Según la organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) serían más de 6700  los rohingya muertos, solo entre en el primer mes, 25 de agosto - 25de septiembre, de este año, tras la represión, del Tatmadaw (ejército birmano) otras fuerzas de seguridad, y organizaciones para estatales, en el estado de Rakhine, donde habitan la minoría musulmana perseguida desde siempre en Birmania de esa cifra 730 serían menores de cinco años. Otras fuentes hablan de entre 9 y 14 mil muertos en ese mismo tiempo, de los que mil serían menores.

En contexto, desde el advenimiento de la Administración Trump a la Casa Blanca, la política exterior estadounidense ha cruzado nuevos umbrales y se ha salido de control. Se ha tornado, podríamos decirlo, sumamente rudimentaria, evidentemente errática y claramente más peligrosa.

La sociedad israelí del siglo XXI ( 80% de judíos frente a un 20% de población árabe), sería un crisol de razas, costumbres, lenguas y valores que tan sólo tendrían en común su origen judío y en la que se estaría produciendo un golpe de mano silencioso de una minoría ultra ortodoxa,los “haredim” que tan sólo representan el 10% de su población pero que serían un Estado dentro del Estado. En efecto, en un proceso larvado estarían fagocitando todas las áreas sensibles del poder del Estado judío (Interior, Vivienda, el Mosad y los mandos del Tzáhal ( Ejército judío) para intentar imponer la “Halajá” o ley judía a más del 40% de población que se declara laica, segmento de filiación europea , inmersa en la cultura y modo de vida occidentales y que desea ser regida por la ley civil como en las demás democracias formales occidentales.

La decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de mudar la embajada de su país desde Tel-Aviv a al-Quds (Jerusalén), decretando de hecho que la milenaria ciudad, se convierta en la capital de Israel y por lo tanto, nadie más que el enclave sionista tenga derechos sobre ella, es un gesto que sin duda, resuma aguas negras por todos lados, pero también tiene algo de bueno y es que la brutalidad de la medida, la que solo puede tomar un desquiciado, como el rubicundo magnate neoyorkino, deja al descubierto la descarada hipocresía de la comunidad internacional, que desde hace setenta años permite que Israel avance sobre los derechos y los territorios palestinos, sin que jamás a pesar de la docena de resoluciones de Naciones Unidas, la primera con el número 181 del 29 de noviembre de 1947, hasta la última con el número 2334 del 23 de diciembre del 2016, las cuales, como un eco idiota, repite la necesidad de que Israel, respete los derechos palestinos, hayan sido atendidas por los gobiernos sionistas que se suceden en Israel.

Desde finales del 2016 hemos sentido un fuerte crujido en el acontecer internacional como si el sistema mundo finalmente estuviera asentándose en una base que corresponde a la nueva coyuntura. Aquello fue con mayor intensidad tras las suplicas de Donald Trump a Rusia y China en su último viaje a Asia (primeros días de noviembre del 2017), según él, crear las condiciones para desarmar a la RPDC.

Frases


“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº48