En 1959, “cuando triunfa la Revolución cubana, nosotros teníamos diez años de ser guerrilleros en Colombia”, afirmó el campesino Jaime Guaracas. El 18 de mayo de 1964 el coronel Hernando Currea Cubides inició, al frente de la Sexta Brigada del ejército colombiano, la denominada “Operación Soberanía”. Apenas una semana después tuvo lugar el primero de los combates.

El secretariado para la Resistencia, integrado por Manuel Marulanda Vélez, Isauro Yosa, Isaías Pardo, Jacobo Arenas y Hernando González, tomó la decisión de evacuar a las familias y adoptar la guerra de guerrillas. El acto de resistencia tendrá una trascendencia como pocos en la historia colombiana. Así, ese 27 de mayo de 1964 se convertirá en la fecha de la fundación oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). “Se determinó unificar la dirección política y militar en un Estado Mayor guerrillero; mientras, en Bogotá y otras ciudades se producían frecuentes atentados con bombas; eran las estructuras comunistas clandestinas que apoyaban a los campesinos de Marquetalia”, explica el politólogo Darío Villamizar, que ha publicado en septiembre de 2017 “Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confines” (Debate).

Pero no sólo se trataba de las FARC, ya que también comenzaron a organizarse el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guevarista; el Ejército Popular de Liberación (EPL), maoísta; y desde principios de los años 70 la guerrilla urbana del M-19. En las últimas cinco décadas surgieron treinta grupos guerrilleros en Colombia. Villamizar ha presentado el texto sobre la guerrilla en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València, en un acto organizado por la Coordinación Valenciana de Solidaridad con Colombia, la Coordinación Valenciana de ONG y el Ayuntamiento de Valencia. El autor participó en la guerrilla del M-19 desde 1976 hasta la desmovilización en 1990. Es asesor en reincorporación de excombatientes en Naciones Unidas, miembro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y de la Latin America Studies Association (LASA). Firma el prólogo del libro el periodista del periódico estadounidense “The New Yorker”, John Lee Anderson, autor de obras como “Che Guevara. Una vida revolucionaria” y “La herencia colonial y otras maldiciones”. Respecto a la evolución futura de los militantes de las FARC, señala la posibilidad de que “Pastor Alape” (Félix Antonio Muñoz), “Carlos Antonio Lozada” (Julián Gallo Cubillos) o “Timoleón Jiménez” (Rodrigo Londoño) ocupen destacados cargos institucionales, al igual que ha ocurrido con los exguerrilleros del M-19 Antonio Navarro Wolff y Gustavo Petro.

 

-En 2002 publicaste la primera edición de una biografía sobre el dirigente guerrillero del M-19 Jaime Bateman (1940-1983), quien lanzó una propuesta de diálogo en plena efervescencia revolucionaria en el continente; lo hizo en 1980, cuando el M-19 había tomado la embajada de la República Dominicana en Bogotá; entre otros rehenes figuraban el embajador de los Estados Unidos en Colombia. ¿Sería uno de los personajes destacados durante más de 50 años de conflicto armado?

Procedía de la costa caribe de Santa Marta, y fue un personaje muy importante de la guerrilla en Colombia. Un hombre muy vinculado a la Juventud Comunista a principios de los años 60, que luego estuvo en el periodo de fundación de las FARC; de hecho, trabajó muy cerca de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas promoviendo la inclusión de nuevos combatientes jóvenes y de la universidad. A comienzos de los años 70 se retiró para fundar el movimiento guerrillero M-19; era un hombre con una percepción muy cercana a la realidad nacional, que comunicaba muy fácilmente sus ideas como jefe guerrillero. Esto llevó a que ganara una gran simpatía en sectores populares. Otro personaje necesario es Manuel Marulanda, cuyo verdadero nombre fue Pedro Marín. Estuvo presente durante más de cinco décadas en armas. Dirigió y formó en 1964 una organización –las FARC- desde el primer paso hasta constituir una gran estructura y consolidarla. Marulanda empezó su actividad armada en 1948, desde el asesinato del dirigente liberal Jorge Gaitán; y en las FARC permaneció hasta los años 2000. Por él pasaron una decena de gobiernos.

-En el libro de 828 páginas “Las guerrillas en Colombia” aportas documentación producida y desclasificada por la Administración estadounidense y sus diferentes agencias (CIA, DIA o NSA) respecto a Colombia. ¿Puedes señalar algún ejemplo?

Sobre el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán (abril de 1948) y la posterior rebelión del “bogotazo”, el Gobierno de Estados Unidos –a través del Departamento de Estado- elaboró un estudio secreto de 30 páginas con fecha 10 de octubre de 1948, titulado “Communist Involvement in the Colombian Riots of April 9, 1948”. El documento presenta algunas conclusiones en cuanto a la presunta responsabilidad de los comunistas en sabotajes a la IX Conferencia Panamericana, el asesinato de Gaitán y los disturbios en Bogotá y otras partes del país. Todo esto en el contexto de la  Guerra Fría (el texto de Darío Villamizar recoge titulares de la  prensa de la época, por ejemplo del diario “El Tiempo”: “Bogotá está semidestruida”; el autor añade que de una población de 600.000 habitantes, murieron más de 5.000; el 10 de abril el periódico “El Colombiano” publicó el siguiente titular: “Golpe comunista. Sangrientamente se cumplió la consigna roja contra la Conferencia Panameña. Gaitanistas y comunistas saquearon ciudades y almacenes”. Nota del entrevistador).

-¿Fue significativa la influencia cubana en las guerrillas?

Hay dos grandes momentos. En el primero, una vez triunfa la Revolución Cubana en 1959, los cubanos apoyaron procesos de formación de guerrillas en todo el continente. Colombia no constituyó una excepción. En los primeros momentos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), algunos de quienes posteriormente serán dirigentes estuvieron formándose en Cuba desde 1962 hasta 1963-1964. Por ejemplo Fabio Vásquez Castaño y sus hermanos. Luego regresaron a Colombia, y participaron en la fundación del ELN el siete de enero de 1965. Pero se produce un viraje importante a partir de los años 90, cuando tienen lugar las primeras negociaciones de paz en Colombia, El Salvador o Guatemala. Cuba apoya estos procesos. En el caso colombiano, los diálogos de Pastrana con la guerrilla en el periodo 1998-2002.

-Autor de “Aquel 19 será” (1996), “Un adiós a la guerra” (1997), “Sueños de abril: imágenes en la historia del M-19” (1998), coordinas la investigación Memoria de Guerrillas en América Latina y el Caribe. ¿Qué singularidades presenta el caso colombiano?

El grupo ha documentado la existencia de 420 organizaciones guerrilleras –entre 1959 y 2015- en 23 países de América Latina. Diría que la particularidad colombiana radica en la larga permanencia en el tiempo, que superó a cualquier otra en el continente. No tanto el número de guerrillas, porque también hay otros países con gran número de organizaciones –por ejemplo Chile o Argentina- que aparecían y desaparecían. La pervivencia durante tantos años de la guerrilla en Colombia obedece en parte a los apoyos locales que mantuvo; también a la extensión y las condiciones político-geográficas; esto favoreció la mimetización y que el ejército no pudiera liquidarlas. El territorio selvático y montañoso, las llanuras, la selva espesísima en lo más recóndito de la Amazonía…

Gracias a la tecnología de los últimos años, es cuando el gobierno colombiano logró darle golpes certeros a la guerrilla de las FARC. Otro factor que explica la duración es que estaba muy identificado contra quién se levantaba la insurgencia: una élite político-económica monolítica. Por otro lado, no hubo gobiernos que atenuaran la lucha político-militar, ni los conflictos sociales, ni tampoco gobiernos de corte socialdemócrata o socialista. Desde los años 50 del siglo pasado y en las décadas siguientes, las mismas familias e idénticos partidos manejaron la política colombiana. El tío-abuelo del actual presidente, Eduardo Santos, fue presidente de Colombia entre 1938 y 1942. Su familia fue durante mucho tiempo propietaria del periódico “El Tiempo”, el más importante del país.

-¿Pudo en algún momento las FARC imponerse militarmente al Estado, teniendo en cuenta la consolidada tradición del estado colombiano en la llamada lucha “contra-insurgente”?

Creo que no, las fuerzas militares en Colombia han sido muy poderosas; estamos hablando de un país con cerca de 500.000 efectivos en la fuerza pública, entre policía, ejército, marina y aviación; además con todos los recursos tecnológicos y ayudas militares de otros países, sobre todo Estados Unidos y otros como Israel, que ha prestado soporte en inteligencia (el autor cita en el libro nueve pactos y acuerdos militares entre Colombia y Estados Unidos entre 1949 y 2009; tres de ellos los suscribió el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en 2004, 2007 y 2009; otros dos –en 1959 y 1962- el exmandatario Alberto Lleras Camargo. Nota del entrevistador).

-En el Registro Único de Víctimas del Gobierno de Colombia figuran 8,5 millones de víctimas. El pasado cuatro de septiembre el gobierno de Santos y la guerrilla del ELN llegaron a un acuerdo de “alto el fuego” bilateral de 102 días, en el marco de las negociaciones de Quito. ¿Dónde se sitúan, a tu juicio, los principales escollos?

Ya está diseñada la agenda que va a discutirse. Yo no vería mayores obstáculos, siempre se ha hablado de las dificultades en el interior del ELN por ser una organización mucho más abierta y federada en cuanto a su dirección, donde hay que hacer consultas más a fondo; pero esto sólo implicaría que el proceso lleve más tiempo. Creo asimismo que hay una voluntad manifiesta en el ELN para avanzar hacia una negociación final. Es la primera vez que la guerrilla llega a un acuerdo de cese al fuego bilateral con el Gobierno. También es cierto que puede haber otras dificultades, como provocaciones o algún ataque del ELN, algo que ocurrió el 31 de agosto, pero esto son como gajes del oficio, situaciones normales y altibajos que se dan en un proceso de paz. Por otra parte este ataque se produjo el día previo al cese bilateral.

-Un informe de la Fundación de Ideas para la Paz de agosto de 2017 (“Crimen organizado y saboteadores armados en tiempos de transición”) señala que tras el desarme de las FARC están surgiendo o persisten “saboteadores armados aún difíciles de caracterizar”, que pueden lastrar el efecto de los acuerdos. ¿Compartes esta idea? Hay territorios, añade el informe, donde las “ofensivas” de la fuerza pública “no llegan a afectar las condiciones que permiten la reproducción de las actividades criminales”.

Sí, hay grupos criminales y paramilitares organizados, uno muy conocido es el “clan del golfo”, un grupo narco-paramilitar que incluso ha pedido negociar con el Gobierno. Es un grupo que según la Fiscalía General de la Nación cuenta con cerca de 7.000 efectivos. Se trata de una amenaza real. En efecto, están llegando a regiones donde antes se emplazaban las FARC, y en las que la guerrilla –a partir de las relaciones con la población- en su día ejercían control y autoridad.

-El informe del programa Somos Defensores señala una impunidad del 87% en los 458 crímenes perpetrados contra defensores de derechos humanos entre 2009 y 2016. La agencia IPC informó a primeros de octubre sobre las agresiones contra los campesinos Fidencio Calle y Juan Viloria, integrantes de la asociación de reclamantes Tierra y Paz en el Urabá antioqueño. En los meses de enero y agosto fueron asesinados en esta región un reclamante, Porfirio Jaramillo Bogallo, y el hijo de otro solicitante de restitución de tierras, Jesús Alberto Sánchez.

La impunidad ha sido históricamente muy alta en Colombia. No hay una justicia adecuada y en el momento preciso; se siguen presentando, de manera reiterada, asesinatos de líderes y lideresas, activistas por los derechos humanos, dirigentes sociales y reclamantes de tierras.

 

Fuente: Enric Llopis/ Resumen Latinoamericano

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Correos del Sur Nº48