Uno de los principales responsables del modelo de gestión implementado en Rojava comparte con GARA su visión sobre el pasado más reciente de Siria, y las opciones de ésta para salir del abismo.

Hussein Taza al Azam (Qamishlo, 1958) nos recibe en el salón donde se reúne el consejo que dirige el cantón de Yazira desde enero de este año. Doctorado en Económicas por la Universidad de Bucarest y disidente histórico, Azam asegura que también conoce muy bien la realidad de la vecina Iraq, donde pasó 14 años tras permanecer durante dos en las cárceles de Assad. En 2003 volvió a Siria gracias a la mediación del propio Presidente de Kurdistán Sur, Masud Barzani. “Me arrestaron 14 veces, en las que pasaba entre 10 y 15 días en la cárcel. Pero eso forma parte del pasado”, relata este hombre de formas pausadas que asegura sentirse mucho más preocupado por el futuro, “el más inmediato”.

-¿Cómo surge la idea del Autogobierno Democrático?

-El estallido de la guerra trajo un vacío de poder a la región. Alguien tenía que gobernar, proteger el territorio, administrar los recursos, recoger la basura… representantes de las distintas comunidades tuvimos que organizarnos para sobrevivir y atender nuestras necesidades más inmediatas en un momento de crisis.

-Usted es árabe pero apostó por la “tercera vía” impulsada principalmente por los kurdos. ¿Por qué?

-No me veo a mi mismo como a un árabe que ostenta un cargo de responsabilidad. Me considero un ciudadano sirio que sirve a su comunidad, y no a su grupo étnico o a la secta religiosa a la que pertenece. Esa es una de las claves del éxito de nuestro Gobierno, y lo que nos diferencia del resto de los actores en Siria. Los Assad nunca aceptaron la diversidad del país, nunca quisieron entender que hay otros componentes además de los árabes, como los siriacos, los circasianos, los kurdos… Fueron especialmente crueles con estos últimos hasta el punto de intentar arabizar la zona desplazando colonos árabes a la fuerza a las zonas de mayoría kurda como ésta. Su objetivo era estrangular a los kurdos locales quitándoles sus tierras, privándoles de la ciudadanía y obligándoles al exilio, o a la asimilación entre los árabes recién llegados. Muchos de ellos murieron en las cárceles o desparecieron en las manos del régimen sin que se supiera nunca más de ellos.

-¿Existe algún plan para contrarrestar dicha campaña de arabización como en el caso de Kirkuk (Kurdistán Sur)?

-Afortunadamente los problemas entre kurdos y árabes aquí ya están resueltos por lo que no se ha previsto ningún nuevo desplazamiento forzoso. En cualquier caso, estas familias nunca se integraron, ni con los kurdos, ni tampoco con los árabes locales. Muchos de ellos se fueron pero los que se quedaron son hoy propietarios de tierras expropiadas por Damasco. Una gran parte de ellos siguen siendo leal al régimen pero, por el momento, hemos evitado la confrontación con éxito.

-Desde varios sectores se acusa al Partido del la Unión Democrática (PYD) de jugar un papel dominante en la región. ¿Qué opina?

-No estoy de acuerdo. En el Gobierno de Yazira hay representantes de 11 partidos políticos junto a otros independientes. No cabe duda de que el PYD ha jugado un papel fundamental a la hora de vertebrar nuestro modelo pero, a día de hoy, las decisiones se toman de forma consensuada entre todos. Los que arrojan dichas acusaciones son sectores cercanos a Masud Barzani, que sólo busca interferir en nuestras decisiones a través de sus filiales en la zona. Tenemos al Estado Islámico a las puertas de Yazira, y en las calles de Kobani. ¿A qué están esperando para actuar? Por el momento ni tienen ni un solo mártir en esta guerra cuando todos sabemos que nos enfrentamos a un enemigo terrible. Sabemos de las armas que robaron de Iraq, pero no de las que se han llevado de Siria. El Estado Islámico es como un virus creado en un laboratorio con colaboración internacional, pero que ha escapado de su control. Barzani y sus allegados en Siria han de entender que vivimos una situación de total emergencia, y que la implicación de todos es imprescindible para nuestra mera supervivencia.

-¿Cómo se puede poner fin a la guerra en Siria?

-Hoy sabemos que Occidente no quiere que Assad se vaya porque no tiene a nadie para reemplazarle. La guerra no acabará en un futuro próximo porque el de Siria es un conflicto en el que colisionan muchos intereses ajenos al país. Por una parte tenemos a Irán y Rusia apoyando a Assad; por otra, a la CIA, Qatar, Turquía y Arabia Saudí apoyando al Consejo Nacional Sirio (el organismo que engloba a algunos componentes de la oposición)… El futuro del país ha de volver a nuestras manos. Hasta entonces, los sirios debemos permanecer unidos y proteger lo que queda de Siria al margen de diferencias religiosas y/o étnicas. Estoy convencido de que el Autogobierno Democrático ha de ser un referente no sólo para Siria, sino para todo Oriente Medio. Hablamos de una región gobernada por tiranos, algunos de los cuales buscan perpetuar su régimen a través de su línea familiar, como ha sido el caso de los Assad. Y ese es un estadio que debemos superar todos juntos.

Entrevista por: Gara

 

En días pasados el ministro de Economía, Axel Kicillof, cumplió en Washington con una agenda de locos en 48 horas: reunión con el comité de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); con los representantes de los países no desarrollados de América, Asia y Africa (G-24); exposición frente al Council of the Americas; junta con los ministros y presidentes de los bancos centrales del G-20; asistencia a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; encuentros bilaterales con expertos en economía y finanzas, académicos, tanques pensantes.

Ámbitos resbaladizos, complejos, en los que el ministro se refirió, invariablemente, a los fondos buitres. En la delegación argentina, observó: “intentaron embargar esta misma embajada… esta tarima, todo”.

Ahora, en el legendario quinto piso del Ministerio de Economía (edificio de estilo mussoliniano o sovietista inaugurado en 1939 por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, y bombardeado con artillería pesada por los militares que en 1955 derrocaron a Juan D. Perón), el clima resulta poco alentador para una entrevista distendida. El tiempo apremia. Frenético es el ritmo de trabajo, los buitres internos y externos acechan, y el termómetro marca 33 grados, clavando un puñal en la primavera porteña.

Hace un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner nombró a Kicillof, un escriba de La Nación aludió, insidiosamente, al origen rabínico del ministro. Observación distinta a la que el centenario diario oligárquico prodigó en marzo de 1976 al ministro de Economía de la Junta Militar, el muy católico y devoto José Alfredo Martínez de Hoz. Apellido de origen patricio que, sin nombrarse, figura en placa de bronce a la entrada del edificio: en homenaje a los desaparecidos que trabajaron en el Ministerio de Economía y Producción, y en repudio a la instauración del plan económico de la dictadura militar.

Parábolas de la historia: en el amplio despacho donde Martínez de Hoz modernizaba la economía desapareciendo a los trabajadores, Kicillof abraza al enviado de La Jornada con un brazo extendido y el otro sosteniendo un teléfono celular. Surge, entonces, una situación insólita: “perdone usted señor minist…doct… ¿puedo tutearlo?” Pegando un sorbo a la bombilla del mate, el ministro sonríe: te saludé de beso, ¿no? Hábito que, en efecto, fue impuesto por las juventudes argentinas en los años 80, con la vuelta a la democracia, el abandono de la clandestinidad y el retorno de los exiliados. Una época que Kicillof evoca así:

“Entré a la política en el centro de estudiantes de mi colegio, el Nacional Buenos Aires, con la llamada ‘primavera alfonsinista’. El centro era conducido por el Partido Comunista, que lo había mantenido en la clandestinidad. Apoyamos la orientación antimperialista de la juventud radical, y su aliento yrigoyenista, popular, vinculado al eje de la campaña: los derechos humanos. Aquello fue una explosión de militancia y ‘destape’.

“Me nombran delegado del Centro, dejamos de usar corbata (que era obligatoria), y el pelo a dos dedos de la camisa. La Comisión Nacional de Desaparecidos difundía masivamente hechos que la sociedad en su conjunto desconocía, o que no quería saber o decir. Buena parte de la clase media profesional urbana, de la que provenía mi familia, tenía un exiliado o un desaparecido. Los que hoy me acompañan en ‘La Cámpora’ (agrupación kirchnerista) entraron con mucha confianza en la política.

Tras ello, la rápida decepción con el proceso alfonsinista. Con dos componentes: el alfonsinismo, que había llegado al gobierno con la idea de castigar los crímenes de lesa humanidad, terminó decretando, por razones fácticas, las leyes de obediencia debida y punto final. Y luego, la amnistía de Menem a los pocos militares que estaban presos.”

–¿Qué te llamó la atención del kirchnerismo?

–Muchos de los que hoy estamos en este proceso, advertimos que con Néstor Kirchner la política volvía a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos. El propio discurso alfonsinista reconoció que la renuncia de Alfonsín fue un golpe de mercado. Los militares detuvieron el proceso de juzgar los crímenes de lesa humanidad, y los banqueros se negaron a un crecimiento con orientación más popular.

–¿Ahí es cuando descubres la inexistencia de la economía en abstracto?

–Claro, pero lo decisivo fue la resistencia contra el neoliberalismo, que había causado un gran desprestigio de la política y los partidos. Época del zapatismo, del que se vayan todos, de la horizontalidad en las organizaciones, de la discusión de la política clásica en cualquiera de sus vertientes. Pero también de muchísimo retroceso en los movimientos organizados, tanto políticos como obreros, y que a nivel de los intelectuales y las universidades engendró una resistencia a la defensiva y bastante impotente.

El modelo K

–¿Es posible luchar contra el capitalismo dentro del capitalismo?

–En 2003, cuando arranca este proceso, muchos intuimos que se venía una posibilidad de transformación real. Con el kirchnerismo renació la causa de los derechos humanos, y las potencialidades de un proyecto económico transformador. Pero no de lucha contra el capitalismo dentro del capitalismo. Creo que en los países periféricos –y no quisiera ahora abrir la clásica discusión sobre las etapas– hay que reconstruir el capitalismo. El desguace del Estado y de la economía habían convertido a nuestro país y los de América Latina en coto de caza de las finanzas, de los servicios, de reciclaje de los capitales de los países centrales y de una pérdida de las propias reglas de acumulación del capital. Habían dinamitado todo. Entonces, con base en los trabajadores, industriales y empresarios nuestro proyecto apuntó a la reindustrialización, ampliando la base productiva y tecnológica que permita la reproducción del capital, la inversión y, por sobre todo, la reconstitución de un mercado interno.

–¿El empresario argentino entiende la importancia de cambiar la matriz productiva del país?

–Ahí está el nudo. Al empresario que invierte, que toma riesgos, que siente apego por su país, el Estado tiene que brindarle una suerte de biosfera para que pueda prosperar. A los que en estos años apostaron a la inversión y la producción, les fue bien. La idea del empresario ausentista (como alguna vez fue el terrateniente ausentista), que junta un capital y lo resguarda en el exterior sacándolo del ciclo productivo, tuvo mucho que ver con el Estado ausente que no genera condiciones de estabilidad y de acumulación. Dicen que el gobierno no da seguridad jurídica, certidumbre, que no hay clima de negocios. Pero el Estado argentino ya no está colonizado por los empresarios. La etapa en que nos hallamos busca la reconstrucción del tejido social, de la clase trabajadora y de un sector empresarial auténtico.

–Como fuere, el proyecto es capitalista…

–Así es. Pero no un capitalismo rentista, de saqueo, extranjerizado y hostil a que Argentina crezca con base en su capacidad productiva, generando una mejor distribución de la riqueza. O sea: crecimiento con inclusión social. Algo que no marcha separado, sino que es la misma cosa. Durante décadas se nos dijo que primero había que crecer para después distribuir. Sin embargo, creo que en países como el nuestro es a la inversa: hay que distribuir para que, con base en el mayor poder adquisitivo de los salarios y la reconstitución del mercado interno, aparezcan oportunidades de inversión que permitan el crecimiento.

–Durante el proceso de recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) decías que la gestión del grupo Repsol incurrió en depredación, desinversión y desabastecimiento. Y que lo grave no había sido la privatización, sino la desnacionalización de YPF…

–En efecto. Pero también otros elementos del sector energético se imbrican en la política general. Nosotros entendemos que la energía es un recurso nacional, y que el Estado tiene que ejercer soberanía sobre sus recursos. Esto quiere decir que no podemos crecer con salarios bajos en dólares, o que nos convirtamos en plataforma internacional de ensamblaje. La tradición industrial y trabajadora de los argentinos también cuenta. Disponemos de energía, pero no somos un país exportador de petróleo y gas.

Durante mucho tiempo Argentina se autoabasteció. Entonces, a partir de 2003, fijamos a los recursos energéticos precios internos, desdoblados de los externos. ¿Por qué? Porque las empresas veían que los precios internos estaban muy por debajo de los internacionales. Pero si poníamos el precio a escala internacional, matábamos la industria doméstica. Y esto hizo crujir el esquema neoliberal heredado de los años 90. Al que no le interesaba, obviamente, la participación del Estado.

“Cuando las empresas del sector energético analizaban los proyectos de inversión, concluían que no era negocio vender el barril de petróleo interno a 40 dólares, mientras afuera estaba a 90 dólares. Y cuando competían en los distintos proyectos de inversión usaban la rentabilidad internacional y la producida en nuestro país para sus proyectos en el exterior. Las petroleras eran rentables en el país, pero mucho menos rentables que en otros lugares del mundo. Por tanto, se llevaban los recursos internos para sus proyectos externos, financiándolos con las ganancias obtenidas en Argentina. Así, mientras menos invertían, más rentabilidad tenían.

Era un problema estructural, y agravado porque la desregulación no ofrecía instrumentos para dirigir las inversiones. Con lo cual, en estos años, llevamos una relación tensa con las empresas, porque el gobierno presionaba para que reinvirtieran los excedentes producidos en el país, y grupos como Repsol (que se había quedado con YPF) se llevaban todas las utilidades al exterior.

–¿Todas las empresas energéticas actuaban igual que Repsol?

–Las de capital nacional respondieron mejor, y las extranjeras peor porque tenían, como dije, otros proyectos de inversión a los que dirigían sus recursos. Argentina no requería de recursos nuevos. Digámoslo con claridad: si el precio de salida de un barril de petróleo podía ser de 17 dólares en Argentina, el de venta era de 70 dólares. Diferencia que generaba una enorme rentabilidad. Pero a su vez especulaban con vender el barril a 100 dólares. Esto llevó a despreciar las inversiones en nuestro país.

Inflación y emisión monetaria

–¿La emisión genera necesariamente inflación?

–Sí y no. Esa es una de las discusiones más antiguas de la teoría económica. Mi tesis doctoral trató sobre Keynes, porque mis profesores aseguraban ser keynesianos. Pero nunca nos enseñaron a Keynes. En los años 90 hubo una colonización tal en la teoría económica, que en realidad eran todos monetaristas. Entonces, leo por mi cuenta la Teoría general del empleo, el interés y el dinero de Keynes, y encuentro que el inventor de la idea de que no hay proporcionalidad entre precios y emisión es Keynes. Un teórico monetario que explica que si yo emito más dinero, hay que ver qué se hace con él. Los monetaristas de la Escuela de Chicago –que fueron parte integrante de la dictadura militar– sostienen que el aumento de la emisión se refleja en los precios. Pero hay algo que no dicen: primero, que en ninguna economía periférica hay pleno empleo; segundo, que si hay más capacidad productiva se puede generar más empleo.

–Sin embargo, los monetaristas continúan defendiendo a brazo partido sus teorías…

–Y hasta yo podría decir que la teoría monetarista conlleva algo de realidad. Sin embargo, no la tiene. Porque cuando yo estudio, la tasa de desempleo era de 18 por ciento, y después alcanzó 25 por ciento. Así es que nadie me va a convencer de que la emisión no puede tener un efecto dinamizador sobre el crédito. En estos años recientes, Estados Unidos triplicó la base monetaria, y están en una situación deflacionaria. Y Gran Bretaña la quintuplicó. Por consiguiente, no hay una relación directa entre base monetaria y nivel de precios. ¿Por qué? Porque no hay pleno empleo. La gran mentira del monetarismo asegura que no se puede dinamizar el crédito, que no existe la política monetaria. Pero en Argentina sí existió con la convertibilidad y la dolarización que amputaron, dolorosamente, las atribuciones del Estado en su política económica y monetaria.

–¿Y el impacto de la emisión sobre la inflación?

–Podemos discutir el papel de la emisión en un proceso inflacionario. Indudablemente, hay mucho que discutir. Pero la premisa de que la emisión se va a precios, es mentira. En economía, nadie serio cree mecánicamente en la idea cuantitativa del dinero. Más bien se trata de un lema para impedir que países como el nuestro apliquen una política monetaria en su propio beneficio, y en beneficio de la producción y el empleo.

–¿Ha sido exitosa la política de precios cuidados?

–Me parece que sí, porque en Argentina el sistema de comercialización concentrado opera con márgenes muy altos de rentabilidad. De un lado, oprimen al consumidor; por el otro, al productor. Esto no ocurre en los países desarrollados, con políticas de inversión y competencia más fuerte, y cadenas comerciales más abiertas. Pero acá tenemos cinco cadenas de supermercados, que si en el corto plazo quieren generar movimientos de los precios, lo pueden hacer. Conducta que siempre justifican con el pretexto de que ven peligros de devaluación, peligros de no sé qué y entonces, preventivamente, elevan los precios.

–Los sectores de oposición emplean el vocablo control…

–La idea central de precios cuidados consiste en monitorear los costos para que no haya abusos en los precios. No es un congelamiento de precios. Eso de que los precios se mueven caóticamente también es funcional a las rentabilidades extraordinarias de la cadena comercial y de los productores concentrados.

–Por último, ¿serán derrotados los fondos buitres?

–A finales de año, cuando desaparezcan los instrumentos que los fondos buitres han utilizado para la extorsión, habrá mejores posibilidades para dialogar con los acreedores que optaron por quedar fuera de la restructuración de la deuda. El default más grande de nuestra historia fue causado por el neoliberalismo. Y lo arreglamos muy bien. Pero ahí apareció el pequeño grupo de abogados, más que de financistas, y un juez que se hizo eco de esto. Muchos gobiernos, entre ellos México, acompañaron nuestra posición, y mostraron buena disposición frente a un problema que no quisieran ver reflejado en el espejo de su porvenir.

Fuente:  La Jornada de México

Piedad Córdoba es, a esta altura, un símbolo de la búsqueda de los caminos de la paz en Colombia. Abogada, activista por los derechos humanos, ex senadora destituida e inhabilitada en 2010 tras una turbia maniobra de la ultraderecha colombiana, se transformó en una pieza clave para tender puentes entre las guerrillas y el Gobierno. Al cumplir dos años la mesa de negociación en La Habana, la “Negra” se muestra optimista sobre la posibilidad de que se logre poner fin al conflicto armado más largo de la región.

-Se acaban de cumplir dos años del inicio formal de los Diálogos de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. ¿Qué balance hace de este recorrido y cuáles son las expectativas de que se llegue a un acuerdo final?

-Las expectativas de la mesa de La Habana son demasiado alentadoras, esperanzadoras. Creo que independientemente de que el Gobierno haya tratado de limitar la agenda, las FARC han logrado, con mucha imaginación, colocar sobre la mesa debates y asuntos que tienen que ver con la estructura económica, política, social y cultural del país. Se han logrado también, incluso a pesar de las adversidades, convocar a la sociedad civil, que lleguen las propuestas y las esperanzas de la gente.

De todas maneras, la paz no sólo se reduce a la discusión en La Habana. Nosotros estamos alumbrados por la esperanza de una Asamblea Nacional Constituyente. Creemos que, a pesar de que se ha tratado de contraer todo el debate de La Habana, mantenerlo alejado de la sociedad, este es el tema más importante del país. Son más de 50 años en guerra. Colombia es un país que todavía tiene unas élites muy poderosas que lo mantienen en un status quo de neoliberalismo, por lo tanto la ventana de esperanza y la ventana de oxigenación está en el proceso de paz.

-¿Por qué cree que en esta etapa sí están dadas las condiciones para llegar al fin del conflicto armado?

-Porque hay más gente involucrada desde la sociedad, porque creo que hay mucha madurez en términos del debate político por parte de las FARC, y al Gobierno, así sea por las ventajas que le traiga para la inversión extranjera despejar el territorio, le ha tocado cada vez más montarse en el bus de la paz y ya le queda muy difícil ir hacia atrás.

-¿Cómo imagina una etapa posterior a un eventual acuerdo en las negociaciones? ¿Cuáles son los desafíos y las tareas para lo que se viene en caso de que los diálogos lleguen a buen puerto?

-Los desafíos son muchos. Aplicar esos acuerdos, conseguir que se hagan por ejemplo a través de una Asamblea Constituyente o de un mecanismo de refrendación, posibilitar un debate sereno en un país atravesado por tantas amenazas, muertes, desapariciones, masacres, desplazamientos, pero sobre todo un territorio como el colombiano que se ha convertido en una especie de transbordador del neoliberalismo y de los intereses imperialistas de los EE.UU., no es nada fácil. Un país donde hay un macartismo, un señalamiento muy fuerte hacia quienes defendemos otro modelo, o hacia quienes hemos abrazado de manera definitiva la tesis del socialismo bolivariano que integra a toda la región, es decir, el sueño de Bolívar, de Artigas, de San Martín, Zamora, Martí, de Fidel, de Chávez… Por eso, lo que viene posterior a la firma de los acuerdos va a ser tan o más difícil que los acuerdos mismos.

No tan Santo

-En las últimas elecciones presidenciales, usted y muchos sectores de la izquierda colombiana llamaron a votar por Santos en la segunda vuelta. ¿Cómo explica ese posicionamiento y cuál es su lectura del actual gobierno?

-Lo que tiene que quedar muy en claro es que nosotros no compartimos el modelo de desarrollo de Santos, tenemos absolutamente claro que él es una expresión genuina del neoliberalismo, que está tratando de aplicar la fórmula del consenso de Washington y que no es nada diferente a lo que ya conocíamos. Ahora, para nosotros era muy importante que continúe el proceso de paz, las conversaciones en La Habana, el inicio de los diálogos con el ELN… Y eso fue lo que nosotros dijimos, que no significa que estuviéramos apoyando sus propuestas. Estamos absolutamente convencidos de que nuestras propuestas no coinciden con las suyas ni con la concepción que tiene de la paz, pero estamos seguros que si se dan los acuerdos se abre un debate nacional sobre las reformas estructurales. Y es ahí donde nos vamos a distanciar. Pero que quede claro: ni apoyamos la concepción que tiene sobre la paz ni su modelo de desarrollo. Para nosotros, además, es fundamental una defensa de la integración latinoamericana, que se fundamenta en el ALBA, Unasur y la defensa de todos estos acuerdos regionales para el progreso y el desarrollo de toda la región.

-Si bien Santos fue ministro del expresidente Álvaro Uribe, fue muy inteligente en desmarcarse una vez que llegó al Gobierno, mostrando un pragmatismo y una impronta distinta a la guerrerista de su antecesor y ubicándolo como su principal enemigo…

-Es una pelea entre ellos por el poder, pero Santos apoyó muchas de las cosas que hizo Uribe. Aunque tenemos que ser muy cuidadosos de que eso no impida que podamos unirnos en la búsqueda de la construcción de la paz que requiere Colombia.

América late

-En la última década avanzó un inédito proceso de integración en América Latina y el Caribe. Algunos dicen que en los últimos años ese impulso se ha venido frenando, sobre todo a partir de la pérdida de Hugo Chávez y el surgimiento de la Alianza del Pacífico. ¿Cómo analiza la etapa que atraviesa la región?

-Es una etapa que de alguna manera podía esperarse, no podíamos pensar que la derecha se iba a quedar cruzada de brazos. Por eso monta la Alianza del Pacífico, por eso monta NTN24, por eso monta una estrategia de descrédito a todos los que son gobernantes “de nuevo cuño”, democráticos, por eso le monta desestabilizaciones a esos países. Y eso aunado obviamente al suceso fatal que fue la muerte del Comandante Chávez. Evidentemente han aprovechado la circunstancia para poner a tambalear todo este proceso de unidad latinoamericana. Ya empezaron a mostrar las uñas, buscan el retorno del neoliberalismo como hicieron con los golpes de Estado en Paraguay y Honduras. Entonces, creo que son tiempos difíciles, pero son tiempos de agarrar el timón, de agarrar el toro por los cuernos, de defender lo que ha avanzado la región, de revisar lo que hemos hecho de manera errática o que no nos ha funcionado pero mantenernos en la unidad latinoamericana y defender los logros conquistados.

-¿Cuáles serían esos aspectos a rectificar?

-Creo que hay elementos que tienen que ver con las consultas a la misma sociedad, al movimiento social, a las organizaciones, conectarnos políticamente y salir de algunos autoritarismos que nos han distanciado de las personas, como también ser capaces de decir “esta estrategia no funciona, vamos a cambiarla por otra, vamos a repensarla de otra manera”. Y creo que eso no es malo, simplemente hay que asumir que estamos enfrentados a unos enemigos feroces.

-Usted fue una de las principales denunciantes del crecimiento del paramilitarismo en la región y sus nexos políticos. ¿Cómo juegan estos grupos en los intentos de desestabilización, particularmente en Venezuela?

-No es un hecho novedoso la manera en cómo se ha ido instalando el paramilitarismo en toda la región, cómo se ha consolidado, cómo ha logrado desestabilizar al movimiento popular, asesinando muchísimos dirigentes. Es una amenaza muy grande porque ya está absolutamente comprobado que tuvieron mucho que ver con las “guarimbas” en Venezuela. Es la “regionalización” del paramilitarismo.

-Y el gobierno de Santos, ¿es responsable? ¿Cómplice?

-El Estado colombiano es responsable desde hace muchos años. No solamente Santos, Santos es una pieza, Uribe es una pieza fundamental, pero esto viene ya de mucho tiempo atrás. Y si el paramilitarismo no se desmonta en el país los acuerdos de paz no se van a dar.

-Se percibe en estos últimos años una maduración importante del movimiento popular colombiano. ¿Cómo avanza el proceso de Marcha Patriótica, la perspectiva de unidad con otros espacios y qué grado de persecución siguen padeciendo?

-Es muy lamentable tener que reconocer que la andanada contra Marcha Patriótica ya da cuenta de al menos 70 compañeros asesinados en sólo dos años. A pesar de eso, el movimiento sigue, tiene mucha fuerza en lo rural, en las regiones, en los jóvenes, en las minorías étnicas y vamos avanzando, aun tímidamente, a tener un espacio en lo urbano. Es muy importante el crecimiento del movimiento social en el país. Es cierto: hoy más que nunca hay un fortalecimiento del campo popular, independientemente de que sigue habiendo persecución, señalamiento, asesinatos. Marcha Patriótica es una esperanza desde donde estamos haciendo un gran esfuerzo por lograr conformar un frente amplio, no solamente con lo que es este proceso sino mucho más allá, que tiene que ver con la construcción de las estructuras constitucionales, legales, sociales y de poder popular para poder aspirar a un cambio en el país.

Fuente: Marcha

El encuentro de los presidentes José Mujica y Vladímir Putin ha dado un empuje muy grande a las relaciones entre Uruguay y Rusia, considera el presidente de la Cámara de Representantes de la Asamblea General de Uruguay, Aníbal Pereyra.

Presidente, ¿nos puede contar cómo ha ido esta visita a Rusia y cómo ve el desarrollo de las relaciones bilaterales?

La verdad es que hasta el momento las relaciones han sido excelentes. Hemos tenido una serie de entrevistas muy importantes y tenemos que decir que esta visita es muy fructífera. Destacamos que este año se han celebrado una serie de encuentros muy importantes para los dos países. En junio el vicepresidente de Uruguay, Danilo Astori, junto al vicecanciller, Luis Porto, visitaron este país, donde se reunieron con el vicecanciller de Rusia. En febrero, después de más de 20 años, se reanuda el grupo de trabajo técnico bilateral. El encuentro de nuestros dos presidentes, José Mujica y Vladímir Putin, también le han dado un empuje muy grande a nuestras relaciones. Y nuestra visita está enmarcada en esa línea de trabajo: seguir intensificando y seguir acercando nuestros pueblos.

Presidente, en realidad, ha sido el año más intenso desde el punto de vista político en las ya largas relaciones de Rusia y Uruguay.

Uruguay y Rusia mantienen relaciones desde hace más de 150 años. Y siempre hemos tenido las relaciones muy sólidas. Aún en los tiempos de la Unión Soviética Uruguay fue el primer país sudamericano que mantuvo relaciones con esta nación y hemos mantenido estas relaciones durante años. Ahora, en este último año, ha habido avances importantes en nuestro relacionamiento. Rusia para nosotros es uno de los principales socios comerciales. En ese contexto es importante que los resultados de las elecciones que se realizaron en Bolivia, Brasil y Uruguay hayan mantenido la línea de los Gobiernos que están en esos países, con lo que las relaciones de estas tres naciones con Rusia seguirán fortaleciendo. Eso significa también un dato de estabilidad y de certeza en nuestras relaciones.

Presidente, ¿cree Usted que el relevo que va a producirse en la presidencia de la República Oriental de alguna manera podrá afectar las relaciones entre ambos países, es decir, que la relación va a ser más estrecha o, al contrario, se producirá un cierto alejamiento entre Rusia y Uruguay?

Se mantendrá la línea trazada en estos últimos años, porque el gobernante Frente Amplio ya ha obtenido en la primera vuelta la mayoría parlamentaria en la Cámara de los Diputados. Por lo tanto, la decisión que Uruguay va a tomar el 30 de noviembre va a ir en el sentido de seguir este camino que se ha trazado en los últimos diez años con el Gobierno del Frente Amplio. Cambia el presidente porque en nuestro país no existe una reelección continua. Sin embargo, Mujica fue el senador más votado en estas elecciones, por lo tanto, todos estos procesos determinan para nosotros la profundización de las relaciones que hemos renovado con fuerza con Rusia.

¿Podría resumir la reunión que mantuvo con el canciller ruso, Serguéi Lavrov?

Fue para nosotros una reunión muy positiva. Nosotros realmente destacamos el clima del intercambio y la calidez del mismo. El canciller hizo un repaso de nuestras relaciones y de los puntos que están en el centro de la política exterior de Rusia y de las que están en la agenda. Compartimos esas apreciaciones, en particular, sobre el rol de Uruguay y de América Latina en el contexto internacional. También Lavrov vio con muy buenos ojos los resultados de las elecciones en América Latina, puesto que implican el mantenimiento y la profundización de las políticas en materia de relación con Rusia. En ese sentido hubo un encuentro muy ameno. Además, destacamos los dos países la importancia de la reanudación de la comisión técnica que en febrero se reúne en Montevideo. Y eso desde el año noventa no sucedía. Entonces los dos países estamos muy gratificados por estos hechos. También nosotros quedamos muy complacidos con las reuniones que hemos mantenido con todos los bloques parlamentarios rusos. De modo que nos parece importante esta visita a Moscú en el marco de este proceso de relacionamiento que se ha intensificado en los últimos tiempos.

Entrevista por: Ria Novosti

El politólogo Atilio Boron analiza el escenario en la región tras la victoria de Dilma en Brasil y la primera vuelta en Uruguay. En diálogo con el programa radial La Revancha, reflexiona también sobre el dilema del “mal menor” en los procesos electorales.

- Finalmente, en Brasil ganó Dilma en la segunda vuelta, ¿cómo hubiera impactado en América Latina una victoria de Aécio Neves?

- La victoria de Aécio hubiese significado que Obama se instale en Brasilia. Es el hombre de la embajada y por lo tanto fue el candidato de los Estados Unidos. Hubiese sido un parate para los procesos de integración latinoamericana y un retroceso muy grande en lo que es la Unasur. Hubo una influencia muy negativa en las elecciones de Brasil, y sobre todo en la primera vuelta en Uruguay.

- Se tuvo que ir a segunda vuelta en Brasil y en Uruguay. En Argentina todo indica que las fuerzas que competirán no podrán sacar una mayoría clara. ¿Se ve en este ascenso de los sectores de oposición un estancamiento de los procesos gubernamentales?

- Evidentemente, son procesos que están pasando por un momento muy duro. No podemos olvidarnos que hay una brutal contraofensiva de Estados Unidos en este momento para tratar de controlar la situación y de volver a la normalidad latinoamericana. La normalidad latinoamericana sería un continente que esté totalmente sometido a la influencia, a los deseos y las preferencias de los Estados Unidos. Ese es el objetivo. Lo que digo en algunos escritos es que a Obama se le planteó eso como tarea antes de que concluya su mandato: tiene que normalizar América Latina, que quiere decir volver como estaba antes del triunfo de la Revolución Cubana.

En ese contexto, de una ofensiva muy fuerte, de una guerra económica, de terrorismo mediático y sabotajes de todo tipo, es obvio que países como Venezuela, Ecuador y Bolivia están recibiendo impactos demoledores y, por lo tanto, los procesos se han ido lentificando. Además, hay un dato significativo que es la crisis de la economía mundial, que evidentemente influye de manera muy fuerte sobre la viabilidad de estos procesos. No es lo mismo un proceso de transformaciones en un contexto de expansión de la demanda de los commodities latinoamericanos, que un proceso que se hace en un marco recesivo como el actual. Esto debilita los procesos. La campaña de la contraofensiva de la restauración conservadora, como la llama Correa. Si hubiese ganado Aécio, tendríamos un salto de calidad en esa campaña y seguramente hubiera condicionado de manera muy negativa el modelo político de toda la región, comenzando por Uruguay y, por supuesto, fortaleciendo a la derecha argentina.

- En esta contraofensiva e intento de restauración conservadora por parte de Estados Unidos, ¿distinguís, además, factores internos de cada proceso?

- Yo digo que si hay una marca que tiene un análisis desde una perspectiva marxista, es precisamente la idea de la reconstrucción, la idea de la totalidad. La totalidad supone que tenés que manejar todo el cúmulo de factores y variables internas e internacionales. Estos países no viven en un aislamiento absoluto, son parte de un sistema que ha sido caracterizado hasta por la propia derecha norteamericana y europea como imperial. Ellos no quieren decir imperialista, porque la palabra tiene una connotación muy dura, pero sí como un sistema imperial. Entonces, en el contexto de ese sistema imperial, los factores locales juegan de determinada manera.

No es lo mismo para la derecha radical venezolana que en Estados Unidos gobierne Obama que un presidente del Tea Party. No es que Obama no hizo lo suficiente, molestó y mucho, pero con un presidente del Tea Party la cosa puede ser mucho más grave y puede inclusive desembocar en una invasión a Venezuela. En la política doméstica de la Argentina, no es lo mismo un Brasil volcado al liberalismo, proponiendo un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y poniéndole acta de defunción al Mercosur y a la Unasur, que un gobierno que llega teniendo una política latinoamericanista de apoyo a los procesos emancipadores, por más que esos procesos tengan tropiezos, no sean avances rectilíneos hacia la cumbre del socialismo.

Eso no existe, o existe solo en los libros o en la imaginación de algunas cabezas un poco recalentadas, pero los procesos históricos son avances, retrocesos, estancamientos, nuevos avances. Lo que pasa es que en esos procesos de cuadros complejos tener un cuadro internacional favorable siempre es de gran ayuda.

- ¿Creés que los gobiernos de Dilma y de Tabaré -en caso de que gane- tendrán la voluntad de tomar medidas para la profundización?

- Yo tengo mis grandes dudas. Pero tengo menos dudas acerca del retroceso que venía si ganaban Lacalle Pou o Aécio. En relación a estos dos tengo muchas menos dudas. Tengo muchas dudas sobre la vocación, sobre la voluntad, sobre la posibilidad transformadora reafirmada del PT en caso de ganar la elección. Dio muestras a lo largo de doce años de haber cometido errores estratégicos y fundamentales al comienzo del gobierno de Lula, como desarmar ese enorme movimiento social que catapultó al PT al poder en el 2002.

Entonces hay que ver si tiene la fuerza, la inteligencia, el liderazgo, si tienen la gente, los cuadros y la militancia para relanzar un movimiento muy fuerte. Si no se produce esta reactivación del movimiento popular, yo creo que va a terminar exactamente igual que ahora y probablemente con una acusación institucional en el Congreso que termine sacándola del poder antes de lo que ella pensaba.

- Ante este análisis sobre Brasil, cuesta no trasladarse a la Argentina de 2015. ¿Te parece que la izquierda se encontrará ante esta situación del mal menor?

- La vida política nos enfrenta a dilemas que no son los que uno quiere. En 1983 tenías a Alfonsín o a Luder. No era que Alfonsín fuera la promesa de la revolución socialista o del avance al socialismo como a mí me hubiera gustado, pero lo otro era la quema del cajón y volver a lo peor del peronismo. Creo que en el caso de Brasil ahora está pasando lo mismo. En Colombia, hace tres meses pasó lo mismo, tuvieron que votar entre un títere de Uribe o Juan Manuel Santos. Santos es un tipo que por lo menos mantiene un diálogo de paz y por lo menos iba a garantizar una cierta libertad democrática a los movimientos contestatarios. Zuluaga te metía en la cárcel o te desaparecía, esa era la opción real, no era una opción entre reforma y revolución, era una opción entre un gobierno recontra conservador como el de Zuluaga y un gobierno un poco menos conservador.

Lo que yo le digo a la gente de izquierda, que está un poco -pienso yo- desconcertada con todo esto, es que concuerdo con todas las críticas que se le han hecho al PT. Fui muy duro desde el año 2003, cuando le envié un memorándum a Lula advirtiéndole de algunos problemas que tuvo en su gestión de gobierno. Si alguien dice que Aécio es lo mismo que Dilma, lo que tengo derecho a pedirle es que me diga cuál es la estrategia insurreccional que tenemos. Si la estrategia es institucional a través de las elecciones, me coloca a mí ante la alternativa de Aécio o Dilma, y si la alternativa es repudiable, tenemos que tener una estratega insurreccional. Cuando se callan ante esto, yo les pido que sean serios.

Estoy de acuerdo con esa crítica, en la medida que me digan qué otro camino hay por fuera de las elecciones. No quiero decir violencia, quiero decir un camino de acumulación de fuerzas, un camino que quiere decir grandes movilizaciones de masas que reproduzcan el derrocamiento de Mubarak en Egipto, por ejemplo. Ahora, si el camino electoral demuestra ser una trampa, lo denunciás, pero el otro camino no me lo señalás, tengo todas las razones del mundo para decir que eso no es un argumento serio.

- Todo este escenario que planteás para Brasil lo pienso para la Argentina…

- No tengas la menor duda que en junio o julio me van a llamar para preguntarme lo mismo que está pasando en Brasil y vamos a ver qué es lo que digo, por ahora no anticipo nada. Suponete que la alternativa es Macri y Scioli, yo quisiera salir rajando de ahí, irme a Groenlandia, pero pensemos un poco qué se hace en ese terreno. Yo me puedo ir, pero la gente que se queda acá está cocinada. ¿Qué alternativa les damos? Hay que pensarlo muy bien. Ante una alternativa desgraciada como esa, más vale que pensemos y que debatamos.

* Programa radial que se emite los domingos de 13 a 15 hs por FM La Tribu 88.7

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Entrevista por: La Revancha

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Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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