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Guillermo Lasso, que ahora considerara una “injuria” que se le involucre como uno de los responsables de este crimen financiero contra el pueblo, estuvo vinculado al Banco Guayaquil, uno de los bancos que financió la campaña de Mahuad.

Ahora, ya no se trata de un argumento utilizado tanto por los defensores del gobierno de Michel Temer, surgido gracias a un golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff, como de sus críticos: datos oficiales divulgados ayer confirman que entre 2015 y 2016 Brasil vivió la peor recesión de su historia.

Relevar a Chávez resultó casi sobrehumano para Maduro, pero lo ha hecho con valentía y sabiduría. Con obstáculos superiores a los vividos por Chávez. Sin Chávez, sin su reconocida autoridad. Sin su amor y con mucho dolor. Para Nicolás y para el pueblo.

El banquero Guillermo Lasso, candidato de la derecha para las próximas elecciones del 2 de abril, es dueño de una oscura historia personal en la que se mezclan intereses particulares y familiares, junto con ambiciones empresariales, bancarias y políticas. Se trata de la principal figura del neoliberalismo en Ecuador y de uno de las conocidos representantes de la partidocracia, que veinte años después de su aparición en la escena pública, intenta llegar al gobierno para coronar un extenso recorrido basado en la mentira, la estafa, la corrupción, el abuso de poder, el tráfico de influencias, la conspiración y, sobre todo, el enriquecimiento a costa del pueblo ecuatoriano. A continuación, presentamos quince (aunque podrían ser muchas más) razones para no votarlo, en la necesidad de no retroceder todo lo que juntos hemos avanzado, y con la esperanza de un futuro mucho más luminoso para nuestro Ecuador:

Hace unos días el gobierno cubano impidió la entrada al país de un grupo de personajes unidos por la fascinación hacia el desprestigiado dogma neoliberal, la necesidad de apuntalar desinflados proyectos políticos en sus países y también otras motivaciones non sanctas. Es el caso de Luis Almagro, secretario general de la OEA, quien se desvive para cumplir el papel que le han asignado el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y las derechas locales en la desestabilización de los gobiernos verdaderamente independientes de nuestra América.