El último intento de golpe militar en América Latina no resultó. Fue contra Hugo Chávez en 2002. Fue secuestrado por mandos militares, llevado a una isla y aislado, mientras el entonces presidente de la asociación de empresarios asumía la presidencia, junto a los propietarios de los medios venezolanos, en una fiesta típica de las oligarquías golpistas latinoamericanas.

Es difícil no ser ingenuo en política. ¿Cuán realistas somos al no ver con claridad las causas que, en pocos meses, cimbraron el tinglado emancipador que en América Latina se construyó desde el inicio de la revolución bolivariana? ¿Ya estaban ahí, o aparecieron de súbito?

La cruzada de demonización contra todos los gobiernos progresistas de Latinoamérica por parte de los globalizadores “iluminados” norteamericanos y la puesta en marcha por la oposición derechista latinoamericana ya alcanzó a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff y al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Existe una perturbadora convergencia entre el teórico de la guerra permanente mediante el choque de ocho civilizaciones (sic), Samuel Huntington, y el pragmático multimillonario Donald Trump sobre el supremacismo blanco de los WASP (white anglo-saxon protestants: angloestadunidenses protestantes blancos).

El gobierno militarista de Santos sabe y tiene claro que lograr un acuerdo con la más numerosa guerrilla del país le permitiría dar un salto cualitativo ante la opinión pública nacional e internacional, posicionándolo con más fuerzas para continuar con sus políticas neoliberales a gran escala y así mismo avanzar aún más con la militarización de Colombia convirtiendo al país hermano en el Qatar suramericano.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº48