Manuel Ugarte fue un escritor y político argentino, nacido en Buenos Aires en 1875 y fallecido en 1951. Relevante precursor de las luchas antiimperialistas en América Latina, escribió en 1908 un texto titulado “25 de Mayo de 1810”, consignando una muy sugerente información: “Hay en los Estados Unidos una costumbre por la cual en la escuela, en mitad de la clase o interrumpiendo el recreo cuando el niño menos lo espera, el maestro le hace poner bruscamente de pie para prestar una vez más el juramento de servir a su tierra en todos los momentos de su vida”.

Se puede decir que hay dos izquierdas en América Latina y que ambas están en crisis, cada una a su manera. Una de ellas es la que logró acceder al poder y ha puesto en marcha unos procesos de democratización de las sociedades, así como alternativas al modelo neoliberal y que hoy se enfrentan a dificultades —de distinto orden; algunas provenientes del exterior, otras del interior— para dar continuidad a dichos procesos. La otra es la que, aun viviendo en países con continuados gobiernos neoliberales, no es capaz de constituir fuerzas capaces de ganar elecciones, llegar al gobierno y empezar superar el neoliberalismo.

De no ganar terreno el conjunto de medidas anunciadas por el Presidente Nicolás Maduro para superar exitosamente las dificultades creadas en el ámbito de la economía nacional, estaría por definirse si ello representa una crisis económica o, algo de mayor gravedad, una crisis de Estado. En cualquier caso, esta situación que padece Venezuela aumenta la necesidad de redefinir los valores culturales, políticos, sociales y económicos sobre los cuales se erigió el actual modelo de civilización u orden social, especialmente cuando se ha tenido la pretensión -hasta ahora, fallida- de constituir uno nuevo bajo la inspiración del “socialismo del siglo 21” Comprometidos con la subversión del orden existente, a los revolucionarios les corresponde no solamente denunciar el contexto de injusticia, de explotación o de discriminación de cualquier tipo que soportan los sectores populares sino luchar por una revolución con opciones propias, proponiéndose seriamente derogar dicho contexto de una manera definitiva, teniendo en cuenta las causas históricas que la produjeron.

El análisis dicotómico para abordar la política de América Latina y el Caribe, nunca ha funcionado. Algunos analistas, pretenden evaluar con una taxonomía rígida, el ciclo de cambios que han impulsado los gobiernos progresistas. Dentro de las hipótesis, se anuncia el final del ciclo, pretendiendo homogeneizar en una periodización única, iniciativas totalmente dispares. La región comparte desde lo histórico tramas comunes. Sin embargo, las diferencias económicas iniciaron desde la propia colonia, con la dinámica heterodoxa de los espacios periféricos.

El debate sobre el "fin del ciclo progresista" se mantiene y amplía, sobre todo después que se han cumplido dos meses de aplicación en Argentina de lo que -como dijimos la semana pasada utilizando un concepto de Immanuel Wallerstein- podría denominarse un modelo de "fascismo democrático". Así mismo, su caudal se viene a alimentar con las acciones de la oposición venezolana encaminadas a hacer retroceder las conquistas de los trabajadores y el pueblo en los últimos quince años, los nuevos intentos desestabilizadores de la derecha y ciertos sectores de las fuerzas armadas ecuatorianas y la incertidumbre respecto del resultado del referéndum en Bolivia. Todo ello apunta a confirmar la tesis de aquellos que aseguran que ha habido un ciclo progresista y que el mismo está llegando a su fin.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38