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La derecha siempre rodando. Nuevamente la sifrina se anota un mohoso “éxito” tomándose una selfie con el Presidente Trump, ignorando que ya la mitad del planeta empieza a entrar en pánico, pendientes de si el último disparate del personaje incluye bombardear, arrasar, amedrentar o bloquear a algún imaginario enemigo. Atrás quedó la promesa aquella de dedicarse exclusivamente a los espinosos y conflictivos asuntos internos del imperio norteamericano. Lo de no seguir amedrentando a los demás países del mundo fue pura cháchara. Un amague no más.

1 ¿Realmente hace política la MUD? ¿Qué tipo de política? Responder a estas preguntas elementales constituye una proeza. Analizar, por ejemplo, las actuaciones de los organismos a través de los cuales se ha expresado la política de la oposición en los últimos 18 años, desde que el chavismo accedió al gobierno -Coordinadora Democrática y luego la Mesa de la Unidad Democrática-, confirma agudas contradicciones que no se corrigen y superan con el correr del tiempo. Por el contrario, se agravan.

El escándalo de corrupción de Odebrecht S. A., una de las corporaciones contratistas de origen brasileño más grandes del mundo, puso en duda la credibilidad y honestidad de muchos gobernantes latinoamericanos.

Con la asunción de Trump comienza una nueva era en Estados Unidos, lo cual implica una redefinición -o una confirmación- de la política norteamericana hacia América Latina y el Caribe, atravesada por casi dos siglos de intervención y expansión en defensa de sus intereses.

Es natural que los presidentes hablen, como lo hicieron. Y es bueno que se vean, como lo harán. Mauricio Macri y Donald Trump, además, se conocen personalmente. Cuando dice la verdad y se olvida del guión fabricado este año según el cual Mauricio no era su mano derecha sino un familiar más, Franco Macri suele contar que su hijo le ganaba al golf a Trump y que un día él le dio instrucciones de dejarse ganar. Debía avanzar en los negocios. Era la época en que el Grupo Macri quería instalarse en Nueva York para hacer fortuna en el ramo inmobiliario. Necesitaba a Trump de socio por su llegada a los factores de poder. Igual que hoy, Trump no era un outsider sino un empresario de relación fluida con funcionarios como su actual asesor para ciberseguridad, Rudy Giuliani. El mismo que, como alcalde, administró la inseguridad desde el Estado mientras la mafia lo hacía en la calle. Sacar a New York City de la lumpenización era un buen negocio para todos.