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Catorce años después de la invasión de una treintena de países liderados por el imperialismo de Estados Unidos, y la imposición de un régimen títere de la derecha islámica chiita en 2003, Iraq sigue siendo ocupado y en guerra. Entre los objetivos (reales) de Washington estaban: desmantelar el estado iraquí, destruyendo su nación y sus infraestructuras para que en décadas no levantara cabeza; convertirlo en una gran base militar en el corazón de Oriente Próximo desde donde vigilar a Irán, Arabia Saudí y Turquía, y de paso acabar con uno de los rivales árabes de Israel y defensores de la causa palestina (luego harán lo mismo con Libia y Siria).

 

Parece que hay algo en el lanzamiento de bombas o misiles sobre ciudades y personas, efectuados desde larga distancia, que gusta especialmente a los líderes militares y políticos estadounidenses. En parte - sostiene William Blum - tiene que ver con un deseo consciente de no arriesgar vidas estadounidenses en combate terrestre (...).

Sábado 4 de marzo de 2017. A las 6 y 26 de la mañana. Imagínalo sentado en un sofá ubicado en cualquier punto de los 5 mil 100 metros cuadrados de la Casa Blanca, acomodando de un lado al otro las posaderas. Saca su teléfono inteligente, que se ve tan vulnerable entre sus manos, abre el Twitter, y uno tras otro suelta los siguientes trumpetazos: "¡Es terrible! Me acabo de enterar de que Obama había pinchado las comunicaciones de la Torre Trump justo antes de la victoria. No encontró nada. ¡Esto es macartismo!".

1 Como quiera que la celebración de elecciones de gobernadores y alcaldes resulta cuesta arriba, la situación se complica día tras día. El gobierno de Maduro no tiene interés en obstaculizarlas. Es más, dada la intensa actividad que realiza, contrastante con la parálisis de la oposición, y los numeritos de las últimas encuestas, reveladores de un repunte importante, se puede afirmar que su interés por una medición de fuerza en las urnas electorales cuenta hoy con más adeptos. En otras palabras, el chavismo empieza a mirar con optimismo un evento que pudiera favorecerlo. La tendencia que se observa se orienta a superar el complejo que se creó en el conglomerado chavista con motivo de la derrota en las parlamentarias del 6 de diciembre de 2015.

Asistimos a un mundo cada día más convulsionado, plagado de disputas territoriales y comerciales, crisis económica, contaminación, cambios climáticos, guerras, hambre y miseria que invita al pesimismo. La propia Meca del capitalismo global, Estados Unidos, proyecta su descomposicion al mundo. Sus disputas internas se muestra cada vez más complejas, enrarecidas por las confrontaciones dentro del mismo establishment estadounidense; entre la histórica élite político - económica dominante y la nueva clase política empresarial más pragmática, hoy representada por el magnate Donald Trump. Nada avizora que vaya a detenerse aquella puja interna. Todos los días se suscitan nuevos hechos bochornosos, acusaciones mutuas que dejan ver las grietas de un imperio en decadencia cuyo "liderazgo" mundial también se ve muy golpeado y disminuido. Hoy podemos entender que el liderazgo estadounidense ha sido posible gracias  a una mezcla de amenazas, chantaje y miedo. Sí, el chantaje que supusieron los acuerdos de Bretton Woods en 1946 y el miedo que proyecta la arrogante dirigencia de un país extremadamente beligerante, que dispone de miles de bombas atómicas, más 800 bases militares distribuidas en todo el mundo y un indiscutible "poderoso" aparato de inteligencia que terminó no siendo tan inteligentes como se pensaban. Pero ya poco o nada hace brillar a Estados Unidos, de no ser por sus amenazas y espectáculos ante el mundo. Su ambición de pretender occidentalizar al mundo, sirviéndose como un "policía mundial", la opacan más.