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Regresando a su plan inicial, Washington se dispone a implantar ilegalmente, y oficialmente a pedido del ahora presidente turco, una zona de exclusión aérea sobre el norte de Siria. Ese plan, ya utilizado anteriormente contra Irak, serviría para implementar un futuro desmembramiento de la República Árabe Siria.

Una situación «underground» se ha creado durante los 2 últimos años, al calor del «caos de la guerra civil en Siria». Así nos reinventa el presidente Obama la génesis del Emirato Islámico (ex EIIL), en una entrevista transmitida en [el programa de televisión estadounidense] 60 Minutes, donde dijo haber «subestimado» a ese grupo yihadista y «sobrestimado» la capacidad del ejército iraquí para combatirlo. Ello justificaría lo que Obama dijo despues, cuando explicó que ahora Estados Unidos «reconoce que la solución está tornándose militar».

El presidente Obama resuelve así dos problemas al mismo tiempo:

1- Por un lado asume el falso error de haber subestimado al Emirato Islámico pero no asume el verdadero error que es haber favorecido su desarrollo al armar e infiltrar grupos islamistas en Siria y en Irak.

2- Y por otro lado ofrece al público la apariencia de una administración honesta que se ve obligada a recurrir al uso de la fuerza militar para proteger a los civiles sirios, kurdos e iraquíes de la amenaza que representa el Emirato Islámico.

Los ataques aéreos de la aviación estadounidense se concentran en los yacimientos petrolíferos sirios, poniendo como pretexto la necesidad de evitar que el Emirato Islámico pueda utilizarlos.

El verdadero plan consiste, evidentemente, en acabar con toda la infraestructura y las instalaciones industriales que aún quedan en Siria para provocar así el derrumbe del gobierno de Damasco.

Esas instalaciones no sólo están siendo atacadas desde el aire sino también desde el mar. Desde el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, dos buques de guerra estadounidenses –el USS Arleigh Burke y el USS Philippine Sea– están lanzando cientos de misiles del tipo crucero sobre las instalaciones sirias. Al mismo tiempo, mientras que «grupos de rebeldes sirios moderados» reciben armas y entrenamiento, se desarrollan los preparativos para la operación terrestre, utilizando como tapadera el llamado «plan Erdogan».

Ese plan, oficialmente propuesto por el presidente turco, prevé la creación de una «zona tapón», en territorio sirio y a lo largo de la frontera turca, que se vería fortalecida por una «no fly zone» impuesta sobre el norte de Siria con el pretexto de proteger a los civiles de los ataques de la aviación del gobierno sirio, que de hecho ya en este momento no puede sobrevolar esa zona debido a la intervención de la US Air Force.

Ese plan es en realidad fruto de la estrategia USA/OTAN, como lo confirman el secretario de Defensa estadounidense Chuck Hagel y el general Martin Dempsey –jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense–, quienes rápidamente se declararon «dispuestos a considerar el pedido del presidente Erdogan». La creación de una zona tapón «se ha convertido en una posibilidad», declaró el general Dempsey, agregando que ello exigiría «ataques aéreos para neutralizar el sistema de defensa aérea del gobierno sirio».

Turquía está en primera línea de la operación militar contra Siria. La OTAN tiene en Turquía más de 20 bases aéreas, navales y de espionaje electrónico, protegidas desde 2013 por 6 baterías de misiles «Patriot» provenientes de Estados Unidos, Alemania y los Países Bajos capaces de derribar aviones en el espacio aéreo de Siria.

A todas esas bases ha venido a agregarse uno de los centros de mando más importantes de la OTAN: el LANDCOM, a cargo de todas las fuerzas terrestres de los 28 países miembros de la alianza atlántica, instalado en la ciudad turca de Izmir (Esmirna) [1].

El desplazamiento del centro de mando de las fuerzas terrestres de la OTAN de Europa a Turquía –país colindante con el Medio Oriente, fundamentalmente vecino de Siria, Irak e Irán) y con el Mar Caspio– indica que los planes de Estados Unidos y la OTAN incluyen el uso de fuerzas terrestres de la alianza atlántica en esa región de alta importancia estratégica.

El LANDCOM, bajo las órdenes del general estadounidense Ben Hodges, es parte del JFC Naples, el Mando de la Fuerza Conjunta [basado en la ciudad italiana de Nápoles], que a su vez está bajo las órdenes del almirante estadounidense Mark E. Ferguson III. Este almirante es simultáneamente comandante del JFC Naples, de las fuerzas navales estadounidenses en Europa y de las fuerzas navales del AfriCom [el mando militar de Estados Unidos en África], un juego estratégico de 3 cartas que garantiza al Pentágono el control constante de las fuerzas militares de la alianza atlántica.

Como se señala además en las investigaciones del diario estadounidense New York Times y del británico The Guardian, en las provincias turcas de Adana y Hatay, fronterizas con Siria, la CIA ha creado varios centros de entrenamiento para los combatientes destinados a infiltrarse en Siria. Y es en esos centros donde han recibido entrenamiento los miembros de diferentes grupos islamistas –inicialmente clasificados por Washington como terroristas– provenientes de Afganistán, Bosnia, Chechenia y Libia, entre otros países. Las armas llegan principalmente a través de Arabia Saudita y Catar y el puesto de mando que dirige las operaciones está a bordo de navíos de la OTAN basados en el puerto [turco] de Iskenderun (Alejandreta).

Desde ese puesto de mando se prepara la aplicación del «plan Erdogan».

Fuente: Red Voltaire

Las políticas del gobierno de Turquía y de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, se están convirtiendo cada vez en más peligrosas, tanto en Siria como en todo el Oriente Medio. Ankara no sólo ha estado promoviendo el terrorismo y los grupos extremistas, junto a su único aliado en la región, Qatar, sino que está preparando ahora una invasión del norte de Siria. Erdogan cree que tiene el derecho a invadir y ocupar los territorios de los vecinos de Turquía e ignorar y violar la soberanía de estos países árabes. Él ha apoyado a las organizaciones terroristas en Siria y permitido el comercio ilegal de petróleo por parte de estos grupos, ignorado la soberanía de Bagdad sobre el Kurdistán iraquí y sus recursos e insultado al presidente egipcio en la ONU.

El gobierno de Erdogan ha sido durante mucho tiempo un aliado clave del EI, el Frente al Nusra y algunas otras organizaciones terroristas. Sin embargo, Ankara está ahora tratando de utilizar los avances del EI hacia su frontera como un pretexto paara enviar tropas a ocupar ilegalmente una parte del territorio del norte de Siria sin la autorización del gobierno sirio. Esto es claramente un acto de guerra, según señaló recientemente el diario británico The Independent.

La propaganda turca está invocando una falsa excusa, la protección humanitaria para los kurdos que huyen del avance del EI, para promover la creación de una zona colchón y una zona de exclusión aérea en Siria. El objetivo de esta estrategia es debilitar al Estado sirio y dar a los grupos armados opositores apoyados por Ankara un santuario desde el que puedan lanzar ataques contra el Ejército sirio y donde los militares turcos puedan entrenarlos.

A su retorno de Nueva York, Erdogan desveló algunos de los planes del liderazgo turco, que explican la situación que prevalece en el norte de Siria. “Debemos mirar a los acontecimientos en Siria, no sólo desde el ángulo del terrorismo, sino también desde el ángulo del régimen sirio”, señaló. Él pidió abiertamente la creación de una zona colchón y una zona de prohibición de vuelo en el norte de Siria, mientras criticó la decisión de Alemania de suministrar armas a las fuerzas pershmerga kurdas que luchan contra el EI, tales como el PKK. De este modo, desde el punto de vista de Erdogan el principal enemigo no es el EI sino el gobierno sirio y el PKK, que luchan ambos contra los terroristas del grupo takfiri.

Cabe señalar que el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu, también afirmó que Turquía se opone a suministrar armas al Ejército iraquí porque “el 95%” de sus soldados son shiíes, según él.

Recientemente, Abdulkadir Selvi, un periodista del periódico Yeni Safak, que está considerado como el principal diario pro-Erdogan, dijo que Turquía no tomará parte en ninguna guerra aérea o terrestre con la coalición contra el EI y esto con el fin de presionar a EEUU para que establezca una zona colchón en Siria y permitir a Turquía entrar en Siria con sus propios aviones y tropas. Erdogan está ahora utilizando los acontecimientos en la ciudad kurda de Kobani para incrementar esta presión: si no me permitís enviar tropas a Siria, Kobani caerá. Ésta es la nueva estrategia turca.

Según diversos medios, los kurdos sirios están denunciando los planes de Erdogan. Uno de ellos, Binici Ibrahim, miembro del Partido Democrático Popular (HDP), culpó a Ankara de la situación en el norte de Siria por su apoyo al EI. “Las autoridades turcas son en parte responsables de esta situación. Ellas protegen al EI, que es una organización terrorista”, dijo Bicini. “Hoy en día, ellos impiden a los jóvenes kurdos regresar a Siria para defender su territorio”. “El gobierno turco no quiere defender nuestra ciudad”, dijo Mehmet Eminakma, otro joven activista del HDP. “Ellos apoyan de una forma loca al EI y no al pueblo sirio”.

De este modo, Ankara está tratando de impedir a los jóvenes kurdos que viven en Turquía regresar y combatir al EI con el fin de crear una crisis humanitaria y seguir adelante con sus planes.

Frente a este chantaje, la estrategia de la Administración Obama no está clara. El secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha manifestado, sin embargo, que el detener a los terroristas del EI en Kobani no es una prioridad porque “el objetivo estratégico de la guerra de EEUU es atacar la infraestructura del EI”. Esto podría significar que Washington entiende el juego turco y no quiere caer en esta trampa.

Hace algunos meses, Turquía envió algunas tropas a proteger la Tumba de Suleiman Shah, situada a 33 kms de la frontera. Según los medios turcos, el convoy militar, integrado por unos 200 soldados, entró en el territorio sirio sin pedir permiso a Damasco. La excusa fueron unos supuestos vínculos entre el sitio y la historia otomana. Si tal argumento fuera aceptable, decenas de países podrían utilizar pretextos similares para invadir otros estados vecinos.

Obstáculos a auna intervención turca

Sin embargo, existen algunos obstáculos para una posible intervención turca. En primer lugar, los pueblos árabes recuerdan la ocupación otomana y no quieren ver retornar a los turcos. Las políticas de Erdogan han irritado no sólo a Siria e Iraq, sino también a otros estados de la región, como Jordania, que ya ha dejado claro que se muestra en contra de la política intervencionista turca.

Otros países, como Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, no quieren una intervención turca en Siria tampoco. Ellos creen que el gobierno turco, junto con Qatar, está tratando de movilizar a sus aliados de los Hermanos Musulmanes en el norte de Siria y esto supone una clara amenaza para estos países, que están luchando contra este grupo en sus territorios. Incluso Arabia Saudí, a pesar de su hostilidad hacia el gobierno sirio, no estará feliz tampoco dado que el régimen saudí no quiere ver a una Turquía más poderosa que patrocine a los Hermanos Musulmanes en la región.

En segundo lugar, Siria e Iraq han rechazado cualquier intervención militar turca. El primer ministro iraquí, Haidar Abadi, reiteró el 7 de octubre a su homólogo turco, Ahmed Davutoglu, en una conversación telefónica que Iraq rechaza cualquier injerencia de fuerzas extranjeras en su país bajo el pretexto de luchar contra el EI. Siria ha advertido también que cualquier despliegue turco en su territorio equivaldría a un “acto de agresión”.

En tercer lugar, Irán y Rusia han declarado claramente que Siria es una línea roja y que cualquier agresión contra Siria violaría sus principios e intereses. Rusia ciertamente bloqueará cualquier proyecto en el Consejo de Seguridad de la ONU para crear una zona colchón o una zona de exclusión aérea. Ambos países también responderían a una acción turca. Recientemente, Rusia ha enviado un nuevo barco de guerra al Mediterráneo y ha realizado maniobras en el Mar Caspio junto con Irán con el fin de enviar una señal a Turquía.

En Turquía, una gran parte de la población rechaza las políticas de Erdogan en Oriente Medio. Los principales partidos de la oposición turca se opusieron a la moción del AKP (el partido de Erdogan) dirigida a autorizar una intervención militar en Siria e Iraq. El Partido Popular Republicano (CHP) y el Partido de la Democracia y la Libertad han señalado que esta acción sería “inaceptable”. Se han producido también manifestaciones en Estambul y otras ciudades contra las injerencias del gobierno en Siria y su apoyo al EI. El 5 de Octubre, 10.000 personas marcharon por Estambul detrás de pancartas que decían: “EI asesino, AKP cómplice”.

Para Occidente, la Turquía de Erdogan se está convirtiendo en un serio problema también. Turquía, un miembro de la OTAN, es uno de los principales patrocinadores del extremismo en Oriente Medio y sus sueños imperialistas neo-otomanos están poniendo en peligro toda la región y alimentando el terrorismo en todas partes. De este modo, no es sorprendente que Erdogan se haya convertido en el nuevo héroe de los sitios y foros extremistas en Internet.

Sin embargo, una intervención turca en Siria tendría consecuencias fatales para Erdogan y para Turquía. Él pronto descubriría que todo el mundo está contra él y que su política está resucitando el temor al “resurgimiento otomano” entre los pueblos árabes. De este modo, dicha acción se convertiría en el último clavo del ataúd de las ambiciones del liderazgo turco en Oriente Medio.

Fuente: Resúmen Latinoamericano

Lo que está sucediendo en Kobane y en los alrededores de esa ciudad siria, donde más de 300 000 kurdos de Siria corren el riesgo de ser exterminados por el Emirato Islámico, demuestra definitivamente el doble juego de la OTAN. Mientras el comandante en jefe de la coalición estadounidense dice luchar contra del Emirato Islámico, un país miembro de la OTAN –Turquía– garantiza ayuda militar y asistencia médica a esa organización yihadista, impide la huida de los civiles de Kobane y bloquea en territorio turco a los combatientes del PKK que quieren ayudarlos.

En el teatro antiguo, los espectadores conocían de antemano el trágico final de la obra que estaban viendo. Cegados por los dioses, los personajes traducían en actos lo que decían rechazar. Pero el coro revelaba a los espectadores los proyectos del Destino.

La tragedia que hoy se desarrolla en Kobane (en árabe, Ain al-Arab) fue escrita para tener como desenlace el genocidio anunciado de 300 000 kurdos de Siria. El Emirato Islámico ya controla varios barrios de la ciudad y numerosas localidades de sus alrededores y si el Ejército Árabe Sirio no logra romper las líneas de esa organización yihadista… los kurdos serán masacrados.

Los combatientes del PYG (partido autonomista kurdo que respalda la preservación de la República Árabe Siria) han asumido la defensa de la población kurda. Pero Turquía ha sellado su frontera, de manera que los civiles no pueden huir entrando en territorio turco ni los refuerzos del PKK (partido independentista kurdo en Turquía vinculado al PYG) tampoco pueden pasar la frontera turca para ayudar a la población kurda de Siria.

A la cabeza de los combatientes kurdos que se baten en Kobane está Mahmud Barkhodan y su segundo al mando es la combatiente Narin Afrine, cuyo verdadero nombre es Mayssa Abdo. La noticia de que una mujer funge como segundo al mando de los combatientes kurdos en Kobane sembró el pánico entre los hombres del Emirato Islámico, convencidos de que la muerte a manos de una mujer les cerraría las puertas del paraíso.

Ante la encarnizada resistencia de los kurdos sirios de Kobane, el Emirato Islámico ha trasladado a Siria el grueso de sus fuerzas.

Según nuestro análisis, ya publicado en estas columnas y ampliamente divulgado a través de numerosas emisiones de radio y televisión en América Latina, Rusia y en el mundo musulmán, el Emirato Islámico fue creado por Estados Unidos para realizar una limpieza étnica destinada a rediseñar la región. Cualquiera puede comprobar en este momento que las operaciones militares de Estados Unidos desmienten el discurso mediático de Washington, cuyas acciones están favoreciendo al Emirato Islámico en vez de dañarlo.

La coalición formada por Estados Unidos ha llevado a cabo 6 oleadas de bombardeos sobre Kobane. Pero no ha bombardeado nunca las posiciones del Emirato Islámico ni le ha causado bajas. Lo que sí está haciendo la coalición, más al sur y al oeste de Kobane, es mantener a raya a las fuerzas del Ejército Árabe Sirio, impidiéndoles abrir la brecha que salvaría a la población de esa región.

El gobierno regional del Kurdistán iraquí (proisraelí) mantiene desde hace tiempo graves divergencias con los kurdos de Siria y actualmente se niega a ayudarlos, pasividad que justifica afirmando que no tiene acceso directo al territorio sirio.

Por su parte, Turquía, país miembro de la OTAN, se niega a prestar ayuda a la población en peligro de ser masacrada y exige que los kurdos sirios renuncien antes a su estatus autonómico en Siria y que se unan a la guerra de la OTAN contra la República Árabe Siria y contra su presidente electo, Bachar al-Assad.

Según los combatientes del PYG, Turquía está haciendo diariamente entregas de armamento al Emirato Islámico y además acoge a los yihadistas heridos en los hospitales turcos mientras que el propio PYG encuentra enormes obstáculos para enviar sus heridos a Turquía y proporcionarles allí la atención médica que necesitan.

En Turquía, el grupúsculo islamista Hur Dava Partisi –queantes se hacía llamar “Hezbollah”, precisamente para confundirse con la Resistencia libanesa– ha entrado en guerra contra el PKK, partido kurdo mayoritario entre los kurdos de Turquía. El Huda-Par –que es el nombre abreviado del Hur Dava Partisi– cuenta con el apoyo encubierto del AKP del presidente turco Recep Tayyip Erdogan para luchar simultáneamente contra el independentismo kurdo y respaldar a la Hermandad Musulmana.

El 30 de agosto, un líder del Emirato Islámico llamado Hikmet y dos de sus guardaespaldas fueron abatidos por el PKK en Estambul, donde estaban residiendo invitados por el Huda-Par y bajo la protección de la policía turca.

En un texto enviado telefónicamente, el PKK instruyó a sus militantes para que procedan a la eliminación física de todos los miembros del Huda-Par, acusados de estar trabajando para el gobierno turco y ayudando al Emirato Islámico.

Haciendo una comparación con la masacre perpetrada en 1995 en la ciudad yugoslava de Srebrenica, el emisario especial de la ONU para Siria, Steffan de Mistura, estimó el 10 de octubre de 2014 que Turquía será responsable tanto de la posible caída de Kobane como en caso de que la población de esa ciudad sea víctima de un genocidio y exigió que Turquía abra su frontera, pedido que ha caído en oídos sordos.

El jefe de la coalición estadounidense, general John Allen, también exigió públicamente que Turquía abra su frontera y que impida que llegue a cometerse un genocidio contra los kurdos de Kobane. Pero el poco caso de Turquía a ese reclamo no parece haber dañado las relaciones de Washington con Ankara sino más bien todo lo contrario.

El nuevo ministro turco de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu, ha declarado que su país no intervendrá mientras la coalición formada por Estados Unidos no decida imponer una zona de exclusión aérea en el norte de Siria y adoptar como objetivo el derrocamiento de la República Árabe Siria.

Por el momento, el parlamento turco ha autorizado su gobierno a combatir tanto contra el Emirato Islámico como contra el PKK.

Al recibir en París a su nuevo homólogo turco, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, apoyó la idea de imponer una «zona de seguridad» en el norte de Siria, sin precisar exactamente lo que quería decir con ello, pero resaltando que estaba de acuerdo con Turquía.

Francia, otro país miembro de la OTAN, entrega armas directamente al gobierno regional separatista del Kurdistán iraquí, sin haber sido autorizado para ello por el gobierno central de Irak. Y ese gobierno regional del Kurdistán iraquí extendió su territorio en un 40% en un avance coordinado con la ofensiva del Emirato Islámico, que a su vez se apoderaba de la zona árabe sunnita iraquí. Durante los años anteriores, Francia había dado apoyo político al PKK turco (prosirio), pero el hecho es que está aportando ayuda militar al gobierno regional del Kurdistán iraquí (proisraelí).

En este momento, el espacio aéreo del norte de Siria está de hecho bajo control de la coalición encabezada por Estados Unidos. El Emirato Islámico dispone de aviones (varios MiG robados a Siria y algunos F-15 de los que se apoderó en Irak) pero cuenta con muy pocos pilotos y personal técnico capaces de utilizarlos. La creación de una zona de exclusión aérea bajo control de la OTAN en territorio sirio, aparte de ser una violación flagrante del derecho internacional, no tendría por lo tanto ninguna consecuencia para los combates que actualmente se desarrollan.

La idea de la crear una zona de exclusión aérea en Siria ha sido promovida por Israel, que ve en ella una manera de desmembrar ese país árabe, siguiendo el modelo que se aplicó en Irak de 1991 a 2003, favoreciendo al gobierno regional del actual Kurdistán iraquí. Pero la única comparación realmente válida es la que habría que hacer con la zona tapón impuesta en 1983, durante la guerra civil libanesa. En aquel entonces, la medida fue interpretada como una evidente recolonización del Líbano y acabó en fiasco, después de la eliminación física de 300 soldados estadounidenses y franceses.

En Turquía, el PKK intensifica las manifestaciones para obligar el gobierno de Erdogan a abrir nuevamente la frontera. La represión policial turca contra esas manifestaciones ya arroja un saldo de al menos 32 muertos.

Ahora, la única pregunta válida es saber cuánto tiempo más podrán resistir solos los kurdos sirios ante los yihadistas armados y financiados por Estados Unidos gracias al voto del Congreso estadounidense en su sesión secreta de enero de 2014. En otras palabras, ¿cuándo lograrán Estados Unidos y sus aliados que sus protegidos del Emirato Islámico terminen la limpieza étnica emprendida en el norte de Siria?

Fuente: Red Voltaire

Latinoamérica encara hoy una embestida de los llamados golpes suaves, que no son tan suaves, vive un golpismo permanente, por lo que la unidad es más imprescindible que nunca, advirtió la destacada intelectual argentina Stella Calloni.

"Nunca hemos necesitado estar más claros y conscientes del momento histórico que estamos viviendo por los acontecimientos que nos rodean", consideró la investigadora, periodista y escritora.

Calloni abordó la actualidad internacional, en especial latinoamericana, en una charla que presidió junto al primer secretario de Asuntos Internos de la embajada de Venezuela en Argentina, Arnoldo Olivares, en la taberna social La Dignidad.

"Estamos ante una ofensiva expansionista global por parte del gobierno norteamericano y su brazo armado de la OTAN; quieren dominar el mundo y no se ocultaron para admitirlo; quieren imponer un nuevo mapa en el Oriente Medio en sintonía con Israel a la cabeza", explicó.

Lo que está sucediendo en Siria e Iraq es un "genocidio real de esos pueblos, incluido el kurdo; hoy el pueblo árabe vive un holocausto", denunció Calloni.

Expresó que la agrupación "surgida de la nada" llamada Estado Islámico, como reveló el exanalista de la CIA Edward Snowden fue concebida por el servicio de inteligencia israelí Mossad en coordinación con Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudita y Catar.

"Es el pretexto para intervenir en Siria y mantener la presencia bélica en Iraq", sostuvo la prestigiosa politóloga, quien preguntó: "¿Y cómo se manifiesta toda esta ofensiva colonial en América Latina?"

En una escalada golpista -respondió- que se concretó en Honduras y Paraguay y en una creciente contrainsurgencia antipopular que se materializa en golpes suaves, cargados también de violencia como en Venezuela, para derribar los procesos revolucionarios y populares como insisten en hacer, además, en Ecuador y Bolivia.

Los pueblos sufren lo que definió como "golpismo mediático para condicionar sus mentes, crearles confusión, enajenación", señaló y aseveró que "las derechas hoy en Latinoamérica están guiadas y financiadas por las fundaciones dirigidas por Washington". Han dejado de ser autónomas, añadió.

Esa combinación de ofensiva mediática y accionar de organismos norteamericanos se refleja, por ejemplo, en Argentina, donde toda la oposición, incluidos sectores de izquierda, apoyan a los fondos buitre y a Estados Unidos ante las políticas soberanas que adopta el Ejecutivo de la presidenta Cristina Fernández.

Toda Latinoamérica está bajo amenaza proveniente de un mismo centro de poder, "por eso la unidad es más imprescindible que nunca", convocó Calloni.

Por su parte, el diplomático Olivares argumentó que el establecimiento los últimos años por Estados Unidos de siete bases militares en Colombia y otras dos en Curazao y Aruba tiene dos objetivos.

Uno, señaló, es golpear al movimiento revolucionario y guerrillero colombiano, y disipar las aspiraciones de progreso soberano e independiente de ese pueblo.

Y el segundo es agredir a la revolución bolivariana en Venezuela y tratar de dar al traste con sus programas de desarrollo social y popular, y a la vez tratar de desarticular los procesos de integración que se han ido forjando.

Fuente: Prensa Latina

La triple necesidad de enfrentar a Rusia, a China y de impedir la unificación estratégica de la UE lleva a que el accionar de EEUU en esos frentes provoque efectos no deseados en los otros.

Relación Rusia-Unión Europea

La política estadounidense hacia Europa estuvo signada en los últimos meses por el “affaire Ucrania”. Más allá del objetivo obvio de restar Ucrania a la recomposición rusa llevada adelante por el presidente Vladimir Putin, otro de los objetivos, menos visible, es crear cortocircuitos entre Rusia y Europa, y muy principalmente con Alemania.

En la última década y media, Alemania y Rusia se fueron acercando de manera creciente. El eje de la relación es el gasoducto Nord Strem que sale de Vyborg en Rusia, recorre el mar Báltico e inyecta gas directamente en Alemania, haciendo un bypass a Ucrania y Polonia. Ese gasoducto comenzó a funcionar en 2011 y crea una dependencia de Berlín a Moscú, más que en sentido inverso. Además debilita el valor geoestratégico de Ucrania y Polonia. Es la obra de infraestructura con mayor impacto geopolítico en muchos años.

La concreción de esa alianza invierte el eje de las dos guerras mundiales, principalmente de la segunda, en la que la Unión Soviética resultó el factor clave de la derrota alemana. Su concreción de una manera consistente y sostenida (algo que en opinión de quién escribe, aún no se puede afirmar) y más aún si se suma China, supondría para Estados Unidos dejar de ser árbitro en el continente euroasiático, lo cual equivale a resignarse a su creciente pérdida de relevancia.

Las diferencias tácticas de Berlín con Washington se están desarrollando desde la caída de la Unión Soviética; y son la consecuencia lógica de la transición de un ordenamiento geopolítico bipolar a uno multipolar, con un primer (y falso) momento unipolar.

Debemos recordar que Alemania comenzó contra Washington la implosión de Yugoslavia (luego Estados Unidos se sumó desde un ángulo propio)[1]; se opuso a la invasión a Irak, mantuvo una actitud distante respecto a la intervención en Libia y no tuvo una intervención activa en la agresión “tercerizada” contra Siria.

Relaciones intra Unión Europea (Transatlántico)

El “liderazgo en la retaguardia” fue la fórmula con que la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, definió el papel de Estados Unidos en el mundo, en contraposición a lo que habría sido un “liderazgo en la vanguardia” durante el gobierno de George W. Bush, y que culminó en fracaso estrepitoso. Para que esa fórmula funcione y la Casa Blanca pueda permanecer en la retaguardia, alguien debía asumir la vanguardia. Ese papel lo tomaron gustosos, el cusquito faldero que orilla el Támesis y Francia (realineada desde Nicolas Sarkozy con la continuación de Francois Hollande, enterrando así sus mejores tradiciones). Gran Bretaña, Francia y el financiamiento de Qatar, se encargaron primero del líder libio Muammar Al Gadaffi y luego fueron por el mandatario sirio Bashar Al Assad. Allí se sumaron Turquía y Arabia Saudita.

Francia y Gran Bretaña asumieron ese papel para obtener beneficios en una nueva redistribución del poder y la influencia en el norte de África y Medio Oriente. Estados Unidos evitó un lugar de mayor exposición y descargó parte del financiamiento de esas operaciones en sus aliados.

Al mismo tiempo, el Departamento de Estado obtuvo algo más: dando protagonismo y prometiendo beneficios a París y Londres, mantiene la tensión al interior de la UE, con los que se quedan afuera en la redistribución de poder y de recursos ajenos. Sostener las contradicciones internas de ese bloque es fundamental para impedir que la UE tenga una línea estratégica propia, compartida al menos por sus principales integrantes y que eventualmente pueda disputar con Estados Unidos. En dos áreas, esa posibilidad sería particularmente sensible: en la constitución de un sistema de defensa europeo que relegue a la OTAN; y en la asunción de una política energética unificada. Más aún cuando el continente europeo se encuentra próximo a agotar sus escasas reservas de gas y petróleo.

Las aventuras de sus socios-competidores por el mediterráneo (Francia-Gran Bretaña), llevó a Alemania a equilibrar sus relaciones de poder inclinándose al eje Rusia-China. En ese punto arrancamos este artículo y esa es una de las utilidades del affaire Ucrania: poner en el freezer esa dinámica.

Montado ese escenario, analistas y aún “decisores” en Washington comenzaron a alentar una hipérbole: si Rusia cierra el grifo del gas ¡bienvenido!, así Estados Unidos comenzará a exportar shale-gas a Europa que, a su vez, se verá obligada a inclinarse al otro lado del Atlántico y dejará de cortejar a Rusia. Se trata de un absurdo, irrealizable en el presente y probablemente también en el futuro. La consecuencia de ese escenario onírico que embelesa a la Casa Blanca sería poder aislar a Moscú y hacerle pagar sus irreverencias en la arena internacional.

A ese curso respondió Putin tres meses atrás con su viaje a China y con la consolidación, en este caso sí, de una alianza sólida de carácter estratégico. La magnitud de los acuerdos alcanzados no permiten suponer que allí existan fisuras relevantes sobre las cuales Estados Unidos pueda operar obteniendo resultados significativos. Rusia tiene un nuevo mercado para vender su gas a precios similares a los europeos y así diversifica sus clientes. Los acuerdos tocan otros dos terrenos súper sensibles: el financiero, impulsando el comercio bilateral por fuera del dólar, y la tecnología militar.

La respuesta rusa a la ofensiva estadounidense continuó con los acuerdos para la creación de un Banco y un Fondo de los BRICS; la recorrida de Putin por Latinoamérica cerrando acuerdos con Argentina, Brasil, Cuba y Nicaragua; y finalmente las sanciones a productos provenientes de la UE y Estados Unidos. Estas sanciones permiten redoblar las relaciones rusas con los países que reemplazarán esas importaciones y amplía el arco de alianzas del Kremlin.

El pivote en Asia-Pacífico (Transpacífico)

Introducimos un nuevo elemento: la principal línea de intervención geoestratégica de los Estados Unidos para las próximas décadas es la denominada estrategia del pivote en Asia-Pacifico, anunciada también por Hillary Clinton en un artículo publicado en Foreing Policy. Se trata de reequilibrar sus fuerzas (militares, pero no solo) hacia la región Asia-Pacífico, zona económicamente más dinámica, donde se concentra la mayoría de la población y donde está situada China, su principal contrincante-socio.

Los resultados de la política europea de Estados Unidos, plasmados a través de Ucrania, provocaron este giro de Rusia al lejano oriente, complementado con todo el marco de relaciones internacionales descriptas arriba.

Este giro de Rusia (insistimos, redoblado por el affaire Ucrania), va en contra de la principal línea de intervención estratégica estadounidense, el pivote en Asia-Pacifico. ¿Por qué? La estrategia del pivote trata de establecer una trama de acuerdos en Asia-Pacifico, bilaterales y multilaterales, económicos y militares, tendientes a crear un equilibrio de fuerza que impida la hegemonía China en la región. Si Rusia gira al Oriente más que a Europa, y solidifica su alianza con China, fortalece la posición de Beijing.

La política del pivote asiático necesita imperiosamente una Rusia que mire a Europa. Sobre esa Rusia volcada a Occidente debería actuar el socio-contrincante (Europa) mediante el palo y la zanahoria para debilitar a Moscú. China quedaría así mirando al sur, sin un socio que cubra su espalda, y sin posibilidad de construir un corredor terrestre con Europa.

El efecto dominó disparado por Ucrania es el contrario: una Rusia que mira a Oriente, se fortalece en su alianza con China, pero no abandonará Europa. Por el contrario, con sus espaldas cubiertas intentará proyectarse en Europa con más fuerza. Cuenta para hacerlo con la palanca clave de la dependencia europea de su gas. Por su parte, China gana un socio que le garantiza el acceso al territorio continental para reconstruir una nueva ruta de la seda que la comunique con Europa. Esa reconstrucción implica incrementar la seguridad de sus abastecimientos, actualmente muy dependientes de la ruta marítima que une el Índico con el Pacífico a través del estrecho de Malaca, dominado por la Armada estadounidense.

El debilitamiento de Washington y la velocidad con la que debe responder a desafíos en todos los frentes, es el origen de las inconsistencias en su estrategia. Buscar al mismo tiempo aislar a Rusia y a China parece un objetivo imposible. Se debe elegir uno u otro. Si sumamos la necesidad de mantener contradicciones internas en la UE e impedir la constitución de una visión estratégica unificada, agregamos una dificultad extra en la consecución de cualquiera de los dos objetivos anteriores.

Es el debilitamiento objetivo (y no la incapacidad de sus estrategas) la causa última de que su política transatlántica provoque efectos contradictorios con su política transpacífica.

Notas:

[1] Proceso magistralmente estudiado por Michel Collon en sus libros “El Juego de la Mentira” y “Monopoly”.

Fuente: Resumen Latinoamericano

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“Tenemos que ayudar todos los días al nacimiento de la conciencia cuando no la haya, y al fortalecimiento de la conciencia cuando ya exista”

Hugo Chávez

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