Los resultados del 15 de octubre enviaron un nítido mensaje al mundo: la mayoría del pueblo venezolano quiere paz, independencia, soberanía y democracia. Con una participación superior al 60%, el electorado votó en contra de la injerencia imperialista y la violencia.

Si alguien tenía dudas de que el Chavismo constituye un bloque histórico del que no se puede prescindir, allí están los resultados de las elecciones regionales. Si alguien tenía la peregrina idea de hacer un lado a Chávez y su legado escuchando las muy desafortunadas consejas de que era el momento de un liderazgo propio, distinto, “sin nadie que le hiciese sombra”, allí están los resultados del pasado domingo para recordar que el Comandante Chávez nos sigue dando una mano.

Más de 60% de participación electoral, las fuerzas patrióticas ganamos 18 de 23 gobernaciones, con el 54% de la sumatoria de voto nacional. Una victoria "en toda la línea" como diría nuestro Comandante Chávez. Se sorprenden de esta victoria quienes desconfían de un pueblo que se ha crecido en las dificultades, como se crecía Bolívar, nuestro Libertador, ante la adversidad.

La victoria electoral del pasado 15 de los corrientes, pone de relieve la identificación de la gran mayoría del pueblo venezolano con el conjunto de transformaciones que inauguró el Comandante Hugo Chávez en Venezuela continuadas por Nicolás Maduro.

En Venezuela la calle está que arde y cualquier escenario es una tribuna donde la palabra tiene la plena libertad para expresarse. Allí conviven el júbilo chavista con sonrisas esplendorosas y la bronca masticada de otros que transmiten una enorme frustración. Alguno, cerveza en mano y con la resaca del día después, vocifera que “estos chavistas crecen como yerba mala”. Al principio yo dudaba si era un elogio a la conducta popular o una actitud despreciativa. La connotación de odio racista afloró cuando el susodicho agregaba los términos de “monos patas en el suelo” para completar sus epítetos. Las palabras no surgían de un pituco aburguesado, sino de un trabajador que recibía la réplica de sus interlocutores que compartían uniforme y el logo de la empresa. Estos le reprochaban de manera paternal, ser mal perdedor y que le reclamara a sus dirigentes por sus actos. Sin embargo la agitada conversa me hizo pensar sobre la certeza de la alegoría silvestre.

Frases


“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº48