Hosting Venezuela - Hosting - Certificado SSL

Al comenzar el año, alguien me preguntó respecto de qué pensaba en relación a cómo se iban a desarrollar las relaciones internacionales este año, sobre todo después de la entronización de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos. En ese momento contesté que pensaba –y sigo pensando- que por mucho tiempo la característica fundamental que actuará como eje del comportamiento de los principales actores internacionales, -y con ello, de la mayoría de los mismos- se moverá entre la incertidumbre, la indecisión y el dilema, hasta llegar a la perplejidad y el titubeo.

El muro Trump –programado por Bill Clinton y construido en su tercera parte por Baby Bush ante las narices anósmicas de los panistas locuaces Fox y Calderón (https://goo.gl/n7UF65)– comporta lecturas multifactoriales, como la contención de la epidemia de heroína/fentanilo (https://goo.gl/WCp3aj), que supera el vulgar mercantilismo unidimensional del fracasado TLCAN (https://goo.gl/5QEUMA).

Frente a cada uno de los atentados en occidente: Estados Unidos, España, Reino Unido, Francia, Bélgica o Alemania, la gente ha podido expresar su solidaridad de manera contundente, o bien asistiendo a los múltiples homenajes o bien llevando un flor al lugar del hecho, encendiendo una vela en su ventana o mínimamente expresando su dolor y su repudio en las redes sociales. Hemos visto miles de fotografías de las víctimas, entonces vitales con sus familias, sus mascotas o que atestiguan un logro: un título, una jubilación, un casamiento, una vacación. Miles de esas fotografías tan iguales y tan próximas a las que cada uno de nosotros hoy puede atesorar en un cajón del armario o en la memoria de su celular. 

Una placa metálica con la foto de un chico delgado decora la entrada del campo de refugiados de Aida, en Belén, Cisjordania. Un texto corto explica, en inglés y árabe, que el chico delgado era Aboud Shadi, apodo de Abed Al-Rahman Shadi Obeidallah. Él fue asesinado por un soldado israelí el día 15 de octubre de 2015, exactamente en aquel lugar, cuando tenía 13 años. Aboud Shadi conversaba con amigos.

En su surgimiento el modelo neoliberal traía promesas atrayentes. Antes de todo, contener los gastos excesivos del Estado, diagnosticado con la fuente de la inflación. Por otra parte, imponer a la economía el dinamismo centrado en las empresas privadas y en el mercado. Por el discurso liberal que lo acompañaba, se fortalecería la sociedad civil y la ciudadanía, libres de las trabas y de la opresión del Estado.