeada por las consecuencias de un tratado que reforzó la integración del país a la potencia del norte, como proveedor de petróleo y mano de obra barata.

Pero el ambicioso proyecto estadounidense de forjar un mercado hemisférico para las grandes empresas (ALCA) se frustró. Las resistencias populares, la disconformidad de ciertos sectores empresarios y el rechazo de los gobiernos más autónomos alineados con el MERCOSUR neutralizaron ese intentó en el 2005 (Cumbre de Mar del Plata).

Desde ese momento la promoción imperial de un gran tratado de libre comercio ha quedado sustituida por convenios bilaterales suscriptos con los gobiernos más afines. Varios TLC se consolidaron, otros se demoraron y algunos quedaron bloqueados. Pero un enjambre de acuerdos ya enlaza a Estados Unidos con el grueso de la región centroamericana y con varios países del sur (Chile, Colombia o Perú).

En los últimos años Obama retomó la ofensiva para introducir un convenio general de libre-comercio (Tratado del Pacífico), tendiente a gestar cierta triangulación mundial con Europa y Asia. También las firmas europeas impulsaron sus propias negociaciones e intentan erosionar el MERCOSUR forjando acuerdos unilaterales con Brasil. (13)

Las mismas tratativas de Europa con Ecuador apuntan a extender el sometimiento comercial que ya impera en Perú o Colombia. En el caso de Uruguay las negociaciones incluyen un drástico compromiso de apertura comercial y equiparación de los proveedores nacionales del Estado con sus competidores externos. (14)

Esta oleada de presiones no sólo recrea las rivalidades entre europeos, estadounidenses y chinos por el control de los recursos naturales de la región. El libre comercio es un mecanismo de la mundialización que promueven todas las potencias. Cuanto más elevado sea el número de convenios suscriptos por la región, mayor será su subordinación a un modelo que bloquea el desarrollo latinoamericano.

La tercera acepción del neoliberalismo alude a una política económica de ortodoxia monetaria, fiscal y cambiaria con variantes monetaristas y ofertistas. Pero la crisis global del 2008 ha generado importantes cambios en esta práctica. Muchos neoliberales olvidaron los principios de riesgo y competitividad y justifican los auxilios estatales a los bancos.

Esta adaptación pragmática al temblor financiero no presenta hasta el momento la magnitud observada en las economías centrales. La región no padeció desmoronamientos bancarios, ni explosiones de endeudamiento. Persiste el ascenso de los precios de las commodities (en forma atenuada) y también la afluencia de inversiones extranjeras. Por esta razón se implementan políticas contra-cíclicas de gasto público e impulso al consumo. Los ministros neoliberales han recurrido a estas recetas con el mismo fervor que sus adversarios heterodoxos, especialmente en Chile, Colombia, México o Perú.

Ciertamente existe un tipo de política económica singular del neoliberalismo que se contrapone al patrón keynesiano. El signo determinante de esta orientación no es la gravitación del Estado, sino la jerarquía asignada a las privatizaciones, la apertura comercial y la flexibilización laboral. También se prioriza el gerenciamiento privado y las inversiones extranjeras como sustitutos del ahorro interno.

¿Cuáles son los intereses sociales favorecidos por esa política? Es evidente que beneficia a los capitalistas en desmedro de los trabajadores, pero no es tan nítido su apuntalamiento de sectores burgueses específicos. Algunos autores subrayan las ventajas obtenidas por los rentistas financieros y otros resaltan el sostén general de los grupos concentrados. (15)

Es evidente que el neoliberalismo mejoró inicialmente el perfil de los sectores financieros y afianzó posteriormente los negocios agro-mineros volcados a la exportación. Ha obstruido, en cambio, los procesos de acumulación de las fracciones industriales más dependientes del mercado interno.

Evaluaciones combinadas

El cuarto sentido del neoliberalismo es su dimensión política. En este plano se identifica con los gobiernos derechistas subordinados a Estados Unidos, que recurren a la represión para apalear la protesta popular. Es la estrategia elegida por el PAN y el PRI que ensangrentaron a México en una guerra social bajo la cobertura de "erradicar el narcotráfico”. También aquí se ubican los mandatarios de Colombia que acumulan un récord de persecuciones y asesinatos de luchadores sociales.

En ese mismo campo deben ser situados los presidentes de Perú que privilegian la respuesta represiva frente a las resistencias al extractivismo. Es la misma política que han seguido en Chile los líderes de la Concertación, manteniendo los pilares de la Constitución pinochetista. El uso de la fuerza es también un rasgo compartido por los presidentes privatistas de Centroamérica.

Todos estos gobiernos desarrollan agendas reaccionarias apuntaladas por los medios de comunicación. Priorizan especialmente la difusión de valores conservadores, para oponer a las clases medias con los sectores más empobrecidos.

Pero este neoliberalismo político ha perdido el empuje triunfalista que exhibía en los años 90. Sólo mantiene una gran capacidad para lanzar contraofensivas. En los últimos años recurrió al golpismo con disfraz institucional, para derrocar a un presidente tibiamente reformista en Paraguay y para tumbar un mandatario aliado del chavismo en Honduras.

La derecha igualmente fracasó en las acciones destituyentes para desplazar a los presidentes de Venezuela y Bolivia. Esta incapacidad para imponerse en los principales países en disputa ilustra los límites de la reacción. Habrá que ver como impacta el reciente afianzamiento electoral de la derecha en Colombia, el giro conservador de varios gobiernos de centroizquierda y el resultado de importantes elecciones en curso.

El rumbo estadounidense es el principal condicionante de cualquier acción significativa del neoliberalismo regional. La primera potencia mantiene su influencia en la zona desplegando fuerzas militares en Colombia. El margen de intervención directa de los marines ha quedado recortado, pero la función geopolítica de América Latina para el imperio no ha cambiado. En la nueva realidad de UNASUR y CELAC el imperio ensaya distintos caminos para restablecer su injerencia.

El neoliberalismo regional debe ser analizado evaluando esta variedad de procesos. Presenta cuatro dimensiones diferenciadas como etapa, estrategia de libre-comercio, política económica y gobiernos derechistas. Es muy importante distinguir esos niveles a la hora de establecer un balance.

A diferencia de otras regiones no hay respuesta simple para definir si el modelo derechista se encuentra a la ofensiva o en repliegue. Existen varios gobiernos en conflicto con este curso y se han obtenido triunfos populares que limitaron su predominio. Pero todas las administraciones actuales comparten el mismo patrón primario exportador de inserción en la mundialización neoliberal.

Un gobierno derechista se amolda por completo al rumbo neoliberal, otro de centroizquierda no se aviene fácilmente a ese sendero y los procesos radicales chocan con sus fundamentos. En un caso prevalece la sintonía, en otro la convivencia y en un tercero la contraposición.

Esta desincronización deriva en última instancia del impacto generado por rebeliones populares victoriosas, que limitaron el alcance regresivo del neoliberalismo sin sepultarlo. Introdujeron grandes transformaciones políticas que incidieron en forma muy limitada sobre la esfera económica. Por esta razón es erróneo suponer que América Latina ha ingresado en una fase "pos-liberal”. Ese giro supondría que toda la etapa de las últimas tres décadas ha quedado atrás y hasta ahora ese viraje no se consumó.

Libre-comercio y globalización

Los neoliberales contemporáneos retoman la vieja caracterización del libre-comercio como llave maestra del desarrollo. Afirman que es la manera más directa de reducir la pobreza y la inequidad.

Pero olvidan que la implementación de este principio en América Latina desembocó en la primacía de exportaciones agro-mineras e importaciones industriales. Esa asimetría condujo al subdesarrollo y a la inserción dependiente en el mercado mundial.

Los defensores del libre-comercio ignoran esta trayectoria histórica. Olvidan que Inglaterra optó por esa estrategia cuando ya era dominante a escala mundial. Tampoco recuerdan que el comercio irrestricto fue evitado por Estados Unidos, Japón o Alemania en el debut de su desenvolvimiento industrial. Sólo aceptaron parcialmente esa orientación cuando lograron alta productividad en los sectores sujetos a la competencia global. (16)

Todas las economías desarrolladas impusieron normas de libre-comercio a la periferia para asegurar la colocación de sus exportaciones industriales. Lejos de constituir un instrumento de prosperidad para las naciones atrasadas, esa apertura introdujo obstáculos a la diversificación económica y al crecimiento de la periferia. América Latina padeció el fortalecimiento de las oligarquías rentistas y el bloqueo a la acumulación sostenida de capital.

Los neoliberales contemporáneos retoman las viejas críticas al proteccionismo, señalando que impide aprovechar las ventajas comparativas de cada país. Sitúan esas conveniencias en la agricultura o en la minería, como si América Latina cargara con un mandato divino de provisión de materias primas a los países desarrollados.

No registran el evidente beneficio que aportó ese status internacional a las economías ya industrializadas y la adversidad que impuso a las naciones periféricas. Mientras que el primer tipo de países pudo desenvolver intensos procesos de expansión fabril, el segundo grupo quedó relegado a un estadio básico de exportador primario.

Es absurdo suponer que cualquier economía puede mejorar su perfil, reforzando su colocación "natural” en la división internacional del trabajo. El desarrollo exige lo contrario: lidiar con la adversidad de los condicionamientos externos.

Ningún país latinoamericano puede convertirse espontáneamente en una economía avanzada, sin modificar la matriz histórica que obstruyó su desenvolvimiento productivo. Esa estructura genera transferencias de recursos hacia los países desarrollados y reproduce distintas modalidades del atraso. (17)

Las ingenuidades librecambistas perdieron influencia durante la segunda mitad del siglo pasado con la industrialización de México, Brasil y Argentina. Pero las limitaciones y fracasos de los modelos de sustitución de importaciones reavivaron las creencias previas en los beneficios de la apertura comercial.

Esas ilusiones han encontrado un nuevo techo. Los efectos devastadores de la desprotección padecida por América Latina en las últimas dos décadas afectaron seriamente la credibilidad de los mitos libre-cambistas. Salta a la vista cómo la disminución de las tarifas aduaneras desmorona a las industrias locales, frente al aluvión de importaciones fabricadas en el exterior.

Los neoliberales igualmente realzan los beneficios de la globalización. Afirman que la apertura de las fronteras para la circulación del capital favorecerá a las economías relegadas, al inducir una traslación de fondos desde los países con altas dotaciones de capital hacia las economías subdesarrolladas.

Pero si esa tendencia fuera tan dominante ya habría irrumpido en el pasado. La existencia de un mercado mundial no es una novedad del siglo XX. Arrastra varias centurias de experiencias que nunca derivaron en equilibrios de la acumulación.

Teorías de la convergencia

El desenvolvimiento capitalista no está regulado por sencillos movimientos de capitales excedentes hacia los países empobrecidos. Es pura ensoñación suponer que las empresas transfieren espontáneamente fondos de Suiza hacia el Congo o de Alemania hacia Ceylán, en escenarios de capitales sobrantes en un polo y faltantes en el otro.

El sistema se reproduce siguiendo otros patrones de rentabilidad determinados por múltiples factores. La localización del capital es definida por los costos, los mercados y las expectativas en el comportamiento de las monedas, las tarifas o los salarios.

La fantasía globalista supone que esa compleja estructura histórica del capitalismo ha quedado abruptamente disuelta por el afianzamiento de idearios neoclásicos. Transforman esos imaginarios en realidades normativas que nadie logra corroborar. (18)

Es cierto que la liquidez global fluye con más rapidez e intensidad que en el pasado, pero de la mano de empresas transnacionales que relocalizan su producción en ciertas regiones ya enlazadas con el capital global. Sólo en esas condiciones usufructúan de la baratura, el adiestramiento o el sometimiento de la fuerza de trabajo.

Pero tampoco esos movimientos equiparan los acervos nacionales de capital. Generan fracturas y polarizaciones que segmentan al capitalismo en un nuevo orden de perdedores y ganadores, con centros, semiperiferias y periferias.

El esquema de las ventajas comparativas desconoce la existencia de obstáculos elementales al logro de equilibrios mundiales. Ignora la nueva secuencia de polaridades que caracteriza a cualquier reorganización del mercado global. Un hipotético curso de aproximación de África Sub-sahariana con Europa del Norte o de Centroamérica con Estados Unidos generaría fracturas de mayor alcance que las brechas a reducir. Estos desniveles serían propios de la acumulación y obstruirían los empalmes que imagina la teoría neoclásica.

El librecambismo neoliberal promueve políticas reaccionarias con supuestos banales. Reivindica la desigualdad social, celebra la mercantilización de la acción humana, glorifica el consumismo e incentiva un ejercicio despiadado de la competencia individualista.

También afirma que la revolución de las comunicaciones achicó el planeta, facilitando la concreción del ideal neoclásico de un mercado perfecto. Supone que una vez reducidas las barreras interpuestas por los estados nacionales, nada impedirá la plena circulación del capital, la transparencia total y la asignación óptima de los recursos a escala mundial.

En estas condiciones el libre-comercio aseguraría el desarrollo, al erradicar las trabas que en el pasado obstruyeron la movilidad del capital y del trabajo. Los economistas más ortodoxos (Barro, Sala I Martin, Williamson) y sus instituciones (FMI, Banco Mundial) recurren a esa teoría de la convergencia global, para justificar su promoción de políticas de apertura.

Pero esas afirmaciones no aportan ninguna novedad al conocido libreto de los rendimientos decrecientes en el centro, que deberían incentivar el despegue de la periferia. En esta hipótesis de convergencias entre economías atrasadas y adelantadas se inspiraron todas las teorías metropolitanas del desarrollo. (19)

Durante décadas los neoclásicos ensayaron una "econometría de la convergencia”, para intentar corroborar el achicamiento de las brechas estructurales entre el centro y la periferia. Pero con gran frecuencia esos estudios confundieron movimientos financieros coyunturales con tendencias de largo plazo.

Además construyeron modelos muy arbitrarios, atribuyendo el secreto del empalme global al comportamiento virtuoso de cierto factor (educación, tecnología, gestión). Aislaban ese elemento de la dinámica general de la acumulación buscando demostrar la preeminencia de tendencias hacia la equivalencia global. Pero estos procesos sólo se verificaban en la nebulosa de un razonamiento abstracto.

Frente a las inconsistencias de ese procedimiento algunos teóricos neoclásicos optaron por introducir una tesis sustituta de "convergencia condicional”. Postularon únicamente el empalme entre países con parámetros tecnológicos, institucionales o legales similares.

Pero con esta enmienda diluyeron los interrogantes a dilucidar. Ya no se supo quién converge y cuál sería la explicación de ese proceso. Al introducir una restricción más acotada abandonaron de hecho el presupuesto previo. Recurrieron a una hipótesis de "segundo mejor”, para exponer tautologías de convergencias entre economías que ya empalmaban previamente. (20)

Raíces ideológicas regionales

El pensamiento neoliberal contemporáneo combina fundamentos económicos neoclásicos con actualizaciones de la historiografía liberal. Esta concepción nutrió la ideología de las clases dominantes latinoamericanas desde la Independencia hasta la crisis de 1930. Recreó los mitos del colonialismo y retomó todos los supuestos de superioridad del colonizador europeo sobre los indígenas y los esclavos.

Las versiones más básicas de esa teoría repitieron los prejuicios iniciales propagados por los conquistadores de América. Esos enfoques concebían al nuevo continente como una región estructuralmente atrasada por la gravitación de imperativos climáticos adversos. Suponían que esos condicionamientos impedían a los nativos desenvolver la agricultura y el comercio. Por eso postulaban superar la barbarie regional con un padrinazgo externo.

Durante tres siglos esta concepción difundió creencias de supremacía occidental. Divulgó la imagen de un nuevo continente dotado de excepcionales riquezas y pobladores incapacitados para aprovecharlas. Europa quedó identificada con la introducción de la civilización en un continente previamente divorciado de la historia humana.

Con estas ideas colonialistas se justificó la explotación impuesta a los pueblos originarios. El indio era sinónimo de salvajismo y su evangelización era presentada como un correctivo de ese primitivismo. Esa redención incluía el trabajo servil en las minas y en todas las haciendas creadas a partir de la usurpación de las tierras comunales.

Estos mismos preceptos fueron utilizados para introducir esclavos africanos en las regiones con poblaciones originarias diezmadas. La brutalidad de estas prácticas era maquillada con mensajes de padrinazgo tutelar sobre las razas inferiores. (21)

El pensamiento radical del siglo XIX confrontó con estas teorías de glorificación colonial. Pero el liberalismo conservador de las oligarquías criollas retomó todos los diagnósticos de incapacidad de los nativos. Estos principios fueron utilizados por los terratenientes y comerciantes locales para afianzar su dominación. Con esos pilares gestaron naciones formalmente soberanas y económicamente dependientes del capitalismo británico.

La derrota de las corrientes democrático-radicales al concluir las guerras de la Independencia facilitó la consolidación de los prejuicios euro-centristas Aparecieron nuevas explicaciones que atribuían el subdesarrollo no sólo a la gravitación previa de culturas indígenas. También fue impugnado el débil liberalismo de la tradición española.

En ese contexto el desprecio por al retraso indígena fue combinado con cuestionamientos al proteccionismo hispánico. La fascinación por la cultura inglesa (y francesa) condujo al repudio de lo identitario y al rechazo de la propia singularidad mestiza de la región. (21)

La idealización del Viejo Continente se reforzó en todos los planos. Europa fue identificada con la racionalidad y el desarrollo de la ciencia. Con este bagaje de creencias se promovió la incorporación de los países latinoamericanos a un desenvolvimiento guiado por la locomotora europea. Estos mismos principios alimentaron la ideología positivista de la modernización.

El liberalismo se amoldó a las necesidades de las oligarquías agro-mineras. Justificó el incremento de sus fortunas y la instrumentación de un esquema de exportación de materias primas, a cambio de manufacturas provistas por la industria británica.

Las teorías librecambistas convalidaron el ahogo de la estructura productiva local y facilitaron la apropiación oligárquica de las rentas de la región. Fueron ideas muy persistentes hasta las primeras décadas del siglo XX. Presentaban los intereses de las minorías privilegiadas como conveniencias comunes de toda la sociedad latinoamericana.

Estas miradas perdieron influencia a partir de la gran depresión, pero resurgieron en los años 50-60 a través de nuevas teorías del desarrollo. La fascinación con el ejemplo europeo fue sucedida por el deslumbramiento con el modelo norteamericano. Mediante grandilocuentes llamados a la modernización se convocó a sustituir los patrones rutinarios de conducta por nuevos valores de riesgo, inversión y competencia. Se afirmó que ese cambio de costumbres encarrilaría a Latinoamérica por la senda del desarrollo. (22)

El salto de la pobreza hacia el bienestar, el consumo en gran escala y el trabajo especializado solamente requería insertar a la región en el despegue modernizador. El teórico estadounidense Rostow aportó los fundamentos de este guión. Utilizó también ese mensaje para contener la amenaza revolucionaria. El nuevo programa era motorizado por asesores del Departamento de Estado que intervenían activamente en la guerra fría y difundían sus concepciones como antídotos del comunismo. (23)

Contradicciones de todo tipo

Desde los años 70-80 el neoliberalismo latinoamericano amalgamó viejas tradiciones de elitismo regional con un proyecto de ofensiva thatcherista. La hostilidad al estatismo (pre-colombino, colonial, pos-independentista o nacionalista) reapareció con nuevos discursos de demonización del estado.

La crítica al intervencionismo hispánico y a la idiosincrasia pasiva de los pueblos originarios se transformó en objeciones a la ausencia de competencia, en sociedades subordinadas al despotismo de los funcionarios. Resurgieron los cuestionamientos al agobio que impone la burocracia a la vida de los ciudadanos.

Estos mensajes resumen el libreto neoliberal contemporáneo. Despotrican contra el estado omnipresente, que impide desenvolver los negocios creados por los individuos. Convocan a eliminar esa opresión estimulando a las personas a valerse por sí mismas, con el mismo ingenio e individualismo que florecen en los países exitosos.

Pero esta visión omite que el Estado no es tan adverso a los capitalistas. Solventa activamente el enriquecimiento de los poderosos y convalida el desamparo de los desprotegidos. Nunca abandona a los dominadores a su propia suerte, ni asegura la subsistencia de los desamparados.

Los neoliberales atribuyen el atraso latinoamericano a ciertas estructuras culturales internas. Explican siglos de estancamiento regional y resignación frente al paternalismo estatal por la ausencia de un talante competitivo anglo-sajón.

Pero olvidan mencionar que el liberalismo fue la ideología constitutiva de las naciones latinoamericanas y que sus parámetros definieron el modelo agro-exportador prevaleciente desde mediados del siglo XIX. Al atribuir la falta de progreso a la inferioridad cultural de la zona, no explican como persistió esa tara en sociedades regidas por principios liberales. Suponen que las elites encarnaron ese espíritu mercantil frente a mayorías populares afectadas por el atontamiento estatista.

La versión actual de esa mirada aristocrática se concentra en la crítica al virus del populismo. La influencia de esta enfermedad es explicada por la conducta facilista que adoptan los funcionarios, para asegurarse el sostén de sus clientelas electorales. Imponen una dependencia de los votantes hacia el estado que frustra la preeminencia del mercado y recrea el estancamiento.

Pero también aquí omiten recordar a los grupos capitalistas beneficiados por este tipo de administración. En ese ocultamiento se fundamenta el hipócrita palabrerío que despliegan contra el gigantismo estatal. Proponen erradicar esa atrofia mediante la instalación de un "estado mínimo”, que se desenvolvería mejorando la eficiencia del gasto y la eficacia de los funcionarios. (24)

Este mensaje suele olvidar que el neoliberalismo ya arrastra varias décadas de administración estatal y que en ningún lado ha logrado alcanzar esa meta de eficacia. A veces justifican este fracaso afirmando que la mayoría de las experiencias gubernamentales "no han sido genuinamente liberales”. Contrastan lo vivido con un ideal de pureza mercantil-competitiva que no existe en ninguna parte del mundo.

Pero lo más curioso de ese argumento es su complementaria impugnación del socialismo. Afirman que este proyecto es una "utopía irrealizable” cuando su propio modelo navega en la fantasía.

El neoliberalismo actual retoma también la teoría de la modernización como explicación de las dificultades afrontadas por el empresariado latinoamericano para desplegar sus potencialidades. Atribuye esa frustración a la preeminencia de patrones culturales tradicionales, que obstruyen el surgimiento de los valores característicos del emprendedor contemporáneo. Estiman que esas capacidades empresariales están presentes, pero no logran emerger en el agobiante clima de estatismo latinoamericano. (25)

Una idealización extrema de este individualismo empresario fue introducida en las últimas décadas por talibanes del neoliberalismo como Carlos Alberto Montaner, Martín Krause y especialmente Hernando de Soto. Presentan a los empobrecidos cuentapropistas como ejemplos de resurrección de la iniciativa privada. Afirman que los comerciantes precarizados del circuito informal han comenzado a liberar a la economía del estatismo, con acciones de racionalidad mercantil en universos de genuina competencia.

Pero esta exaltación de los desamparados como exponentes del ideal capitalista constituye una verdadera confesión de los resultados del neoliberalismo. Este esquema expropia a los trabajadores, expulsa a los campesinos de sus tierras y empobrece a las clases medias hasta desembocar en la miseria que padece América Latina.

Lo más insólito de la argumentación neoliberal es su enaltecimiento de estos efectos. Aunque atribuye la precarización al intervencionismo estatal, es evidente que la informalidad es consecuencia directa de un modelo que destruye empleos, mediante privatizaciones y aperturas comerciales. Sus artífices idealizan las desgracias causadas por la flexibilización laboral.

Las caricaturas de los empobrecidos como agentes transmisores de la mano invisible tuvieron cierto eco en el debut del neoliberalismo. Pero han perdido influencia en la última década, a medida que el empobrecimiento potenció la fractura social, masificó la delincuencia y acrecentó las tensiones de la marginalidad.

Este terrible escenario induce a la mayoría de los neoliberales a sustituir los elogios de la informalidad por la promoción de programas masivos de asistencialismo. Con teorías de auxilios transitorios ("hasta que el mercado genere empleo privado”) han incluido este tipo de gastos sociales en sus políticas de gobierno. Las administraciones derechistas destinan importantes erogaciones presupuestarias a contener la rebeldía que genera su modelo.

Una ideología de la dominación

La idealización del empresario es un pilar de la vertiente austríaca de la economía neoclásica, que se gestó con Menger y Bohm Bawerk y se afianzó con Von Mises y Hayek. Sus voceros propician la ampliación de las desigualdades sociales, la subordinación de la democracia a la propiedad y el reforzamiento de la supremacía irrestricta del mercado. Reivindican modalidades extremas de competencia, argumentando que aleccionan al consumidor y alientan la innovación del empresario.

A diferencia de la corriente walrasiana reconocen el carácter incierto de la inversión, la imperfección de la racionalidad individual y la fragilidad de las preferencias de los consumidores. Pero no deducen de estas dificultades ninguna propuesta de regulación de los mercados. Al contrario, proponen liberar el juego de la oferta y la demanda de cualquier interferencia, subrayando el carácter benéfico del orden mercantil y el efecto positivo del darwinismo social.

Con este tipo de concepciones, el neoliberalismo ha desenvuelto una influyente ideología en todos los sentidos del término. Aporta ideas que naturalizan la opresión para orientar la acción de los dominadores. Como creencia, cosmovisión o legitimación del grupo dominante, el neoliberalismo constituye un credo de gran peso para el funcionamiento actual del capitalismo. (26)

Es una ideología con fundamentos racionales que a su vez propaga sistemáticos engaños. Promueve ilusiones en el reinado del mercado y en la existencia de oportunidades para todos los individuos. Oculta la apabullante preeminencia de las grandes empresas y el estructural afianzamiento de la explotación. Difunde el mito de la obstrucción estatista del desarrollo latinoamericano, omitiendo la dependencia y la inserción primarizada de la región en el mercado mundial.

El neoliberalismo expande estas ideas al servicio de las clases dominantes. Sintetiza las conveniencias de los grupos privilegiados de América Latina. En el pasado expresaba los programas de los terratenientes exportadores y en la actualidad canaliza las demandas de los grandes bancos y las corporaciones agro-industriales con negocios internacionalizados.

Las ideas liberales son creencias colectivas propagadas por las clases capitalistas. Forman parte del pensamiento latinoamericano desde que esa cosmovisión emergió para cohesionar a las minorías opresoras. En las últimas décadas provee todos los argumentos que utiliza al establishment para justificar su primacía. Los pilares de esas creencias (modernización, progreso, imitación de Occidente) inciden en la subjetividad de los individuos educados en las reglas de la mitología liberal.

El grado de penetración de esas ideas entre los oprimidos es un tema de gran controversia. Aunque el liberalismo tuvo momentos de gran influencia social, siempre fue una concepción explícitamente hostil a los intereses, tradiciones y deseos de los explotados. Por esta razón nunca fue plenamente interiorizada por este sector. Logró cierta incidencia entre fines del siglo XIX y 1930, pero quedó estructuralmente relegada con la industrialización de posguerra y la expansión del nacionalismo.

Ha retornado en las últimas décadas de oleada neoliberal pero sin echar raíces en la mayoría de la población. Las resistencias y victorias parciales logradas contra la ofensiva derechista han limitado la gravitación de sus conceptos, abonando las teorías que remarcan la acotada penetración de las ideologías dominantes entre los sectores populares. (27)

Pero el liberalismo tradicional no es el único formato de esa concepción. También existen otras modalidades más sofisticadas que requieren evaluaciones específicas. Estas vertientes conforman el social-liberalismo que analizamos a continuación.

Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Notas:

1) Ver: Hirsch, Joachim. "Globalización del capital y la transformación de los sistemas de estado”. Cuadernos del Sur, n 28, mayo 1999.

2) Ver balance en: Anderson, Perry. "Balance del neoliberalismo: lec¬ciones para la izquierda". El Rodaballo n 3, verano 1995-96, Buenos Aires. Anderson Perry, "Neoliberalismo: un balance provisorio”, La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social, CLACSO, Buenos Aires, Argentina. 2003. Anderson, Perry. The New Old World, Verso, London, 2009, (pag 47-79).

3) Ver: Harvey, David. "El neoliberalismo como proyecto de clase” vientosur.info/ 08/04/2013. Harvey, David A brief history of Neoliberalism, Oxford University Press, New York, 2005 (pag 1-39, 152-183).

4) Nuestra visión de la etapa en: Katz Claudio, "Transformaciones de la era neoliberal”, Realidad Económica, n 284, mayo-junio 2014, Buenos Aires,

5) Ver: Nahon, Cecilia; Rodríguez Enríquez, Corina; Schorr, Martín. "El pensamiento latinoamericano en el campo del desarrollo del subdesarrollo: trayectorias, rupturas y continuidades”, 2006, www.idaes.edu.ar/papelesdetrabajo/paginas

6) Ver: Olivera, Margarita. "Las teorías del desarrollo desde la posguerra al nuevo milenio”, en Globalización, dependencia y crisis económica, FIM, Málaga, 2010, (pp 26-27).

7) Ver: Vidal, Gregorio; Guillen, Arturo. "La necesidad de construir el desarrollo en América Latina”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización. CLACSO, 2007, Buenos Aires.

8) Ver: Guillen, Arturo. "La teoría latinoamericana del desarrollo”, Repensar la teoría del desarrollo en un contexto de globalización, CLACSO, 2007, Buenos Aires.

9) Nuestro balance en: Katz, Claudio. El rediseño de América Latina, Alca, Mercosur y Alba. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008 (pag 9-35).

10) Nuestra visión en: Katz, Claudio. Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008 (pag-9-27)

11) Ver: Herrera, Remy. "El renacimiento neoliberal de la economía del desarrollo”, Globalización, dependencia y crisis económica, FIM, Málaga, 2010, (pp 23-24)

12) Ver: Burkett, P; Hart-Landsberg, M, "A critique of catch-up theories of development”, Journal of Contemporary Asia, 33(3), 2003.

13) Ver: Hagman, Itai. "Un nuevo Alca se negocia en silencio”, disponible en: ww.rcci.net/globalizacion/ 13/6/2014.

14) Ver: León, Magdalena. "Ecuador: Acuerdo con la Unión Europea: ¿Una capitulación inevitable?” alainet.org/active, 11/7/2014. Elías, Antonio. "Por qué Uruguay solicitó integrarse al TISA”, alainet.org/active, 11/7/2014

15) Ver: Salama, Pierre. "Las nuevas causas de la pobreza en América Latina”, Ciclos n 16, 2do semestre 1998, Buenos Aires. Martins, Carlos Alberto. "Neoliberalismo e desenvolvimento na America Latina”, en La economía mundial y América Latina, CLACSO, 2005, Buenos Aires.

16) Ver: Bairoch, Paul. Mythes et paradoxes de l´histoire economique. La découverte, 1999, (pp 7, 227-228, 234).

17) Ver: Osorio, Jaime. Explotación redoblada y actualidad de la revolución. ITACA-UAM, México, 2009, (pag 37-40).

18) Ver: Lipietz, Alain. "Pour un protectionnisme universaliste”, fevrier 2013, lipietz.net

19) Ver: Weeks, John. "The expansión of capital and uneven Develpment on world Scale”, Capital and Class, n 74, 2001. También: Arrighi, Giovanni; Korzeniewicz, Roberto; Consiglio, David; Moran, Timothy, "Modeling zones of the world economy”, Annual Meeting of the American Sociological Association, 1996.

20) Ver: Moncayo Jiménez, Edgard. "El debate sobre la convergencia económica internacional e interregional: enfoques teóricos y evidencia empírica”, Economía y Desarrollo, V 3 N 2 septiembre 2004.

21) Ver: Chavolla, Arturo. La imagen de América en el marxismo, Buenos Aires, 2005, Prometeo (pag 42-53, 55-66, 72-74).

22) Ver: Devés Valdés, Eduardo. El pensamiento latinoamericano en el siglo XX: entre la modernización y la identidad, Tomo III, Biblios. Buenos Aires, 2005, (pag 47-53).

23) Ver: Marini, Ruy Mauro. "La sociología latinoamericana: origen y perspectivas”. Proceso y tendencias de la globalización capitalista, CLACSO-Prometeo, Buenos Aires, 2007.

24) Ver Bustelo, Pablo. Teorías contemporáneas del desarrollo económico, Síntesis, Madrid, 1998. (pp 139-143)

25) Un ejemplo en: Mols, Manfred. "Sobre el estado en América Latina”, El estado en América Latina, Ciedla, Buenos Aires, 1995.

26) Ver descripción en: Reyes Giovanni, E, "Principales teorías sobre desarrollo económico y social”, www.ucm.es/info/nomadas, 2001

27) Ver: Eagleton, Terry. Ideología, Paidos, Barcelona, 1997, (pag 19-57, 275-279).

28) Ver: Abercrombie, Nicholas; Hill, Stephen; Turner Bryan, S. La tesis de la ideología dominante, siglo XXI, Madrid, 1987 (cap 6). También: Therborn, Goran. La ideología del poder y el poder de la ideología. Siglo XXI, Madrid, 1987, (cap 4, 5).

 

Con su respuesta dejó estupefacta a su entrevistadora. Le había preguntado si el medio millón de niños que habían muerto a causa del bloqueo decidido por los Estados Unidos contra Irak desde 1990 (y convalidado, a su pedido, por el Consejo de Seguridad de la ONU) había sido un precio justo a pagar, si este terrible genocidio infantil había “valido la pena.”

La imagen que presenta la prensa atlantista sobre los acontecimientos en Lugansk y Donetsk no tiene en cuenta los reclamos de la población local.

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº98

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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