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El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía, empleado por Tomas Moro para designar a un lugar o sociedad ideal. Así, distopía sería “ una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”. Las distopías se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos enmarcados en sistemas antidemocráticos, donde la élite gobernante se cree investida del derecho a invadir todos los ámbitos de la realidad en sus planos físico y virtual e incluso , en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado, a eliminar el principio de inviolabilidad ( habeas corpus) de las personas, síntomas todos ellos de una posterior deriva totalitaria del sistema plasmada en la instauración de la segregación racial (apparheid) y la práctica sistemática de la tortura, elementos constituyentes de la llamada “perfección negativa”, término empleado por el novelista Martín Amis para designar “la obscena justificación del uso de la crueldad extrema, masiva y premeditada por un supuesto Estado ideal”.

En su comparecencia ante el Congreso, el general retirado de los marines John Kelly, anterior mandamás del Comando Sur y ahora flamante secretario de Seguridad Interior –mastodonte de 240 mil empleados–, comentó que por sí sólo el “muro Trump (https://goo.gl/N3asjP)” sería insuficiente y que la barrera física (sic) debería ser una defensa en capas que requiere de patrullajes, sensores y dispositivos de observación, además de la colaboración con otros países (sic) para frenar los viajes ilegales a la frontera de EU que provengan tan lejos del sur como Perú (https://goo.gl/jmA7WF). Se nota que Kelly padece nostalgia bélica por Sudamérica.

¡Uf, los hechos siguen corriendo recontra velozmente! Las divagaciones (promesas) del show electoral estadounidense están disipándose rápidamente.

Hace unos días atrás, trascendió el ofrecimiento (por teléfono) del actual Presidente de España, Mariano Rajoy, al nuevo y controvertido Presidente de los EEUU., Donald Trump, para ser un “interlocutor” del actual régimen norteamericano ante América Latina, Europa, Norte de África y Medio Oriente.

En la primera noche de la “era Terminator/Negociator”, Donald Trump bailó con Melania My way, el melodioso himno universal del valemadrismo. Ella lucía, como siempre, espléndida, y él le musitaba al oído “…To think, I did all that, and may I say, not in a shy way… I did it my way”, que, traducido, suena menos glamoroso: “Pensar que yo hice todo esto y, permítanme decirlo, sin timidez… a mi manera”.