Todo gran avance de la izquierda en el plano político fue antecedido de conquistas en el plano de las ideas. El precepto gramsciano, retomado con fuerza por Álvaro García Linera, permite entender cómo fue posible el periodo de gobiernos posneoliberales en América Latina, así como su crisis actual.

Ángel Arcos Bergnes relata en el capítulo 15 del libro “Evocando al Che”, lo expresado en una reunión por el Comandante y entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, en relación a las cualidades a tomar en cuenta para ser militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC): “Señores, los buena gente no son buenos revolucionarios. Los buena gente, señores, son los que dejan hacer y deshacer, los que no exigen, los que no discuten los problemas, los que no controlan, los que no depuran las responsabilidades, los que les importa lo mismo cumplir como no cumplir, los que no les duelen los problemas, los que no les duele el hígado cuando algo sale mal, los que no chocan con lo mal hecho; ésos, señores, son los buena gente. Y los revolucionarios son los que al revés de los buena gente, discuten, controlan, depuran, cumplen, tienen responsabilidad, sensibilidad, les duelen todos los problemas y cuando ven algo que no está bien hecho les duele el hígado, esos, señores son los revolucionarios”. Es raro que muchos de los nuevos revolucionarios tengan presente esta realidad en su accionar cotidiano y traten de no parecerse demasiado a lo que Che llamara “buena gente”, pero más paradójico aún es que esta “buena gente” sea la encargada de representar, definir y conducir una revolución desde las instancias de gobierno que ocupa.

Entre las organizaciones marxistas y en el movimiento obrero europeo, de fines del siglo XIX y principios del XX, a nadie se le ocurría pensar que tener diferencias políticas fuera sinónimo de traición. Por el contrario, el debate, la confrontación de ideas y la toma de decisiones por la vía del voto era la norma.

Andrés Soliz Rada fue un patriota boliviano y latinoamericano a toda prueba y un maestro de la lucha revolucionaria antiimperialista y del socialismo latinoamericano.

A partir de su caracterización inicial los autores advierten sobre la necesidad de evitar caer en la trampa maniquea que obliga a optar entre la continuidad del progresismo o la restauración neoliberal, trampa que, según ellos, “oculta un chantaje orientado a propiciar un artificial cierre de filas detrás de los líderes y partidos del progresismo”.

Frases

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº51