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La clave política de las relaciones entre Rusia y Venezuela (+infografías)

¿Qué significa políticamente que las relaciones entre Rusia y Venezuela "están en auge", como declaró Serguéi Lavrov el pasado 6 de febrero en conferencia de prensa?

El siglo XXI comenzó con algunos cambios drásticos en la aldea global. Dos de ellos en países donde el petróleo es la principal fuente de la economía doméstica: Rusia y Venezuela. La llegada al gobierno de Vladimir Putin y Hugo Chávez en sus respectivas naciones dieron vuelcos notables a lo interno de sus fronteras, sin dejar de operar una política exterior en común: la de enterrar el mundo unipolar que dejó la guerra fría.

Desde entonces, las relaciones ruso-venezolanas son consideradas de suma importancia para ambas partes. Éstas se engloban en la Comisión de Alto Nivel Venezuela - Rusia. En ese marco se han creado los instrumentos para la creación de proyectos en distintas áreas y la firma de acuerdos de cooperación sobre sus activos estratégicos como el petróleo, el gas y la visión geopolítica que impulsan ambos países.

Petróleo y estrategia política en conjunto

Rusia y Venezuela funcionan de manera similar en cuanto a la extracción de petróleo como principal actividad económica. El primero es el mayor productor y exportador de petróleo y gas en el mundo, y cuenta con reservas petroleras de 17 mil 800 millones de toneladas. Según Pdvsa, 316 millones de barriles se encuentran en el subsuelo venezolano, certificados, como reserva petrolera: la mayor en el mundo. No es, por ende, casualidad que las principales petrocorporaciones, con el gobierno de los Estados Unidos de caballo -el mayor consumidor de petróleo en el planeta y con las más grandes reservas de emergencia-, pretendan apropiarse de los recursos energéticos de ambos países.

De un lado a otro en el globo la dinámica petrolera se ha hundido por medio de una guerra energética sostenida por los más poderosos actores en el mercado del crudo. No sólo el fracking en los EEUU y Europa como método para llegar a un superávit de producción ha servido como mecanismo para la desestabilización de los precios en todas sus escalas, también lo han sido los asedios financieros (Wall Street) y militares (EEUU-OTAN) en países cuyas regiones territoriales el petróleo es el dios de los subsuelos (intervenciones en Medio Oriente, cerco de la OTAN a Rusia, injerencia en los asuntos de Venezuela y otros países petroleros).

Rusia y Venezuela han ampliado sus alianzas geoestratégicas para disuadir los constantes asedios por parte de los EEUU con las corporaciones y las finanzas estadounidenses detrás, y de los planes que han llevado en medio oriente.

Así, el interés por la trabajada recuperación de los precios petroleros es uno en común para Venezuela y Rusia. La diplomacia petrolera ha estado trabajando arduamente para lograr históricos acuerdos en cuanto a la reducción de la producción de barriles y lograr la estabilización y la posibilidad de alza en el mercado global. Los países OPEP y Rusia liderando a los no OPEP, luego de reuniones y negociaciones, lograron firmar por una reducción significativa de producción petrolera para intentar acabar con el exceso de oferta existente.

Una delegación venezolana integrada principalmente por la canciller Delcy Rodríguez y el ministro de energía venezolano Nelson Martínez ha recién culminado una gira por países que firmaron el acuerdo alcanzado en 2016 para evaluar el alcance de éste. El último país visitado fue Argelia, luego de que se encontrara con altos funcionarios de los gobiernos de Omán, Qatar, Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Irán y, por supuesto, Rusia.

Las relaciones económico-comerciales entre Venezuela y Rusia están institucionalizadas, canalizadas para lograr acuerdos de cooperación e inversión sobre todo en las áreas energéticas del petróleo y el gas. No son pocas las empresas mixtas ruso-venezolanas en las principales regiones de extracción de nuestro país, como se puede detallar en el siguiente mapa infográfico.

Por la cantidad de proyectos, acuerdos y lazos diplomáticos entre sí, más el actual escenario petrolero como contexto, es evidente que Rusia y Venezuela comparten una relación estratégica combinada con una noción geopolítica que fractura los cimientos de ese mundo unipolar apoyado en la fuerza de la hegemonía imperial.

Otra alineación geopolítica

Mientras tanto, las amenazas a la soberanía de Venezuela no han cesado.

El reimpulso que toma la oposición venezolana a través de Luis Almagro para tratar de activar los oficios de la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) es una de ellas. Así como el vigente Decreto Obama más el próximo proyecto de nuevas sanciones a funcionarios venezolanos por parte de congresistas estadounidenses, y la intención de la petrolera Exxon Mobil, cuyo CEO de 2006 a 2016 es el flamante secretario de Estado Rex Tillerson, de apropiarse de petróleo venezolano yacente en el Esequibo, región en disputa con Guyana (habría que recordar la amistad que une a Tillerson y Putin, además de que Rosneft y Exxon Mobil son socios petroleros).

Sobre estas amenazas, Rusia rechazó el pasado 4 de febrero de 2017 cualquier intento de "injerencia destructiva" en los asuntos internos de Venezuela.

En la declaración diplomática oficial se refiere a Venezuela como "uno de los principales socios de Rusia en América Latina y en el escenario internacional".

Este escenario de "injerencia destructiva" previsto por los rusos se cumplió con las sanciones firmadas por el Departamento del Tesoro estadounidense contra el vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami (aquí un primer análisis de la maniobra en Misión Verdad).

Con relación a Tillerson y Guyana, la relación entre el secretario de Estado de la Administración Trump con Putin podría ayudar a un relajamiento del conflicto en el Esequibo,  que serían producto de las asociaciones y los acuerdos a gran escala que tienen Rusia (con Rosneft como socia de la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez) y la Exxon Mobil (una compañía con peso petrolero en toda la región continental).

La insistencia de Rusia en apoyar a Venezuela forma parte de esa cooperación estratégica que ambos países suscribieron en el marco de una concepción multipolar del mundo. Esa visión que comienza a hacerse realidad y que está siendo liderada en estos momentos por ese trío de poderes emergentes globales como lo son Irán, China y Rusia, actores fundamentales como Venezuela y Nicaragua (con la construcción del canal transcomercial que atrevesará su territorio con asociación de los chinos) en esta región latinocaribeña del globo, en la diagramación de un nuevo mapa geopolítico mundial.

Esta alineación geopolítica ha tenido sus efectos. Venezuela ha mostrado tener pulso al liderar organizaciones que dependen de su liderazgo y proyección internacional en el continente y en el mundo (nada más mencionar su presidencia del Mnoal y el papel fundador en ALBA y Celac), además de las actuaciones claves en la OPEP para lograr acuerdos en el alza de los precios del crudo; asimismo lo hace Rusia con una política exterior que ha logrado no sólo metas diplomáticas y relaciones comerciales emergentes, sino incluso objetivos militares en cooperación con otras potencias regionales en Medio Oriente, específicamente en el conflicto sirio.

Un nuevo mapamundi geopolítico

No es un misterio que Rusia está varias generaciones adelante en materia militar, con la aviación y la fuerza naval como altos activos en operaciones militares en distintos contextos de guerra. La cooperación militar entre Venezuela y la Federación de Rusia ha funcionado con regularidad, siendo ambos aliados estratégicos que tienen en la OTAN y el ejército de los Estados Unidos identificados como una seria amenaza a sus soberanías territoriales.

En el mercado petrolero global ambos países son actores de influencia notable. El último acuerdo logrado en torno al congelamiento de la producción de barriles por día fue un esfuerzo de primer orden con la iniciativa diplomática del gobierno de Nicolás Maduro a través de su cancillería, al mismo nivel en que se traduce la labor de Serguéi Lavrov como embajador de Rusia ante el mundo y el esquema de negocios de Rosneft como principal adalid petrolero.

El país más grande de Eurasia no sólo piensa en términos de apoyo internacional en varios renglones, también visualiza a Venezuela como un aliado que puede servir de pivote para conectar alianzas comerciales en el surgimiento de un área de influencia de los mercados latinoamericanos y caribeños con miras hacia Eurasia, no sólo Rusia. La consolidación de una inédita geografía del poder multipolar en una región donde las corporaciones y la banca estadounidenses están desmantelando por diversos mecanismos la región latinocaribeña con apoyo de sus gobiernos aliados (Temer en Brasil, Macri en Argentina, etc.), obliga a que trasciendan los papeles de ALBA, Celac y Petrocaribe en uno transcontinental. En todo caso, estos organismos multilaterales serían los pivotes para que ese nuevo organigrama geopolítico tuvieran buen puerto.

Esta concepción de alta conectividad y cooperación en muchas áreas no es casual a la hora de tener en cuenta que Rusia y Venezuela han contribuido a las fundaciones de iniciativas para intentar catapultar alternativas a la geopolítica unipolar liderada por los EEUU, y que desean expandir sus relaciones estratégicas.

Los escenarios de agresión contra Venezuela son previstos tanto a lo interno como por la Federación de Rusia, de ahí el interés por estrechar los vínculos estratégicos "en auge", vitales para trazar un nuevo mapamundi geopolítico.

Fuente: Misión Verdad

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33