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“Es el momento de unirnos, para desarrollar iniciativas conjuntas y agrandarnos, en términos absolutamente prácticos”

El reciente retorno del Movimiento Al Socialismo (MAS) al poder en Bolivia ha significado un aliento para las fuerzas progresistas y de izquierdas en América Latina y el Caribe.

Sin lugar a dudas, uno de los pilares del Proceso de Cambio vivido en el país andino-amazónico fue su agenda para las Relaciones Exteriores, pasando tempranamente a formar parte de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), además de promover otros espacios de integración regional y fundar la Diplomacia de los Pueblos. Para hablar de estos temas, de la coyuntura mundial y de los desafíos de cara al 2021, nos reunimos con Rogelio Mayta, el canciller boliviano, quien recibió a Correo del Alba en su despacho, a pasos de la Plaza Murillo, en la ciudad de La Paz.

¿Cómo ha visto y vivido la crisis sanitaria, tanto en lo personal, en lo familiar, en lo colectivo? ¿Cómo ha incidido el Covid-19 en su comunidad? 

El Covid-19 ha golpeado durísimo en nuestra población, entre nuestros hermanos y hermanas, a todo nivel, pero, como siempre, se ensañan estos males con los más pobres, razón por la cual ha golpeado muy duro con la enfermedad, con muerte y también con mayor pobreza. Pero la gente del mundo popular acá somos sobrevivientes, nos reinventamos cada día para seguir de pie, y eso es lo que está haciendo ahora nuestra gente, y el Gobierno tiene el compromiso de trabajar para ellos, de buscar juntos soluciones a la multitud de problemas que hay, buscar mejores días para nuestra economía, más posibilidades para el pueblo.

Lastimosamente la pandemia fue usada por el gobierno de la golpista Áñez para intentar meternos en casa en base al terror de los aparatos de represión, continuar la persecución política y tratar de evitar el momento del proceso electoral. Contra todo eso nuestro pueblo ha resistido, ha logrado encaminar el proceso electoral con la resistencia pacífica, en marchas, bloqueos, y al Covid le ha hecho frente, ante la ausencia del Estado, en gran medida en base a nuestros conocimientos ancestrales.

Ha sido duro, probablemente tenemos más personas que han fallecido de las que registran los datos oficiales, no sabemos, es algo que está ahí confuso, pero mucha gente ha logrado salvarse en base a la medicina natural, a la medicina tradicional, un poco por nuestra situación geográfica que nos ha acostumbrado a enfrentar problemas y enfermedades respiratorias; entonces tenemos un bagaje de medicinas naturales. En el momento en el que ha arreciado la pandemia, nuestro pueblo ha recurrido a esos conocimientos.

En el caso de los médicos cubanos, ¿es posible que estos regresen a Bolivia? ¿Hay algún convenio en camino?

Por el momento no hay nada definido. Creo que un paso importante está en que hemos empezado a restablecer nuestra buena relación que había tratado destruir el gobierno golpista de Áñez, de hecho estamos esperando la llegada del embajador cubano. Nosotros estamos en el trámite burocrático de poder acreditar un Embajador allá, e iremos caminando, como lo hemos hecho siempre, con el hermano pueblo cubano, buscando las mejores alternativas para nuestro relacionamiento, y estoy seguro que allí uno de los temas que veremos será ese, aunque hasta el momento no hay nada definido.

¿Hay una búsqueda de la vacuna china, la rusa, la cubana? ¿Existen acuerdos para implementar estos medicamentos?

En este momento el Ministerio de Salud tiene encargado hacer una prospección de todas las posibilidades. Hay vacunas con diferentes características y precios a los cuales más o menos tendremos accesibilidad, porque está el tema de las posibilidades económicas reales y concretas de nuestro Estado.

El ministerio encargado está en una prospección a gran escala, pero lo que sí tiene como objetivo claro es que cuando salgan las vacunas ya Bolivia debe acceder a ellas en un plazo prudente.

El presidente venezolano Nicolás Maduro habló de la vacuna del ALBA, para poder distribuirla en todos los Estados miembros.

Esa es una posibilidad, creo que para eso las iniciativas de integración regional son muy valiosas, puede ser el ALBA, pero también hay trabajos adelantados en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que vamos a tratar de aprovechar y que se están viendo precisamente en la prospección que se está realizando.

¿Cuál es la línea de las relaciones internacionales del Gobierno?

Lo primero que tenemos claro es que estamos en un momento de grandes cambios en el mundo, pasamos de un mundo en el que había una hegemonía prepotente imperial a uno multipolar, eso lo vemos absolutamente claro. De igual forma vemos que hay una bipolaridad tecnológica, que va a tener una gran incidencia y, en medio de ello, observamos que hay economías emergentes importantes. En ese contexto empezamos a redefinir, en términos estratégicos, nuestras relaciones bilaterales.

“Bolivia tiene la voluntad de sostener relaciones con todos los países, sobre la base del respeto recíproco”

Solamente por darle una idea, en Washington tenemos una residencia grande como Embajada, y lo mismo en Londres, esto porque eran los centros del poder en su momento, sin embargo, en otros países y regiones que nos pueden resultar estratégicas no hemos tenido una presencia, aun cuando debemos apuntar a eso, porque vamos a adaptarnos a este mundo que está cambiando. Somos un país que demográficamente es pequeño, pero que posee una inteligencia para poder establecer las mejores relaciones posibles y resguardar, precisamente, los intereses de su pueblo.

El presidente Luis Arce me decía que estamos abiertos a tener relaciones con toda la comunidad internacional, en el marco del respeto mutuo, a la soberanía y la no injerencia en asuntos internos. Estamos construyendo y avanzando hacia una determinación estratégica en ese sentido, le apostamos al multilateralismo, a los procesos de integración regional, por eso creo que es clave para Bolivia su participación en el Mercado Común del Sur (Mercosur); sobre este punto han sido importantes las declaraciones del presidente de la Argentina, Alberto Fernández, quien ha dicho que va a apoyar nuestro ingreso ya como miembro pleno. 

Si los bolivianos y bolivianas aprovechamos el marco del Mercosur, podemos mejorar nuestra economía; ese va a ser un reto enorme para los empresarios y abre una serie de oportunidades.

Pero, igual está el ALBA, con otros pueblos hermanos. Creemos que es esencial revitalizarla, sabemos que ha sido bombardeada por el gobierno de Estados Unidos. Y hay otros escenarios como la Celac, que son trascendentales desde la perspectiva latinoamericana.

Entendemos que, como países hermanos, en este mundo que está cambiando, en los reacomodos enormes que se están dando, es imprescindible que estemos unidos, vinculados, y que la mejor forma para resguardar nuestro futuro son estos escenarios de hermanamiento práctico, no líricos ni demagógicos, sino concretos. Esto es fundamental, hay avances tecnológicos y no podemos quedarnos al margen de eso, porque seríamos sometidos nuevamente, y ya no solamente en el marco económico, sino en el tecnológico. Por ejemplo, tenemos que pelear nuestro propio espacio de soberanía aeroespacial, logramos un acuerdo en la Celac, hace unos días, para tratar de construir una agencia aeroespacial latinoamericana, compartiendo y articulando los conocimientos, las potencialidades de nuestra institucionalidad, y es que, en caso contrario, corremos el riesgo de ser sometidos por viejas o nuevas potencias con diferentes discursos. 

Este es el momento de unirnos, para desarrollar iniciativas conjuntas y agrandarnos, en términos absolutamente prácticos.

¿En cuáles regiones o países pretenden alcanzar esa mayor presencia?

Creo que tenemos que tener presencia en el ámbito asiático, por su desarrollo económico y por la influencia que han adquirido, debemos ir allá para buscar y mantener buenas relaciones y para tratar de establecer vínculos económicos que redunden en mejores días para nosotros.

Acabamos de dar un salto en el tema tecnológico y nos urge buscar un relacionamiento dirigido, precisamente, a conseguir transferencia tecnológica. Si no le apuntamos de forma clara a ese objetivo y concretamos logros en ese sentido, corremos el riesgo de quedarnos rezagados en la vertiginosa carrera que existe hoy; podemos terminar siendo esclavos de la inteligencia artificial de alguno de los bloques; es un mundo complicado.

Además, estamos muy preocupados porque el escenario global, con cambios vertiginosos, nos plantea la necesidad de resguardar la paz mundial. Probablemente al interior de nuestros países no se perciben tanto los riesgos que se ciernen sobre la humanidad, cuando hay países –concretamente Estados Unidos– que pretenden defender a ultranza su posición hegemónica.

En tal sentido, se está iniciando una carrera armamentista riesgosa y peligrosa inclusive para la existencia de la humanidad. Rusia tiene misiles y armas hipersónicas; el gobierno de Trump ha intentado también ya dar pasos en ese sentido; China está en un proceso de incrementar su potencial bélico. Ese juego de Estados Unidos de provocar a China con una guerra comercial primero y acciones concretas después puede desembocar en  situaciones complicadas para la paz mundial.

La propia doctrina de defensa de Rusia, que plantea que cuando haya un ataque contra un socio, aun cuando no sea con poder nuclear, defensivamente ellos pueden responder con armas nucleares, refleja el mundo complicado y difícil en que vivimos.

A eso súmele el que los monstruos tecnológicos nos quieren subordinar en base a la inteligencia artificial, es decir, las grandes empresas tecnológicas estadounidenses poseen absolutamente toda nuestra información, nos tienen controlados y medidos.

El problema es que el planteamiento del gobierno de Estados Unidos, en determinado momento, ha logrado tener éxito en limitarnos las posibilidades de generar tecnología y ciencia vinculada a la producción. Aún en el caso más exitoso del modelo neoliberal, como lo es Chile –su alumno más aplicado–, el modelo ha demostrado no dar resultados y se ha visto que ha prducido una mayor desigualdad social, y segundo, tampoco ha desarrollado tecnología.

En efecto, no nos quieren dar tecnologías, por lo tanto tenemos que buscarla, construirla, desarrollarla. A mí me hieren pensamientos como el de Zbigniew Brzezinski, quien expresaba, refiriéndose a Estados Unidos, en los 60: “No queremos tener un Japón al sur de nuestra frontera”. Y está claro que cuando decía “sur” metió a toda Latinoamérica.   

“Esperamos que el 20 de enero asuma el nuevo gobierno de los Estados Unidos y creo que ahí estaremos dispuestos a conversar con la mayor amplitud”    

¿Cuál es su análisis sobre la América Latina actual, considerando actores como el Grupo de Lima –fundado para atacar al gobierno venezolano–, la Alianza del Pacífico y el Prosur que, si bien nacen con objetivos reaccionarios claros, indudablemente gravitan en el devenir de la Región?

Son los manotazos de un imperio que se está cayendo. Cuando Latinoamérica trata de unirse, cuando se desarrollan instancias como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), se torpedean estas iniciativas soberanas de nuestras naciones con fórmulas que traen el discurso de integración, pero una integración subordinada, con el fin de que nuestros países canten y bailen al son de la música que nos impongan, algo que en estos días está destinado al fracaso.

Nuestros pueblos en Latinoamérica han venido de un proceso de resistencia de siglos que en este momento adquiere una dimensión diferente de consciencia, en relación a sus capacidades, y creo que eso es importantísimo, por eso hay que ver al futuro con esperanza, pero con la consciencia de los grandes retos que tenemos.

En la medida que periclite el poder de los Estados Unidos, como lo está haciendo, estos intentos se van a ir diluyendo o cayendo; es parte del riesgo del momento que vivimos, porque, en términos históricos, cuando las potencias se caen suelen refugiarse en la guerra como último recurso para intentar mantener su hegemonía.

Como hombre defensor de los Derechos Humanos debe estar contento porque Bolivia ingresó al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ¿cuál será el papel que jugarán en este espacio?

Más que contento uno anda con el peso de la responsabilidad, porque es un escenario en el que creemos que podemos aportar mucho, sobre todo desde nuestra propia experiencia nacional, en la que hemos logrado capear situaciones tan complicadas como el golpe de Estado de 2019. Los augurios que indicaban que Bolivia iba a terminar en una convulsión descontrolada no resultaron tales y hemos avanzado en un proceso en el que se ha logrado imponer la voluntad popular con el respeto de los Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos son una deuda que se tiene a sí misma la humanidad, razón por la cual haremos los esfuerzos necesarios para resolver los problemas concretos que encontremos y establecer lineamientos que contribuyan a ese objetivo, pese a que comprendemos que es un escenario complicado. 

¿La Diplomacia de los Pueblos sigue en la agenda del Ministerio de Relaciones Exteriores?      

Sí, entendemos que el diálogo, primero, en nuestra Latinoamérica, y segundo, con el mundo entero, tiene que ser con la gente de a pie. 

¿Cómo se aplica esto en términos prácticos?

Hay escenarios en que nuestros pueblos pueden expresar sus preocupaciones, compartir sus experiencias y, en determinado momento, interpelar y establecer sus demandas hacia las estructuras estatales.

¿Cómo serán las relaciones con Estados Unidos?

El presidente Luis Arce ha señalado, de forma categórica, que Bolivia tiene la voluntad de sostener relaciones con todos los países, sobre la base del respeto recíproco, de la no injerencia en sus asuntos internos, como nosotros no intervenimos en el destino soberano de ningún pueblo.

Hemos avanzado hace años en tratar de construir un convenio marco que precisamente exprese lo anterior; esperamos que el 20 de enero asuma el nuevo gobierno de los Estados Unidos y creo que ahí estaremos dispuestos a conversar con la mayor amplitud, con respeto recíproco, nunca vamos a bajar la cabeza, eso está absolutamente claro, pero podemos sostener un diálogo que eventualmente mejore nuestras relaciones.

¿Cómo se ve a sí mismo a mediano plazo?

Ahorita estoy en un cargo público, sabemos que estas cosas son absolutamente circunstanciales, pero espero que en cinco años pueda regresar a mi vida normal.

¿Cómo?

Defendiendo causas, estudiando, escribiendo, en el ámbito privado. Me veo más como un ciudadano de a pie.

En la arena internacional, ustedes han destacado al punto de instalar en Naciones Unidas el Derecho Humano al acceso al agua, ¿han pensado plantear el respeto a la vida de la mujer como un derecho fundamental?

Merece que se tome una decisión global, que sea uno de los objetivos de la comunidad internacional, es muy buena idea.

¿Habrá algún acto de desagravio a Venezuela y Cuba, cuyas delegaciones fueron expulsadas irrespetuosamente por los golpistas?

Te soy sincero, he entrado en mi correteo y no me he detenido a pensar eso, pero creo que sería algo importante porque es inaceptable como han procedido. Digamos que, de alguna forma, podían haber llegado al resultado que querían de una manera más civilizada, pero actuaron con saña y ansias de lastimar.  

 

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Fuente: Correo del ALBA

Postales para NO OLVIDAR

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº141

 

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Resumen Latinoamericano: Noviembre

 

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