El debate sobre el "fin del ciclo progresista" se mantiene y amplía, sobre todo después que se han cumplido dos meses de aplicación en Argentina de lo que -como dijimos la semana pasada utilizando un concepto de Immanuel Wallerstein- podría denominarse un modelo de "fascismo democrático". Así mismo, su caudal se viene a alimentar con las acciones de la oposición venezolana encaminadas a hacer retroceder las conquistas de los trabajadores y el pueblo en los últimos quince años, los nuevos intentos desestabilizadores de la derecha y ciertos sectores de las fuerzas armadas ecuatorianas y la incertidumbre respecto del resultado del referéndum en Bolivia. Todo ello apunta a confirmar la tesis de aquellos que aseguran que ha habido un ciclo progresista y que el mismo está llegando a su fin.

Este asunto de la Revolución Bolivariana y el socialismo es, sin duda, algo serio y complicado. Es un compromiso de vida, una actitud subversiva ante la realidad del mundo e implica, por tanto, una transformación profunda, interna y externa, en cada individuo que quiera y manifieste luchar por sus objetivos fundamentales. De ahí que no sea fácil (como lo dijera Argimiro Gabaldón) y, la mayoría de las veces, sólo resulte un mero recurso retórico en algunos demagogos y oportunistas para esconder y lograr sus ambiciones personales, desvirtuando absolutamente su significado histórico.

La identificación del enemigo, saber cómo es, qué piensa y cómo va a proceder es de decisiva importancia para la victoria de las fuerzas emancipadoras.

No obstante seguir siendo el socialismo un viejo sueño aún por construir, el momento histórico que se vive en Venezuela y gran parte de las naciones de nuestra América nos hace creer que éste se definirá -tarde o temprano- al calor de las luchas sociales. Ello supondrá, al mismo tiempo, la tarea de resolver las contradicciones inherentes a la cultura dependiente, las relaciones de poder y las relaciones de producción que persisten en nuestros territorios; traduciéndose, por consiguiente, en un esfuerzo colectivo carente de liderazgos mesiánicos que puedan desviar y truncar sus objetivos, de modo que haya la posibilidad real de crear estructuras novedosas donde no predomine la influencia de una dirigencia y un funcionariado burocrático-cupular situados de espaldas al pueblo.

Quienes vaticinan el fin del llamado ciclo progresista en América Latina y el Caribe (ALC) pierden de vista que el caldo en que se cuece la política es, irremediablemente, la lucha de clases. Con sus flujos y reflujos, marchas y contramarchas.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46