No es por capricho volver a Alepo para darle medida al momento actual en Siria. La liberación de la ciudad, a finales del año pasado ha sido el punto de partida del viraje que ha tomado la guerra transnacional contra Siria, y su impacto geopolítico. Pero también por cómo se puede narrar el movimiento interno de esa sociedad frente a la agresión.

a RS, por el movimiento interno que intenta describir esta nota

al equipo, por razones parecidas pero distintas

y a Mohammed Raffi, alias El Padrino, caído el 26 de noviembre: el palestino más rudo de todo Alepo, según Leith Abú Fadel

Alepo, a casi ocho meses exactos en que se declarara el fin de las operaciones militares cuando fue liberada el 16 de diciembre de 2016, dejó de ser noticia o presunto motivo de preocupación "humanitaria" para el cartel infromativo occidental.

Con el dramático desplome de las defensas yijadistas en los distritos que controlaban al este de la ciudad, a finales de noviembre, también se vinieron abajo las aspiraciones geopolíticas que invadieron la ciudad en primer lugar (en 2012). No habrá "capital" yijadista que por esa vía pretenda reformar el mapa nacional sirio. 

Motivos sobran para que esto sea así, comenzando porque la liberación de Alepo ha sido el punto de inflexión definitivo en la guerra transnacional contra Siria, que este año ya cumplió seis años.

La ciudad más antigua del mundo, que fue invadida, vandalizada, plagada de carros bombas y francotiradores, dividida por años, herida en todo el centro de su memoria, comenzó a revertir el rumbo de una guerra de agresión con medio mundo en contra, dejando en evidencia, además, las grietas narrativas que por tanto tiempo se le quiso imprimir. Los hechos derrumban a los mitos y a sus autores.

No hubo operación de propaganda que se apuntalara desde los dispositivos "activistas" que luego se proyectara al unísono en los grandes conglomerados de la mediocracia que no encontrara un límite en los mismos hechos, sobre el mismo terreno al que le querían secuestrar todo sentido, toda realidad que ahí se manifestara.

Civiles en la zona asediada salían a protestar contra la ocupación rebelde. Comenzaron a izar banderas de la República Árabe Siria. Se iban acumulando los testimonios directos de la gente de las distritos recién liberados: eran rehenes. Fueron escudos humanos. Vivían bajo una dictadura local que controlaba férreamente medicinas y alimentos.

  • La ONU, "humanitariamente" preocupada, hablaba de 250 mil (o más) civiles atrapados en el este. Pero para el 30 de noviembre, 18 mil habían cruzado hacia el oeste controlado por el gobierno solamente esa semana.
  • Un informe de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), fechado entre el 28 de diciembre de 2016 y el 4 de enero de 2017, reportaba que 120 mil 987 civiles habían cruzado de las zonas liberadas hacia el oeste. 75% de ellas se trasladaron a zonas controladas por el gobierno.
  • Denunciaron constantemente la destrucción de escuelas y hospitales producto de "bombardeos" del gobierno sirio o la fuerza aérea rusa, pero tanto hospitales como escuelas eran empleados como centros de comando y operaciones del terrorismo.
  • Denunciaron que la población en el este recibía constantes bombardeos con "barriles bombas" y armas químicas, pero conforme se liberaban los distritos orientales iban apareciendo los talleres donde se fabricaban bombas artesanales de ese tipo (bombonas de gas cargadas con altas cargas de explosivo y esquirlas metálicas de todo tipo) disparados aleatoriamente contra los distritos occidentales de la ciudad, e igual que químicas (con componentes traídos de Arabia Saudita). Incluyendo material preventivo contra agentes nerviosos, suministradas también por el reino de los Saud. El método de los "cañones infernales" (hell cannons), las bombonas artilladas, fue cortesía de la Brigada 16, patrocinada por el senador John McCain.
  • Denunciaron la precariedad y la "crisis humanitaria" que asolaba a Alepo, pero quienes acaparaban alimentos y medicamentos eran las mismas formaciones terroristas, toda vez que la ONU había suspendido su "ayuda", cuando el gobierno ya controlaba el 40% de la zona este. Las entregas de ayuda eran acaparadas en ambulancias, etc.
  • Las entidades yijadistas (orbitantes a Al-Qaeda, Turquía o Qatar) al retirarse dejaron bombas-trampas dentro de escuelas, y dentro de las escuelas, en los juguetes que ahí quedaban.
  • Los días en los que Francia, Inglaterra y Estados Unidos ejercían mayor presión en el Consejo de Seguridad de la ONU por acelerar las evacuaciones de las formaciones armadas, el 16 de diciembre, el representante de la República Árabe Siria ante la ONU denunciaba que parte de la desesperación se debía a que los servicios de inteligencia sirios y rusos habían detectado la presencia de operadores extranjeros, militares y de inteligencia, de Estados Unidos, Israel, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Marruecos.
  • Era de "gran preocupación" para Occidente el peligro de una expedición punitiva o retaliatoria contra los "rebeldes moderados". El acuerdo en torno a las evacuaciones versaba que salían de Alepo los yijadistas mientras que eran evacuados de Fua y Kefarya, en la provincia de Idlib, parte de la población asediada. El proceso tuvo que interrumpirse puesto que varios de los autobuses que debían trasladar a la población fueron atacados y quemados. Al retirarse los milicianos de Al-Qaeda, el Ejército Sirio Libre, etc., de los reductos que quedaban al este de la ciudad, dejaron atrás los cadáveres de 100 soldados sirios prisioneros, ejecutados antes de la partida.

Luego de cuatro años de división, de un acoso constante contra civiles con lanzamientos indiscriminados de barriles, morteros y misiles contra los distritos occidentales siete veces más poblados; luego de una secuencia ininterrumpida de operaciones informativas inéditas y de gran calado.

Luego de un simulacro de cese al fuego solicitado por Estados Unidos que permitió la reorganización y dotación de los grupos armados ocupantes y de meses de lenta recuperación del territorio por parte del ejército sirio y sus aliados (Rusia, Hezbolá, distintas milicias), el 26 de noviembre, con la caída de las defensas en Hanano (el más grande y poblado de los distritos).

El desplome de la línea defensiva de los distintos paraguas organizativos que reunían a los "rebeldes moderados" que comprendían operadores de la OTAN, y terroristas, mercenarios y/o wahabitas, provenientes de más de 80 países (incluyendo europeos), territorio que no había sido pisado por el gobierno sirio se liberó en 10 días. Sólo de Al-Qaeda hacían presencia 10 mil militantes en Siria.

La maquinaria occidental, sus medios, narraban la especie de que no había solución en Alepo, el complejo industrial de ONGs, la ONU y los milicianos mediáticos alertaban sobre una hipertrofiada crisis humanitaria que borroneaba al igual de aquejado oeste, ocultaba el férreo control sobre la ayuda humanitaria que ingresaba al este, inflaba los números de civiles, de hospitales, de escuelas, magnificaba y deformaba el papel de las incursiones de la fuerza aérea siria y rusa, lanzando campañas publicitarias en las grandes capitales europeas exigiendo una zona de exclusión aérea, mientras alertaba el "castigo colectivo" que vendría inmediatamente después de expulsar a los terroristas.

La verdad, imposible de ocultar, fue lo contrario: la celebración en la calle era indiscutible y la Navidad se celebró, teniendo, tal vez, como símbolo, a la catedral de San Elías, semiderruida, donde se celebró la primera misa cristiana, ahí donde una vulgar caricatura de la sharia, la ley islámica, malvestía una dictadura aplastante.

Los hechos derrumban a los mitos artificiosos, hechos a base de gluten psíquico y estupidez de audiencia globalizada, y no sólo devuelven a sus autores su infobasura, sino que en una contrapartida casi redonda, demostraron que lo que callaban era el demoledor dato de que eran precisamente sus protegidos los que hacían lo que denunciaban contra el gobierno y el ejército sirio, y quienes lo apoyaban. Marcando una impronta que al día de hoy, por izquierda y por derecha, pretenden sostener de la nada. Porque son la nada.

Los otros paisajes después de la batalla

La escala del destrozo, de la expoliación sistemática de la capital industrial y comercial de la República Árabe Siria, además del intento culturicida de borrar el patrimonio de una de las ciudades más antiguas del mundo (que pudiera disputarse con Damasco), de por sí narran el proceso destructivo que son, efectivamente, la extensión voluntariamente devastadora de las nuevas guerras. Si así se le pueden llamar.

La combinación de intereses geopolíticos específicos, la urgencia de desmantelar la solidez de una nación, tuviera los problemas internos que pudiera tener antes de la guerra, la traslación semántica hacia el relato de la guerra civil y la estridencia de la cultura nihilista que se emplea en los ejércitos privados empleados para la tarea, tuvieron en Alepo toda la evidencia que pudiera hacer falta. Esa capacidad de empujar los límites de la destrucción en aras de "objetivos superiores" y apremios financieros, puesto que ese dinero ya fue invertido, y tenía que cobrarse.

Una crónica del periodista británico Patrick Hennignsen, fechada el 24 de abril de este año, da cuenta de la dimensión de la destrucción. Por el vecindario de Shaar, no había cuadra que no tuviera barricadas levantadas con vehículos calcinados y escombros. Y no había residente que no sostuviera que la devastación fue a raíz de una batalla que fue calle a calle, palmo a palmo, y no por los ataques aéreos sirios y rusos de mayor precisión.

Uno de los polos industriales más dinámicos y prósperos del suroeste de Asia, que iba desde la farmacéutica hasta la textilería, fue sostenidamente saqueada. Se tienen por más de mil 500 las fábricas que fueron destrozadas, convertidas en centros de operaciones o de tortura, saqueadas. Piezas, componentes y maquinaria robada y trasladada a Turquía. Desindustrialización forzada. 800 mil millones de dólares se calculan los destrozos (cifra del 24 de diciembre).

La masacre estrictamente industrial y manufacturera fue en paralelo con el culturicidio. Parte del registro histórico de Alepo ha desaparecido. La ciudad antigua fue incendiada, sitios patrimoniales de la Unesco, como el hotel Ritz Carlton, fueron reducidos a nada, luego de ser volada desde sus cimientos. La mezquita de los Omeyas severamente golpeada. 

Múltiples bazares (zokos) dejaron de existir. Igual destino padecieron el mercado del oro y el mercado de los jabones. La Ciudadela, el castillo-emblema de la ciudad, no corrió con el mismo destino por haber expulsado años antes a las entidades yijadistas. Fueron objetivos militares, y es imposible concebirlo como algo accidental. Fue planificado.

La red de servicios, agua, electricidad y gas, fue descalabrada.

Al momento de escribir este trabajo, las Fuerzas Tigre, la milicia élite comandada por el General Suheil al Hassan, en una sorprendente campaña de menos de tres meses, lograron sacar definitivamente al Estado Islámico del oriente de la provincia de Alepo. Pero no así las zonas rurales al occidente de la ciudad, desde donde todavía cada cierto tiempo cargas de mortero o misiles Grad caen, indiscriminadamente, sobre los distritos al occidente de la ciudad.

La reacción inmediata

Pero no menos espectacular ha sido el voluntarioso relato de la recuperación. Otro acto que de suyo recuerda que Alepo, en 2012, no fue "liberada" por la "revolución" encargada de traer los democráticos valores liberales que hacen la maravilla de la tiranía del bien de Europa y Estados Unidos.

Un mes después de rendir, eliminar o expulsar a los grupos invasores, el 27 de diciembre, habitantes de sectores como Hanano comenzaron a regresar. El 28 comenzaron las tareas de desminados, encabezados por los zapadores rusos. Para el 25 de enero habían sido desactivadas 25 mil minas.

El 6 de enero se pudo celebrar la Navidad de los armenios ortodoxos. Para el 11 de enero la gente emprendió con la limpieza de la ciudad antigua. Un registro del 16, da noticia del esfuerzo extendido de limpieza y reconstrucción a lo largo de la ciudad. El mercado callejero, luego de dos años, se reactivó en la misma fecha.

El 22 de enero aterriza el primer vuelo en el aeropuerto internacional. El 25 es el turno del tren de la línea Alepo-Baghdad. Incluso AFP, el 26, tuvo que publicar una nota describiendo el retorno a la vida del este de la ciudad. El 28, después de cuatro años, se juega el primer partido de fútbol de la liga siria. La policía militar rusa refuerza la seguridad. El 1 de febrero se reactiva la planta de gas de Ramuseh.

El 14 de marzo regresaba el agua del Éufrates a la estación de bombeo de Suleiman Al Jalabi. El 1 de abril reabre al público, luego de casi un lustro, la Ciudadela. El 10 de abril avanza la restauración de la ciudad vieja, el 11 reparaciones de la carretera. El 18 de mayo la reparación sostenida de los servicios básicos. El 21 de junio se retoma la tradición del Carnaval en la misma Ciudadela, acto que marca el final de los exámenes de secundaria.

Y este pequeño mosaico apenas describe, en cada una de sus partículas y fechas, la voluntad de reconstrucción que va más allá de cualquier contrato (que también se han firmado) o gesto oficial: marca un movimiento profundo, un acto de voluntad y de contraofensiva revirtiendo los destrozos de la guerra. Algo que, también, expresa otro reflejo dramático.

Un movimiento que habla del cuerpo sociopolítico de una nación que quisieron reducirla y humillarla a la nada. A la cómoda nada de la distancia de las capitales europeas y gringas.

El otro movimiento: reconciliación, Astana y la repolitización de la guerra

Antes de que la "primavera" fatal iniciara en 2011, Siria padecía, como cualquier nación dentro de cierto grado de normalidad, luego de padecer una sequía de años (2009-2011), producto no sólo de los asuntos climáticos sino de los grandes proyectos de irrigación y represas al norte en la vecina Turquía que produjo la migración de población rural a las ciudades, más algunas reformas económicas de corte neoliberal (que no lograron ser lo suficientemente satisfactorias para Estados Unidos y la Unión Europea) que también tuvieron su impacto.

Y, también, de un sistema de gobierno que poco había cambiado en mucho tiempo, lo que otorgaba también un motivo "perfecto", el caldo de cultivo ofrecía condiciones para ser alterado. Desde 2006, amén de que en nada se modificaba la realineación geopolítica siria con Irán (y Hezbolá), desde Estados Unidos comenzó a financiarse una "oposición desde el exilio". Para ello, se planteó una suerte de rehabilitación funcional de los Hermanos Musulmanes sirios (que ya se alzaron, de forma sangrienta, en 1982, en Hama).

El plan fue cobrando forma conforme avanzaba el tiempo. Estados Unidos, en el proceso, detalla Moon of Alabama, se encargó de moldear la opinión del corretaje mediático y entrenar a operadores de periodismo ciudadano, a la par, Arabia Saudita se encargaba de la parte sucia, financiar la pata armada de la operación para llevarlo a su dimensión insurreccional. Calzó a la perfección dentro de esa operación geopolítica de gran calado llamada "primavera árabe". Se empotró sobre ella.

Desde cierta distancia, sería fácil afirmar que se trataban de problemas que podían resolverse por vías estrictamente políticas. Pero afirmar tal noción sería ingenuo, dada la dimensión de los planes, muchas veces revisada de acuerdo al proyecto del think-tank PNAC, entre otros. Si acaso, cualquier necesidad de reforma obedecía a una coartada objetiva. La necesidad de destruir al Estado sirio era contundente.

Pero fuera de esto, tampoco es innegable ese dato como posibilidad. Mas así no fue la historia. Los orígenes siempre fueron violentos y retardatarios, siempre contaron con apoyo y cobertura extranjera, mientras se pergeñaba un "programa" de corte sectario, en un país de mayoría sunita pero que a su vez es un tejido prodigioso de confesiones religiosas y etnicidades.

Había que quebrar, con el activo del sectarismo, la unidad nacional a todo nivel. Es aterrador el modo en que fue escalando (y cómo, salvando el contexto interno, se parece en su primer momento a lo que ocurre en mi país hoy en día). El liberalismo de Occidente compró la idea de una "revolución". La falta de programa no era un problema de consumo. 

El shock de la operación, en un primer momento, logró dividendos, a pesar de que el presidente realizara reformas que siempre fueron reivindicaciones de la oposición sensata: cambios en la Constitución, derogación del decreto de emergencia y los tribunales militares, elecciones multipartidistas.

Las primeras protestas en Dara y una emboscada contra un convoy militar al norte, matando a nueve soldados e hiriendo a una veintena, en Banyas, ambas ciudades fronterizas, destacaba el carácter activo de las fronteras (el primero al sur, con Jordania, el segundo con Turquía, al norte) y lo que luego se revelaría como demasiadas manos extranjeras.

Luego de seis años de guerra, más de medio millón de muertos, una devastación infraestructural enorme, una demonización mediática sostenida, los objetivos fundamentales no se han alcanzado. Y, como se dijo con anterioridad, Alepo, como Stalingrado, fue el punto de inflexión: la guerra ha sido volteada. 

En el ínterin, el cuerpo político y social cambió profundamente. Y esto es algo que no te dirá medio alguno. Aparte del trauma, de las heridas profundas que quedarán y tardarán en curarse, cuando se despeja la basura informativa, podemos darnos cuenta de que la población, fuera de si apoya al presidente Al Assad o no, el consenso sobre su liderazgo, y más allá, sobre la defensa de la nación. La cuestión nacional no es una abstracción.

Aún más: el principal motivo, de acuerdo a un documento interno realizado por la Comisión Social y Económica de la ONU, realza el papel de las sanciones como el principal motivo para que los desplazados de la guerra abandonen el país, más que la guerra misma (que en ese caso, la gran mayoría opta por las zonas controladas por el gobierno).

La BBC, basado en un reporte de la Comisión de Refugiados de la ONU, no le queda otra que destacar que medio millón de desplazados o gente que abandonó Siria por otro país ha regresado en este 2017.

Este reflejo también alcanza a su ejército (y las milicias y cuerpos paramilitares sirios orbitantes): ha alcanzado un grado superior de organización, una armonización entre sus fuerzas que pasó del desgajamiento de la primera hora y del sostenimiento de la línea de defensa a una suma de componentes altamente profesionalizados, con experiencia de guerra. 

"Forzó al gobierno en Damasco a crear la Fuerza de Defensa Nacional más 16 Brigadas de Fuerzas Especiales que atraviesan por año y medio de entrenamiento, capaces de usar todo tipo de armamento: equipados, también, con una ideología robusta y el entusiasmo de cara a ideológicos muy similares a Hezbolá. Esta fuerza será usada, sin duda, para reclamar los Altos de Golán ocupados por Israel", señala Elijah Magnier en un trabajo a propósito de la victoria de Alepo.

Pero algo obligatoriamente se mueve a mayor profundidad dentro de ese cuerpo nacional. La Musallaha, la política de reconciliación, es uno de los elementos claves. Cuenta, incluso, con un ministerio, llevado adelante por el Dr. Alí Haidar, del Partido Socialista Nacional Sirio, de la oposición patriótica. O de figuras de peso como la Hermana Mariam Agnes, de la Iglesia Católica Oriental.

Esto se ha traducido en una política de desarme, reconciliación, reconocimiento de liderazgos locales frente al gobierno central. Generalmente lo llevan adelante, del lado del gobierno, dirigentes políticos y militares de la misma zona. Y en sus resultados suelen acordarse la pacificación de la zona y/o la evacuación de los grupos armados a otras zonas, como Idlib. 

Recientemente, el ejemplo más claro ha sido la pacificación de Al Waer, en la provincia de Homs. Luego de la pacificación/evacuación, parte de la población evacuada hacia la ciudad de Jarabulus, al norte de Alepo, controlado por Turquía, familiares y algunos ex combatientes decidieron regresar antes de incorporarse a las filias de los grupos pro-turcos.

El fenómeno de esta política (que viene haciéndose desde 2013) va un paso más allá. Tal como lo apunta en un excelente trabajo de principios de año la periodista libanesa Nour Samaha, esta serie de acuerdos, pactos y negociaciones han obligado a que el Estado sirio, antes verticalmente centralista, en la búsqueda de interlocución, a descentralizarse y apoyarse en lo local para alcanzar el cometido.

Para Samaha, es un elemento negativo el grado de improvisación con lo que esto se desarrolla, sin embargo, desde acá a la distancia, la necesidad de buscar patrones inherentes a cada situación más que a una política sistémica (todavía), realza esa misma voluntad política que en ese mismo quehacer sienta las bases para el pacto de la nación. Y los operadores extranjeros no forman parte de dicha ecuación política.

El último boletín del Centro para la Reconciliación del ministerio de la defensa ruso (entidad que monitorea el trabajo de la política de reconciliación), del 6 de mayo, registraba mil 479 acuerdos. Producto de lo ocurrido en Al Waer, y las nuevas zonas de des-escalamiento pactado recientemente entre Trump y Putin, esta cifra debe haber aumentado.

"No cabe duda de que la victoria de Alepo ha demostrado que el campo de batalla es el factor clave para hacer cambiar las posiciones políticas", decía la doctora Butheina Shaaban, la asesora mediática y política del presidente Al Assad, alertando también sobre la necesidad de que a la luz de estos acontecimientos y sus lecciones, es el pensamiento el que ahora tiene que antecederlo.

Pero mientras eso ocurra, y debe ocurrir, la liberación de Alepo fue el paso decisivo, primero por la fuerza de la victoria, luego por la urgencia, en otorgarle de nuevo el rango político a la guerra transnacional contra Siria. Fue luego de esto que se crearon las rondas de conversaciones en Astana, capital de la república centroasiática de Kazajtán, como una entidad política, liderizada por Irán, Rusia y Turquía, que se acoplaría a los acuerdos de Ginebra, sujetos a los vaivenes paquidérmicos de la ONU y el torpedeo de Estados Unidos, Israel, etc.

Negar estos avances sencillamente es ser idiota. A consciencia.

A pesar de tanto, a pesar de las complejidades vigentes, a pesar de los desafíos (como veremos en la segunda entrega), esto es lo que se ha desprendido después de Alepo liberada. En un mundo donde, como diría el poeta, "vivir es hacer daño", casi como una metódica generalizada, el mensaje contra la muerte de todo queda claro.

Ahora que en el país donde uno vive comienzan a manifestarse todos los ribetes artificiosos de otra operación nacionalicida con todas sus amenazas, en la lección histórica siria cada partícula cuenta. Si este artículo se arrogó la potestad de ser tan extenso, pido disculpas (aunque me tenga sin cuidado). Todo esto había que decirlo sin más demora. 

Fuente: Misión Verdad

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"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38