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La máxima atribuida al expresidente mexicano Porfirio Díaz, respecto a la cercanía con su vecino del norte ‘Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU.’ se hace presente más de un siglo después, para resumir la situación actual que vive el pueblo mexicano con las medidas económicas, migratorias y políticas tomadas por el mandatario estadounidense Donald Trump.

Los oligarcas y las élites de la “seguridad” no accederán a las demandas populares ni renunciarán a sus privilegios fácilmente. Afilarán los cuchillos.

La orden ejecutiva de Donald Trump para impedir la entrada a Estados Unidos de nacionales de siete países musulmanes no pasó. Y no se ve que pueda convertirse en realidad en lo futuro. Y algo semejante puede decirse del propósito de Trump de hacer que los mexicanos paguen la construcción o extensión del muro fronterizo. No se ve cómo pueda hacerse realidad ese proyecto.

La búsqueda de la identidad a través de la formulación de un discurso propio que tienda a romper los lazos de las dependencias y la realización histórica de lograr un Estado integrado de la Nación Latinoamericana, a través de la marcha y lucha política hacia la unidad, resulta ser la razón de existir del pensamiento político latinoamericano.

El omnipotente establishment –la coalición derrotada de las dos dinastías de los Bush y los Clinton, más Obama y George Soros, operador de la CIA, quien tiene controlado al Partido Demócrata (https://goo.gl/dYq9e0)– empieza a domesticar a Trump, quien en sólo 24 días en el poder ya sufrió dos brutales golpes internos que han minado su agitada temeridad: la cruel prohibición de viajes provenientes de siete países islámicos (donde destaca Irán) y el drama que obligó a renunciar, por sus contactos anticipados con Rusia, al ex teniente general Michael Flynn, su relevante asesor en Seguridad Nacional.