Desde el año 2000, durante el gobierno de Vicente Fox Quesada, hasta la fecha, en México se han registrado 100 mil ejecuciones por supuestos problemas de narcotráfico, señala Judith Galarza, secretaria ejecutiva de la Fundación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos y Desaparecidos.

Fuente: RNV

La escritora mexicana Elena Poniatowska habla sobre la violencia que se ha apoderado de su país, su percepción de la política y las posibilidades de que se haga justicia.

SEMANA: ¿Por qué México parece haber tocado fondo desde el 26 de septiembre?

Elena Poniatowska: Porque desde entonces hay 43 muchachos de Ayotzinapa que no aparecen. Son todos estudiantes muy pobres. Su única oportunidad para adquirir educación superior es en las escuelas normalistas, a las que se les destina muy poco presupuesto. La situación de esos centros es un ejemplo de la desidia del gobierno, sobre todo del estado de Morelos, donde hay una corrupción rampante, con políticos sin la menor conciencia social, ni amor por los jóvenes o su país.

SEMANA: ¿Por qué las personas que llevaron a cabo este crimen pensaron que podían salirse con la suya?

E. P.: En nuestro país la muerte, asesinar, las armas y la agresión son hoy lugares comunes. Son tan banales como decir ‘flores’, ‘pan’, ‘lodo’, o como decir ‘tráfico en la calle’. Entonces parece muy fácil desaparecer a 43 muchachos, e incluso asesinarlos. Al buscarlos se han encontrado muchas fosas con muchos cadáveres.

SEMANA: Y si es tan común y tan frecuente, ¿qué se puede esperar de un país que asesina a su gente de esta manera?

E. P.: Pues estamos todos muy indignados, hay mucho dolor. Y no solo entre los viejos, también entre los padres de familia, las madres, los jóvenes y los muchachos que van a la escuela. Yo creo que también entre miembros del gobierno. Por fortuna, tenemos aquí a un sacerdote excelente que se llama Alejandro Solalinde. Él se ocupa de los migrantes desde hace varios años y denuncia su situación a manos de otros mexicanos despiadados.

SEMANA: ¿Cómo se explica la reacción de algunos padres de familia en Ayotzinapa, que hace poco no dejaron al padre Solalinde dar misa y prácticamente lo echaron del pueblo?

E. P.: No es eso. Él recibió noticias y estuvo con personas que le dijeron que ya no había nada qué hacer por estos muchachos. Le dijeron que los habían asesinado y que ya estaban en las fosas. Él dijo eso, e incluso suministró datos, como que habían sido descuartizados y quemados. Semejante información a un padre de familia le produce una gran rabia, una gran indignación, que se manifiesta contra quien le da la noticia. Solalinde iba a dar la misa, pero ¿qué misa remedia el asesinato de 43 muchachos? Porque también las rabias se tienen que manifestar, ¿no cierto? No creo que este sea el consuelo que la gente necesita

SEMANA: ¿Y qué necesita la gente?

E. P.: Quieren encontrarlos con vida. Hemos hablado de los estudiantes en presente, para evitar pensar que ya no están. Pero estamos a seis semanas de su desaparición. Y son 43 muchachos. Es muy difícil encontrarlos con vida.

SEMANA: ¿Qué tiene este evento que despertó a la sociedad civil mexicana? ¿Se debió a que fue el narco, a que Iguala (donde se desarrollaron los hechos) queda a tres horas de la Ciudad de México…?

E. P.: Pues la protesta se ha generalizado en los 32 estados del país. Yo creo que hay un rechazo a lo que es la Policía, el Ejército y en general a las fuerzas del orden. No se trata de lo que hagan o no los Guerreros Unidos o el resto del narco. Se trata de los que están en el poder y se aprovechan de él. En el Zócalo el 26 de octubre hubo una gran manifestación, pero también hubo una marcha extraordinaria el miércoles 22, una marcha espontánea, fuera de serie, organizada por los ciudadanos y por los estudiantes.

SEMANA: En su discurso en el Zócalo usted leyó 43 perfiles, uno por cada desaparecido. ¿Por qué?

E. P.: Porque cuando se dicen y repiten muchos nombres, el resultado es una ensalada. Y resulta que cada uno de los desaparecidos tiene una particularidad. Aquel tenía una cicatriz, otro tenía el pelo chino, a otro le gustaba comer muchas galletas, a este escuchar grupos de rock, otro más tocaba la guitarra. Todo eso es muy importante porque nos los acerca. Todo esto hay que recordarlo, porque son parte de nosotros. Es como si fueran nuestros hijos. Yo creo que no hay otra alternativa que exigir una respuesta, ¿no? Es obvio que en donde hay que estar ahora es con ellos. Pero también hay que buscar gente más joven que yo, que ya tengo 82 años.

SEMANA: ¿Qué tan profundas son las fibras que ha tocado este hecho en la sociedad mexicana?

E. P.: Espero que sean muy profundas. Ahora se acuerda lo que pasó hace 46 años, la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. Uno se pregunta cuánto va a durar. Ojalá que dure. La vida es muy fuerte, y a veces borra un poco las cosas, las sepulta. Pero cuando hay otro golpazo, regresan.

SEMANA: ¿Qué ha cambiado en este último medio siglo en México? ¿Se pueden esperar otros 50 años de impunidad?

E. P.: México ha cambiado. Hay mucha más participación de los jóvenes, mucha más conciencia. Lo que sigue igual es la impunidad, porque somos un país donde la impunidad todo lo permea. No se entiende cómo los culpables siempre salen impunes. Y la gente en general tampoco siente que sea su responsabilidad. Hay muchos sectores que no se dan por enterados. Siguen su vida y no les importa, como si nada: ni siquiera se preocupan por enterarse. Se van a Acapulco a meterse al mar y a asolearse en la playa. Como decimos en México: ‘¡Que viva la virgen y qué bueno que me vaya bien!’.

SEMANA: El alcalde de Iguala y el gobernador de Guerrero eran del Partido de la Revolución Democrática (PRD). ¿Qué consecuencias pueden tener estos hechos para la izquierda mexicana?

E. P.: Eran del PRD habiendo sido del PRI. Hay políticos mexicanos que han pertenecido a cuatro o cinco partidos, que es lo mismo que no tener partido. Y cuando los críticos y los politólogos dicen que es lo mismo pertenecer al PRI o al PRD, pues… tienen algo de razón. Ser político ahora en México equivale a ser corrupto, a estar adentro de un agujero negro lleno de mierda.

SEMANA: ¿Qué sigue?

E. P.: Lo que puede seguir es que la población tenga más conciencia de lo que está sucediendo. Como saben, yo he estado desde 2006 cerca de Andrés Manuel López Obrador. No tengo mucha malicia ni mucha experiencia. Solo le puedo decir por instinto o por intuición que hay gente en la que creo y otra gente de la que digo, bueno, ‘a este es obvio que no le importa el país’. Eso no lo creo de López Obrador, creo profundamente que a él le importa México. Pero para mí el tejido de la política es incomprensible.

Entrevista por: Semana

En paralelo al acuerdo comercial que actualmente se discute con la Unión Europea (el TTIP), los EE.UU. están negociando un acuerdo similar con 11 países de Asía y el Pacífico: el Acuerdo TransPacífico (Trans-Pacific Partnership -TPP).

Thomas Fazi: Hoy, los ‘acuerdos de libre comercio’ bilaterales y regionales – o mejor, los acuerdos megarregionales, como el TTIP y el TPP – han substituido de modo efectivo a las negociaciones en el seno de la OMC. ¿Hemos entrado en una nueva fase de globalización?

Walden Bello: Sí. Creo que la fase triunfalista de la globalización, que tuvo su cénit en la década de los 90 y comenzó luego a decaer tras las movilizaciones de Seattle de 1999, está definitivamente acabada. Hoy nos encontramos en una situación en la que la globalización impulsada por las grandes empresas y el neoliberalismo ha conducido a una crisis de gran envergadura, y están a la defensiva. Podríamos decir que el concepto mismo de globalización impulsada por las grandes empresas está en crisis. Su credibilidad se ha visto gravemente dañada. Pero, por supuesto, existen todavía intereses muy fuertes – apoyados por las élites tecnocráticas y la mayor parte del mundo académico – que siguen promoviendo soluciones neoliberales, como el TTIP y el TPP.

¿En qué medida contribuyó el movimiento anti-globalización y anti-libre comercio de finales de los 90 y primeros 2000 a socavar el paradigma de globalización impulsada por las grandes empresas?

Creo que el logro más importante del movimiento fue que supuso una auténtica sacudida para el triunfalismo y la credibilidad de todo el proyecto de una globalización impulsada por las grandes empresas. Seattle fue un acontecimiento verdaderamente histórico, en el que la acción de la gente en las calles reveló por fin que el rey estaba desnudo. Antes incluso de Seattle, estaba ya claro en muchísimas estadísticas que la globalización estaba llevando a una mayor pobreza y desigualdad y estaba creando toda clase de ineficiencias, pero en cierto modo esta verdad no lograba abrirse paso. A lo que asistimos fue no sólo el derrumbe de la OMC a escala ministerial sino al de todo el paradigma. Creo que este fue un logro claro del movimiento antiglobalización: que realmente mostró que había un lado obscuro de la globalización, que estaba creando lo contrario de lo que prometía.

La erosión de la OMC ha sido fundamental, porque se suponía que sería instrumento primordial de la globalización. Estamos hablando del código legal comercial más ambicioso de la historia, y esta arquitectura está ahora en punto muerto.

Esta es la razón por la cual en años recientes han comenzado a retirarse a acuerdos de libre comercio (ALC) bilaterales y multilaterales.Pero los ALC – impulsados primordialmente por la UE, los EE.UU. y Japón – son considerados por estos países como arreglos propios de una segunda mejor opción, resultado del fracaso a la hora de alcanzar la suerte de consenso universal que habían tratado de hacer que funcionara en el seno de la OMC. Esto no significa subestimar la dañina repercusión de acuerdos como el TTIP y el TPP. Pero creo que son también muy frágiles. No hay más que ver la creciente oposición de la sociedad civil al TTIP en Europa, o la resistencia de los intereses del agribusiness al TPP en una serie de países asiáticos.

¿Cuáles son las semejanzas entre el TTIP y el TPP?

Los dos tratados son muy semejantes. En primer lugar, ambos se están negociando en secreto; tal como declaró el antiguo representante comercial norteamericano, Ron Kirk, si se negociaran abiertamente, no tendrían la más mínima oportunidad de que la gente diera su visto bueno. En segundo lugar, no tienen que ver tanto con el comercio, aunque hay aspectos comerciales en ellos (como mayores reducciones en aranceles); tienen que ver en realidad con la afirmación del control empresarial sobre cualquier aspecto de nuestras vidas, por medio de los derechos de propiedad intelectual y las disposiciones inversores-Estado (las infames ISDS), en las que básicamente los derechos soberanos de los estados se ven menoscabados gracias a la posibilidad de que los demanden judicialmente las grandes empresas.

En tercer lugar, ambos tienen un componente geopolítico: el TTIP es en realidad el brazo económico de la OTAN y tiene claramente como objetivo contener a Rusia; el TPP, por otro lado, es evidentemente un intento muy contundente de contener a China y de crear un bloque económico contrario en Asia.

Más en general, me parece que está muy claro que entre los objetivos de ambos proyectos está el surgimiento de los BRICS y los esfuerzos que se están llevando a cabo por crear un bloque económico alternativo al occidental. Por último, creo que tanto el TTIP como el TPP tienen un componente ideologico en sí, en la medida en que se afirman como representación de los ‘buenos’ valores occidentales – libre comercio, civilización, imperio de la Ley, etc. – por oposición a los valores ajenos del ‘otro’.

Esto también subraya la hipocresía del relato del ‘libre comercio’: en un marco coherente de libre comercio, estos acuerdos deberían extenderse también a países como Rusia y China. Pero está claro que no es el caso.

¿Sería correcto contemplar estos acuerdos – y especialmente el TPP – como formas de neocolonialismo o neoimperialismo, del mismo estilo de los acuerdos de libre comercio impuestos por las naciones hegemónicas a los países en desarrollo?

Considerando que el aspecto geopolítico es tan destacado en ambos – en ambos casos no nos enfrentamos a ‘simples’ acuerdos comerciales sino a tratados en los que los aspectos políticos y de seguridad son al menos tan destacados como los aspectos económicos, podría decirse de hecho que hay un elemento de neoimperialismo en juego. Hay un claro esfuerzo por parte de las potencias hegemónicas (los EE.UU. y Europa), por medio de estos tratados, para fortalecer y ampliar su esfera de influencia y cortar de raíz la amenaza que suponen estas fuerzas que tienen potencial para desplazar el protagonismo de Occidente.

¿Está el TPP ligado a la expansión militar norteamericana en el Pacífico?

Sí, totalmente. Del mismo modo que se puede considerar al TTIP como brazo económico de la OTAN, el TPP está indudablemente vinculado a la expansión militar norteamericana en el Pacífico y a toda la estrategia del ‘giro a Asia’, dirigida fundamentalmente a contener a China. En este sentido, estos acuerdos corren el riesgo de tener un grave efecto desestabilizador en términos geopolíticos.

¿Has mencionado la cuestión del secretismo, que es uno de los aspectos más controvertidos de las negociaciones del TTIP. Sabemos que en el caso de Europa a menudo ni siquiera los parlamentos son conscientes de lo que se discute, puesto que se negocia a escala de la Comisión. ¿Cómo se están desarrollando las negociaciones de Asia-Pacífico, donde los EE.UU. no disponen de una contraparte tan ‘privilegiada’?

Lo que está sucediendo es que el acuerdo lo están discutiendo los más altos negociadores comerciales. Y a las grandes empresas se les otorga un acceso especial a los mismos, pero eso no se les concede a los ciudadanos en general y tampoco siquiera a los parlamentos nacionales. De modo que básicamente los grupos de grandes negocios son los únicos que tienen acceso. Esto es algo totalmente antidemocrático. Los parlamentos deberían disponer de este acceso. La verdad es que me desconcierta mucho por qué no se pone esto en tela de juicio, por qué los parlamentos no plantean un desafío más contundente a esta falta de transparencia o hacen uso de las diversas leyes de información de estos países.

Creo que parte del problema reside en que los parlamentos de la mayoría de los países que cubren estos acuerdos están dominados por partidos conservadores que son ideológicamente parciales respecto al neoliberalismo, están vinculados al capital empresarial y no valoran la transparencia. Lo mismo puede decirse, por supuesto, de Europa.

En años recientes una serie de países asiáticos europeos, – como los antiguos ‘tigres asiáticos’ – han reaccionado ante los desastrosos efectos de las ‘reformas estructurales’ impuestas por el FMI y el Banco Mundial persiguiendo medidas políticas más proteccionistas y haciendo ‘retroceder’ parcialmente el proceso de globalización. ¿Cómo está influyendo esto en las negociaciones sobre el TPP, que va en dirección contraria?

La globalización siempre ha hecho hincapié con fuerza en la producción orientada a la exportación, pero la crisis y la depresión a largo plazo en los EE.UU. y Europa, que eran mercados centrales clave para las exportaciones asiáticas, ha obligado a muchos países asiáticos a volver a analizar los modelos de economía política que estaban siguiendo.

Creo que en muchos países se han dado cuenta de que tenían que volver a un crecimiento interno orientado hacia la demanda, y que lo que eso significa es, por supuesto, que, entre otras cosas, hay que prestarle verdadera atención al mercado interior y a una distribución más igualitaria de la renta.

Y eso ha significado utilizar cualquier pequeño espacio político restante para imponer restricciones al comercio, por medio de normativas sanitarias y de seguridad, así como a los flujos financieros, por medio de controles de capitales (que hasta el FMI ha reconocido que son eficaces para prevenir crisis desestabilizadoras). En este sentido, acuerdos como el TTIP y el TPP, que son un intento de detener este proceso de desglobalización, van contra la corriente de la historia. Lo mismo se puede decir de la estrategia neomercantilista dirigida por Alemania y perseguida por Europa.

Hablando de Europa, los movimientos sociales de finales de los años 90 y primeros años de la década de 2000 tuvieron éxito al congregar a cientos de miles de personas contra la globalización neoliberal. Hoy en día, esto parece una hazaña imposible, aunque el acuerdo que actualmente se negocia, el TTIP, atañe a los ciudadanos europeos y norteamericanos mucho más directamente que anteriores acuerdos de libre comercio.

La dinámica de los movimientos está estrechamente ligada a la dinámica contradictoria de la crisis. Por ejemplo, deberíamos preguntarnos por qué, en medio de la crisis, tantos países europeos se han inclinado a la derecha.

Me parece que esto demuestra que la crisis trae consigo sus propias dimensiones, que a menudo le quitan energía a los movimientos políticos. Sin embargo, los devastadores efectos sociales de cuatro años de programas de austeridad en Europa están creando las condiciones para el resurgimiento de un sólido movimiento anti-neoliberal y contra las grandes empresas.

La cuestión es saber quién será capaz de aprovechar la ira popular, ¿la izquierda radical o la derecha populista? Lamentablemente, esta última parece estar ganando el pulso en este momento concreto. Creo de veras que la izquierda tiene que moverse con mucha rapidez.

Open Democracy. Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón

Entrevista por:  Thomas Fazi

Bolivia inició una campaña para explicar lo que lo motiva recurrir al Tribunal de La Haya para obligar a Chile a conversar sobre su aspiración de recuperar la salida al mar que perdió en la Guerra del Pacífico en 1883. El expresidente Carlos Mesa (2003-2005) explica en esta entrevista la posición del régimen de Evo Morales, una nueva fuente de crispación de las relaciones en la región.

-¿Cuál es la consigna de esta misión de interesarle a Paraguay sobre el litigio con Chile?

-Visité al presidente Horacio Cartes y a su canciller para explicarles, y a través de ellos al pueblo paraguayo, en qué consiste la demanda que presentó Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia en el tema de nuestro diferendo con Chile.

No lo hemos podido conseguir en más de 100 años y el presidente (Evo) Morales decidió pasar esto a la Corte Internacional sobre la base del respeto a los tratados internacionales.

Bolivia no pone en cuestión el tratado que firmó con Chile en 1904. Bolivia plantea que Chile le hizo, a lo largo de casi un siglo, una decena de compromisos formales de otorgarle a Bolivia una salida al mar y nunca los cumplió. Y ese elemento, los compromisos formales que un Estado se compromete con otro Estado, genera compromisos jurídicamente exigibles.

Sobre esa base Bolivia plantea ante la Corte Internacional algo muy sencillo pero muy importante: que obligue a Chile a sentarse a negociar para que como producto de una negociación se le otorgue a Bolivia un acceso soberano al mar.

No sobre la base de modificar ningún tratado sino sobre la base de los compromisos que unilateralmente le hizo Chile a Bolivia durante casi un siglo.

-¿Qué territorios, cuánto territorio quieren ustedes?

-Ningún territorio específicamente en términos de lugar ni de tamaño. Ese será producto de la negociación. Lo que nosotros queremos es un acceso soberano, por supuesto útil, que Bolivia pueda utilizar. Pero no hay ningún preconcepto. Nosotros no vamos a poner ninguna condición previamente. Por eso pedimos una negociación, que la Corte obligue a Chile a sentarse a negociar con Bolivia.

-Chile no acepta…

-Cuando nos sentemos por obligación de la Corte, porque Chile no lo quiere hacer voluntariamente, en esa negociación se establecerán condiciones, lugares, superficie, etcétera. El secreto está en no plantear ningún tipo de preconcepto que establezca limitaciones o que pueda ser malinterpretado. Como producto del diálogo se tendrá que llegar a un acuerdo entre las partes.

La novedad del planteamiento boliviano no es pedirle a la Corte un espacio específico en un lugar específico, sino que Chile cumpla lo que se comprometió y la base de la negociación sean las promesas que Chile hizo a lo largo de casi un siglo.

-Esa guerra terminó hace más de un siglo…

-Sí, señor…

-Y ese tratado también tiene más de un siglo…

-Exactamente.

-Habiendo pasado tanto tiempo, ¿ustedes creen que el reclamo tiene vigencia aún?

-Primer punto: no estamos reclamando nada con respecto al tratado. Bolivia respeta el tratado. Cumple el tratado.

-¿Qué reclaman entonces?

-La presidenta (Michelle) Bachelet firmó con el presidente Morales la llamada agenda de los 13 puntos. En el punto número 6 está el tema del mar: “Disposición para discutir” la soberanía de Bolivia, un punto que el gobierno de Chile nunca aceptó abrir.

Lo que nosotros decimos es que después del tratado, y al margen del tratado, Chile se comprometió varias veces a darle soberanía a Bolivia al margen del tratado de 1904, y no cumplió. Y existe jurisprudencia al respecto, es decir, eso es jurídicamente válido. En la Corte Internacional de Justicia, cuando un Estado se ha comprometido con otro Estado voluntariamente a hacerlo, tiene la obligación de cumplirlo. Y eso es lo que Bolivia está pidiendo.

-Si recurren a La Haya ¿quiere decir que Chile cerró sus puertas para conversar?

-Nunca están cerradas. Bolivia ha dicho claramente que si Chile quisiera negociar y hacer un diálogo con resultados, Bolivia está dispuesto a ello pero Chile no está dispuesto a entrar en una negociación.

Chile incluso no está dispuesto a aceptar la jurisdicción de la Corte. La objeta. La pregunta que uno se hace es que si Chile es un país democrático como es y respetuoso del derecho internacional ¿por qué no se somete a la jurisdicción de la Justicia como lo hizo con el Perú?

-¿No hay otras alternativas de negociación que no sean tan complejas como pedirle parte de su territorio a Chile, como una zona franca, por ejemplo?

-El concepto de debate de Bolivia no está vinculado a libre tránsito o a una zona franca. Está vinculado a soberanía por una razón básica, porque los costos que implica el tener un acceso con facilidades pero con restricciones es alto y, segundo, porque formar parte activa de la Cuenca del Pacífico, que es la cuenca de desarrollo económico más importante del siglo XXI, es un imperativo en un caso como Bolivia, porque Bolivia tuvo mar. Si hubiese sido un país mediterráneo toda su vida no hay razón para pedir lo que nunca se tuvo, pero en este caso es un elemento estratégico, clave. Hace una diferencia económica fundamental…

-¿Bolivia estaría dispuesto a ceder parte de su territorio a Chile a cambio del mar?

-En el diálogo estamos abiertos a debatir con Chile. Sería imprudente de mi parte mencionar cuáles son los elementos de negociación potenciales de Bolivia.

-Le repito. Si Chile pide a cambio parte del territorio de Bolivia, ¿su Gobierno estaría dispuesto a canjearlo?

-Repito la respuesta, igual que cuando usted me preguntó qué es lo que Bolivia pide, qué superficie, qué terreno… La respuesta es: “no hay ningún preconcepto”. Bolivia no va a plantear antes del fallo de la Corte absolutamente nada, porque sería imprudente, porque generaría prejuicio en una u otra dirección de la otra parte. La lógica de Bolivia es “empezaremos a discutir las condiciones del diálogo cuando el diálogo sea forzado por la Corte en un fallo favorable a Bolivia”.

-Es complicado para gente que miramos desde afuera…

-No es complicado. Nosotros estamos presentando un juicio en un escenario de paz. La Corte Internacional de Justicia ha sido creada para resolver pacíficamente controversias entre Estados. El secreto de nuestra posición pacifista es que no estamos entrando en una lógica de agresividad o de confrontación, no. Estamos encontrando el escenario que el mundo ha creado para resolver conflictos que es la Corte.

-Si Bolivia plantea recuperar su territorio, ¿Paraguay también puede plantear a Argentina y Brasil que devuelvan los territorios que le sacaron en la Guerra de la Triple Alianza?

-Le explico algo que creo que usted no ha entendido bien. ¿Cuál es la diferencia entre la hipótesis que usted plantea?, que al margen del tratado de 1904, Chile, en más de una decena de oportunidades, voluntariamente le ofreció a Bolivia darle salida al mar. Esto quiero que usted lo entienda bien. Chile fue el que nos ofreció el mar. Si Brasil les hubiera ofrecido devolverles a ustedes, podrían hacer un juicio. Pero no lo ha hecho y me da la impresión de que Argentina nunca le ha ofrecido a Paraguay devolverle nada. Me da la impresión de que Gran Bretaña jamás le ha escrito una línea a Argentina sobre las Islas Malvinas. Fue Chile el que nos ofreció una salida soberana al mar. Esa es la diferencia con el reclamo de México con Estados Unidos o de Malvinas con Argentina, que por supuesto Bolivia respalda.

-¿Por qué Bolivia puede jurídicamente y otros no?

-Porque Bolivia no se basa en una voluntad maximalista ni se basa en que quiere modificar un tratado existente. Se basa en los compromisos que Chile hizo. Quiero subrayar: es un tema jurídico. No es un tema de justicia ni de buena voluntad ni que “me han robado y quiero que me devuelvan”, no. Es un tema jurídico.

La Corte Internacional de Justicia reconoce que cuando un país le compromete con algo a otro país, yo puedo demandar a ese país que me ha hecho el compromiso. Si Paraguay tuviera un caso parecido y tiene un documento del Gobierno del Brasil que dice: “Mire, yo estoy dispuesto a devolverle el territorio que le quité”, Paraguay podría hacerlo pero me da la impresión de que eso no ha ocurrido. Es la diferencia de fondo de por qué Bolivia puede hacer este juicio, y eso no modifica en absoluto la arquitectura internacional ni da lugar a que todo el mundo pueda hacer los reclamos que quiera…

-¿La demanda no entorpece el proceso de integración entre los países de la región?

-La respuesta es sí. Chile entorpece este proceso, porque Bolivia no está reclamando 120 mil kilómetros ni está reclamando 400 kilómetros de costa que perdió. Bolivia está reclamando lo que Chile le ofreció. Ese es el punto. Quien entorpece el proceso de integración es un país que habiendo hecho una oferta formal se niega a cumplir su compromiso. Si Bolivia estuviera reclamando la totalidad del territorio perdido probablemente usted tendría razón. Pero la responsabilidad no es de Bolivia. El entorpecimiento del proceso de integración es una respuesta sencillísima de parte de Chile a una petición razonable basada en argumentos jurídicos.

-¿Cuánto puede durar un juicio así?

-El juicio entre Perú y Chile duró seis años.

– ¿Cuál?

-Perú le hizo una demanda a Chile sobre un territorio marítimo y la Corte falló seis años después de que Perú abrió el juicio. Falló mayoritariamente a favor de Perú. Razonablemente esto puede durar cuatro años más o menos. Estamos en el primer año. Pero hemos esperado 110 años. No tenga pena. No estamos preocupados. Podemos esperar seis pero estamos convencidos de que la Corte tiene en nuestra demanda elementos muy fuertes en favor de Bolivia.

-Ustedes no tienen relaciones diplomáticas…

-Bolivia rompió relaciones con Chile en 1978 y la razón es obvia, no es una relación fluida. No está resuelto el problema con Chile y mientras ese problema no se resuelva no habrá relaciones entre Bolivia y Chile…

Fuente: ABC Color

Lluís Salvadó, vicesecretario general de la independentista e histórica formación política Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) alerta en una entrevista con Nóvosti de las amenazas del Gobierno conservador de Mariano Rajoy contra todos aquellos que este domingo saquen las urnas a la calle. Salvadó asegura que Cataluña cuenta con una amplia mayoría de catalanes que quieren un Estado propio fuera de España.

Después de este largo proceso hacia la consulta que el Tribunal Constitucional español ha suspendido, ¿qué ocurrirá el domingo 9 de noviembre?

Es difícil de prever porque todavía no está clara cuál va a ser la respuesta del Gobierno de Rajoy ante la suspensión impuesta por el Constitucional. La delegación del Gobierno aquí en Cataluña está desplegando una serie de amenazas contra alcaldes y funcionarios que deben organizar la consulta. En una carta, recuerda que tienen la obligación de cumplir con las resoluciones del Constitucional, o actuarán en su contra. Las instrucciones de aquí al domingo pueden ser duras o muy duras. Si son duras podremos votar con cierta normalidad, pero si son medidas extremas podemos tener una situación mucho más compleja. Lo que vaya a pasar el domingo no depende tanto de nuestra voluntad, dependerá de las actuaciones del Estado español, unas medidas que pueden ser autoritarias y muy contundentes y que impidan físicamente esta votación.

¿Cuánta participación sería suficiente para dar validez este proceso?

Esta es una consulta descafeinada con resoluciones del Constitucional en contra. Es posible que ello desanime a todos los que pretenden votar no a la independencia. También desanimará a los del sí al Estado, pero no a la independencia. La participación quedará reducida a aquellos que queremos votar sí a la independencia. La comparación con otras consultas será difícil porque por desgracia solo votaremos una parte de los catalanes. Por ello, no nos atrevemos a adelantar una participación porque el contexto, por parte del Estado español, es agresivo, amenazante y represivo. Tendremos más dificultades que en otros procesos electorales homologables, como el de Escocia o en Quebec o en cualquier otro país del mundo donde han tenido la suerte de realizar este proceso con normalidad. Intentaremos que la participación sea lo más elevada posible.

¿Qué pasará a partir de este lunes 10 de noviembre?

Nuestra voluntad coincide con la que expresaron las plataformas ciudadanas Assemblea Nacional de Catalunya y Omnium Cultural de abrir el proceso para una elecciones inmediatas, lo más rápidamente posible, donde podamos votar con normalidad, que sirvan como mandato democrático a nivel internacional de la firme voluntad de los catalanes de acceder a la independencia.

¿Descartan una negociación con el presidente Rajoy?

Cataluña ha sido un país extremadamente dialogante y abierto a la negociación durante muchas décadas, pero hemos llegado a la extenuación. Es una fase que ya está superada. Ha sido infructuosa. La fase de encaje entre Cataluña y España está superada por la inmensa mayoría de catalanes. Es una etapa pasada. De cara al futuro, ERC solo se plantea la negociación, siempre que el resultado electoral nos acompañe, sobre cómo llevamos adelante la independencia de Cataluña.

¿Una mayoría simple sería suficiente para proclamar la independencia?

Las normas internacionales reconocen la mayoría más uno. Si hay un voto más a favor de la Cataluña independiente es suficiente. Igual ocurriría si el resultado fuera al revés. No tiene sentido que juguemos un partido en el cual para ganar los independentistas tengamos que tener dos tercios de los votos y para los unionistas la mayoría más uno sea suficiente. Las normas tienen que ser equivalentes para todos. Pensamos que en el futuro Parlament de Cataluña los independentistas reuniremos o superaremos los dos tercios de la Cámara.

Pero Cataluña está dividida…

Es una sociedad plural y hay gente que opina de forma diversa. Reclamamos solucionar estos desencuentros y diferencias de opiniones por un medio pacífico como son las urnas. Y asumiremos los resultados salgan como salgan como ha pasado en otros lugares, como en Quebec o Escocia y en Puerto Rico.

¿Es confusa la doble pregunta de la consulta?

Es una pregunta que es el resultado de la negociación entre los partidos independistas y federalistas. Hemos pactado una pregunta que no gustaba a los independentistas, pero al final tiene la virtud de que es fruto del consenso. Es una pregunta más inclusiva porque ofrece más alternativas.

Entrevista por: Pilar Casanova

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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