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El omnipotente establishment –la coalición derrotada de las dos dinastías de los Bush y los Clinton, más Obama y George Soros, operador de la CIA, quien tiene controlado al Partido Demócrata (https://goo.gl/dYq9e0)– empieza a domesticar a Trump, quien en sólo 24 días en el poder ya sufrió dos brutales golpes internos que han minado su agitada temeridad: la cruel prohibición de viajes provenientes de siete países islámicos (donde destaca Irán) y el drama que obligó a renunciar, por sus contactos anticipados con Rusia, al ex teniente general Michael Flynn, su relevante asesor en Seguridad Nacional.

Tambores de guerra están sonando contra los medios de comunicación.Están nuevamente en el frente de batalla, por su poderosísima capacidad de construir, visibilizar, esconder, negar o destruir aquello que llaman verdad. El candente debate no está ocurriendo en un país latinoamericano contra alguno de sus medios, tradicionalmente en manos de las rancias burguesías criollas, evidentemente inclinadas a proteger a sangre y fuego sus privilegios de clase. No. La batalla se está dando en Washington DC, en plena capital del propio imperio norteamericano, magnánimo defensor de las libertades (pañuelos, por favor).

La crisis financiera del 2007-2009 canceló efectivamente el proceso de globalización. Durante el año 2015 el comercio mundial cayó repentinamente en más de 10 por ciento por primera vez desde el año 2009. Nada como esto se había visto desde la Gran Depresión de los años 30. Pero algunos políticos, figuras públicas, analistas y periodistas siguen discutiendo acerca de la globalización como un proceso "objetivo y progresistas" a pesar que esta ya finalizó.

La primera afirmación imprescindible es que en el campo del geopoder ningún hecho se realiza sin tener un sentido concreto, de beneficio, interesado. Lo importante es descubrir qué se pretende y de inmediato exponerlo ante la comunidad para develar su propósito exacto.

El sufrimiento de los migrantes trae de golpe la sombra fascista.