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“El mundo árabe está en una dinámica de autodestrucción”

El economista y sociólogo Georges Corm es consultor económico y financiero internacional y profesor desde 2001 en la Universidad Saint-Joseph de Beyrouth. Autor prolífico (1), sus obras se han traducido a varios idiomas. Miembro del Comité de Patrocinio del Tribunal Russell sobre Palestina, Georges Corm nos ofrece aquí su mirada lúcida sobre la situación del mundo árabe desde Túnez a Yemen pasando por Siria y Líbano.

-Tras la revuelta de 2010-2011 contra el presidente (tunecino) Zine el-Abidine Ben Ali en muchos países del mundo árabe se desencadenó un proceso de contestación de los gobernantes. Algunas personas cantaron una “primavera de los pueblos”, una revolución democrática. Otras solo vieron un proceso de desestabilización de los Estados de la región por parte de las potencias occidentales y sus intermediarios locales islamistas. ¿Cuál es su punto de vista?

-Es cierto que algunas ONG de promoción de la democracia, financiadas por Estados Unidos, estuvieron presentes en las grandiosas manifestaciones populares en, sobre todo, Egipto y Túnez, algo que describe muy bien un buen observador y conocedor de Oriente Próximo, el exembajador de Francia Michel Raimbaud, en su obra Tempête sur le Moyen-Orient (Tormenta sobre Oriente Próximo). También es cierto que la televisión catarí Al Jazeera hizo una cobertura amplificadora de estas manifestaciones, lo que probablemente contribuyó a generalizarlas en el mundo árabe. Pero, aun así, no estoy seguro de que se pueda movilizar y hacer mover así desde Mauritania a Omán a unas masas tan densas durante semanas gracias a un plan preestablecido con el objetivo de provocar un caos favorable a los intereses occidentales y que permita unas contundentes intervenciones militares de determinados países, ya sea directamente como en Libia para Francia e Inglaterra o indirectamente como en Siria e Iraq por medio de apoyos a facciones terroristas que reagrupan a radicales iluminados de diferentes nacionalidades árabes o musulmanes. Por no hablar de las duras intervenciones militares saudíes en Bahrein y Yemen.

-Muchos elementos indican que el conflicto en Siria conoció un importante giro en el curso del año 2016. Pero, ¿se puede considerar que esté cerca el final del conflicto y que el país se ha librado del peligro de fragmentación que cierne sobre él?

-Sí, la recuperación de la parte este de Alepo y la reunificación de esta gran ciudad por parte del ejército gubernamental sirio, gracias al apoyo ruso, iraní y al del Hizbolá libanés, constituyó un giro en esta guerra con dimensiones mucho más internacionales y regionales que locales. Igualmente, la política de apaciguamiento del conflicto por parte del gobierno sirio da cada vez más frutos. Consiste en proponer, en muchos pueblos, a los combatientes islamistas contrarios al régimen una amnistía y permitirles salir con sus armas ligeras y sus familias para ir a los autobuses del gobierno en la ciudad de Idlib en el norte del país.

Por otra parte, actualmente estas facciones islamistas se destrozan mutuamente en esta ciudad debido a la distinción que hace la diplomacia estadounidense, bajo la presión de Rusia, entre las llamadas facciones “radicales” contra las que conviene seguir luchando y las llamadas “moderadas” con las que se puede discutir sobre un alto el fuego y la paz. Por consiguiente, la situación sobre el terreno se ha invertido a beneficio del Estado sirio y de sus aliados, como ha demostrado el éxito de la Conferencia de Astana en Kazajastán con el objetivo de consolidar el alto el fuego decretado entre el ejército sirio y las facciones armadas terroristas que el gobierno estadounidense califica de moderadas.

-Un fuerte apoyo a Israel, amenazas a Irán, apoyo reiterado a Arabia Saudí, petición de instauración de “zonas de seguridad” en Siria… ¿No indican estos elementos de la política del presidente Donald Trump que, más allá del color demócrata o republicano del gobierno del momento, la continuidad gana a la ruptura en la política estadounidense en Oriente Próximo? En su opinión, ¿cuáles son los objetivos fundamentales de esta política?

-Lo que dice es cierto, aunque con matices, sobre todo en lo que concierne a Irán respecto al cual muchos parlamentarios estadounidenses republicanos han seguido criticando el acuerdo sobre la energía nuclear iraní logrado por el gobierno demócrata del presidente Obama, pero que suscitó un enorme furor de Arabia Saudí e Israel, dos pilares de la influencia estadounidense en Oriente Próximo. El nuevo presidente Trump ha desplegado sin reserva alguna su apoyo incondicional a la política israelí de colonización de los territorios palestinos ocupados y se ha abstenido de cualquier crítica a la política saudí. Sin embargo, ha puesto a Irán en su punto de mira. Por eso la lista de países a cuyos ciudadanos se les prohíbe la entrada en el territorio estadounidense tenía por objetivo esencialmente Irán y los demás países mencionados no eran más que un decorado justificativo de la decisión estadounidense, cuyo objetivo no es ninguno de los países que exportan terroristas o los apoyan.

-Tanto en Estados Unidos como en Europa se criminaliza política y mediáticamente a Rusia, a menudo de una manera caricaturesca que roza la histeria. ¿Cuál es su opinión sobre la política de Oriente Próximo de Moscú?

-Creo que hay una enorme continuidad de la política rusa al este del Mediterráneo desde la época de los Zares, a saber, garantizar a este gran país un acceso al mar Negro y al Mediterráneo, mientras que Europa y después Estados Unidos siempre se han apresurado a cerrárselo. Esto explica tanto su intervención en Crimea para conservar el puerto de Sebastopol como su firme intervención en Siria a beneficio del restablecimiento de la soberanía siria y del mantenimiento de su base naval en Tartous y ahora de una base aérea. Para Rusia se trata de romper el cerco tradicional que los europeos y actualmente también los estadounidenses quieren imponerle en su flanco sur. Para Rusia se trata además de impedir el desarrollo del radicalismo islámico que practica el terrorismo, el cual se ha desarrollado considerablemente en las repúblicas autónomas caucásicas, apoyadas por las llamadas potencias “islámicas”, como Arabia Saudí y Turquía.

-La reciente cumbre de Astana ha puesto en evidencia el retroceso político de Estados Unidos y consagrado el papel fundamental de Rusia y de las potencias regionales iraní y turca como padrinos de un proceso de alto el fuego y de paz en Siria. Al mismo tiempo, la ausencia de Egipto, de Arabia Saudí, de Qatar… ha revelado implícitamente la trágica debilidad de los países del mundo árabe, que son más objetos que sujetos de su propia historia. ¿Dónde está el mundo árabe y a dónde va?

-La primera edición de una de mis principales obras, publicada en 1983, llevaba ya el título de Proche-Orient éclaté (Oriente Próximo fragmentado) (2). Lo terminé bajo los bombardeos salvajes israelíes de la parte oeste de Beirut (donde continúo viviendo). Ante la ausencia de reacciones árabes (o incluso de manifestaciones populares en el mundo árabe) a la ocupación de la capital libanesa por el ejército israelí, pensé entonces que el mundo árabe estaba el vías de desintegración bajo los violentos ataques del ejército israelí, de la pasividad de los países occidentales y otros grandes países árabes. Esta impresión estaba reforzada por el hecho de que los regímenes árabes, aliados de Estados Unidos, parecían más preocupados por la liberación del territorio afgano, que estaba tan lejos de ellos, que por la de Palestina, Líbano y otros territorios ocupados por Israel en Siria. El único beneficiario del envío de estos combatientes adiestrados militar e ideológicamente era el ejército estadounidense que, traumatizado por su derrota en Vietnam en 1975, no quería enviar a su ejército a este país. Esta aventura “islámica” era el resultado catastrófico de la instrumentalización de la religión musulmana por parte de Estados Unidos y sus aliados en Oriente Próximo en el marco de la Guerra Fría. El objetivo era desestabilizar el nacionalismo y el antiimperialismo de los Estados árabes que trataban de mantener su independencia y su no alineamiento, como Argelia, Iraq o Siria. Después hemos visto qué le ha sucedido a cada uno de ellos, empezando por Argelia y el ascenso del islam político tras 1988, después la constitución de grupos armados que trataban de desestabilizar este país con una importante influencia en el mundo árabe, sobre todo después de la desaparición de Abdel Nasser.

Lo demás ha sido el hecho del extraordinario aumento del poder de Arabia Saudí, pilar junto con Israel de la presencia estadounidense en Oriente Próximo, pero también la estúpida y catastrófica guerra de Iraq contra Irán a beneficio de las monarquías de la península Arábiga y de la OTAN. Hoy en día no termina nunca el devastador espectáculo de la desintegración de varias sociedades árabes bajo los violentos ataques militares internos y externos. La suerte del desafortunado Yemen, víctima de unos salvajes bombardeos cotidianos de la aviación saudí y también de los Emiratos Árabes en medio de un silencio atronador de la “comunidad internacional” y de otros Estados árabes, es un escándalo indescriptible. El mundo árabe ya no solo está en una “dinámica de fracaso” descrita y denunciada en Le Proche-Orient éclaté sino en una dinámica de autodestrucción.

-Con la elección del presidente Michel Aoun y la constitución del gobierno de Saad Hariri Líbano parece salir de su crisis institucional. ¿Cuáles son los principales retos internos y externos a los que se sigue enfrentando su país y cómo podría afrontarlos?

-No, desgraciadamente Líbano no ha salido de la profunda encrucijada en la que se encuentra desde hace varias décadas debido a que la clase dirigente libanesa surgida de la guerra de 1975-1990 y de los llamados acuerdos “de entente nacional”, firmados en Taef, Arabia Saudí, bajo una fuerte influencia saudí y estadounidense, consagraron un sistema rapiña escandaloso entre líderes comunitarios que lograron instalar de hecho su dictadura implacable sobre el país. Ahí donde los demás países árabes se caracterizaban por la existencia de un solo dictador, Líbano está dotado de una docena de temibles dictadores que gestionan el Estado y la sociedad como su propiedad privada y confunden dinero público y dinero privado sin la menor mala conciencia.

En efecto, la llegada a la presidencia de la República del general Michel Aoun hace esperar una recuperación del país, cuyos servicios públicos han caído bajo el yugo de intereses privados fuera de todo marco legal, lo que hace que los libaneses se vean privados de agua y de electricidad varias horas al día cotidianamente y deban comprarlas a unos “operadores privados” que han surgido como setas. Del mismo modo, desde el año 2015 la recogida y tratamiento de basuras son totalmente fallidos, lo que provoca un considerable aumento de la contaminación y de las enfermedades en el país. Por otra parte, el parlamento libanés se ha autoprorrogado dos veces desde 2013, fecha del final de la legislatura, debido a que hasta el día de hoy los diputados no han logrado ponerse de acuerdo sobre una ley electoral. Y es que cada uno de los grandes grupos comunitarios quiere aumentar su parte de la “tarta” parlamentaria y no arriesgarse a disminuirla en caso de una nueva ley electoral que adoptara el sistema de representación proporcional, lo que reclama la sociedad civil, en vez del actual sistema del escrutinio abrupto y poco democrático, basado en el escrutinio mayoritario en una sola vuelta.

En 2015 se reprimieron con la fuerza las grandes manifestaciones de la sociedad civil provocadas por la incapacidad del gobierno para encontrar una solución a la crisis de las basuras. No obstante, cabe esperar que el nuevo presidente logre encontrar soluciones a todos estos problemas, aunque sus poderes constitucionales se hayan visto reducidos desde las enmiendas constitucionales introducidas en 1990 en virtud del Acuerdo de Taef. Pero, por terminar con una nota optimista, quisiera saludar la capacidad del pueblo libanés para acoger a un millón y medio de refugiados sirios (lo que supone un aumento de un cuarto de su población*) sin que el país se haya desestabilizado ni conozca un aumento sensible de la criminalidad o de los robos. Igualmente, el país ha resistido a los vientos de las desestabilizaciones basadas en una supuesta rivalidad entre sunníes y chiíes en la región. Europa debería venir a aprender en nuestro país cómo acoger refugiados sin maltratarlos y cómo mantener la paz comunitaria en las circunstancias más difíciles. Debo saludar también los esfuerzos de los servicios de seguridad libaneses y del ejército en la prevención de actos terroristas que hasta 2015 fueron numerosos debido a infiltraciones provenientes de grupos terroristas en Siria que cometieron muchos atentados mortales en el país.

Notas:

(1) Ente las muchas obras escritas en francés por Georges Corm, citemos algunas de las más recientes: Orient-Occident, la fracture imaginaire, La Découverte, París, 2002 y 2004 [Hay traducción al castellano: La fractura imaginaria: las falsas raíces del enfrentamiento entre Oriente y Occidente, Tusquets, 2004]; La question religieuse au XXIè siècle, géolpolitique et crise de la post-modernité, La Découverte, Paris, 2006 [Hay traducción al castellano: La cuestión religiosa en el siglo XXI: geopolítica y crisis de la posmodernidad, Taurus, 2007]; Histoire du Moyen-Orient : de l’Antiquité à nos jours, La Découverte, París, 2007 [Hay traducción al castellano: Historia de Oriente Medio: de la Antigüedad a nuestros días, Península, 2009]; Le nouveau gouvernement du monde, idéologie, structures, contre-pouvoirs, La Découverte, Parós 2010 [Hay traducción al castellano: El nuevo gobierno del mundo: ideologías, estructuras, contrapoderes, Península, 2012]; Pour une lecture profane des conflits : sur le ‘’retour du religieux” dans les conflits contemporains du Moyen-Orient, La Découverte, París 2012; Pensée et politique dans le monde arabe. Contextes historiques et problématiques, XIXe-XXIe siècle, La découverte, París, 2015 [Hay traducción al castellano: Pensamiento y política en el mundo árabe : contextos históricos y problemáticas, siglos XIX-XXI, Bellaterra, 2016 ]… Entre las obras escritas en árabe y publicadas en la editorial Dar el Taliat citemos L’économie arabe au défi (Beyrouth 1977); La dépendance économique: les dettes du tiers-monde au miroir de l’histoire (Beyrouth 1980); Le développement introuvable (Beyrouth 1981).

(2) Esta obra fue editada en Argelia por la editorial Bouchène en 1990 al igual que L’Europe et l’Orient. De la balkanisation à la libanisation. Histoire d’une modernité inaccomplie.

*Según datos del Banco Mundial, en 2013 Líbano contaba con 4.467.000 habitantes (N. de la t.) – Artículo traducido del francés por Beatriz Morales Bastos