La solidaridad se ha convertido en apuesta estratégica: defender la Revolución Bolivariana supone reforzar nuestras propias luchas.

La inminencia de las elecciones presidenciales (20 de mayo) ha encrespado las olas que azotan Venezuela; acoso largo que no tiene visos de amainar. ¿Cuál es su delito? Contar con un territorio estratégico y feraz que aviva codicias coloniales; mantener un régimen democrático y social convertido en referente que despierta adhesiones populares. El imperialismo yanqui intenta ahogar la revolución bolivariana desde el día mismo en que esta naciera y sigue empleando en ello incontables recursos.

Siguiendo la actual costumbre de sus guerras delegadas, dejó la tarea en manos de la oposición venezolana; camarilla de escuálidos que no cumplió con la encomienda y que acabó desarbolada. Quienes recurrieron a las guarimbas presentándose como vanguardia de un pueblo alzado, han dejado al descubierto su soledad. Quienes se proclamaban Mesa de Unidad Democrática son ahora una resquebrajada embarcación que navega a la deriva. Quienes ayer reclamaban elecciones presidenciales anticipadas, hoy las repudian. Quienes reivindicaban una patria sin injerencias recorren el mundo pidiendo a gritos la intervención de los marines.

Tras 19 años de acoso, el imperio ha constatado que no podía delegar sus intereses en manos de segundones y ha cambiado de estrategia: se despojó de máscaras y actúa como Comandante en Jefe. Sin ningún remilgo imparte consignas, dicta decisiones, moviliza tropas, insinúa amenazas y oferta dinerales. Sin olvidarse de los opositores locales, ha encontrado otros aliados más consistentes: la UE y los cipayos latinoamericanos que colaboran en el asedio a la Revolución Bolivariana. Todos ellos, y en distinta medida, están desplegando contra Venezuela una guerra no declarada pero implacable: frente diplomático, financiero, mediático, conspirativo, sicológico y, sobre todo, económico. La cruel costumbre de intentar reducir por hambre a pueblos que no se le doblegan. Una de sus armas predilectas: Cuba, Chile, Nicaragua, Gaza, Yemen dan fe de ello; ahora le ha tocado el turno a Venezuela. La canalla que siembra el hambre, se dice dispuesta a promover una «intervención humanitaria». Cofradía de caballeros benefactores, algunos de cuyos nombres provocan sonrojo: Temer el usurpador, Santos el mendaz, Macri el escrachado, Rajoy el inquisidor.

Desde 1999 el pueblo venezolano resiste y, contra viento y marea, avanza. No todo lo que brilla es oro pero tampoco basura. El proceso revolucionario no está exento de contradicciones pero la propia ONU admitió hace meses que no existe en Venezuela una crisis humanitaria. ¿Cuál es el secreto de que una población tan castigada se reafirme en sus convicciones y, elección tras elección, apoye el proyecto bolivariano? Ha experimentado las ventajas de un Gobierno que le ha ofrecido salud, vivienda, educación y, sobre todo, dignidad. Quienes tuvieron que trepar cerro arriba para agazaparse en sus laderas, son tratados como personas. Sienten el calor de un proceso que les brinda reconocimiento, conciencia y cauces de participación. El asedio que hoy sufren es cruel y sus condiciones de vida, casi insostenibles. ¿Hasta cuándo podrán resistir el cerco imperialista que intenta ahogarlos?

Situación crucial que nos salpica y emplaza. La solidaridad se ha convertido en apuesta estratégica: defender la Revolución Bolivariana supone reforzar nuestras propias luchas. Cuando viejas simpatías se enfrían, se sigue escuchando por estos parajes el grito que tantas veces nos movilizó: «Euskal Herria, elkartasun herria»; curioso sarpullido que nos lleva a defender otras patrias sin, aún, haber restaurado la nuestra. Hace doscientos años –y gracias a Xavier Mina– fuimos independentistas en México; nos sentimos mambises en Cuba; sandinistas en Nicaragua, farabundistas en El Salvador. Hoy nos reclama la Venezuela bolivariana y estoy seguro que responderemos. Un amplio espectro de internacionalistas vascos ha lanzado el Manifiesto “Si a la democracia en Venezuela. Respeto a los resultados de 20 de Mayo” (www.venezuelaaurrera.eus). Para ahora, son muchas y variadas las adhesiones confirmadas.

Euskal Herria tiene un motivo añadido para solidarizarse con Venezuela. En julio de 1939, una pequeña nave –que por casualidad se llamaba Cuba– desembarcó en La Guaira a 82 paisanos que buscaban protección; fueron recibidos con honores y tratados como hermanos. Han pasado casi setenta años y, desde entonces, son muchas las remesas de paisanas y paisanos que han buscado en Venezuela refugio donde cobijarse de la represión española. Personas de diferentes sensibilidades que han encontrado en aquel pueblo la solidaridad que necesitaban y buscaban.

Frases

“Tenemos que ayudar todos los días al nacimiento de la conciencia cuando no la haya, y al fortalecimiento de la conciencia cuando ya exista.”

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº83

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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