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Todo falla en Libia, las estrategias occidentales (Unión Europea y Estados Unidos), a partir del martirio del Coronel Muhammad Gadafi, en octubre de 2011, no solo no funcionaron, si no cada vez se encajan más en un lodazal de sangre, petróleo y arena, que ellos han creado.

La desenfrenada e histérica campaña rusofóbica desatada por los demócratas en Estados Unidos, usando acusaciones inventadas y simplemente ridículas sin ningún sustento, además presentando a Vladímir Putin como un maquiavélico 'Master del Universo' que hace y deshace Gobiernos, está demostrando la desesperación de la llamada oposición 'izquierdista' frente al avance de Donald Trump, quien destaparía los gigantescos turbios negocios de los demócratas con los rusos, entre ellos la venta de uranio norteamericano.

Una de las frases más descriptivas de la actualidad es aquella del magnate inmobiliario y financiero, Warren Buffet, en la que dijera: "Hay una guerra de clases y los ricos la vamos ganando".

Desde los inicios de la campaña electoral en Estados Unidos hasta la victoria del xenofobo Donald Trump que lo convirtió en el inquilino número 45 de la Casa Blanca, la confrontación entre hienas imperiales (republicanos y demócratas) por definir correctamente al "enemigo" del imperio no ha cesado. Por absurda que pueda parecer, ésta necesaria disputa que justifica la agresividad imperial y las grandes inversiones en el Complejo Minitar Industrial (CMI) se mantiene en el orden del día. La vieja élite del establishment insiste en mantener los señalamientos contra Rusia,  como histórico "enemigo" y "peligro" para la hegemonía de Estados Unidos; por ser un poderoso competidor militar que extiende su espacio de influencia desde Europa oriental hasta los países de Asia. Mientras que las nuevas hienas de la actual administración insisten en señalar a China, cuya influencia económica se extiende a todo ya al mundo entero. ¿Quiénes ganarán la batalla por escoger al "enemigo" necesario?

Hoy el des-orden global que legó Obama y que Trump ha agudizado con su caos dentro del caos reflejan una clásica transición de la hegemonía, muy bien estudiada desde el siglo XVII en la traslación de poder en el mundo occidental por Giovanni Arrighi en su libro Caos y orden en el sistema mundo moderno (https://goo.gl/TU8xJ4). Hoy EU padece su crisis de hegemonía cuando exhibe un franco declive que detenta(ba) el viejo orden mundial unipolar que no acaba de fenecer con sus caducos organismos internacionales provenientes de la Segunda Guerra Mundial (ONU/FMI/BM/OMC) y se encamina ineluctablemente, sin una guerra nuclear de por medio, a un nuevo orden tripolar con la emergencia de nuevas configuraciones de poder, en este caso con Rusia y China.