En un doble sentido, la preservación y procreación de la vida humana le son esenciales al régimen del capitalismo: en uno, obtiene la garantía de contar con una fuerza de trabajo que se renueve siempre y, en otro, dispone de una masa de consumidores para la gama de productos, necesarios o no para su existencia diaria, vertidos al mercado que, además, responde a sus intereses. Esto permite entender que al capitalismo se le debe contemplar de un modo más amplio y no únicamente desde un punto de vista económico estricto.

De ahí que pueda citarse a Lenin, al hablar de los estudios de Carlos Marx sobre el capitalismo, en su obra “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, respecto a que “allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de mercancías por otras), Marx descubrió relaciones entre personas”; es decir, entre una clase explotadora y otra explotada, lo que, al final, se traduce en una lucha de clases. Con ello en mano, se podrá entender igualmente la necesidad imprescindible de transformar totalmente las relaciones existentes entre los seres humanos en el tipo de sociedad en el cual viven, su modo de vida y el trabajo que desempeñan, abarcando aspectos que generalmente se pasan por alto o se dejan al azar, según se manifieste (o se deje manifestar) el libre albedrío de cada persona. No se podrá acceder a la construcción de una sociedad de nuevo tipo conservando intactos los rasgos capitalistas y representativos que caracterizan a la actualmente imperante, por lo que es menester extenderse a otros ámbitos substanciales de la vida humana.
 
Así, en “Nuevas perspectivas para la liberación de la mujer”, Stefan Engel y Monika Gärtner-Engel exponen que “la lucha de clases en el socialismo abarca tanto la transformación de las relaciones económicas y políticas como la superación de las viejas tradiciones, costumbres y conceptos morales. Es imposible remodelar las condiciones materiales de vida sin transformar el modo de pensar”. Los viejos valores ideológicos que legitiman el orden capitalista vigente serían entonces un serio obstáculo a vencer, ya que los mismos se revelarían, en algunos casos, de una forma inconsciente o imperceptible, en circunstancias que algunos califican sin importancia, pero que dejan mucho qué decir del carácter revolucionario que se pretende exhibir. Tales valores ideológicos se ponen en evidencia, por ejemplo, cuando comienza a instaurarse (y, por supuesto, a consolidarse) la hegemonía de una dirigencia de rasgos y comportamientos pequeñoburgueses que acaba por convertirse en una nueva clase burguesa que -corporativamente- asume el control del poder, ya sea éste político, económico o una combinación de ambos, en detrimento del protagonismo y la participación revolucionaria de los sectores populares.
 
Confrontar y derribar los viejos valores ideológicos capitalistas supone la adopción de una nueva ética y de una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con un criterio de amplitud y de responsabilidad con el futuro del país en que moremos, incluso, de todo el mundo; además de mantener un combate frontal contra la corrupción administrativa en todas sus manifestaciones. Será, sin duda, una lucha contracorriente, sobre todo, en medio de la conformidad y el desconcierto que se apoderarían de algunos, haciéndolos abandonar sus ideales revolucionarios, frente a quienes ahora detentan el poder en nombre de los mismos.-
 

        Maestro ambulante
        ¡¡¡Rebelde y Revolucionario Resiliente e Irreductible!!!
         ¡¡¡Hasta la Victoria siempre!!!
        ¡¡¡Luchar hasta vencer!!!

Fuente: Portal Alba

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46