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La tormenta mediática parece haberse alejado temporalmente de las costas venezolanas. Durante las tres semanas que precedieron la elección de los diputados a la Asamblea Constituyente, Venezuela bolivariana estuvo en las portadas de todas las empresas de comunicación internacionales. Obviamente no es una casualidad, se trataba de crear un clima favorable en la opinión pública para justificar un cambio de régimen por la fuerza. Este no ocurrió, y el pueblo venezolano ha dado legitimidad por las urnas a la Asamblea Constituyente, a pesar del boicot de la oposición y las amenazas que pesaban sobre los electores, Venezuela desaparece progresivamente de nuestros medios de comunicación, dejando espacio a la llegada de Neymar al PSG y a la de un bebé panda al zoológico de Beauval.

Durante casi veinte años, desde la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, la correlación de fuerzas entre la oligarquía y el chavismo sin duda ha sido favorable a éste. Con altas y bajas (más altas que bajas) el apoyo popular al chavismo se ha mantenido constante. Pero desde la muerte del comandante Chávez, la oligarquía (y Estados Unidos) comenzaron una nueva y feroz ofensiva en busca de invertir aquella correlación de fuerzas. Y dos años más tarde, en 2015, lograron ciertos avances en su enfrentamiento con el chavismo.

Una de las grandes ironías de finales del siglo pasado es que en el momento preciso en que el establishment declaró que no hay alternativa a su consenso neoliberal (Tina, There is no alternative), también inició una campaña demagógica para “promover la democracia” en el mundo. Ambas campañas despegaron a inicios de los años ochenta; la primera se asocia, sobre todo, con Margaret Thatcher, y la segunda con la administración de Ronald Reagan.

En un autobús con destino a Ocumare, pueblo pesquero del estado de Aragua, rodeada de un gentío estridente y el onmipresente Reaggeton; Carlos, un trabajador del sector turístico, hombre joven y humilde, me decía firme y claro 'Antes como ñoña que votar a un capitalista'. Con esta afirmación breve y lúcida se resume la encrucijada que vive Venezuela; la defensa del proyecto bolivariano y progresista frente al proyecto neoliberal de la oposición que pretende enviar al país a las condiciones coloniales y subalternas a las que se ha pretendido perpetuar a América Latina desde 1492.

Este es un movimiento que construimos con pasión, esfuerzo y conciencia histórica, y no dejaremos jamás que se convierta en instrumento de legitimación de una agenda de carácter restaurador del pasado, sino que seguirá siendo siempre herramienta de transformación al servicio de las grandes mayorías populares.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33