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La naturaleza es implacable con todos. Finalmente, y después de 101 largos o cortos años de vida -un segundo en términos históricos- llegó el turno para otro Rockefeller, el último de los nietos vivos del difunto infame magnate estadounidense John D. Rockefeller, el más admirado por la burguesía, ya que pudo acumular una enorme fortuna que algunos estudiosos estimaron alcanzó en activos los US $320.000 millones, gracias a su todopoderosa petrolera Standard Oil. Muerto David Rockefeller, los grandes medios del poder se apresuraron a decirnos cuánto valía aquel hombre. Entre ellos, la última edición de la revista Forbes publicaba "por coincidencia" el mismo día de su muerte la lista de multimillonarios donde estimaba su fortuna personal en US$3.300 millones. David valía menos que su abuelo John. La misma lista de Forbes ubicó a todo el clan Rockefeller en el lejano puesto 23. Una calamidad para el mundo de los magnates.

Desde hace algún tiempo viene hablándose insistentemente de Estados fallidos. En realidad no hay tal. Estos supuestos “fallidos” -como en el caso de Guatemala- son, en todo caso, institucionalidades pobres que defienden la situación dada para que nada cambie. No fallan, en modo alguno: cumplen a cabalidad su función.

Con más odio y resentimiento concentrado vuelve a la carga el inefable y amargado Almagro. Pidiendo tribunal de la inquisición, hogueras y cámaras de gas para el Gobierno Bolivariano de Venezuela. No queda ni un ápice de ecuanimidad e imparcialidad en las acciones de este roñoso personaje. Actúa como un actor político, como un vocero de la más rancia derecha continental.

Con la mal llamada Ley de Víctimas se abre el camino a una nueva historia oficial, cuyo relato se centra en negar las causas históricas del conflicto armado en Colombia y se fortalece una memoria oficial, la de la oligarquía colombiana, una memoria mutilada y fragmentada que sirve al capitalismo salvaje a la colombiana para presentarse como una víctima más de la guerra y ocultar su protagonismo como el responsable del genocidio continuado que ha desangrado a este país durante los últimos 65 años.

Hasta el pasado martes, el promedio diario de las ventas de carnes brasileñas al exterior rondaba los 63 millones de dólares. Subido al puesto de mayor exportador mundial de carnes, Brasil vio cómo aquel día fueron cerrados contratos de venta por 71 mil dólares.