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"¿Por qué calificó de grave la unánime decisión del Senado de EEUU sobre Venezuela?", me pregunta un lector. En efecto, lo hice en un breve comentario antes de que alguien del Gobierno o del Psuv reaccionara. Uno más o menos sabe cómo funciona ese Senado.

La guerra económica según la retórica negacionista del antichavismo, es una especie de "coco", algo que no existe. Y aunque es un hecho que nadie tiene evidencias del fulano en cuestión, a la guerra económica, esa variante económica de la guerra no convencional contra Venezuela y contra el chavismo, sí se le puede apreciar en todos los espacios de la vida donde son palpables las expresiones de caotización de los sistemas y subsistemas de abastecimiento y precios. Al día de hoy las placas tectónicas de la política venezolana se mueven de manera tal, que la conectan a agendas extranjeras, que como la guerra económica también son negadas por la dirigencia antichavista.

Las bases del gran Próximo Oriente se establecieron en el Pacto del Quincey (1.945) siguiendo la doctrina de los acuerdos franco- británicos Sykes-Picot de 1.916 que favorecían la división regional del poder en zonas de influencia y sustentada en el trípode EEUU-Egipto-Arabia Saudí. Dicha doctrina consistía en la pervivencia endémica en Egipto de gobiernos militares autocráticos pro-occidentales, lo que aseguraba la supervivencia del Estado de Israel (1.948) y proporcionaba a la Marina de EEUU de un acceso privilegiado al Canal de Suez, atajo crucial para el acceso directo a los Emiratos Árabes, Irak y Afganistán, quedando como firme bastión de los intereses geopolíticos de EEUU en la zona, máxime tras la caída del Sha de Persia en 1980. El otro pilar del acuerdo consistía en el acceso privilegiado de EEUU al petróleo de Arabia Saudí a cambio de preservar su régimen autocrático y favorecer la difusión del wahabismo (doctrina fundada por Mohamed Abdel Wahab a mediados del siglo XVIII con el objetivo de convertirse en una visión atractiva del islam y exportable al resto de países árabes), con lo que la teocracia saudí se convirtió en una potencia regional que proporcionaba a EEUU la llave del dominio energético al tiempo que servía de muro de contención de las corrientes socialistas y panarabistas. Finalmente, tras la Guerra de los Seis Días (1.967), el puzzle geoestratégico de Oriente Medio-Próximo se completó con la instauración de regímenes autocráticos y pro-occidentales en los países circundantes a Israel ( Libia, Siria, Jordania, Arabia Saudí, Irak e Irán), quedando los palestinos confinados en los guetos de Cisjordania y Gaza.

Distribuidos en dos continentes más grandes del planeta, los países de la región de Oriente Medio eran, son y seguramente serán testigos de avatares y altibajos trascendentales por su situación geopolítica.

Existe en este momento un peligro muy elevado, como en ninguna otra región del planeta, de ataque nuclear preventivo contra la RPDC. Es la mayor desesperación de los militaristas estadounidenses. La guerra informativa contra este país (RPDC) es monumental desde finales del año pasado (2016). Los aullidos son desde todos los ángulos. Hay un complot internacional contra la RPDC.