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"A TeleSur no hay forma de suplantarlo"

Creo que fue a mediados de los años noventa cuando encontré a Rolando Segura en los pasillos del ICRT, le hice dos preguntas y con sus respuestas más mi admiración, preparé un comentario para la Revista Semanal de Radio Reloj. Él había acabado de ganar el premio Juan Gualberto Gomez y yo seguía sus pasos.

Entonces era uno de los jóvenes integrantes de CHTV que transmitía desde una habitación del Habana Libre. El canal dirigido a la capital cubana, había logrado reunir un grupo de recién graduados de periodismo que querían “comerse al mundo”, como sucede en esa edad.

El jovencito un tiempo después fue fundador de teleSUR. Sigo su quehacer y a punto de los quince años de la fundación de la televisora multiestatal, mediante WhatsApp y correo, lo vuelvo a entrevistar. Entonces me entero y lo comparto con Usted, amigo lector, que ese hombre-televisión amasaba un sueño de emborronar cuartillas. Por eso me recordaba de mi época caimanera, porque era un coleccionista furibundo de la revista cultural. Y no más, aquí está este ciudadano teleSUR, que con rica prosa puede escribir sus avatares de estos tres lustros:

- ¿Cuándo Segura quiso ser periodista?

-La vocación, parece, siempre estuvo latente.

Era de esos niños hablantines, lo mismo en el matutino escolar que en la apertura de la fiesta del barrio. Fantaseaba con ir a lugares lejanos y regresar repleto de cuentos a los míos.

Alguien me preguntó hace poco ¨¿tú estudiaste en la escuela de Arroyo Arenas?¨. ¨Es que mi profesora de Literatura nos hablaba del periodista de teleSUR. Ella conserva como un tesoro algo que escribiste para su clase.¨ Quisiera encontrar a esa maestra porque, creo, fue quien por primera vez me dijo: tú serás periodista.

Al final del preuniversitario el periodismo era ya mi opción, y con la plaza asignada para estudiarlo, justo antes de recibir con honores mi Diploma de Bachiller, me dijeron que el otorgamiento había sido por ¨error¨. Eramos tres con en semejante situación. Para compensarnos, el Ministerio de Educación ofrecía, de acuerdo a nuestro índice académico, cualquier otra especialidad menos la de Periodismo, Psicología o Derecho. Mis compañeros decidieron Ingeniería Industrial, yo un punto intermedio: Arquitectura.

Xiomara, mi madre, fue quien más sufrió el supuesto ¨error¨, porque como todas las mamás conocen siempre tu verdadera pasión.

El caso es, que en septiembre, ya disfrutaba la vida universitaria, me hacía de una mesa de dibujo, regla T, portaminas, compases y manos a la obra entre maquetas y estudios de las leyes del diseño y la perspectiva. Amaba los resultados, pero en el proceso era como sin sal ni pimienta.

De a poco supe que Alejo Carpentier, también había estudiado Arquitectura y luego abandonó la carrera para dedicarse al periodismo. Otros intelectuales, incluso llegaron a graduarse, pero terminaron dirigiendo cine o en labores de la industria como la escenografía.

Ser o no ser arquitecto era el dilema. Y para saltar a la carrera de periodismo, debía alcanzar casi el máximo en calificaciones en Arquitectura durante dos años y el visto bueno de las autoridades de aquella Facultad.

¿Por qué no intentarlo, estaba ya convencido de lo que en realidad quería?

Llegó entonces el momento de cruzar la raya. Amanecí otro septiembre como estudiante de periodismo de la Universidad de La Habana.

- ¿En qué escuela cursaste tus primeros grados?

-Apenas cruzaba la calle y entraba a mi primer salón de clases de la Escuela Carlos Manuel de Céspedes, en Marianao, La Habana. Pero al pasar al Tercer Grado me trasladaron a Ciudad Escolar Libertad. A partir de entonces caminar largas cuadras era como irse de aventuras, conectando con la naturaleza, observando cada detalle del entorno, hasta llegar a lo que antes fue un inmenso cuartel militar. El mundo se volvió inmenso, con doble sesión durante el día, entre muchas escuelas, canchas deportivas, bibliotecas, centros culturales, áreas de bosques e incluso un museo.

- ¿Lees? ¿Qué tipo de literatura?

-Leo de todo y en todos los soportes.

Los primeros años, clásicos infantiles y libros de aventuras. Ya en la adolescencia, el género policial. Además literatura cubana, lo mismo en prosa que en verso. La Universidad me lleva de la mano a la Literatura Universal y al Boom Latinoamericano.

De periodismo, lo primero que compré fue en una Feria del Libro de La Habana. Recién publicado, De Buena Fuente, con la firma de uno de los grandes de la profesión en América Latina, el argentino Jorge Timossi, fundador de Prensa Latina junto a Ricardo Masetti, amigo también de Rodolfo Walsh e inspiración de Quino, para crear a Felipe, el niño soñador y mejor amigo de Mafalda. El hecho de que Timossi hubiera estudiado Química en Argentina, pero terminara como corresponsal de prensa, me arrojó cierta luz al final del túnel. Más que esperanza, era certeza para mí salto inevitable desde la Arquitectura. Me estremeció la crónica de sus días en Santo Domingo durante la invasión norteamericana de 1965, del ascenso de Gaddafi con su Revolución Verde en Libia y del triunfo de la Revolución de los Claveles en Portugal. Extraordinario su relato sobre el golpe de Estado a Salvador Allende, a quien entrevistó por teléfono aquel 11 de septiembre de 1973, cuando estaba rodeado y a punta de fusiles en el Palacio de la Moneda. Y luego todas sus peripecias para salir de Chile en plena persecución de la dictadura. Con sus relatos tuve la primera epifanía, de que valdría la pena iniciar este viaje y ya sin dudas, se presentaba ante mí el periodismo como una de las profesiones mas apasionantes del mundo.

Y bueno, tocó luego hacer bisagra entre la cultura de la imprenta y la digital. Seguimos leyendo el libro en papel como lo heredamos de Gutenberg, pero incorporamos también la lectura de escaneo, sin dejar escapar nada relevante. Se impuso la prisa, compartir y expresarse en los códigos vigentes en el ecosistema de las cuatro pantallas. De otro modo, corres riesgo de entrar en peligro de extinción en el terreno de comunicación o reducir a casi un treinta por ciento tus interlocutores potenciales.

- ¿Por qué la televisión?

-En realidad yo me veía escribiendo para un periódico o una agencia de noticias. Aunque me preocupaba estar demasiado quieto en una sala de redacción, era donde intuía tener mayores competencias. De explorar en otros campos, me hubiera inclinado por la fotografía o el cine. Aún no lo descarto. En una jornada científica había ganado como premio, una cámara fotográfica. Y cuando llegó la primera de video a la Facultad, yo era como su tesorero. Pero ahora nos compete hablar del camino que me llevó a teleSUR.

Cuando el ideal de muchos siempre era el periodismo en televisión, yo lo miraba con cierto recelo y hasta con prejuicio. ¿Qué era esa redacción tan básica, de sujeto y predicado, casi cero adjetivos y nada de giros literarios?

Faltaba un año para graduarme, los periódicos en Cuba adelgazaban sus páginas por falta de papel y los periodistas comenzaban a migrar a la radio y la TV. En medio de ese panorama, apareció Danilo Sirio en mi salón de clases de la Facultad de Periodismo y pidió levantaran la mano quienes quisieran trabajar e inaugurar a las 3 de la tarde del siguiente día, el Canal de Televisión de la capital cubana.

Desde la propia aula, más o menos incrédulos, casi todos nos fuimos tras los directivos de la televisión cubana hasta el Hotel Habana Libre, a una suite en su piso 24. Allí estaba CHTV. La habitación improvisaba un plató con telón de fondo del escenario natural de la ciudad. En la sala de espera estaba el control de estudio y en el baño el área para maquillaje.

Así fue la hora cero.

- ¿Qué recuerdas de CHTV?

-El trabajo en equipo. La cercanía con la gente, con los espectadores. Directivos empeñados en sacar lo mejor de ti. Parecía que casi nada quedaba por fuera de nuestra agenda, desde las preocupaciones mas urgentes de la ciudadanía sobre la economía hasta la historia, el patrimonio, los valores.

Pero sobre todo el aprendizaje. Fue sin dudas la segunda escuela de la profesión, después de la Facultad de Periodismo, e incluso simultánea, porque la mayoría todavía alternábamos el salón de clases con la calle o el estudio, micrófono en mano frente a una cámara de televisión.

Los primeros llegamos a CHTV prácticamente vírgenes de vicios, ya enraizados desde entonces en nuestro periodismo. Intentamos huir de las loas y de aquel periodismo llamado ¨gris¨, que tanto criticábamos como estudiantes espectadores. No tardaron en aparecer los lastres, pero al menos eran los propios, no heredados.

Al inicio nuestra vista era muy corta. Apenas rebasaba cuatro esquinas de la Rampa. La cafetería descuidada, el hueco en la calle, el helado mal servido en Coopelia. Algunos decían con sorpresa: ¨qué periodistas atrevidos¨.

En realidad era excelente entrenamiento, no perder la oportunidad de poner en entredicho a la fuente, sobre todo cuando era un ciudadano indolente, un trabajador indisciplinado e incluso algún director de empresa o gerente quien daba la cara. Pero seguir un tilín pa arriba y llegar al vice o al titular del ramo, casi siempre fue un callejón sin salida.

Con apenas intentar entrar a la ciudad profunda y a sus problemas estructurales, la rendija medio abierta para el ¨atrevimiento¨ se convertía en la mas férrea muralla.

El verano pasado iba en una guagua en La Habana y alguien me dijo: ¨¿El de CHTV?¨. Afirmé y de inmediato me dijo: ¨Te sigo ahora el teleSUR, pero el Coopelia está igualito¨

- ¿Cómo nace tu vínculo con teleSUR?

-En 2005, una de las personas a cargo de los primeros pasos del proyecto desde La Habana, me consultó mi parecer sobre la idea de un Canal Internacional Latinoamericano y Caribeño, a punto de nacer. ¿Trabajarías en algo así? Me pareció muy atractiva la idea.

Por esos días Hugo Chávez reveló públicamente su afán de fundar un canal global de noticias desde el sur e intuí que hablaba del mismo proyecto.

Venía por un pasillo del Instituto Cubano de Radio y Televisión y aparece de nuevo Danilo Sirio, mi primer director en CHTV. ¨Debemos conversar para proponerte algo¨. Me hice el sorprendido. Tras escucharle los detalles en su oficina, acepté comenzar como Corresponsal Jefe de la oficina de teleSUR en La Habana.

- ¿Qué ha sido teleSUR para ti?

-Un proyecto de vida. 15 años de permanente aprendizaje.

He estado al frente de las Corresponsalías de teleSUR en La Habana, Quito y Caracas. Actualmente estoy al frente de la Escuela teleSUR.

Llegué con una idea de cómo cubrir fenómenos naturales como los huracanes, pero me ha tocado reportar lo mismo un terremoto que la erupción de un volcán. En las lecturas de Timossi leí cómo ascendió Gadaffi, pero no podía imaginar entonces que me tocaría contar cómo cayó, o mejor, cómo lo asesinaron e invadieron y saquearon su nación.

Conocía lo que era vivir y trabajar en mi país, empeñado en construir un mundo nuevo, con sus bondades y contradicciones. Durante los últimos tres lustros he tenido la oportunidad también de vivir el esplendor y el ocaso del proceso de transformaciones progresistas en Ecuador y Bolivia, así como los buenos y malos momentos, pero sobre todo la resistencia de la Revolución Bolivariana.

Contar estas historias no ha sido fácil. Pero a favor siempre ha estado que para teleSUR no hay murallas cuando está en juego el derecho a la información. Todos, todos los temas tienen cabida en nuestras pantallas y la discusión se desplaza a determinar el mejor ángulo de cámara y el protagonismo de nuestras historias.

Construimos una narrativa que cuestiona al poder y a su tentación casi natural a ocultar sus mañas, pero además nos toca sortear un mundo donde la mentira se multiplica sin pudor y la verdad corre el riesgo de quedar atrapada en las trampas de los algoritmos.

Es sin dudas un crecimiento profesional. Pero también un trayecto en el que terminas siendo mejor ser humano, mejor persona. Unas veces sientes estar en el lugar y momento indicado, cuando informas el última hora de un proceso electoral muy disputado o entrevistas a un líder mundial. Pero te preguntas ¿qué me trajo hasta aquí?, cuando ves que asesinan a la líder social que te recibió unos meses antes en Honduras o cuando quedas como rehén en un hotel de Trípoli durante más de una semana, entre el fuego cruzado de islamistas radicales. Con el tiempo vas tomando consciencia del lugar donde estás y del enorme compromiso con quienes nos siguen en el mundo.

A teleSUR no hay forma de suplantarlo. Nuestro multimedio ha sido un ejercicio permanente de construcción colectiva entre gente de todas partes, quienes han apostado a que la voz del sur entre en la conversa global. Y en la disputa de sentidos sobre cómo contar el mundo, ha logrado abrir más de una fisura en la narrativa de los medios dominantes.

Y por eso el significado que tiene teleSUR, ya no para mí, sino para millones de personas en Latinoamérica y el mundo, que reclaman, exigen nuestra señal. Ante tal responsabilidad, no vale el cansancio. En tiempos complejos para toda la humanidad, teleSUR se aferra al mismo compromiso de Rodolfo Walsh, ¨ de dar testimonio en momentos difíciles¨

- ¿Qué harás por los quince años de esa televisora que roba tu tiempo?

-Celebrar, mirando hacia delante con la misma pasión que sentí la primera vez que me hablaron del proyecto. Una ilusión hecha realidad desde el momento en que nacimos como canal de televisión justo aquel 24 de julio, cuando desde el parque Simón Bolívar de la Habana Vieja hacía mi primera conexión satelital en teleSUR, para entrevistar al historiador de la ciudad Eusebio Leal.

Hoy somos un Multimedio en español, inglés y portugués, de alcance global, con producción de contenidos para todas las plataformas de la comunicación y el entretenimiento. Millones de usuarios pueden seguir nuestras historias no solo por las señales broadcast sino también por aplicaciones, la web, redes sociales, televisión por internet, cable, satélite.

Aún falta mucho por hacer. Por ello la Escuela teleSUR impulsa el debate y diversificación de los formatos periodísticos en las más diversas plataformas y al mismo tiempo sistematiza de manera continua la experiencia de estos primeros 15 años de trabajo, a través de proyectos de investigación y de capacitación permanente de sus profesionales y de nuestros aliados.

Y al cabo de estos 15 años que me regaló la vida, la última semana acompañaba a Patricia, la Presidenta del Multimedio, a ver por primera vez el video ¨Se levanta nuestra voz ¨, con letra y música de Israel Rojas. Lloramos de emoción, por los dolores, alegrías y esperanzas de todos estos años. Al agradecer y comentarle a Israel nuestra primera reacción, desde La Habana me dijo: ¨Ha sido bien difícil mantener la labor de teleSUR. Pero hay que seguir la marcha. Mucho más ahora.¨

Este camino apenas comienza a ser transitado y la invitación es a convertirlo en un paseo, como el de aquel niño que descubría el mundo cuando iba a su escuela, con la misma avidez que soñaba contar historias a los suyos.

 

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Fuente: Cuba Debate

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Correos del Sur Nº137

 

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Resumen Latinoamericano: Octubre

 

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