Los primeros días de Michel Temer en Planalto dejaron mucha tela para cortar sobre lo que será su presidencia, ya sea interina o hasta 2018. En primer lugar, se observó un gabinete 100 % blanco, sin mujeres por primera vez desde la década de los 70 y sin la presencia de movimientos sociales. Esto es aún más revelador, cuando se viene de un Gobierno conducido por una mujer, con amplio apoyo del Movimiento Sin Tierra y otras organizaciones sociales y sindicales, como la CUT, y con funcionarios negros y mulatos en diversas dependencias estatales.

 

Van ríos de tinta sobre Brasil en estos últimos meses. No se habla ni de fútbol ni de juegos olímpicos. Todos hemos aprendido lo que significa la palabra impeachment. Está de moda para camuflar el actual golpe de estado. Un eufemismo más en esta época de tanta importancia de las palabras. Hemos asimilado incluso nombres de la política brasileña que nos eran desconocidos. ¡Que levante la mano quién sabía quién era Temer en las elecciones del 2014!. Andamos en cursos acelerados sobre leyes e instituciones en Brasil para enterarnos qué es lo que se viene a partir de ahora. Comenzamos a estar un poco confundidos con tantos casos de corrupción de unos y otros. Hemos llegado hasta a incursionar en las cuestiones de contabilidad pública para conocer mejor cuál ha sido la excusa para derrocar a Dilma. Los más ilustrados, inclusive, ahora utilizan con naturalidad el término de “pedaleo fiscal” cuando antes nunca lo habían escuchado.

El golpe parlamentario en Brasil ha pegado en el espinazo de la experiencia integradora que nació en Latinoamérica al conjuro de los movimientos llamados populistas. Si lo ha quebrado todavía está por verse.

Los sectores concentrados de la economía, los grandes monopolios mediáticos, el  arcaico poder judicial y  la derecha de todo pelaje  con el inestimable acompañamiento del capitalismo global, han herido el proceso  político en curso en nuestro vecino país.

Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción) la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”. Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº65