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Diez años de recesión han rematado en la insolvencia del gobierno de Puerto Rico y la quiebra de la economía del país. El drama boricua empezó antes que la crisis global que en 2008 emergió en Wall Street, y ahora contribuye a hacer más transparente pero más insoluble la situación de la isla. O, para ser más exactos, que ahora destapa el fracaso fiscal y económico del régimen colonial, tragedia social en la que ese régimen ha atrapado a la nación puertorriqueña, y hace imposible resolver el problema mientras ese régimen subsista.

Con una deuda pública cuyo monto oscila entre los 150.000 y más de 190.000 millones de dólares y el crecimiento de la brecha fiscal del Estado equivalente a más del 66 por ciento del producto nacional bruto, la situación de Puerto Rico ha entrado en una fase acelerada de cambios inciertos y radicales.

Leo en un periódico español, El País, en un artículo sobre Puerto Rico y su deuda pública, la siguiente frase: “Aunque es un Estado libre asociado, no puede acogerse a la misma ley de bancarrota bajo la que quebró la ciudad de Detroit”. Ese “aunque” empleado por la periodista, de nombre Amanda Mars, dice bastante. Indica que ella efectivamente cree que el sistema político que impera aquí es “algo” que de verdad existe, sólo que no es suficiente. Por ejemplo, le falta poder para declararse en quiebra. ¿Quién tiene ese poder y se lo niega? La periodista no contesta la pregunta.

Puerto Rico ingresará un recurso ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos (EEUU) para que declare constitucional la ley que permita a las corporaciones públicas de la isla caribeña reestructurar sus deudas, informó el ministro de Justicia puertorriqueño, César Miranda.

Puerto Rico vive una profunda crisis económica: en recesión desde 2005, hace algunas semanas entró en default por primera vez en su historia mientras su gobierno continúa implementando políticas en consonancia con los acreedores de Wall Street: despido masivo de empleados públicos, reforma de pensiones, impuesto de ventas y uso, etc. Nada nuevo: neoliberalismo puro, que demuestra fracasar en donde se aplica, en este caso potenciado por su estatus colonial.

Frases


"Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen."

José Martí