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Las grandes mafias mediáticas nacionales e internacionales y su clase política burguesa no pierden oportunidad para hacer lo que mejor saben hacer: jugar sucio y manipular las informaciones para crear una falsa percepción de la realidad venezolana, de forma que permita condicionar la psiquis del pueblo en favor de sus intereses políticos de cara a las elecciones parlamentarias del próximo año (2015).

¿Dónde fue a parar la ética profesional de los periodistas y de los políticos burgueses?

Para la burguesía, la “ética” siempre ha sido un falso código, una expresión hueca, maleable y poco rentable si no sirve a sus propósitos. La burguesía conoce bien el poder de influencia de sus medios de difusión de informaciones, capaces de crear falsas realidades y masas enfermas disociadas dispuestas a creer ciegamente cualquier mentira, por más absurda que sea, o incluso, dispuestas a servir de carne de cañón en acciones violentas. Los falsos valores y la poca seriedad periodística de los medios de la burguesía son inútiles para la burguesía si estos no benefician a sus propósitos políticos.

Los medios privados tienen que vender la matriz de opinión que más convenga a sus patronos y su clase política. Ello explica que los logros políticos y sociales de la Revolución Bolivariana no sean noticias en esos medios.

Es fácil avistar la parcialidad política de los medios privados. Para éstos, en Venezuela no existe ninguna guerra económica; el contrabando tampoco existe; el asesinato del diputado Robert Serra fue por luchas internas de poder; y todo lo que sucede en el país (así como la escasez de algunos productos, la especulación, el acaparamiento, la corrupción, la delincuencia, etc.) es responsabilidad exclusivamente del gobierno, etc.

Los medios y la clase política no sienten vergüenza por sus descaradas mentiras y por la sembrar intrigas. Es precisamente ésa la ética que defienden.

Nos dicen también que “las restrictivas políticas económicas del gobierno impiden al mercado regular la economía y solucionar todos los problemas económicos del país”. De ésta manera ocultan al verdadero responsable: a la burguesía parasitaria-rentista-importadora venezolana, al tiempo que dicen “el socialismo ha fracasado”, cuando lo que realmente ha fracasado en el país es el capitalismo rentista-petrolero.
Para las mafias de las comunicaciones “los fines justifican los medios”, por más falsos y perversos que estos sean.

Las mafias mediáticas privada y la clase política de la burguesía venezolana se han adelantado al juego, y desde muy temprano le han declarado la guerra al pueblo y a la Revolución con vista a las elecciones parlamentaria. Ahora calculan bien sus pasos. Lo que no pudieron hacer mediante el golpe de Estado de 2002, el sabotaje petrolero de 2002-2003 y los innumerables intentos de magnicidio y de provocar una guerra civil, ahora lo intentaran por la vía de un golpe parlamentario. Ellos han manifestado abiertamente que, de obtener la mayoría parlamentaria en 2015, derrocarán “legítimamente” al presidente Nicolás Maduro y convocaran una nueva Constituyente para desmantelar todos los avances en materia de leyes y conquistas sociales de los últimos 15 años.

Reza un dicho popular que “guerra avisada no mata soldados”.
Es momento de convocar a la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. Es momento de arreciar la batalla contra la desinformación mediática; es momento de la batalla de las ideas, de los valores y de la ética socialista; es momento de arreciar en la batalla contra el contrabando, la especulación, la escasez, la corrupción infiltrada.

La burguesía se burla del pueblo y del gobierno revolucionario porque se creen intocables por la justicia. Conoce la debilidad del Estado burgués y del sistema judicial. La burguesía prepara más acciones desestabilizadoras, más guerra mediática y más guerra económica de cara a las parlamentarias de 2015. Buscará generar más escasez y especulación porque entiende que obtendrá más provecho político.

¿Qué hará el gobierno y el sistema judicial al respecto? La clave reside en la justica. Cuando el burgués mediático-manipulador, especulador, acaparador, contrabandista sienta el mazo de la justicia, comenzará a respetar al pueblo y habremos recuperado terreno en la batalla.

Más que logros revolucionarios (en vivienda, salud, vialidad, productos básicos, etc.), el pueblo venezolano quiere justicia; quiere ver las caras de sus enemigos burgueses atrapados en actos delictivos. El pueblo quiere verlos en presión y que recaigan sobre ellos las más duras condenas y que sus bienes mal habidos les sean confiscados por el Estado.

El pueblo quiere saber qué se inventaran los medios privados y los políticos burgueses para defender lo indefendible.

Fuente: Aporrea

Probablemente la oligarquía venezolana, intelectualmente hablando, sea la más mediocre de todas las oligarquías latinoamericanas caribeñas. Y la razón no es otra que por ser “maiamera”.

Las clases dominantes suramericanas siempre respondieron a los parámetros clásicos de la colonización cultural impuesta por el imperialismo de turno. Pero aun así, se fue dando una suerte de acumulación y distribución de las influencias colonizadoras en áreas específicas.

Lo español, la hispanidad, se instaló en la religiosidad y las tradiciones; lo francés, italiano o alemán en lo literario, artístico y filosófico; y lo inglés en lo económico, científico o tecnológico.

Pero en Venezuela esos parámetros escasamente funcionaron.

A partir de la explotación petrolera de comienzos del siglo XX, la influencia estadounidense sobre las clases dominantes venezolanas fue absorbente. Se conformó así una oligarquía parasitaria, intermediaria, sin raíz cultural, arribista y absolutamente sumisa al poder imperialista yanqui. Y como referencia de su metrópolis tomó como modelo la también desarraigada ciudad de Miami.

El “maiamero” venezolano –una mala imitación del “gusano” cubano–, desvaloriza categóricamente el arte, la inteligencia, la solidaridad y la virtud. El “maiamero” es “bruto” por excelencia, frívolo, mediocre, egoísta, banal… Su mayor expectativa la vuelca hacia la moda, el lujo, los automóviles caros, las joyas, los yates.

Un oligarca venezolano “maiamero” es un imbécil con poder, lleno de resentimiento y odio. Para él es una desgracia haber nacido en un país de la “periferia”; y si el personaje en cuestión no es de piel del todo blanca, la desgracia es aún mayor.

Un oligarca venezolano “maiamero” es un ser despreciable, pero a la vez, es un personaje sumamente peligroso.

Su discernimiento no le alcanza para darse realmente cuenta de cuál es el verdadero rol que le asigna el imperialismo. No es socio de él y la más de las veces es empleado o representante de alguna firma estadounidense. Solo eso, pero también más que eso; el oligarca venezolano “maiamero” es, por excelencia, un esbirro.

Fuente: Correo del Orinoco

La política es la lucha por el poder. En la sociedad de clases ese poder se disputa entre diferentes bloques de clases.

En Venezuela la confrontación principal se da entre un bloque popular y un bloque oligárquico. Un bloque popular patriótico, democrático, latinoamericanista, antiimperialista, incipientemente socialista, progresista en general, pacifista y tolerante. El otro bloque, el oligárquico, por lógica, presenta todos los elementos antagónicos a los enunciados para el bloque popular: pro yanqui, cipayo, colonizado, neoliberal, antidemocrático, intolerante y fascista.

Este es una descripción de las características generales de cada uno de los bloques en pugna.

Ahora, cuando al bloque oligárquico lo caracterizamos de la manera que lo caracterizamos, no es para tener simplemente un diagnóstico, sino que es para obrar en consecuencia.

Si decimos que a un animal determinado no hay que acercársele porque muerde, es para que tomemos las precauciones del caso si tenemos que pasar cerca de él.

Pero parece que todavía tenemos una suerte de disociación entre el discurso y el obrar.

Decimos que hay una extrema derecha fascista, asesina, terrorista, etc. Pero nos asombramos cuando ellos nos matan a los compañeros.

Nos cansamos de mostrar cómo el imperialismo atropella y mata pueblos enteros. Pero nos asombramos cuando financian a mercenarios, terroristas y criminales para atentar contra nuestros compatriotas.

Si el bloque oligárquico o al menos un sector del bloque oligárquico es fascista, tendríamos que saber que ese sector actuará como fascista ¿Y qué es actuar como fascista? ¿Saludar como Hitler o Mussolini? ¡NO! Actuar como fascistas es realizar actos terroristas, asesinar militantes de izquierda, generar miedo y atentar contra la paz.

¿Se puede convivir con elementos fascistas, con terroristas?

La historia demuestra que eso es imposible.

O son ellos o es el pueblo, pero ambos no pueden convivir en un mismo espacio. A los fascistas hay que reprimirlos, con toda la fuerza de la ley, pero implacablemente, sin blandenguerías.

Los fascistas son bichos violentos, pero también cobardes. La impunidad es lo que los suele agrandar, pero si se los castiga ejemplarmente retroceden, porque carecen de valores esenciales.

Fuente: Correo del Orinoco

Es preciso recordar que el proyecto norteamericano de la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA) fue derrotado por las fuerzas políticas de los movimientos sociales y de sus gobiernos progresistas, instancias que decidieron ser actores del destino liberador y emancipador de la región.

Quizá nadie pueda demostrar otra cosa: la derecha venezolana desde hace 15 años es, en esencia, el mayor y más monumental fracaso histórico conocido como fuerza política en Venezuela. Nunca un sector contó con tanto poder, tanto dinero, tantos medios, tantos seguidores, viéndose al mismo tiempo hundido en tan rotundo y sostenido fracaso.

A dos meses de pedir la cabeza de Aveledo, la MUD sigue en pugnas por asumir la silla que deja tan lúgubre personaje. La MUD se divide con la creación de la MID. Por un lado andan los entusiastas del guarimbeo, por el otro, los que dicen no apoyarlo (pero que sí lo apoyan), intentando resguardar su minúsculo capital político.
 
Capriles se desplomó quedando en el más claro ostracismo, odiado por muchos de los que fueron sus seguidores, por "ambiguo", "desmovilizador" y su errónea forma de "hacer política". Casi nadie entre ellos comenta nada de Leopoldo, Ledezma quiere ser Presidente, MariCori juega en posición adelantada haciendo campaña electoral. En fin.
 
En circunstancias nada fáciles para el país, en el esplendor de una durísima guerra económica, cualquiera pudiera creer que la oposición podría haber asumido un rol de vanguardia que le permitiera ganar espacios. No ha sido así. Por el contrario, la derecha en la era de Maduro sólo ha conseguido derrotas electorales contundentísimas (como las elecciones municipales), la división, la desmovilización, pérdida de apoyo y fracaso.
 
La guarimba sólo sirvió para unir más al chavismo y para generar una pérdida de cohesión entre los dirigentes y los seguidores de la derecha. Pese a los ingentes recursos que llegan del extranjero, la cuantiosa pensión del empresariado que a lo interno financia a la dirigencia de la derecha, los medios a su servicio y una gran base de apoyo –que es más una base de descontento por el Gobierno que de apoyo a ellos– la derecha sigue llamándose "oposición" y su apellido es fracasada.
 
Pero semejante fracaso debe ser de alguna manera explicable. Revisemos lo que pueden ser algunas variables que inciden en tan fatal resultado para ellos. Estas son, en esencia, expresiones de los códigos fundamentales con los que la derecha "sabe hacer política". Son cuestiones del comportamiento congénito de la derecha, fórmulas, hábitos, que se reproducen en las altas esferas y vienen aguas abajo. Son elementos propios de su propia naturaleza que han inhibido su éxito político y de la cual les es imposible desprenderse.
 
Entidad empresarial-personalista: Como práctica de la pseudo política y heredada desde la más vieja tradición adeco-copeyana, la MUD, o MID y etcéteras, son un cónclave de pequeñas franquicias económicas, empresariales, grupos que se pelean entre sí en la disputa de un poder político fragmentado que quedó luego de la llegada de Chávez. Sus pugnas por cuotas, por cargos electorales, por candidaturas, por presencia en los medios, impiden una verdadera práctica política unitaria, cohesionada y amalgamada.
 
La negación, negatividad, perenne inconformidad y mala vibra, se convirtieron en una "forma de hacer política", y es la fórmula de la negación de lo afirmativo venezolano

 La MUD es un grupito de dirigentes de partidos que no logran ponerse de acuerdo entre sí y que esperan dirigir a un país entero donde hay millones de chavistas que no se les van a subordinar. Pese a semejante cataclismo político, los medios de la derecha han sabido pintarle la cara a su dirigencia haciéndola ver como un "bloque unitario" que puede "unir al país", despojándola de su naturaleza clientelar, empresarial, y regida por proyectos sectarios y personalistas.
 
La MUD –y sus antecesoras–  nacen como un grupo de partidos y sectores económicos que perdieron privilegios y que intentan recuperarlos, por tal razón son fuerzas de origen corporativo-partidócrata. Esa es su naturaleza. Ese es su componente esencial. Pueden llegar a ser cualquier cosa, pero no son ni serán una alternativa popular.
 
Cierto es que casi en cualquier país, alternativas corporativas se hacen del poder. Eso pasa a cada momento. El asunto es el contexto de la Venezuela de Chávez, donde se impuso la lógica de que las fuerzas de dirección social deben ser genuinas, populares, con un profundo sentido identitario con la gente, que en el ejercicio del poder distribuyan la riqueza en beneficios sociales. Es difícil que eso sea creíble en la MUD donde sus castas familiares, empresariales y macollas partidistas se matan entre sí. Una opción política sin cohesión a lo interno, por más poder económico y mediático que tengan, está condenada al fracaso.
 
Comunidad negativa: El otro día se me atravesó un artículo medio pendejo en apariencia, y al asociarlo con política adquirió otro sentido. Tenía que ver con las "personas y comunidades (grupos) negativas". Una de las señales de las personas y grupos con esta característica eran: "No promueven lo que les gusta. Más bien mencionan y promueven siempre lo que no les gusta". La oposición desde dirigentes a seguidores es una comunidad política negativa.
 
Respaldemos esta afirmación con más preguntas: Si la oposición tiene alcaldes, gobernadores y diputados ¿por qué los opositores normalmente no difunden su trabajo, o lo mencionan o comentan? ¿Por qué nunca vemos a dirigentes opositores hablando bien del trabajo de Capriles siendo él ya un gobernante?
 
Si los opositores siguen a sus dirigentes, ¿por qué casi no vemos gestos de apoyo a su labor?, ¿por qué no vemos gestos de apoyo a su gestión? Que si fulano hizo esto, arregló esto o hizo lo otro, ¿por qué su opinión política se reduce a la queja y al eterno pesar de que todo lo que hace la revolución está mal, pero no mencionan lo que para ellos serían los buenos atributos de la derecha en el Gobierno?
 
Si ellos asumen que ahora todo está mal y antes todo era mejor, ¿por qué no publican al menos una fotico de un fastuoso puente de la era adeca? Parece que lo positivo, así venga de ellos mismos, es una afrenta al culto de lo negativo. Lo contraviene.
 
El asunto es que la negación, negatividad, perenne inconformidad y mala vibra, se convirtieron en una "forma de hacer política", y es la fórmula de la negación de lo afirmativo venezolano. Es la ecuación de negar lo positivo, afirmando lo negativo.
 
En una sociedad venezolana en pleno cambio, donde lo propositivo asume cada vez más espacios, y "el hacer", "el solucionar", encuentra más asidero en el imaginario social, es difícil erigir un "lenguaje de la esperanza" entre los gendarmes de lo negativo. Si bien ellos han logrado ampliar su base de apoyo a expensas del descontento, desconocen al mismo tiempo el lenguaje impuesto por la era Chávez, el de la esperanza "haciendo, logrando y consolidando" en detrimento del histórico "pónganme a mí que yo sí lo hago bien".
 
Ese juego subjetivo, ese componente semiótico de la derecha, es el "discurso del malestar", una peligrosa fórmula del fracaso si viene de la mano de los mismos rostros del malestar del pasado y del presente: adecos, copeyanos, derivados de adecos y copeyanos, los del paro petrolero, los del golpe de abril, los de las guarimbas, guerra económica, especulación cambiaria, cadivismo, especulación desatada, los de los shows mediáticos y etcéteras.
 
Ética del poder por el poder: Una frase simple quizás resuma este componente: "La derecha está más ocupada intentando alcanzar el poder, que trabajando por el bienestar del país y de su gente". Quizá el único elemento estratégico claro que sí ha cohesionado a la derecha es tomar el poder, el cual está actualmente fragmentado: el chavismo tiene el poder político, la derecha tiene el poder económico. La derecha lo quiere todo. La naturaleza del poder es idéntica a la del capital en el capitalismo; tiende a concentrarse en pocas manos, y es eso lo que intenta reeditar la derecha venezolana; es una actitud propia de su naturaleza.
 
Para muchos, su mera acción concreta de simplemente querer de vuelta el poder es algo más que visible que deja clara su ética de desear el poder político y con ello ampliar su poder económico. La gente lo nota. Eso es obvio.

La derecha está más ocupada intentando alcanzar el poder, que trabajando por el bienestar del país y de su gente

No han entendido que las formas del poder político están cambiando, no han entendido la cuestión dialéctica de nuestro cambio político se traduce en que desde Chávez "nuestros líderes deben parecerse a nosotros, deben ser como nosotros". Eso explica cómo es que la derecha no se ha alzado como una opción popular; pues no lo es, no lo son.
 
La fórmula de acaudalados hijos de ricos en la palestra política sólo ha servido para poner en el tarjetón electoral las contradicciones de clase, entendidos estos errores políticos como un comportamiento propio de la ética del poder por el poder. A la derecha podrían servirle candidatos demagogos, líderes con un rostro pintado de barrio, pero entre el lenguaje clasista, a veces racista, fascista y la estigmatización que han hecho del chavismo, les será difícil lavarle el rostro a cualquiera por más barro y mugre que le pongan. De ahí que los sectores del chavismo que ellos intentan seducir no tienen identidad con ellos. Su fracaso no sólo es electoral, es simbólico, es subjetivo.
 
En Venezuela lo único que no está cambiando es la estética de Venevisión. Pero en la calle, en el imaginario, sobresalen nuevas formas, nuevos símbolos, nuevos códigos de identidad cultural, de identidad política. En los años 90 se nos dijo que este país necesitaba "un gerente" que viniera de las clases privilegiadas "para que no tuviera necesidad de robar". A Capriles se le trató de vender como tal, pero la fórmula reeditada no funcionó. Terminamos eligiendo a Maduro, reivindicando con énfasis su origen como conductor de MetroBus.
 
Hoy la gente comienza a asociar de manera concreta al empresariado con grandes desgracias económicas. La responsabilidad de las cifras económicas ya no es sólo adjudicada al Gobierno. En la crisis interna de la derecha el empresariado como "la voz cantante" se hace más visible, y esto crea la subjetividad ante el público de que las mismas caras visibles de la especulación se erigen a sí mismas como la solución.
 
Intentando barrer bajo la alfombra semejante paradoja, muchos siguen apoyando a la derecha, pero otros notan tal ambigüedad, al punto que con las guarimbas lo que ha crecido es la base de "desapoyo" o "rechazo" a la dirigencia opositora. Sólo la ética del poder por el poder hace posible la supresión de la naturaleza popular que debe tener un movimiento político, y eso se reproduce a nivel social en nuestros códigos. Por eso, en nuestro lenguaje, asociamos "sifrina" con "escuálida", "clase media" con "opositor", "comerciante" con "especulador". Son estas expresiones resultado histórico de la práctica de la derecha hecha pública y notoria, y de cómo la ha resemantizado el chavismo.

A modo de cierre

La derecha pese a su debilidad no es una fuerza política que hay que subestimar. Retrocesos históricos los ha habido en todo contexto político, de ahí que son una fuerza peligrosísima para la revolución bolivariana. Ante esa amenaza visible, la labor de los revolucionarios es construir una revolución con consistencia revolucionaria, de manera más inclusiva y radical. Más amalgamados en lo ideológico, más esmerados en lo organizativo.
 
Es esa la fórmula para reproducir con más claridad el antagonismo entre la naturaleza de ellos y la de nosotros.

Frases


"Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen."

José Martí