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La paz y la democracia están amenazadas en América Latina. De eso no cabe la menor duda.  El riesgo real de que la región se convierta en una zona políticamente inestable y socialmente convulsiva no procede de grupos subversivos como los llamaría el establishment estadounidense, sino de las acciones adoptadas -sin el menor apego a los fines formalmente establecidos ni a su larga institucionalidad construida, pero si congruente con su larga historia-, por la Organización de Estados Americanos (OEA) y su actual Secretario General, Luis Almagro.

Los políticos y los medios del establishment acogen favorablemente lo que ven como el regreso del Presidente Trump a las normas de la política exterior de Estados Unidos. Dan la bienvenida a la utilización real o la amenaza de la fuerza militar en Siria, Afganistán y Corea del Norte, y alaban su nombramiento de un general alcohólico para un puesto de seguridad de alto nivel. Una característica notable de los primeros 100 días de Trump fue la forma en que la campaña para demonizar tanto a él como a su séquito como criaturas del Kremlin, se acabó tan súbitamente como se retiró de su radicalismo anterior.

La escalada de tensiones en la península coreana pone, objetivamente, al mundo al borde de una catástrofe de incalculables proyecciones. Tal como muchos observadores lo han repetido, Corea del Norte (nombre oficial: República Democrática Popular de Corea) no es Libia, no es Irak, no es Afganistán y tampoco es Siria. A diferencia de estos cuatro países, Pyongyang tiene una capacidad de retaliación que ninguno de aquellos jamás poseyó. Y, como lo recuerda periódicamente Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a países indefensos, nunca a los que tienen capacidad de respuesta militar. En estos días, a estas horas, un tremendo operativo naval se está desplegando a escasos kilómetros del litoral norcoreano. Y la prensa hegemónica internacional -en realidad, la prostituta favorita en el lupanar del imperio, en donde se revuelca con los “intelectuales bienpensantes” y los gobernantes y políticos coloniales- no ha dudado en satanizar y ridiculizar al gobierno norcoreano y, por vía indirecta, humillar a su pueblo. Sería conveniente, por lo tanto, mirar con objetividad algunos datos y construir un retrato alejado del maniqueísmo que ha hecho de Corea del Norte la encarnación misma del mal y de Estados Unidos y sus aliados, dentro y fuera de la región, una suerte de ángeles virtuosos sólo interesados en la democracia, la paz, la justicia, la libertad y los derechos humanos. Dado que conocemos al imperio desde sus entrañas, como decía Martí, sabemos que lo último es una escandalosa patraña. Pero, ¿qué hay de Corea del Norte?

Era presumible que un simple especulador inmobiliario, como es el actual presidente norteamericano, no fuera un erudito en historia y mucho menos en historia centroasiática. Aunque siguiendo el rumbo de sus políticas en la región, tendrá que ponerse al día con varios miles años de atraso para entender de qué va ese complejo país por donde pasaron colosales imperios y al que finalmente ninguno pudo asirse a esa geografía tan hostil como enmarañada, entre ellos Alejandro Magno (329 A.C.) o Genghis Khan (1219) quien apenas lo pudo conquistar gracias a grandes mareas de sangre. 

Bajo el comando de EE.UU., un grupo de gobiernos cipayos están empeñados en aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana.

Frases


"Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen."

José Martí