La profundización del gran conflicto político venezolano, expresión de la extendida batalla de modelos en América Latina, es inevitable. No importa cuál sea el resultado electoral del domingo 6 de diciembre, las fuerzas antagónicas presentes en el escenario marchan hacia una confrontación más o menos cruenta, según las circunstancias, pero de cierto inevitable.

De nuevo el consabido coro de la oposición cantando fraude adelantado, la violencia sin importar las consecuencias, los que llevan 16 años recorriendo el mundo para suplicar intervenciones extrajeras. Porque allí donde gana el chavismo, es trampa, pero donde gana la oposición, es democracia. De nuevo los mismos de siempre, con la ilusión del fin chavismo.

Hace unos meses el escritor y semiólogo italiano Umberto Eco denunció, así tranquilo, con la certeza de quien sabe de qué lado masca la iguana, con una frase aniquiladora que fue un gancho al hígado a millones de fanáticos políticos derechistas, homofóbicos, racistas, clasistas y misóginos: “Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad”.

La derecha venezolana no se podía perder la fiesta de Macri a propósito de su triunfo en la segunda vuelta ante el candidato del frente de la victoria, Daniel Scioli. Es que la derecha golpista venezolana se encuentra tan huérfana de referentes genuinos en su propio país, que tiene que ir a rascarse en palo ajeno para conseguir algo de oxigeno político en otras latitudes. La presencia de los representantes escualidismo venezolano en la puesta en escena para la foto en Buenos Aires, no pasó desapercibida. Allí estaba junto a Macri y su combo con la sonriente Lilian Tintori, esposa del preso y condenado por orden de la justicia venezolana Leopoldo López, promotor de “la salida” que carga sobre sus espaldas los 43 muertos y mas de 800 heridos de las guarimbas terroristas del 2014 junto al candidato opositor Guanipa y el dirigente de voluntad popular Carlos Veschio, prófugo de la justicia, mostrándose como demócratas ejemplares. La maniobra fue bien ensayada. En el aburrido debate preelectoral, Macri no improvisaba cuando disparó la poca diplomática y mediática propuesta, cual emperador de Sudamérica, de promover la exclusión de la Republica Bolivariana de Venezuela del Mercosur, apelando a una supuesta cláusula democrática. La propuesta, no solo es impertinente sino confusa, ya que en su alocución no supo aclarar que si se refería a una cláusula Mercosur, Unasur, o quizás en realidad estaba pensando en el ministerio de las colonias gringo, la desprestigiada OEA. La timorata respuesta del candidato Scioli, tampoco estuvo a la altura de la defensa de la Patria Grande alcanzado en la región en la última década. Con esta actitud Macri va delineando lo que será su política internacional y regional: debilitar Mercosur, Unasur, Celac y el Alba para virar sus objetivos hacia la Alianza del Pacifico, promover un acuerdo de libre comercio Mercosur con la Unión Europea, insuflar la OEA de la mano de su nuevo secretario general de la OEA, nuevo cachorro del imperio Luis Almagro. Su política exterior pretende meter una cuña a la integración latinoamericana en el intento de encabezar un proceso de restauración conservadora neoliberal en la región, y sumarse al coro contrarrevolucionario contra Venezuela y el ALBA. Por supuesto, que esta derecha nunca perdonará la derrota del Alca en Mar del Plata y pretende volver a las “relaciones carnales” con el imperio yanqui de la era Menen.  

El próximo domingo se celebrarán importantes elecciones que el presidente Nicolás Maduro en algún momento dijo que eran "las más difíciles", aunque nunca explicó por qué. Ocurre que en esta ocasión hay suficientes razones para que exista descontento en la población, pues el Gobierno no ha podido resolver el problema de la escasez y altos precios de los productos alimenticios y otros de primera necesidad, lo que ha generado interminables colas buscando adquirirlos en las principales ciudades.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46