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El banquero Guillermo Lasso, candidato de la derecha para las próximas elecciones del 2 de abril, es dueño de una oscura historia personal en la que se mezclan intereses particulares y familiares, junto con ambiciones empresariales, bancarias y políticas. Se trata de la principal figura del neoliberalismo en Ecuador y de uno de las conocidos representantes de la partidocracia, que veinte años después de su aparición en la escena pública, intenta llegar al gobierno para coronar un extenso recorrido basado en la mentira, la estafa, la corrupción, el abuso de poder, el tráfico de influencias, la conspiración y, sobre todo, el enriquecimiento a costa del pueblo ecuatoriano. A continuación, presentamos quince (aunque podrían ser muchas más) razones para no votarlo, en la necesidad de no retroceder todo lo que juntos hemos avanzado, y con la esperanza de un futuro mucho más luminoso para nuestro Ecuador:

Hace unos días el gobierno cubano impidió la entrada al país de un grupo de personajes unidos por la fascinación hacia el desprestigiado dogma neoliberal, la necesidad de apuntalar desinflados proyectos políticos en sus países y también otras motivaciones non sanctas. Es el caso de Luis Almagro, secretario general de la OEA, quien se desvive para cumplir el papel que le han asignado el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y las derechas locales en la desestabilización de los gobiernos verdaderamente independientes de nuestra América.

Ecuador afronta una disyuntiva histórica: responder en las urnas al Plan Cóndor preparado, financiado y ejecutado por el aparato bancario liderado por Guillermo Lasso. Ese plan incluye, entre otras cosas, liberación económica, flexibilización laboral, exoneración de impuestos para quienes más ganan y dar por cerrado el ciclo de políticas sociales a favor de los pobres. Y no queda de lado represión a cualquier protesta social o persecución a quienes se opongan a él.

Hace una semana, afirmé, en este mismo espacio, lo siguiente: “De una cosa, nadie podrá acusar, con justicia, al gobierno de Temer: de ser imprevisible. Nada más fácil que prever que, entre las peores alternativas, elegirá siempre la más mala”.

Como ocurre con cualquier mandatario, el mensaje al Congreso es una pieza clave de la estrategia política. Y no porque la realidad vaya a cambiar al minuto siguiente para bien o para mal. Es clave por lo que enfatiza y por lo que disimula.