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¿Cree usted que Donald Trump tendrá el gatillo fácil? preguntaba en la tarde del jueves un estudiante que asistía a un curso sobre las implicaciones políticas del inacabable conflicto de Oriente Medio. La respuesta llegó unas horas más tarde, cuando los destructores USS Porter y USS Ross de la armada estadounidense dispararon 59 misiles Tomahawk contra la base de Shayrat, un aeropuerto militar situado a cuarenta kilómetros de Homs. Para los politólogos pro americanos, que son legión en los países de Europa oriental recién integrados a la Alianza Atlántica, se trata de una acción de represalias firme, equilibrada y que no ha causado bajas humanas. Un punto de vista respetado y alabado por los atlantistas.

Tratando de describir la súbita transformación sufrida por el presidente Donald Trump en las últimas semanas, o sea el pasaje de un mandatario que proponía combatir al terrorismo para poner fin al martirio bélico en Siria –país en el cual Estados Unidos comenzó a partir de 1949 a fomentar golpes de Estado y subversiones internas (1)- y normalizar las relaciones con Rusia, a un presidente agresivo e injerencista que lanza una operación militar que agrava el conflicto en Siria al tiempo que amenaza con decapitar el gobierno de Corea del Norte, un país que posee el arma nuclear, no pude contenerme –antes de entrar en el análisis de lo que considero como un “auto-golpe de Estado”-, de introducirlo con un cuento de “varitas mágicas”.

Bastaron solamente diez semanas para que las promesas pacifistas electorales de Donald Trump fueran echadas al basural de la historia norteamericana y que la política exterior de Washington retome el curso injerencista y belicista trazado por Bush padre, Clinton, Bush hijo y Obama.

En la Hillaryzación de Trump en Siria aduje que el bombardeo ilegal eclipsó la trascendental visita del mandarín Xi a la mansión de Trump, cuando, quizá, el bombardeo fue una clara advertencia a Corea del Norte y a Irán, como anunció el profeta paleobíblico Netanyahu (https://goo.gl/8fHS2k).

El Pentágono ha solicitado formalmente a la Casa Blanca de Trump que levante las restricciones impuestas por el gobierno Obama a la ayuda militar estadounidense a la guerra casi genocida de la monarquía de Arabia Saudí contra el empobrecido pueblo de Yemen.