"Vengo a decirles que levantaremos la moral y la dignidad de este pueblo, que dentro de muy poco no podrá creer cuánto se ha engrandecido y desafiará al futuro. Estamos refundando con espíritu de grandeza lo que otros convirtieron en falta de trabajo, miseria, pérdida de confianza en nosotros mismos. Ahora nos ponemos de pie y será para siempre". ¿Donald Trump? No, Hitler, 1926. Hay similitud en los discursos de ambos y también puede haberla en el accionar del presidente estadounidense, si no se le para la mano con prontitud. Ambos percibieron qué es lo que estaban añorando sus respectivas franjas de población, nutridas de esa mayoría silenciosa y postergada en sus sueños de riqueza. Gentes a los que en su momento, como ocurriera en Estados Unidos, se les ofreció ser parte de la gran utopía "americana" y se quedaron a mitad del camino y en retroceso constante.

La revolución venezolana, no podía ser de otra forma, creó su propia lengua. Las palabras que en los demás países son propias de organizaciones, carreras universitarias o memorias, acá se hicieron de masas.

Uno de los conceptos que generó la mayor controversia en el artículo precedente, “¿El final de la ideología en Cuba?”, fue el de que “siempre he aseverado que la más peligrosa oposición a la Revolución cubana proviene de la llamada izquierda, y no de la derecha abiertamente plattista o anexionista”. La mayoría de los lectores elogiaron el artículo, muchos otros participaron en serios debates, mientras tan sólo un par de personas lo objetaron fuertemente, señalando particularmente esta frase.

La primera reacción de la institucionalidad fue oponerse a la recuperación de tierras. Se acusó a los comuneros de falsos campesinos, se los amenazó con quitarles tierras ya ganadas, se los empujó, esposó, intimidó.

En Venezuela es innegable que se ha impuesto (o continuado, para ser algo más exacto) un marcado clientelismo político, el cual -sirviéndole de pivote a algunos gobernantes para la conformación de grupos y subgrupos con que arraigar su "liderazgo"- impide que se generen mejores condiciones para que haya una verdadera revolución popular, tanto en su aspecto organizativo como en lo teórico-ideológico. Al respecto, sería pertinente recurrir a las 20 tesis de Política elaboradas por el filósofo argentino Enrique Dussel para afirmar que el poder no es un ejercicio de dominación ni la política una administración burocrática, como se viene concibiendo en las diferentes naciones de nuestra Abya Yala desde sus albores republicanos, cosa que exige e impone la necesidad revolucionaria de modificar la manera y el entendimiento de hacer la política y, en consecuencia, de funcionar el poder, dado que una mayoría de quienes lo ejercen olvidan que éste les es delegado en nombre de la voluntad y los intereses de una colectividad de electores que confió en ellos, otorgándoles su voto.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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Correos del Sur Nº71

 

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