Desde finales del 2016 hemos sentido un fuerte crujido en el acontecer internacional como si el sistema mundo finalmente estuviera asentándose en una base que corresponde a la nueva coyuntura. Aquello fue con mayor intensidad tras las suplicas de Donald Trump a Rusia y China en su último viaje a Asia (primeros días de noviembre del 2017), según él, crear las condiciones para desarmar a la RPDC.

Las bases del gran Próximo Oriente se establecieron en el Pacto del Quincey (1.945) siguiendo la doctrina de los acuerdos franco- británicos Sykes-Picot de 1.916 que favorecían la división regional del poder en zonas de influencia y sustentada en el trípode EEUU-Egipto-Arabia Saudí. Dicha doctrina consistía en la pervivencia endémica en Egipto de gobiernos militares autocráticos pro-occidentales, lo que aseguraba la supervivencia del Estado de Israel (1.948) y proporcionaba a la Marina de EEUU de un acceso privilegiado al Canal de Suez, atajo crucial para el acceso directo a los Emiratos Árabes, Irak y Afganistán, quedando como firme bastión de los intereses geopolíticos de EEUU en la zona, máxime tras la caída del Sha de Persia en 1980.

Después de ordenar la mayor reducción de tierras públicas protegidas de la historia de EEUU, hacer la mayor bajada de impuestos en 30 años, y conseguir que el Tribunal Supremo avalase su infame solicitud de prohibir la entrada de personas procedentes de ocho países en su mayoría musulmanes (entre los que no está Arabia Saudí, acusada por el propio Trump y el Congreso de estar detrás del 11-S), el presidente de EEUU deshace la política tradicional de EEUU respecto a Palestina: anuncia el reconocimiento de Jerusalén ocupado como capital de Israel y ordena el traslado de la Embajada de su país a esta ciudad. Trump así, en un acto suicida, despoja a los palestinos de todos sus derechos para dárselos a Israel.

Quizás nunca sepamos los puntos del acuerdo a los que había llegado el ex presidente Alí Abdullah Saleh, con el reino saudita, para lo que el último viernes, hizo pública la traición a sus aliados chiíes del movimiento Ansarolá (partidarios de Dios), más conocidos como Houthís aunque ahora si conocemos sus secuelas: Saleh está muerto y la guerra en Yemen, se vuelve profundizara.

Los globalizadores neoliberales son muy selectivos en la interpretación de la democracia. Resulta que la reelección por cuarta vez de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, se considera como un proceso muy positivo para la democracia en Europa.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº48