La última guerrilla de América Latina, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, sigue en Cuba esperando a que el nuevo gobierno colombiano reanude la Mesa de Diálogos con este grupo. Allí, en La Habana, Víctor De Currea-Lugo dialogó de manera exclusiva con Pablo Beltrán, miembro del Comando Central y jefe de la Delegación de Diálogos del ELN. De Currea-Lugo es periodista colombiano, profesor universitario, analista de conflictos armados y autor del libro “Historia de guerra para tiempos de paz” fruto de extensos diálogos con los principales comandantes del ELN.

Según algunos analistas ustedes recibieron al nuevo gobierno con una serie de secuestros. ¿Por qué el ELN habla de paz en La Habana mientras sigue secuestrando personas en Chocó y Arauca?

PB: Esta Delegación de Diálogos está aquí en La Habana buscando un camino de solución política del conflicto armado en Colombia, pero mientras aquí hacemos este esfuerzo, el conflicto en Colombia sigue; no sólo es lo que hace el ELN: allá están matando un líder social todos los días, dirigentes comunales, de izquierda, exguerrilleros de FARC; pero esta negociación trata es de sacar la violencia de la política.

Sobre las detenciones a las que usted alude: una ocurrió el 3 de agosto, antes de la posesión del nuevo gobierno y la otra el 8 de agosto. No son acciones premeditadas, sino que son parte de los esquemas de seguridad y defensa de los territorios donde nosotros estamos: cuando hay personas extrañas se les detienen. Ellos iban de civil y resulta que eran militares; nosotros tenemos que mirar si están haciendo espionaje. No porque haya una Mesa de Diálogos quiere decir que el conflicto se haya detenido.

¿Qué gesto de paz está dispuesto a hacer el ELN para que el país crea en su voluntad real de diálogo?

En estos conflictos hay dos partes y todo lo que se haga debe ser bilateral. A finales del año anterior, hicimos un cese al fuego bilateral que, en general, fue exitoso. Ambas partes cumplimos. Ese cese fue muy importante porque trajo alivios a muchas regiones de Colombia.

En el mismo sentido, con el gobierno de Santos dejamos unos protocolos para firmar un nuevo cese; pero lo fundamental es que esta Mesa debe aportar a crear un clima de paz, a rebajar la intensidad del conflicto. Ese aspecto humanitario está contemplado en la Agenda de conversaciones. Así y desde ya, la Mesa va ayudando a rebajar la intensidad, no hay que esperar a finalizar toda la negociación.

El gobierno de España se ofreció como nueva sede de los diálogos, a cambio de la actual sede, que es Cuba. ¿Aceptaría el ELN esta propuesta?

Nosotros ya hemos dicho que damos la bienvenida a que España acompañe de nuevo la paz en Colombia. Hace como 20 años, España acompañó unas mesas de conversaciones. Ahora hay un regreso que saludamos. Todo esfuerzo que haga la comunidad internacional por apoyar una solución política en Colombia es bienvenido. Pero la comunidad internacional no va a sustituir los esfuerzos de los colombianos, los que tenemos que ponernos en función de la paz somos los colombianos.

Ahora, el corazón de esta Mesa es la participación de la sociedad. Quizá una sede en España es un poco distante, no hace fácil la participación, pero hay muchas formas en las que España puede ayudar a que salga adelante la paz en Colombia.

¿Aceptaría el ELN una Mesa sin Venezuela como garante?

Tenemos un grupo apreciable de comunidad internacional. Hay un primer grupo que se constituyó de seis países y un segundo grupo de cinco. Venezuela hace parte del primer grupo y ha sido definitiva para el impulso del proceso con las FARC y también con nosotros. En muchas cosas como los desplazamientos de esta Delegación, los protocolos están construidos y pactados para que Venezuela haga un apoyo y eso ha sido definitivo. Venezuela ha estado desde el principio del proceso, entonces si a alguien que ha estado cumpliendo se le dice que no se le necesita más, resulta incomprensible.

En el caso nuestro, no es que si no hay un país determinado entonces no haya Mesa, pero llamamos a la racionalidad. Si hay unos esfuerzos y una inversión de voluntad política por sacar adelante esta Mesa, hay que corresponder y buscar que ese grupo de garantes se mantenga.

La Agenda de la Mesa ha sido presentada como una propuesta etérea, abstracta, que no permite avanzar. ¿Ustedes están dispuestos a reformularla?

De la Agenda pactada en 2016 con el gobierno de Santos, ya llevamos un trecho andado; pero el nuevo gobierno, que siempre fue adversario político acérrimo de Santos, considera que todo lo que hizo Santos no quedó bien hecho y se cree en el deber de mejorarlo.

Por encima de esa rivalidad, la Mesa tiene una arquitectura ya construida. Nosotros hicimos pactos con un Estado y no eran ocurrencias de un Jefe de Delegación. Aspiramos a que esa arquitectura salga adelante. Hay que construir sobre lo construido, si no pues vamos a perder esfuerzos y tiempo, además de ser una irracionalidad.

El presidente Duque propuso que el ELN debe concentrarse bajo supervisión de la comunidad internacional. ¿Qué pide el ELN para cumplir con este requisito?

PB: En estas negociaciones cada uno coloca frente al otro sus posiciones: esa es la negociación, cada uno coloca en la Mesa lo que considera y de trazar líneas medias es que salen los avances. Una vez instalada la Mesa miraremos en qué nos ponemos de acuerdo. Esto es un proceso de negociación, hay una agenda y hay unas metas.

Si la agenda dice que hay que propiciar transformaciones y acabar el conflicto armado, hay que mirar qué le toca hacer a cada uno. En el ELN estamos dispuestos a sacar la violencia de la política; el régimen colombiano ¿cómo va a demostrar que saca la violencia de la política? Cada uno coloca una parte. Si usted le coloca al otro exigencias y ultimátum, eso no es una negociación y no hay entonces necesidad de nombrar una Delegación de Diálogos.

El gobierno ha insistido en que el ELN demuestre su voluntad de paz mediante compromisos unilaterales. ¿Está el ELN dispuesto a acciones unilaterales como símbolo de paz?

Para que pasemos la página de la guerra, cada parte tiene que hacer un esfuerzo. El ELN está dispuesto a hacer lo suyo. Nosotros estamos dispuestos a cambiar. Por ejemplo, a nosotros nos dicen que tenemos que dejar de ser guerrilla y nos convirtamos en una fuerza política, es un cambio de esencia. Y en esa perspectiva se trabaja en la Mesa.

Pero ¿Cuál es el cambio de esencia que va a ser el régimen? ¿O son de apariencia? ¿O son superficiales? ¿O no hay cambios? Si la solución política depende de que uno haga el esfuerzo y el otro mire, pues así no vamos a cambiar a Colombia.

La experiencia con las FARC, especialmente los errores ¿cómo afecta la confianza del ELN en el proceso de paz?

Mucho. Nosotros le decimos a las FARC: ustedes van adelante y nosotros vamos aprendiendo. Hace cuatro años todos nos decían: “hagan como las FARC”; hoy todos nos dicen: “no repitan los errores de las FARC, aprendan de ese proceso”. Entonces aquí estamos haciendo un camino propio, que se basa en lo que hay que aprender de los avances que lograron las FARC, pero también de las limitaciones y problemas que ha tenido ese proceso.

Y claro que nos llena de muchísimas inquietudes y preocupaciones que el Estado colombiano no cumpla. Las bases nuestras en los frentes guerrilleros dicen: “si no les cumplieron a las FARC, tampoco nos van a cumplir a nosotros”. Eso llena de dudas a nuestras bases guerrilleras.

 

          

Fuente: Nodal

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