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La derecha venezolana se apresta a inaugurar su mayoría calificada en la Asamblea Nacional con un grito de guerra: desandar el camino iniciado en enero de 1999 cuando Hugo Chávez Frías juró sobre la moribunda constitución de la Cuarta República que impulsaría las transformaciones políticas, económica y sociales que el pueblo de Venezuela reclamaba desde hacía mucho tiempo. Más allá de las especificidades y los innegables problemas del momento actual lo cierto es que la irrupción de Chávez marcó un antes y un después en la historia no sólo de su país sino de América Latina y el Caribe. Después de Chávez nada seguirá siendo igual, y se engañan quienes piensan -en Venezuela como en la Argentina de Mauricio Macri- que se puede hacer andar hacia  atrás al reloj de la historia. Así como la izquierda sabe que una circunstancial mayoría electoral no basta para garantizar el triunfo de la revolución, no es menos cierto que aquella tampoco es suficiente para hacer lo propio con un proyecto reaccionario. Las clases y capas populares pueden estar muy descontentas con la gestión macroeconómica o con los estragos de la corrupción, pero parece muy poco probable por no decir imposible que la paciente labor pedagógica de Chávez y el aprendizaje popular de todos estos años hayan caído en el olvido. Los problemas económicos del momento no alcanzan para cancelar los notables cambios en la conciencia de las clases y capas populares. El pueblo sabe lo que fue la Cuarta República, al servicio de quienes gobernó y quienes fueron sus personeros. Y el chavismo, antes y ahora, podrá haber cometido muchos errores pero sus aciertos históricos superan ampliamente sus desaciertos.

Por desgracia, lo que resultaba previsible para cualquiera que conozca la naturaleza avarienta de los millonarios, está ocurriendo en la Argentina.

Sigue en Argentina el espectáculo continuado de las consignas: el 17 de diciembre se concretó el “fin del cepo” que, traducido del diccionario Cambiemos, significa bajar la incidencia del salario, tanto en pesos como en dólares, en el costo de las empresas, tanto nacionales como foráneas establecidas en el país.

La derrota del chavismo en las elecciones legislativas del domingo 6 de diciembre son, desde luego, un triunfo de la estrategia desestabilizadora orquestada desde 1998 por Estados Unidos, España y otros países imperialistas en sintonía con la derecha venezolana y colombiana para intentar recuperar el poder perdido hace casi dos décadas.

No tenían que esperar mucho tiempo los argentinos para que Mauricio Macri los sorprendiera y nombre a dos jueces para la Corte Suprema de Justicia sin consultar con el Senado. Esta decisión produjo la sorpresa en los expertos, pues tal procedimiento era característico de las dictaduras y siempre fue rechazado por los gobiernos democráticos.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33