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El 17 de noviembre, fue nombrado el presidente de transición de Burkina Faso a consecuencia de un levantamiento nacional que preparó el terreno para el derrocamiento del dictador neocolonialista, Blaise Compaoré que gobernaba el país desde hace 27 años. El teniente coronel Isaac Zida, fue ampliamente rechazado por las masas en el interior de la excolonia francesa, rica en minerales.

El anterior ministro de Asuntos Exteriores y el representante de las Naciones Unidas, Michel Kafando, fue nombrado como el presidente interino hasta las elecciones nacionales que se llevarán a cabo durante el año 2015. Kafando sirvió durante trece años en el régimen del derrocado presidente Blaise Compaoré, apoyado por el imperialismo.

El 30 de octubre, millones de personas de Burkina Faso salieron a las calles para exigir la renuncia de Compaoré, que intentaba alargar su mandato a través de la manipulación política de las leyes en el parlamento. Por aquella fecha, miles de furiosos manifestantes entraron en el parlamento, destruyeron el edificio y le prendieron fuego y Compaoré huyó al país vecino, Costa de Marfil.

Pero el nombramiento de Kafando posiblemente no calmará la furia en el interior del país si no le acompañan la aplicación de verdaderas reformas para desarraigar la pobreza masiva, el desempleo y la falta de seguridad alimentaria. Este líder provisional, se vio favorecido por los militares, una razón que causaría que la mayoría de la gente de Burkina Faso, que aboga por un retorno a lo que se percibe como un gobierno civil democrático lo rechace.

Lamine Konkobo, de la BBC de África, escribió el 17 de noviembre que “la reacción de los jóvenes como los que jugaron un papel decisivo en el derrocamiento de Compaoré ante el nombramiento del Kafando ha sido indiferencia.”

Fue el movimiento de jóvenes de clase obrera, vestidos con camisetas y llevando pancartas que evocó el legado revolucionario del líder marxista de Burkina Faso entre 1983 y 1987, Thomas Sankara que causó las manifestaciones masivas contra el sistema neocolonial que gobernaba el país con el apoyo de Francia y el Reino Unido.

Konkobo continua afirmando que: “Todo esto deja a muchos con la sensación de que han sido engañados con el nombramiento de Kafando. Muchos jóvenes habrían preferido Josephine Ouedraogo. Ella sirvió en el Gobierno de Thomas Sankara, el primer líder después de la independencia cuyo asesinato misterioso abrió el camino para que Compaoré tomara el poder en 1987.”


-Las huelgas y los disturbios se extienden por África Occidental

Los obreros, los campesinos y los jóvenes de Burkina Faso no están solo en su lucha contra el neocolonialismo. En Ghana, Níger y Nigeria, huelgas y manifestaciones masivas se están llevando a cabo casi todas las semanas.

En Ghana, decenas de miles de los trabajadores del sector público y de educación se declararon en huelga en octubre, exigiendo más altos salarios y mejores condiciones de empleo. El Gobierno del presidente John Mahama llevó los sindicatos a los tribunales y consiguió una orden para obligar a los trabajadores a volver a sus trabajos.

No obstante, los sindicatos amenazaron con reanudar su paro si el gobierno no cumplía con las demandas de aumento salarial y la garantía de las pensiones. Las huelgas también afectaron a la industria de extracción de petróleo en Ghana, donde los trabajadores se negaron a descargar barriles de petróleo hasta que sus quejas fueran atendidas adecuadamente.

En un artículo publicado por starafrica.com, ha sido mencionado: “Una solicitud de Trades Union Congress (TUC), dirigida al ministro de Finanzas para que cuente el verdadero estado de la economía en su discurso sobre el presupuesto del año 2015 y el enfrentamiento entre los sindicatos y el gobierno en la corte, son algunas de las noticias convertidas en los titulares de las prensas en Ghana el miércoles (12 de noviembre). El periódico Daily Graphic informó que el TUC ha pedido que el gobierno adopte medidas para fortalecer las industrias nacionales e impulse la creación de empleo en el sector público y privado”.

Níger es uno de los mayores productores de uranio en el mundo, sin embargo, las minas son controladas por la empresa francesa, Areva. Al mismo tiempo, como en Burkina Faso, la capital de Níger, Niamey, es un puesto avanzado del Mando África de Estados Unidos (USAFRICOM o AFRICOM), donde están desplegadas las tropas del Pentágono que llevan a cabo la tarea de vigilancia aérea, la construcción de bases de aviones no tripulados y la vigilancia en la llamada “guerra contra el terrorismo” en la región.

El 13 de noviembre, el alcalde de Niamey, Assane Seydou despidió a toda la fuerza de la Policía municipal que se habían puesto de huelga para protestar por la falta de seguridad y exigir salarios decentes. La Policía Nacional detuvo a veinte oficiales municipales en huelga que habían sido acusados ​​de bloquear la entrada de ayuntamiento el 10 de noviembre.

En la República Federal de Nigeria, cuya economía se considera la más grande en el continente africano, las protestas laborales se han acelerado en las últimas semanas. En los sectores de la educación, el petróleo y la salud, ha habido huelgas y amenazas de dejar los puestos de trabajo debido a las malas condiciones que tienen estos.

El Sindicato Conjunto de Trabajadores del Sector de la Salud de Nigeria (JOHESU) se ha embarcado en una huelga indefinida. JOHESU es una federación formado por todos los trabajadores de la salud que están exigiendo que el Gobierno del presidente Goodluck Jonathan cumpla con un acuerdo firmado hace más de dos años sobre los salarios.

Como resultado de la huelga de JOHESU, informó codewit.com, “Ahora los servicios de salud en los hospitales tienen un nivel muy bajo, los pacientes sufren, los enfermos no reciben tratamiento adecuado y las vidas corren peligro. Los nigerianos están sufriendo y los que no tienen los medios para acudir a los hospitales privados o viajar al extranjero, son los más afectados.”(16 de noviembre)
Nigeria depende de los ingresos generados por las ventas de petróleo y a consecuencia, el gobierno y la industria petrolera están preocupados por las amenazas de los trabajadores de paralizar la producción. El país es el mayor exportador de petróleo del continente a los EE.UU.

El periódico Leadership de Nigeria informó que, “La unión de dos grandes sindicatos de los trabajadores petroleras del país, la Unión Nigeria de Trabajadores del Petróleo y Gas Natural (NUPENG) y la Asociación de Personal Categoría Superior de Petróleo y Gas Natural de Nigeria (PENGASSAN) amenazó el 31 de octubre en Abuja con cerrar la industria de petróleo y gas en Nigeria si el gobierno no pusiera fin a la persecución constante de sus líderes. Los sindicatos dieron un ultimátum de 14 días al gobierno federal para hacer frente a lo que describieron como las condiciones precarias de trabajo en el sector petrolero y la presión sobre sus miembros por parte de Total Corp., el incumplimiento de estas peticiones hará que todos dejan de trabajar”.(01 de noviembre)

-Crisis capitalista provocará más disturbios en el sector industrial

Estos hechos ilustran claramente que a pesar del considerable aumento de la inversión extranjera directa en estos países de África Occidental como consecuencia de la extracción y exportación del petróleo, el oro y otros recursos naturales, los trabajadores no están siendo recompensados por el trabajo que hacen. Además, el último declive de los precios del petróleo y otros productos básicos importantes tendrá un enorme impacto en los Estados productores de minerales.

Todos estos Estados están sujetos a los términos de comercio y finanzas controlados por las principales capitales políticas y económicas imperialistas del mundo occidental en Washington, Nueva York, Londres, París, Ottawa, Bruselas, y otros. Hasta que los Estados africanos no tomen el control de sus recursos de forma colectiva y no establezcan un sistema de comercio justo y equilibrado, los trabajadores estarán expuestos al continuo deterioro del nivel de la vida y declive de los salarios mientras que las ganancias de las empresas multinacionales siguen aumentando.

Con el aumento de las protestas de los trabajadores en varios Estados económicamente importantes en el África occidental, el terreno se prepara para un levantamiento directo más amplio y más político. Tenemos que ver las recientes manifestaciones y huelgas masivas dentro del marco de la formación de un frente unido entre las organizaciones sindicales y los partidos políticos que intentan conectar los movimientos de los trabajadores, los jóvenes y los agricultores en toda la región de África Occidental y más allá.

El declive de los salarios y las condiciones laborales para los obreros y los agricultores de toda la región demuestran que la actual distribución del trabajo y el poder económico a nivel mundial sigue favoreciendo las clases dominantes de los piases imperialistas y solo se puede luchar de forma eficaz contra el poder de las empresas multinacionales y los bancos a través de tomar medidas solidarias y organizar a los más explotados y oprimidos.

Abayomi Azikiwe es un organizador del Partido Mundial de los Trabajadores de de Detroit y el editor del sitio Web Pan-African Newswire.

Fuente: HispanTv

Desde 1980, con el lanzamiento de una nueva guerra contra el Estado Islámico (EI) en Iraq y Siria, EEUU se ha embarcado ya en acciones militares agresivas al menos en trece países del Gran Oriente Medio. A partir de ese año, cada uno de los presidentes estadounidenses ha invadido, ocupado, bombardeado o emprendido la guerra en al menos un país de la región. La cifra total de invasiones, ocupaciones, operaciones de bombardeo, campañas de asesinatos con aviones no tripulados y ataques con misiles de crucero llega a varias docenas.

Al igual que en las anteriores operaciones militares en el Gran Oriente Medio, las fuerzas estadounidenses que combaten al EI han contado con la ayuda que supone poder acceder y utilizar toda una colección sin precedentes de bases militares. Ocupan una región que se asienta sobre la mayor concentración del mundo de reservas de petróleo y gas natural, desde hace mucho tiempo considerada como el lugar más importante del planeta a nivel geopolítico. En efecto, desde 1980, el ejército de EEUU ha ido acuartelando gradualmente el Gran Oriente Medio de forma tal que sólo podría encontrarse rival en el acuartelamiento de Europa Occidental exhibido durante la Guerra Fría o, en términos de concentración, en las bases levantadas para emprender las pasadas guerras de Corea y Vietnam.

Sólo en el Golfo Pérsico, EEUU tiene bases importantes en todos y cada uno de los países, excepto en Irán. Hay una base cada vez más importante y más grande en Yibuti, a pocos kilómetros de la Península Arábiga, atravesando el Mar Rojo. Hay bases en Pakistán, en una punta de la región, y en los Balcanes, en la otra; así como en las islas de Diego García y Seychelles, de configuración estratégica. En Afganistán e Iraq, llegó a haber en otro tiempo hasta 800 y 505 bases, respectivamente. Hace poco, la administración Obama firmó un acuerdo con el nuevo Presidente afgano Ashraf Ghani para mantener alrededor de 10.000 soldados en al menos nueve bases importantes en su país más allá de la fecha final de las operaciones de combate de finales de año. Las fuerzas de EEUU, que nunca se fueron totalmente de Iraq después de 2011, están ahora volviendo allí a cada vez más bases y en cifras incluso aún mayores.

En resumen, casi no hay forma de enfatizar cuán plenamente el ejército estadounidense cubre ahora la región con bases y tropas. Esta infraestructura de guerra lleva en vigor mucho tiempo y se da por sentado que los estadounidenses raramente piensan en ello y los periodistas casi nunca informan sobre la cuestión. Los miembros del Congreso gastan cada año en la región miles de millones de dólares en la construcción y mantenimiento de esas bases, pero hacen pocas preguntas de adónde va a parar el dinero, por qué hay tantas bases y qué papel juegan realmente. Según una estimación, EEUU ha gastado en las últimas cuatro décadas 10 billones de dólares en proteger los suministros de petróleo del Golfo Pérsico.

Al acercarse su 35 aniversario, la estrategia de mantener esas estructuras de guarniciones, tropas, aviones y buques en Oriente Medio ha constituido uno de los grandes desastres en la historia de la política exterior estadounidense. La rápida desaparición del debate sobre nuestra más reciente y posiblemente ilegal guerra, debería recordarnos cuán fácilmente esta inmensa estructura de bases ha hecho que cualquiera en la Oficina Oval se ponga a lanzar una guerra que parece garantizar, al igual que las de sus predecesores, la puesta en marcha de nuevos ciclos de muerte y miseria.

Esas bases, por su mera existencia, han ayudado a generar radicalismo y sentimientos antiestadounidenses. Como quedó claro en el caso de Obama bin Laden y las tropas estadounidenses en Arabia Saudí, las bases han fomentado la militancia y los ataques contra EEUU y sus ciudadanos. Les han costado a los contribuyentes miles de millones de dólares, a pesar de que no sean realmente necesarias para asegurar el libre flujo global del petróleo. Han desviado los impuestos del posible desarrollo de fuentes de energías alternativas y de la satisfacción de otras necesidades internas importantes. Y han servido también para apoyar a dictadores y represivos regímenes antidemocráticos, ayudando a bloquear la extensión de la democracia en una región controlada desde hace mucho tiempo por gobernantes coloniales y autócratas.

Después de 35 años construyendo bases en la región, es hora ya de mirar cuidadosamente los efectos que el acuartelamiento del Gran Oriente Medio ha tenido en la región, en EEUU y en el mundo.

“Inmensas reservas de petróleo”

Aunque la construcción de bases en Oriente Medio empezó decididamente en 1980, hacía tiempo que Washington había intentado utilizar la fuerza militar para controlar esta franja de Eurasia tan rica en recursos y, con ella, la economía global. Desde la II Guerra Mundial, como el difunto Chalmers Johnson, experto en la estrategia de las bases de EEUU, explicaba en 2004: “EEUU ha ido inexorablemente adquiriendo enclaves militares permanentes cuyo único objetivo parece ser el dominio de una de las áreas más importantes estratégicamente del mundo”.

En 1945, después de la derrota de Alemania, los secretarios de Guerra, Estado y Marina presionaron, de forma reveladora, para que se completara una base parcialmente construida ya en Dharan, Arabia Saudí, a pesar de la determinación del ejército de que no era necesaria para la guerra contra Japón. “La construcción inmediata de este campo [aéreo]”, postulaban, “mostrará el firme interés estadounidense en Arabia Saudí y, por tanto, tenderá a fortalecer la integridad política de ese país donde inmensas reservas petrolíferas están ahora en manos estadounidenses”.

En 1949, el Pentágono había establecido una pequeña fuerza naval permanente para Oriente Medio (MIDEASTFOR) en Bahrein. A principio de los sesenta, la administración del Presidente John F. Kennedy empezó a instalar fuerzas navales en el Océano Índico, justo al lado del Golfo Pérsico. En el plazo de una década, la Marina había creado en la isla de Diego García, bajo control británico, los cimientos de lo que se convertiría después en la base más importante de EEUU en la región.

Mientras, en esos primeros años de la Guerra Fría, Washington buscaba por lo general aumentar su influencia en Oriente Medio apoyando y armando a poderes regionales como el Reino de Arabia Saudí, el Irán del Shah e Israel. Sin embargo, en los meses de la invasión de Afganistán por la Unión Soviética en 1979 y la revolución en Irán de 1979 para derrocar al Shah, ese enfoque relativo de no intervención había dejado de existir.

Acumulando bases

En enero de 1980, el Presidente Jimmy Carter anunció la catastrófica confirmación de la política estadounidense que llegaría a conocerse como Doctrina Carter. En su discurso del Estado de la Unión, advirtió de la potencial pérdida de una región “que contenía más de las dos terceras partes del petróleo exportable del mundo” y “ahora amenazado por las tropas soviéticas” en Afganistán, lo que representaba “una grave amenaza al libre movimiento del petróleo del Oriente Medio”.

Carter advirtió que “cualquier intento por parte de una fuerza exterior para hacerse con el control de la región del Golfo sería considerado un ataque contra los intereses vitales de los Estados Unidos de América”. Y añadió explícitamente: “Un ataque de esa clase será repelido por todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar”.

Con estas palabras, Carter lanzaba una de los mayores esfuerzos de construcción de bases de la historia. Él y su sucesor, Ronald Reagan, presidieron la expansión de bases en Egipto, Omán, Arabia Saudí y otros países de la región para que albergaran una “Fuerza de Despliegue Rápido”, con la misión de realizar una guardia permanente sobre los suministros de petróleo del Oriente Medio. Especialmente la base área y naval en Diego García se amplió a un ritmo más rápido que cualquier otra base desde la guerra en Vietnam. En 1986, se habían invertido más de 500 millones de dólares. En poco tiempo, el total subió a miles de millones.

Muy pronto, esa Fuerza de Despliegue Rápido creció hasta convertirse en el Mando Central de EEUU, que ha dirigido ya tres guerras en Iraq (1991-2003, 2003-2011, 2014-); la guerra en Afganistán y Pakistán (2001-); la intervención en el Líbano (1982-1984); una serie de ataques a escala menor en Libia (1981, 1986, 1989, 2011); Afganistán (1988) y Sudán (1998); y la “guerra de los buques-cisterna petroleros” con Irán (1987-1988), que llevó al derribo accidental de un avión civil iraní, matando a 290 pasajeros. Mientras tanto, en Afganistán, durante la década de los ochenta, la CIA ayudó a financiar y a orquestar una importante guerra encubierta contra la Unión Soviética apoyando a Osama bin Laden y otros muyahaidines extremistas. El Mando ha jugado también un papel destacado en la guerra de aviones no tripulados en Yemen (2002-) y en la guerra tanto abierta como encubierta en Somalia (1992-1994, 2001-).

Durante y después de la I Guerra del Golfo de 1991, el Pentágono amplió de forma espectacular su presencia en la región. Se desplegaron cientos de miles de soldados en Arabia Saudí en preparación de la guerra contra el autócrata iraquí y antiguo aliado Sadam Husein. Y tras esa guerra, en Arabia Saudí y Kuwait se dejaron miles de soldados y una infraestructura de bases significativamente ampliada. En otros lugares del Golfo, el ejército extendió su presencia naval a una antigua base británica en Bahrain, que alberga allí ahora a la V Flota. Las principales instalaciones aéreas se construyeron en Qatar, y las operaciones de EEUU se ampliaron a Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Omán.

La invasión de Afganistán en 2001 y de Iraq en 2003 y las consiguientes ocupaciones de ambos países llevaron a una expansión aún más espectacular de las bases en la región. En el momento más crítico de las guerras, había más de 1.000 puestos de control, puestos de avanzadas y bases importantes estadounidenses sólo en los dos países. El ejército construyó también nuevas bases en Kirguizistán y Uzbekistán (ya cerradas), exploró la posibilidad de hacer lo mismo en Tayikistán y Kazajstán, y al menos sigue utilizando varios países centroasiáticos como rutas logísticas para suministrar a las tropas en Afganistán y orquestar la actual retirada parcial.

Aunque la administración Obama no consiguió mantener 58 bases “duraderas” en Iraq tras la retirada de EEUU de 2011, ha firmado un acuerdo con Afganistán que permite que permanezcan tropas estadounidenses en el país hasta 2024 y mantiene el acceso a la Base Aérea de Bagram y al menos a ocho importantes instalaciones más.

Una infraestructura para la guerra

Incluso sin una gran infraestructura permanente de bases en Iraq, el ejército estadounidense ha contado con todas las opciones posibles en lo que se refiere a emprender su nueva guerra contra el EI. Tras la retirada de 2011, sólo en ese país sigue habiendo una importante presencia estadounidense en forma de instalaciones parecidas a una base del Departamento de Estado, así como la mayor embajada sobre el planeta en Bagdad y un gran contingente de contratistas militares privados. Desde el comienzo de la nueva guerra, han regresado allí al menos 1.600 soldados, que están operando desde un Centro de Operaciones Conjuntas en Bagdad y en una base en la capital del Kurdistán iraquí, en Irbil. La pasada semana, la Casa Blanca anunció que iba a pedirle al Congreso que autorizara 5.600 millones de dólares para enviar 1.500 asesores más y otro personal diverso destinados al menos a dos nuevas bases en Bagdad y la provincia de Anbar. Las fuerzas de operaciones especiales y otros efectivos están seguramente operando ya desde lugares aún no revelados.

También son muy importantes instalaciones como el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas en la Base al-Udeid de Qatar. Antes de 2003, el centro de operaciones aéreas del Mando Central para todo Oriente Medio estaba en Arabia Saudí. Ese año, el Pentágono lo trasladó a Qatar y, oficialmente, retiró las fuerzas de combate de Arabia Saudí. Eso fue en respuesta al bombardeo en 1996 del complejo militar de las Torres Jobar en el reino, otros ataques de al-Qaida en la región y la creciente ira, explotada por este grupo, por la presencia de tropas no musulmanas en la tierra santa musulmana. Al-Udeid alberga ahora alrededor de 9.000 soldados y contratistas que están coordinando gran parte de la nueva guerra en Iraq y Siria.

Kuwait ha sido un enclave igualmente importante para las operaciones de Washington desde que las tropas estadounidenses ocuparon el país durante la I Guerra del Golfo. Kuwait sirvió de área principal de preparación y centro logístico de las tropas terrestres en la invasión y ocupación de Iraq de 2003. Se estima que en Kuwait siguen aún 15.000 soldados y, según se informa, el ejército estadounidense está bombardeando las posiciones del EI utilizando aviones que despegan de la base aérea Ali al-Salem en Kuwait.

Como un transparentemente promocional artículo del Washington Post confirmaba esta semana, la base aérea de al-Dhafra, en los Emiratos Árabes Unidos, ha lanzado más ataques aéreos en la actual campaña de bombardeos que cualquier otra base en la región. Ese país alberga alrededor de 3.500 soldados sólo en al-Dhafra, así como el puerto más activo de la Marina en ultramar. Los bombarderos de largo alcance B-1, B-2 y B-52 estacionados en Diego García ayudaron a lanzar las dos Guerras del Golfo y la guerra en Afganistán. Es probable que esa base insular esté también jugando un papel en la nueva guerra. Cerca de la frontera iraquí, alrededor de 1.000 soldados estadounidenses y aviones de combate F-16 están operando desde una base jordana. Según el último recuento del Pentágono, el ejército de EEUU tiene 17 bases en Turquía. Aunque el gobierno turco ha impuesto restricciones en su uso, al menos algunas de ellas se están utilizando para enviar aviones no tripulados de vigilancia sobre Siria e Iraq. Puede que en Omán estén utilizándose hasta siete bases.

Bahrein es ahora la sede de todas las operaciones en Oriente Medio de la Armada, incluyendo la V Flota, generalmente dedicada a asegurar el libre flujo de petróleo y otros recursos a través del Golfo Pérsico y vías navegables de los alrededores. En el Golfo Pérsido hay siempre hay al menos un portaaviones preparado para el ataque, toda una base flotante. Por el momento, el USS Carl Vinson está estacionado allí, una crucial plataforma de lanzamiento para la campaña aérea contra el Estado Islámico. Otros navíos que operan en el Golfo y el Mar Rojo han lanzado misiles de cruceros hacia Iraq y Siria. La Armada tiene incluso acceso incluso a una “base flotante de concentración de tropas” que sirve de base “nenúfar” para helicópteros y barcos patrulleros en la región.

En Israel, hay hasta seis bases secretas estadounidenses que pueden utilizarse para armamento y equipamiento de uso rápido en cualquier lugar de la zona. Hay también una “base de facto estadounidense” para la flota de la Armada en el Mediterráneo. Y se sospecha que hay también en uso otros dos lugares secretos. En Egipto, las tropas de EEUU han mantenido al menos dos instalaciones y ocupado al menos dos bases en la Península del Sinaí desde 1982 como parte de una operación de mantenimiento de la paz de los Acuerdos de Camp David.

En otros lugares de la región, el ejército ha establecido un conjunto de al menos cinco bases para aviones no tripulados en Pakistán; ampliado una base fundamental en Yibuti en el estratégico cuello de botella entre el Canal de Suez y el Océano Índico; creado o adquirido el acceso a las bases en Etiopía, Kenia y las Seychelles; y establecido nuevas bases en Bulgaria y Rumania, en combinación con la base en Kosovo de la época de la administración Clinton, a lo largo de la orilla occidental del Mar Negro, rico en gas.

Incluso en Arabia Saudí, a pesar de la retirada pública, sigue allí presente un pequeño contingente militar de EEUU con objeto de entrenar al personal saudí y mantener “calientes” las bases como potenciales apoyos en caso de conflagraciones inesperadas en la región o, presumiblemente, en el mismo Reino. En años recientes, el ejército ha establecido incluso una base secreta para aviones no tripulados en el país, a pesar de los reveses que Washington ha experimentado en sus anteriores aventuras con las bases saudíes.

Dictadores, muerte y desastre

La presencia actual de EEUU en Arabia Saudí, aunque modesta, debería recordarnos los peligros de mantener bases en la región. El acuartelamiento de la tierra santa musulmana fue para al-Qaida una importante herramienta de reclutamiento y parte del motivo profesado por Osama bin Laden para los ataques del 11-S. (Osama denominó la presencia de tropas estadounidenses “la mayor de las agresiones sufridas por los musulmanes desde la muerte del profeta”.) De hecho, las bases y tropas estadounidenses en Oriente Medio han sido un “importante catalizador del antiamericanismo y la radicalización” desde que un suicida-bomba mató a 241 marines en el Líbano en 1983. Otros ataques se produjeron en Arabia Saudí en 1996, el Yemen en 2000 contra el portaaviones USS Cole y durante las guerras en Afganistán e Iraq. Las investigaciones han mostrado una fuerte correlación entre la presencia de las bases estadounidenses y el reclutamiento de al-Qaida.

Parte del sentimiento de rabia contra EEUU se deriva del apoyo que las bases estadounidenses ofrecen a regímenes opresores y antidemocráticos. Pocos de los países del Gran Oriente Medio son totalmente democráticos y algunos están entre los peores violadores de los derechos humanos del mundo. Y es escandaloso que el gobierno estadounidense haya ofrecido sólo tibias críticas al gobierno bahreiní cuando este reprimió violentamente, con la ayuda de saudíes y emiratíes, a los manifestantes que defendían la democracia.

Aparte de Bahrein, las bases estadounidenses se encuentran en la lista de lo que el Índice de Democracia del Economist llama “regímenes autoritarios”, incluyendo a Afganistán, Bahrein, Yibuti, Egipto, Etiopía, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, EAU y Yemen. El mantenimiento de bases en esos países sirve para sustentar a autócratas y otros gobiernos represivos, hace a EEUU cómplice de sus crímenes y socava gravemente los esfuerzos para extender la democracia y mejorar el bienestar de los pueblos por todo el mundo.

Desde luego, el uso de bases para lanzar guerras y otro tipo de intervenciones cumple el mismo papel, generando rabia, antagonismo y ataques antiestadounidenses. Un informe reciente de la ONU sugiere que la campaña aérea de Washington contra el EI ha llevado a militantes extranjeros a unirse al movimiento a “una escala sin precedentes”.

Y así, lo más probable es que continúe el ciclo bélico iniciado en 1980. “Aunque EEUU y las fuerzas aliadas consigan derrotar a este grupo militante”, escribe el coronel retirado del ejército y científico político Andrew Bacevich sobre el EI, “hay pocos motivos para esperar” un resultado positivo en la región. Al igual que Bin Laden y los muyahaidines afganos se transformaron en al-Qaida y los talibán, y al igual que los ex baazistas iraquíes y seguidores de al-Qaida en Iraq se han transformado en el EI, dice Bacevich, “siempre hay esperando al acecho cualquier otro Estado Islámico”.

La Doctrina Carter de la estrategia de construcción de bases y reforzamiento militar, y su creencia en que “la hábil utilización del poder militar de EEUU” podría asegurar los suministros de petróleo y resolver los problemas de la región estuvo, añade, “viciada desde el principio”. En vez de proporcionar seguridad, la infraestructura de bases en el Gran Oriente Medio ha facilitado aún más el hecho de emprender guerras lejos de casa. Ha posibilitado toda una variedad de guerras y una política exterior intervencionista que ha propiciado repetidos desastres en la región, en EEUU y en el mundo. Desde 2001, las guerras de EEUU en Afganistán, Pakistán, Iraq y el Yemen han causado como mínimo centenares de miles de muertes y posiblemente más de un millón de muertos sólo en Iraq.

La triste ironía es que cualquier deseo legítimo de mantener el flujo libre del petróleo regional para la economía global podría haberse ejercido mediante otros medios mucho menos caros y letales. Es innecesario mantener decenas de bases, que cuestan miles de millones de dólares al año, para proteger los suministros de petróleo y asegurar la paz mundial, especialmente en una era en la que EEUU sólo consigue de la región alrededor del 10% de su petróleo y gas natural neto. Además de los daños directos que nuestro gasto militar ha causado, ha desviado el dinero y la atención del desarrollo de fuentes energéticas alternativas que podrían liberar a EEUU y al mundo de la dependencia del petróleo del Oriente Medio y del ciclo de guerras que nuestras bases militares vienen alimentando.

David Vine es profesor adjunto de antropología en la American University en Washington DC. Es autor de Island of Shame: The Secret History of the U.S. Military Base on Diego Garcia (Princeton University Press, 2009). Ha escrito para New York Times, Washington Post, The Guardian, y Mother Jones, entre otras publicaciones. Su nuevo libro Base Nation: How U.S. Military Bases Abroad Harm America and the World, aparecerá publicado en 2015 en Metropolitan Books. Su página web es: www.davidvine.net

Fuente: Contrainjerencia

En el siglo XIX Francia había consolidado un notable imperio colonial en África, cuyas posesiones se extendían a casi todas sus regiones, aunque con particular énfasis en el África Occidental, islas del Océano Índico y en norte continental.

Un imperio que por sus dimensiones sólo fue comparable con el de Gran Bretaña en la región.

Los enfrentamientos territoriales entre potencias europeas condujeron al reparto oficial de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada por Leopoldo II, rey de Bélgica.

En otras partes del planeta la nación gala también poseía colonias, como en el Caribe y Asia, las arcas de París se nutrían de las riquezas que proveían, además de África, de esas zonas plagadas de países empobrecidos a causa de la explotación.

La relación de Francia con África se inició con la participación de muchos de sus ciudadanos desde el siglo XVI en la trata de esclavos que eran enviados a las plantaciones agrícolas de Haití, Guadalupe, Martinica y otras posesiones en el Caribe y Guayana en América del Sur.

En 1834 la Corona británica prohibió el comercio de esclavos en sus colonias al estar en curso la revolución industrial. Londres decidió perseguir a los violadores de la norma y con ese objetivo instaló bases navales en África.

Francia se sumó a esos propósitos y en algunas zonas las autoridades cooperaron con las fuerzas punitivas británicas. En la nueva coyuntura política económica que vivía Europa no era conveniente el régimen esclavista cediendo su espacio a la explotación colonial.

EL IMPERIO

Francia retuvo su mayor número de posesiones en el occidente y centro del continente donde alrededor de una docena de naciones, algunas con territorios varias veces superiores al de la metrópoli, fueron convertidos en colonias, e implantó una explotación tan cruel como la esclavitud.

El dominio galo se impuso en Alto Volta y Dahomey (Burkina Faso y Benin, respectivamente después de la independencia), las actuales República del Congo, República Centroafricana, Costa de Marfil, Senegal, Chad, Gabón, Malí, Níger y Togo.

Ciudadanos franceses se apoderaron de las mejores tierras desplazando a la población nativa, controlaron el comercio y la actividad económica de esas naciones, atraídas por las inmensas riquezas naturales y forestales arribaron las compañías que impusieron un sistema laboral de semiesclavitud.

En el plano político, París creó la denominada África Occidental Francesa que tenía como centro las decisiones del gobierno francés, ejecutadas por un gobernador general, también francés, sin participación de los nacionales.

Esa situación generaba descontento e inconformidad en la población, que en su propia tierra carecía de derechos elementales, y debía obedecer órdenes de un extranjero despótico que reprimía con extrema crueldad las acciones de protesta o rebeldía.

En esa región está Camerún que fue conquistada por Alemania. Después de la derrota germana en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), esa nación europea perdió sus posesiones en África.

Camerún fue dividido y adjudicado como mandato de la Sociedad de Naciones, antecesora de la actual Organización de Naciones Unidas. El occidente pasó a poder de Gran Bretaña y el oriente quedó bajo la autoridad de Francia.

CUERNO DE AFRICA Y EL ÍNDICO

En el otro extremo del África Subsahariana está ubicado el Cuerno Africano, y encerrado entre Etiopía, Somalia y el Golfo de Adén se encuentra Djibutí.

Desde mediados del siglo XIX, Francia se posesionó en el pequeño país. Casi a fines de ese siglo decidió darle un estatus colonial con el pomposo nombre de Costa Francesa de los Somalíes.

Más al sur en pleno Océano Índico, Madagascar se muestra como la cuarta mayor isla del planeta y la más extensa de África. En 1885 Francia se arrogó por la fuerza un mandato de protectorado reconocido por su opositora Gran Bretaña a cambio de concesiones en otras partes del continente.

Después al exigir Francia un dominio total sobre el país por medio de un ultimatun, la población malgache se sublevó pero fue derrotada. Tras nuevos levantamientos, todos ahogados en sangre, la enorme isla se convirtió en colonia de París.

Al noroeste de Madagascar se ubica el diminuto archipiélago de Seychelles. La primera expedición francesa de conquista arribó en el siglo XVIII, pero en el escenario de guerra de rapiña en que los colonialistas habían convertido a África, antes de finalizar esa centuria, en un episodio bélico de poca monta, Gran Bretaña le arrebató Seychelles a Francia.

De mayor envergadura fue la batalla por la conquista colonial de Mauricio a mil cien kilómetros al este de Madagascar. Primeo llegaron los holandeses, quienes dieron el nombre actual al país y fueron expulsados.

Los franceses reclamaron esa posesión y Holanda, más débil militarmente, no pudo sostenerla.

Igual suerte corrió Francia frente a Gran Bretaña. París declaró a la isla su colonia que sirvió como base naval durante las guerras napoleónicas, y sus ciudadanos se establecieron en el territorio, pero Gran Bretaña se apoderó de Mauricio después de violentas batallas.

Francia fue derrotada por su archienemiga en aventuras coloniales.

Más al norte cuatro naciones del noroeste de África colindante con el desierto del Sahara fueron colonias de Francia.

Mauritania, cuyo territorio está casi totalmente inmerso en el gran arenal; Túnez, el más septentrional de los países africanos; Marruecos y Argelia, esta última una de las naciones más grandes del continente.

El imperio francés que sembró tanto dolor, sufrimiento y muerte en África fue tan vasto y en tan disímiles regiones que cuando los primeros rayos de sol anunciaban el nuevo día en Madagascar, en el oriente, las últimas sombras de la noche apenas habían abandonado totalmente las colonias de occidente.

Fuente: Prensa Latina

Mientras Diario de Cuba (de Miami) anuncia la deserción de dos nuevos médicos cubanos pertenecientes al programa “Más Médicos” que se desarrolla en Brasil, quienes laboraban en los barrios Jardim Olímpico y Novo Delfino de la ciudad de Montes Claros, en el estado de Minas Gerais, otros medios cubren las deserciones de algunos atletas presentes en los Juegos Centroamericanos en Veracruz. No hace mucho, otra profesional de la salud, quien laboraba en el municipio de Catutí, en Monte Claros, Brasil, abandonó su misión y marchó hacia EE UU.

Todos los desertores han anunciado su intención de marchar, o ya han llegado, a la ciudad de Miami, en La Florida.

Estos hechos son examinados en el reciente “Editorial de The New York Times: La fuga de cerebros en Cuba, cortesía de EEUU”, el pasado domingo donde se cuestiona cómo el gobierno USA, mediante programas implementados durante el mandato de George W. Bush y mantenidos en la administración Obama, incentiva las deserciones del personal de la salud cubano, en una acción “particularmente difícil de justificar”.

El poderoso diario expresa: “Es incongruente que Estados Unidos valore las contribuciones de los médicos cubanos enviados por el gobierno para asistir en crisis mundiales, como aquella del terremoto en Haití en 2010, mientras procura desestabilizar al estado facilitando las deserciones”.

En otra parte del editorial, se dice con total claridad: “Hay muchos aspectos condenables de las políticas fallidas de Estados Unidos respecto a Cuba y el embargo que impone a la isla desde hace décadas. Pero el programa que incentiva la migración de personal médico durante asignaciones oficiales en el exterior es particularmente difícil de justificar. Durante el recién terminado año fiscal, 1,278 profesionales médicos, un número récord, obtuvieron autorización de inmigrar.”

La mala intención de las administraciones norteamericanas es puesta en entredicho por The New York Times y, particularmente, el uso politizado de su sistema migratorio. En este sentido, apuntala: “El sistema migratorio estadounidense debe darles prioridad a los refugiados y a las personas perseguidas más vulnerables del mundo. Pero no debe utilizarse para agravar la fuga de cerebros de una nación adversaria, sobre todo, cuando mejorar la relación entre los países es un objetivo viable y sensato.”

The New York Times se queda cojo, sin embargo, al analizar cómo se implementó el programa para promover la deserción de personal de la salud cubana. No cita a todos los implicados, tanto en el establecimiento del mismo como en la instrumentación y puesta de en marcha de la campaña. El diario se refiere a esto, de la siguiente manera: “El programa, diseñado por la rama ejecutiva, comenzó en agosto de 2006, cuando Emilio González, un exiliado cubano, firmemente opuesto al gobierno de la isla, estaba al mando del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos. González describió las condiciones laborales de los médicos como “tráfico de personas sancionado por el Estado”. En esa época, la administración Bush estaba procurando sabotear al Gobierno cubano. Facilitar la defección de médicos que participan en misiones en el exterior representa una oportunidad de atentar contra la principal herramienta diplomática de la isla y humillar al régimen de los Castro.”

Otros hechos que pasó por alto el rotativo son:

► Recientemente, con el apoyo de la USAID, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y la derecha brasileña, la Asociación Médica Brasileña (AMB) implementó un mecanismo para propiciar la deserción de médicos cubanos, mediante un llamado Programa de Apoyo al Médico Extranjero, mediante el cual se les facilitaría la ayuda requerida luego de abandonar su misión. La AMB colocó en su sitio en internet un formulario en español donde se le facilitan instrucciones, asesoría jurídica y el apoyo para marchar a los EE UU.

► Fue el propio gobierno norteamericano y, particularmente el Departamento de Estado, Seguridad Nacional y la USAID, el que implementó el programa Cuban Medical Professional Parole, cuya finalidad el promover la deserción de médicos cubanos que realizan su labor humanitaria alrededor del mundo, en más de 77 naciones con extrema pobreza y desatención de salud. Como señala, sin abundar, The New York Times, este programa establecido en el 2006, los desertores cuentan con todas las prerrogativas legales y facilidades para emigrar de inmediato hacia los EE UU, contando con personal calificado para propiciar deserciones o atender a los fugitivos en cada una de sus embajadas en el exterior.

WikiLeaks ha puesto al desnudo cómo se les garantiza apoyo para viajar hacia los EE UU sin objeción alguna, tal como sucedió con la embajada norteamericana en Caracas.

De acuerdo con el The Wall Street Journal, para el 2010 habrían logrado la deserción de 1,574 médicos y otros miembros del personal de la salud en labores de cooperación internacional en 65 naciones. Esta cifra representa solo el 1,89 % de los cooperantes cubanos y, aunque es no significativa, representa el resultado de una labor de zapa, criminal e inescrupulosa, para robar nuestro personal médico con falsas promesas.

► Coligados con esta conspiración anticubana se encuentran importantes medios de comunicación, miembros de la mafia cubano americana en el Congreso, así como grupúsculos contrarrevolucionarios radicados en el exterior, fundamentalmente en Miami

► La FNCA destina cuantiosos recursos de la USAID para erosionar los programas de salud implementados por Cuba en naciones hermanas. Se conoce que desde el 2007, esta organización de corte terrorista usó casi un millón de USD para promover la deserción de médicos cubanos.

► La gran mayoría del personal médico que ha llegado a EE UU se encuentra en un limbo para lograr validar sus títulos, realizando otras labores ajenas a su experiencia médica, sin perspectivas de ver cumplidas las promesas que les ofrecieron la FNCA, la USAID y otros, percatándose tarde que solo han sido instrumentos de una sucia campaña contra Cuba.

Deserciones de militares ¿Una nueva modalidad?

Desde hace décadas ha sido interés particular de los servicios norteamericanos propiciar la deserción de miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del MININT de Cuba. En este sentido, han instruido a organizaciones como la FNCA, Cuba Independiente y Democrática (CID), CAMCO y muchas otras, la misión de tratar de seducir a oficiales y soldados de estos órganos, así como a jubilados, con vistas a no solo abandonar el país y sumarse al discurso mediático anticubano, sino también para propiciar la traición de los mismos a la Revolución.

Informaciones actualizadas indican que, particularmente la FNCA, el CID y el Consejo por la Libertad de Cuba (CLC) han orientado a mercenarios internos, así como a viajeros provenientes de EE UU, establecer contactos con oficiales en activo, así como con jubilados, con vistas a promover deserciones, búsqueda de información sensible sobre la defensa del país, así como integrar células conspirativas dentro de nuestra nación. Este nuevo programa está monitoreado por la CIA, varias agencias del Pentágono, así como el Departamento de Estado.

La razón de la creación de este nuevo programa obedece a que los EE UU ven casi imposible el cambio “democrático” por vía pacífica y a través de proyectos como Consenso Constitucional. En este enfoque predomina la percepción de la extrema derecha anticubana, la que trata de propiciar una primavera árabe tipo Egipto en Cuba, donde las fuerzas armadas sean el principal sujeto del cambio institucional.

Cuba tiene pleno conocimiento de esta nueva dirección del ataque contra su institucionalidad, habiendo determinado ya quiénes son los sujetos que están siendo enviados como reclutadores y provocadores, así como aquellos escasos casos potencialmente sensibles de ser manipulados.

Advierto que esta nueva aventura está destinada al fracaso. ¡Después no se quejen quienes se prestan a estas misiones anti institucionales y violatorias de la ley, cuando sean capturados por nuestros órganos de enfrentamiento!

¡Están advertidos!

Fuente: percy-francisco.blogspot.com

Las estructuras étnicas de Siria la exponen a un desmantelamiento que podría dar lugar a la creación de un Estado chiita a lo largo de la costa, de un Estado sunnita en la región de Alepo, de otro en Damasco y de una entidad drusa que podría desear constituir su propio Estado –quizás en nuestro Golán– en todo caso con el Huran y el norte de Jordania. Un Estado así sería, a largo plazo, una garantía de paz y de seguridad para la región. Es un objetivo que ya está a nuestro alcance.»

Oded Yinon, «Una estrategia para Israel en los años 1980», Kivunim, febrero de 1982.

Durante su gira de 5 días en Estados Unidos, el ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, sentenció, en Morning Edition, con Steve Inskeep, de NPR, que «las fronteras de Medio Oriente están encaminadas a cambiar definitivamente» (sic) [1].

Yaalon sigue al pie de la letra las balcanizaciones del Plan Yinon, anterior funcionario de la cancillería israelí [2]: Para Yaalon, «las fronteras ya cambiaron» cuando Siria no puede ser unificada por su presidente, Bachar al-Assad, quien «controla solamente un 25% del territorio», contencioso con el que Israel «tendrá que lidiar». ¡Pobrecitos!

Para el juicio paleobíblico de Yaalon existen países con historia diferente y otros cuyas fronteras fueron trazadas artificialmente por Francia y Gran Bretaña, en referencia a los acuerdos Sykes-Picot de 1916, para repartirse el féretro del Imperio Otomano.

Moshe Yaalon expectora perogrulladas perentorias: «Egipto seguirá siendo Egipto», pero «Libia fue una nueva creación, una creación occidental como resultado de la Primera Guerra Mundial. Siria, Irak lo mismo –estados-nación artificiales– y lo que vemos ahora es el colapso de la idea occidental».

Pero ¿acaso no es el «nuevo Israel» una creación de los banqueros esclavistas Rothschild y el bufete de abogados de Lloyd George, quien luego sería primer ministro del Reino Unido?

Tras su incrustación y su ulterior persecución en Rusia en 1883, todavía en 1903 el sionismo errante titubeaba con la implantación "artificial" de asentamientos exógenos en países de la anglósfera: Canadá, Australia, África oriental, la parte sudoccidental de Texas (¡supersic!), Angola y Uganda [3].

¿No habrá ya conseguido el sionismo financierista –más letal que su irredentismo territorial– incorporar a los citados países de la anglósfera en su totalidad en el siglo XXI, mediante la desregulación de la globalización bancaria?

En otra entrevista con Charlie Rose, Yaalon arremetió contra el presidente turco Erdogan, a quien denostó como «conocido seguidor» de la Hermandad Musulmana [4].

El rotativo israelí Haaretz comenta que Yaalon «no discutió si las fronteras de Israel, que también fueron determinadas por las potencias occidentales después de la Primera Guerra Mundial, cambiarían» [5].

Yaalon espeta otras injurias racistas contra los palestinos, llegando hasta el ultraje de su «transferencia étnica». El viaje de Yaalon a Estados Unidos fue para apaciguar los ánimos con el equipo Obama tras las afrentas tóxicas de Naftali Bennett –líder del partido religioso fundamentalista de ultraderecha The Jewish Home–, contra John Kerry, secretario de Estado, quien conectó el ascenso del Estado Islámico con la falta de resolución del conflicto palestino-israelí. Antes, Kerry había fulminado que Israel es «casi un Estado-paria». ¿Casi?

Haaretz expone que Yaalon fue «humillado públicamente» por Estados Unidos, que le negó la posibilidad de entrevistarse con altos funcionarios del equipo Obama, como el vicepresidente Joe Biden, Kerry y la consejera de Seguridad Nacional, Susan Rice.

En una usual convergencia, la revista The Economist –propiedad, con The Financial Times, del Grupo Pearson, que controla el mayor banco de inversiones del mundo BlackRock que dirige el israelí-estadunidense Larry Fink [6]– sentencia que la mayor parte de los 3 millones de refugiados sirios contemplan «la pérdida de su país» [7].

El gobierno de Bachar al-Assad controla 25% de Siria y la mayor parte del restante se encuentra en manos de los yihadistas del Califato del Emirato Islámico (cuya capital es la ciudad de Raqqa, hoy controlada por la trasnacional mercenaria de encapuchados teledirigidos), mientras una relativa pequeña porción del territorio al noreste está aún en manos de los kurdos-sirios en la frontera de Turquía –cuyo símbolo se ha vuelto la ciudad-mártir de Kobani, donde quizá el Emirato Islámico haya lanzado armas químicas [8], lo cual es "extrañamente" ocultado por la maquinaria de propaganda negra de Estados Unidos e Israel (la mendaz «Hasbará»).

Existen otros enclaves en Alepo, afuera de Damasco, y en las alturas del Golán (donde Israel juega la carta de Al-Nusra) en manos de la extraña coalición cocinada por "Occidente": Ejército Libre (sic) Sirio/Al-Nusra/Al-Qaeda/yihadistas del Emirato Islámico.

El esquema balcanizador de los israelíes Yinon y Yaalon progresa vertiginosamente gracias a la entelequia del califato del Emirato Islámico, cuyos tentáculos emergen en el Maghreb (la parte occidental y norafricana del mundo árabe) para su balcanización [9] y cuyo paradigma es Libia.

¿Constituyen los yihadistas del Emirato Islámico el cuchillo destinado a cercenar exquisita y selectivamente al mundo árabe, de acuerdo con los esquemas de los funcionarios israelíes Yinon y Yaalon, cuyos alcances llegan hasta Yemen? [10]

A una inocencia de pensamiento lineal, no apta para los artilugios israelí-anglosajones, le asombraría ver que los aviones de Estados Unidos «se equivocaron» en la entrega de armas destinadas a los asediados kurdos-sirios en Kobani que acabaron en manos de los yihadistas del Emirato Islámico [11]. Yeah, yeah!

Nadie conoce mejor la perfidia de los esquemas balcanizadores –desde la dupla Yinon/Yaalon pasando por los yihadistas del Emirato Islámico hasta los geoestrategas de Estados Unidos ("la fórmula Brzezinski/Rice/Peters/Clark/Wright" [12]– que el recio presidente turco Erdogan –con su propia agenda en relación con los kurdos (apoyados por Israel y la OTAN) que constituyen entre 15 y 25% de una Turquía al borde de la implosión–, quien ha fustigado a los nuevos Lawrence de Arabia [13], añejo espía de Gran Bretaña, máxima experta en balcanizaciones.

Israel prepara su enésima guerra contra el Hezbolá en Libano, al borde de la implosión, mientras a una escala estratégicamente superior, la convergencia balcanizadora de todo el arsenal propagandístico de Tel Aviv es propalada por el centro MEMRI –con sede en Washington y fundado por Yigal Carmon, espía militar israelí, y Meyrav Wurmser, amazona del Hudson Institute vinculada al partido fundamentalista sionista Likud– que plantea cuatro ejes del «nuevo orden en Medio Oriente» a conveniencia unilateral del «Gran Israel», gracias al avance fulgurante de los yihadistas del Emirato Islámico:

  1. contencioso nuclear con Irán (sin derecho a poseer bombas nucleares en contraste con los "elegidos" celestiales de Israel);
  2. conflicto árabe-israelí (congelado);
  3. proceso (sic) turco-kurdo (¿implosión de Turquía y expansión del «Gran Kurdistán»?),
  4. conflicto chiíta-sunnita (¿prolongar teológicamente una nueva «Guerra de 30 años»?).

Por estética, dejo de lado la gravísima acusación del presidente Putin de que «Estados Unidos promueve el terrorismo con su financiamiento a los yihadistas del Emirato Islámico» [14].

¿La balcanización del «Gran Medio Oriente» y su «nuevo orden» se afinca en los planes de la dupla israelí Yinon/Yaalon ensamblados con "la fórmula Brzezinski/Rice/Peters/Clark/Wright" y el intrépido avance selectivo de sus polichinelas yijadistas?

Fuente: Red Voltaire

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33