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A Donald Trump lo acechan tiempos difíciles. Sus bravatas de campaña siguen en el plano de la retórica y no se traducen en hechos. Lo esencial de su promesa: el retorno de los empleos que emigraran a China y otros países de bajos salarios ha caído en oídos sordos de los CEOs de las grandes transnacionales estadounidenses que pagan en aquellos países la décima parte del salario que deberían oblar en Estados Unidos para obreros que, además, trabajan más de ocho horas diarias y están expuestos a muchos más accidentes de trabajo.[1] El muro que dividiría la frontera entre México y Estados Unidos tiene remotas posibilidades de concreción, y no sólo por su fenomenal costo cinco o seis veces superior al que anunciara Trump en su campaña. Aparte, fue condenado públicamente por el Papa Francisco y Angela Merkel en su reciente visita a México. El escándalo del “rusiagate”, aunque sea una farsa montada por sus enemigos dentro de Estados Unidos se yergue como una letal amenaza a su permanencia en la Casa Blanca. En el Congreso suenan tambores de guerra reclamando un juicio político al nuevo presidente. Tampoco lo ayudan los oscuros negocios de su yerno y la clara incompatibilidad de intereses entre su emporio empresarial y su función como presidente.

1.- Pasa que comunicadores como Ildefonso Finol, Miguel Ángel Pérez Pirela y quien suscribe desde principios de siglo denunciamos la infiltración de paramilitares. Acontece que éstos progresivamente cobran vacuna, establecen alcabalas y toques de queda, ejercen trata de personas, narcotráfico, sicariato, propagación de casinos, contrabando de extracción, intento de magnicidio y control sobre empresas de seguridad y transporte. Ocurre que progresan del crimen organizado a la parapolítica: bajo protección de las policías de un puñado de alcaldías opositoras en tres años lanzan tres oleadas terroristas, dejan centenares de víctimas fatales entre las cuales se cuentan autoridades, fiscales y motorizados degollados con guayas; queman dependencias y transportes públicos; incendian hospitales y guarderías con niños dentro; incineran ciudadanos en plena calle. No parecen actividades pacíficas. Pacíficas son las víctimas irreparables.

Fue una patética puesta en escena en el Teatro Manuel Artime de la llamada Pequeña Habana. Como escenografía, una caterva de viejos resentidos,  la rémora de la derrotada brigada mercenaria y par de asalariados de los que tienen por estos lares, salpicada de algún joven que ni siquiera sabe que Cuba es un archipiélago. Como teloneros, Diaz-Balart, Marcos Rubio, el gobernador Rick Scott y el vicepresidente Mike Pence.

Definitivamente la respuesta es afirmativa. Corroborando lo dicho, este jueves 8 de junio los aviones de la coalición internacional, liderada por EE.UU., han bombardeado posiciones del Ejército sirio y sus aliados cerca de la frontera con Irak, por segunda vez esta semana y tercera en tres semanas, donde la Fuerza Aérea de Estados Unidos obstruye los ataques a grupos terroristas causando un número alto de muertes para protegerlos.

El imperialismo estadounidense y el de la OTAN,  actúan de la mano en el mundo utilizando un guión preestablecido, las llamadas Revoluciones de Colores para derrocar a los gobiernos legalmente electos que no se someten a los dictados de su política de dominación mundial. Dicho guión se basa en una estrategia que apunta hacia la creación de focos subversivos revolucionarios apoyados en la población campesina, que según las tesis avanzadas por el Ché Guevara debía finalmente culminar en el derrocamiento del régimen.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33